Cuando se habla de verbenas en jardinería suele pensarse en dos cosas: las verbenas de temporada que se venden en primavera para jardineras, y la Verbena bonariensis. Pero el género es amplio, y hay al menos media docena de especies vivaces con un comportamiento excelente en jardín naturalista que apenas se ven en los viveros españoles.

Antes de entrar en ellas, una aclaración que evita confusiones al buscar plantas. La botánica separó hace tiempo dos grupos que antes iban juntos: las Verbena propiamente dichas, de inflorescencia en espiga alargada, y las Glandularia, de inflorescencia en corimbo aplanado y porte generalmente rastrero. Las verbenas de temporada de jardinera son Glandularia, aunque casi todo el mundo las siga llamando verbenas. Encontrarás la misma planta etiquetada de las dos maneras.

Una Verbena hastata f. rosea en flor junto a una Stipa (izquierda). En la Verbena stricta destaca el tamaño de las florecillas (derecha). Fotos: Hanako; Justin Meissen.

Las de espiga alargada

Verbena hastata. Vivaz norteamericana de praderas y humedales, de 90 a 120 centímetros, con espigas ramificadas en forma de candelabro que se abren de abajo arriba entre junio y septiembre. Las hay violetas, blancas ('Alba') y rosadas (f. rosea, con el cultivar 'Pink Spires').

Es muy rústica al frío, mucho más de lo que necesita cualquier jardín español, pero tiene un condicionante que la descarta en buena parte del país: viene de suelos húmedos y no tolera la sequía. En el norte peninsular y en jardines con suelo fresco funciona muy bien; en el interior seco o en el litoral mediterráneo hay que regarla con regularidad todo el verano. Suele ser de vida corta, tres o cuatro años, y se mantiene en el jardín por resiembra.

Verbena macdougalii. Parecida a la anterior pero con espigas más cortas, gruesas y compactas, y con un origen que la hace mucho más interesante aquí: procede de zonas áridas y de montaña del suroeste de Estados Unidos y del norte de México. Eso se traduce en tolerancia real a la sequía y a los suelos pobres. El cultivar 'Lavender Spires', estéril, florece durante más tiempo, no se resiembra y llega a metro y medio de altura. Es probablemente la mejor de este grupo para un jardín mediterráneo de bajo riego.

Verbena stricta. También de las praderas norteamericanas, más baja que las dos anteriores, con follaje velloso gris verdoso y florecillas notablemente más grandes en las espigas. Tolera la sequía, los suelos arenosos, rocosos y poco profundos, y el calor. Es vivaz de vida corta y produce mucha semilla; conviene recortar las inflorescencias pasadas si no quieres que se extienda por el jardín.

Las rastreras de corimbo

Verbena rigida (llamada también V. venosa o V. rugosa). Sudamericana, de Brasil y Argentina, es una mata rastrera de 30 a 60 centímetros de altura y hasta un metro de anchura, con raíces rizomatosas y corimbos malva o púrpura muy nectaríferos. Florece de abril o mayo al verano y vuelve a hacerlo en otoño si se la recorta en julio. Hay cultivares de tonos concretos: 'Polaris' en lila claro, 'Santos Purple' e 'Intensity' en púrpura intenso.

Tolera cierta sequía, aunque se defolia, y acepta suelos pobres y calizos. Con heladas ligeras el follaje se seca y rebrota desde los rizomas cuando mejora el tiempo; con heladas fuertes y prolongadas se pierde. Es la más agradecida del grupo en clima mediterráneo, y también la que más vigilancia pide: sus rizomas se extienden y en zonas de clima suave del sur y del litoral se ha naturalizado en bordes de camino y terrenos removidos. Plantarla en un espacio acotado y no arrojar restos ni tierra con rizomas fuera del jardín es una precaución razonable.

Glandularia tenuisecta (Verbena tenuisecta). Cubresuelos perennifolia de follaje muy dividido, casi de aspecto de musgo, que forma alfombras densas de 10 a 30 centímetros de alto. Sudamericana, de Chile y Argentina. Florece de abril a octubre en oleadas continuas, con corimbos violeta claro o rosados. Tolera el sol fuerte, las heladas cortas y la sequía, aunque con falta de agua queda deslucida. Sirve como tapizante en rocallas y taludes, pero no soporta el pisoteo, así que no es alternativa al césped en zonas de paso.

Cómo se cultivan

Exposición. Pleno sol, todas. Con menos de seis horas de sol directo florecen poco y se estiran. La única matización es para la Verbena rigida en el sur y el sureste: allí, unas horas de sombra por la tarde evitan que el follaje se abrase en julio y agosto.

Suelo. Sueltos, de riqueza media y bien drenados. La Verbena rigida acepta además suelos pobres y calizos sin problema, lo que amplía mucho su rango de uso en el este y el sur peninsular. La Verbena hastata es la excepción del grupo y quiere suelo que retenga humedad.

Riego. Moderado pero regular en verano. Es importante situar bien estas plantas: no son vivaces de jardín seco, con la salvedad de la V. macdougalii y, con matices, la V. stricta y la V. rigida. Las demás toleran la falta de agua a costa de perder follaje y acortar la floración. En un jardín de secano estricto hay opciones mejores.

Abono. Innecesario en suelo de jardín. En exceso de nitrógeno crecen blandas, se tumban y florecen peor.

Poda. Las de espiga y la V. rigida se cortan a dos o tres centímetros del suelo al final del invierno, o a mediados en zonas sin heladas, para que broten con fuerza en primavera. La estructura seca de la Verbena hastata es bonita en invierno y merece dejarla en pie hasta entonces. La V. rigida agradece además un recorte en julio, que dispara la refloración de otoño. La Glandularia tenuisecta, al ser perennifolia, se recorta ligeramente en octubre y no se corta al ras.

Multiplicación. Todas, salvo los híbridos estériles, se resiembran solas y abundantemente. También se dividen las matas al final del invierno y se hacen esquejes de tallo en primavera y verano, que enraízan con facilidad. La Verbena stricta sembrada florece a partir del segundo año.

Dónde colocarlas

Su sitio natural es la plantación mixta de aspecto silvestre, mezcladas con gramíneas ornamentales y con vivaces de floración estival. Las de espiga alta (hastata, macdougalii, stricta) aportan verticalidad y textura fina, y funcionan repartidas de forma irregular entre matas de Stipa, Sesleria, Achillea, Echinacea o Rudbeckia. Las que producen varas altas necesitan estar resguardadas del viento fuerte, que las parte.

Las rastreras (V. rigida, Glandularia tenuisecta) cubren el suelo por delante de las anteriores, tapan la base desnuda de arbustos y se dejan caer bien desde muretes, taludes y jardineras altas.

Un argumento a favor de todas ellas que no es menor: sus flores producen néctar abundante durante meses y son de las plantas de jardín que más mariposas, abejas solitarias y abejorros atraen en pleno verano. Las que se dejan semillar alimentan además a pequeñas aves granívoras en otoño.

En resumen

Para un jardín mediterráneo de riego escaso, la Verbena macdougalii y la Verbena rigida son las dos opciones sólidas del grupo, con la Glandularia tenuisecta como tapizante de acompañamiento. La Verbena hastata es planta de suelo fresco y de la mitad norte, y la Verbena stricta queda a medio camino, tolerante con la sequía y con los suelos difíciles.

El manejo es el mismo en todas: pleno sol, drenaje, riego moderado en verano, nada de abono y poda al ras al final del invierno. Y una decisión que hay que tomar en cada jardín: dejar que se resiembren, que es lo que da a estas plantaciones su aspecto natural, o recortar las flores pasadas para controlarlas, imprescindible con la Verbena rigida si el jardín linda con terreno natural.


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