Antes de mirar el riego o el sustrato hay que resolver un problema de arquitectura: las hojas de esta planta cuelgan. No se sostienen erguidas como las de un magnificum, caen en vertical por su propio peso, y un ejemplar adulto necesita de metro y medio a dos metros de caída libre por debajo del punto donde esté la maceta. Colocado en una estantería a media altura, el Anthurium veitchii arrastra las hojas por el suelo y se estropea.

La solución es sencilla y hay que tomarla el primer día: cesta colgante del techo, ménsula alta o repisa junto a una ventana con toda la pared libre por debajo. Resuelto eso, el resto del cultivo se parece bastante al de los otros anturios de colección, con una diferencia añadida: el despliegue de cada hoja dura entre cuatro y seis semanas, más que en ninguna otra especie del grupo.

Hoja colgante y acostillada de Anthurium veitchii

Qué mide realmente y qué significa el nombre de rey

Anthurium veitchii Mast. fue descrito en 1876 y honra a la casa de viveros británica Veitch, que introdujo en Europa buena parte de las aráceas americanas del siglo XIX. Es endémico de Colombia, del Chocó y de zonas húmedas de Antioquia, y vive como epífito verdadero en las ramas de la selva lluviosa, entre los 100 y los 1.000 metros de altitud.

La hoja es oblongo-lanceolada, acorazonada en la base y estrechada hacia la punta. En cultivo doméstico bien llevado alcanza de 80 a 150 cm de largo por 25-40 cm de ancho, y en invernaderos de coleccionista se han medido ejemplares que superan los dos metros. Las cifras de tres metros que se citan corresponden a plantas en hábitat, sobre un árbol y con décadas encima; en un salón no van a darse.

El apodo de anturio rey, con el que aparece a menudo en las tiendas frente al de reina que se reserva al warocqueanum, viene de ese tamaño. Las dos especies se confunden poco: la del rey es acorazonada en la base y está profundamente acostillada; la de la reina es estrecha en la base, lisa y de terciopelo mate con nervios blancos muy contrastados.

Las costillas transversales: qué son y qué hacen

El rasgo que define a esta especie es la bulación: los nervios laterales están profundamente hundidos en el haz, de modo que el tejido entre ellos se abomba y la hoja adquiere un relieve de fuelle o de tabla de lavar, con veinte o treinta costillas paralelas a lo largo de toda la lámina.

No es un adorno. En una hoja péndula de más de un metro, ese plegado funciona como una viga corrugada: multiplica la rigidez transversal sin añadir peso, y evita que la lámina se doble sobre sí misma o se desgarre con el viento. En el bosque, además, las acanaladuras conducen el agua de lluvia hacia la punta y la hoja se seca antes, lo que reduce el riesgo de hongos.

La superficie no es un terciopelo mate como el del crystallinum, sino un satinado con reflejo metálico que cambia según de dónde venga la luz. Aun así, se estropea igual al frotarla: nada de paños, solo brocha seca o una nebulización muy fina de agua destilada que se deje secar sola.

Forma estrecha y forma ancha

En el comercio de coleccionismo circulan dos formas con nombres informales:

  • Forma estrecha. Hojas más largas en proporción a su anchura, con las costillas muy juntas y muy marcadas, y lóbulos basales pequeños. Es la más frecuente y la más espectacular por longitud.
  • Forma ancha. Lámina más amplia, costillas algo más espaciadas, lóbulos basales grandes y solapados. Tiende a un aspecto más macizo y suele resultar algo menos larga.

No son variedades botánicas descritas, sino selecciones de procedencias distintas. Los cuidados son los mismos y ninguna es más resistente que la otra. También aparecen híbridos de veitchii con otras especies, que se reconocen porque la bulación es más suave y la hoja no llega a colgar del todo.

El despliegue de una hoja de un metro: seis semanas de vigilancia

Es el proceso más largo y más delicado de todo el grupo, y determina el aspecto de la planta durante los tres años siguientes.

Fase 1, el cono. Sale un cilindro apretado, de color bronce claro o rosado, que va alargándose durante una o dos semanas antes de empezar a abrir. En esta fase la punta debe quedar libre: si tropieza con una pared, con el borde de la maceta o con otra hoja, se deforma sin remedio.

Fase 2, la apertura. Dura dos o tres semanas. La lámina se despliega de arriba abajo y las costillas se van marcando. Aquí la humedad ambiental es determinante: por debajo del 60 % el borde se seca antes de terminar de abrirse y queda una franja marrón longitudinal, el defecto más común en esta especie.

Fase 3, el endurecimiento. Otras dos o tres semanas. La hoja está desplegada pero blanda, de verde claro, y se oscurece y endurece poco a poco. No hay que moverla ni girarla bruscamente.

Nunca se debe ayudar a abrir un cono con los dedos. El tejido está fusionado y separar por la fuerza deja rasgaduras permanentes.

Regar una planta que está colgada del techo

La cesta colgante crea un problema propio: se seca mucho más rápido que una maceta en el suelo, porque está expuesta al aire por todas las caras y porque el aire caliente se acumula arriba. En una habitación a 22 °C, una cesta puede necesitar riego cada tres o cuatro días en verano mientras una maceta idéntica en el suelo aguanta ocho.

Tres soluciones prácticas:

  1. Bajarla para regar. Un gancho con polea o un sistema de cesta desmontable evita mojar el suelo y permite regar a fondo hasta que salga por abajo, que es como hay que hacerlo.
  2. Sustrato con más retención. En cesta se sube la proporción de esfagno hasta un 25-30 % para compensar el secado.
  3. Cesta forrada. Un forro parcial de fibra de coco o de plástico perforado en la mitad inferior reduce la evaporación lateral sin quitar aireación.

El criterio de riego es el mismo del grupo: cuando el sustrato esté seco en su mitad superior, comprobado con un palillo de madera. Agua templada y de baja mineralización; las manchas de cal se ven mucho en una hoja satinada.

Abono, de marzo a octubre: equilibrado con micronutrientes a un cuarto de dosis, cada dos riegos. En cesta las sales se lavan más a menudo con cada riego a fondo, así que tolera algo mejor la fertilización continua.

Sustrato y anclaje

Como epífito estricto, quiere un medio muy aireado y con anclaje mecánico, porque el peso de una hoja de un metro tira de la planta hacia fuera de la maceta:

  • 35 % corteza de pino de 10-20 mm
  • 25 % esfagno
  • 20 % fibra de coco en chips
  • 15 % perlita gruesa o pómice
  • 5 % carbón vegetal

Al plantar conviene sujetar el rizoma con un par de horquillas de alambre o atarlo a un trozo de corcho o de rama dentro de la cesta. Una planta que se mueve cada vez que se riega no llega a enraizar bien y produce hojas cada vez más pequeñas.

Luz, humedad y temperatura

Luz. Al ser epífito de rama alta, recibe más luz que las especies de sotobosque: quiere luz indirecta intensa, y tolera sol suave de primera hora. Una ventana al este con la cesta colgada a un metro es un buen sitio; una ventana al sur, con visillo. La quemadura por sol directo de verano aparece como una banda decolorada a lo largo de una costilla y no se recupera.

Humedad. Objetivo 65-80 %, y con especial atención durante el despliegue de cada hoja. En un piso español con calefacción, un humidificador cerca resuelve más que cualquier otra medida; hay alternativas en cómo aumentar la humedad para plantas de interior. Ojo con la posición: colgada del techo está en la franja más caliente y más seca de la habitación.

Temperatura. De 20 a 29 °C, con mínimo de 16 °C. Por debajo de 13 °C se producen manchas oscuras. Tolera bien el calor si la humedad acompaña, y muy mal el calor con aire seco.

Multiplicación

El tallo es un rizoma corto con entrenudos apretados, de modo que produce pocos hijuelos y crece despacio a lo ancho. Las tres vías:

División. Cuando aparece un brote lateral con dos o tres hojas y raíz propia, se separa en primavera. Es lo más seguro pero puede tardar años en presentarse la ocasión.

Esqueje de rizoma. Un segmento con una yema latente sobre esfagno húmedo, en recipiente cerrado a 25 °C, brota en seis a diez semanas. Los primeros años produce hojas juveniles cortas y poco acostilladas, que no se parecen a las adultas.

Semilla. Requiere polinizar a mano y produce plantas que tardan cinco años o más en mostrar hoja adulta. La semilla no se guarda: se lava y se siembra sobre esfagno de inmediato.

Buena parte del material que se vende procede de cultivo in vitro. Esas plantas llegan aclimatadas a humedad muy alta de laboratorio y sufren un choque al entrar en una casa: conviene tenerlas las primeras semanas en un espacio cerrado y ventilar cada vez más, en lugar de sacarlas de golpe al salón.

Lo que más falla

Franja marrón longitudinal en la hoja recién abierta. Humedad insuficiente durante el despliegue. No se corrige, se previene con la siguiente.

La hoja se abre corta y poco acostillada. Planta joven, o planta con la raíz limitada. Las hojas juveniles de esta especie son normales y van creciendo con cada ciclo.

Punta doblada o quebrada. Tropiezo físico durante el crecimiento. Revisa el espacio libre por debajo.

Hojas nuevas más pequeñas que las anteriores. Raíz en mal estado, o cesta que se seca demasiado rápido y deja a la planta sin agua durante horas cada día.

Manchas negras de contorno amarillento. Bacteriosis. Corta con tijera desinfectada, ventila y deja de mojar el follaje.

Punteado fino y decoloración en el envés. Araña roja, muy favorecida por la posición elevada y caliente de una cesta. Revisa cada dos semanas en invierno. También aparece cochinilla en las axilas de los peciolos y en el envés de los nervios hundidos.

Toxicidad

Contiene cristales de oxalato cálcico en forma de aguja, como el resto de las aráceas. Al masticar cualquier parte se clavan en la mucosa y provocan dolor inmediato, babeo, hinchazón de labios y lengua y a veces vómito. Es una lesión local que suele resolverse en horas, no una intoxicación de órganos; con dificultad para tragar o respirar hay que acudir al médico o al veterinario. La savia irrita piel y ojos, así que lávate las manos después de dividir o cortar hojas. Al estar colgada queda por naturaleza fuera del alcance de perros y niños, lo que en esta especie juega a favor; consulta el listado de plantas tóxicas para gatos si tienes un gato trepador.

En resumen

El anturio rey es un epífito colombiano cuyas hojas cuelgan y llegan a metro y medio, así que lo primero es darle altura y caída libre: cesta colgada o repisa alta con la pared despejada. Sus costillas transversales son una viga corrugada que da rigidez a una lámina enorme y conducen el agua de lluvia. Cada hoja tarda de cuatro a seis semanas en desplegarse y necesita 65-80 % de humedad justo en ese periodo, o queda con una franja marrón permanente. En cesta se seca el doble de rápido que en el suelo, lo que obliga a más esfagno en la mezcla y a un sistema cómodo para bajarla y regarla a fondo. Luz indirecta intensa, entre 20 y 29 °C, abono flojo y continuo, y las manos lavadas después de manipularla.


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