Las plantas de temporada de verano se compran en mayo, dan flor cuatro o cinco meses y se retiran en octubre. La pregunta útil no es cuáles son bonitas, sino cuáles aguantan un julio peninsular en una maceta a pleno sol sin exigir riego dos veces al día. Rudbeckias, mecardonias, gipsófilas, calibrachoas y erodios cumplen en distinto grado, y ninguna de ellas de la misma manera en Bilbao que en Córdoba.
Conviene desmontar de entrada una idea que circula en las etiquetas: la mayoría de estas plantas se venden como resistentes a la sequía, y no lo son cuando viven en un tiesto. Una maceta expuesta al sol de agosto puede superar los 40 grados en el sustrato y secarse en unas horas. La resistencia a la sequía que traen las fichas se refiere a plantas en el suelo, con raíces profundas, y eso no es lo que casi nadie tiene en un balcón.
Las rudbeckias parecen grandes soles de fuego. Gracias a las hibridaciones se han conseguido tonalidades que van desde los amarillos a los anaranjados, rojos y burdeos.
Rudbeckia hirta
Es la más vistosa del grupo: grandes capítulos de unos 10 centímetros con lígulas amarillas, anaranjadas, rojizas o granate según el híbrido, y el característico cono central oscuro. Forma matas erguidas de 50 a 80 centímetros y florece de junio hasta los primeros fríos. Procede de las praderas del centro y el este de Norteamérica.
Va a pleno sol, aunque en el interior y el sur agradece sombra a partir de media tarde. Se adapta a casi cualquier suelo con tal de que drene, y se planta a unos 40 centímetros entre pies para que las matas se toquen sin agobiarse. Tolera cierta sequía una vez arraigada, pero en verano peninsular quiere riego regular para no interrumpir la floración.
Un detalle que interesa dejar hacer: si en otoño no se cortan las matas, los conos secos se cargan de aquenios que jilgueros y verderones comen durante el invierno, y las flores atraen mariposas todo el verano. Tiene su ficha en rudbeckia.
Mecardonia
Vivaz rastrera sudamericana incorporada a la jardinería hace relativamente poco, con flores amarillo limón pequeñas y muy abundantes de mayo a octubre. Forma cojines de unos 10 centímetros de alto y 30 de diámetro, y sus flores son autolimpiantes, es decir, caen solas sin necesidad de pinzar las marchitas.
Es sensible al frío y en casi toda España se trata como anual. Quiere pleno sol para florecer con generosidad, riego medio y suelo pobre y bien drenado: sus exigencias de nutrientes son bajas y un exceso de abono nitrogenado la vuelve toda hoja y poca flor. Se planta a 30 o 40 centímetros. Funciona muy bien desbordando de jardineras y en el frente de un arriate.
Gypsophila muralis
A diferencia de las gipsófilas vivaces de flor de corte, esta se comporta como anual. Forma matas ligeras de 15 a 30 centímetros de alto y hasta 50 de extensión, con hojas lineares y una nube de florecillas blancas, rosa claro o magenta de menos de un centímetro, simples, semidobles o dobles, desde mayo hasta el frío.
Va a pleno sol o con sombra parcial. Riegue una o dos veces por semana cuando el sustrato se note seco: no soporta el encharcamiento ni la humedad ambiental alta, lo que la hace mejor planta para el interior peninsular que para la cornisa cantábrica. Prefiere sustrato neutro o ligeramente alcalino con drenaje perfecto, así que es de las pocas que agradece el suelo calizo. Se planta a 20 o 30 centímetros y luce especialmente en cestas colgantes y borduras.
Calibrachoas
Las calibrachoas, esas minipetunias de porte rastrero, forman cascadas de flor desde abril hasta el otoño y son autolimpiantes. Las series dobles ofrecen una gama amplia, del rosa pálido al magenta, rojo, amarillo, blanco, salmón y violeta. Las matas hacen de 15 a 25 centímetros de alto y de 30 a 40 de extensión.
Aquí hay que corregir dos cosas que se leen a menudo. La primera: no son resistentes a la sequía. Son plantas de floración continua, gran consumo y raíz superficial, y en una jardinera al sol en agosto pueden necesitar riego diario, a veces dos. La segunda: son muy sensibles al pH alto. Con agua dura y sustrato calizo, que es la situación de gran parte de España, amarillean por clorosis férrica en pocas semanas. La solución es sustrato ácido o neutro, abono para plantas de flor cada quince días y quelato de hierro en cuanto aparezcan las hojas nuevas amarillas con nervios verdes. Hay más en calibrachoas, surfinias y otras petunias.
Erodium x variabile
Es la más discreta y la que menos mantenimiento pide. Vivaz de la familia de los geranios, forma cojines compactos de 10 a 20 centímetros de alto y 15 a 30 de diámetro, con follaje perenne verde oscuro de borde crenado y flores magenta claro desde el principio del verano hasta los primeros fríos. Crece despacio.
Quiere pleno sol, sustrato arenoso con drenaje perfecto y riego escaso o moderado, dejando secar entre riegos. Resiste bien las heladas, más que ninguna otra de esta lista. Es planta de rocalla, de jardinera de alféizar y de cubresuelos en pequeñas superficies, y combina bien con tomillos, sedums y otras plantas de las mismas exigencias.
Las que mejor aguantan el verano peninsular
Si la maceta está en un balcón orientado al sur en Madrid, Zaragoza o Sevilla, conviene ampliar la lista con especies adaptadas al calor seco. La vinca de Madagascar (Catharanthus roseus) es probablemente la mejor planta de temporada de verano para España: florece sin parar de junio a octubre, cuanto más calor mejor, y aguanta el riego irregular. Tenga en cuenta que contiene alcaloides y es tóxica por ingestión.
Se suman la portulaca (Portulaca grandiflora), que abre sus flores con el sol y vive en sustrato pobre y seco; la gazania, del mismo comportamiento; las zinnias, los tagetes y la celosía; la Gaura lindheimeri, de floración larguísima y aspecto ligero; las salvias arbustivas (Salvia greggii, Salvia microphylla), y la Scaevola y la Bidens para colgar. La lantana es de las más resistentes al calor, pero conviene saber que en Canarias tiene comportamiento invasor y desplaza vegetación autóctona, así que allí no debe plantarse.
Puede ver el detalle de varias en portulaca grandiflora y en la gazania.
La maceta y el riego, que es donde se decide todo
El tamaño del recipiente importa más que la especie. Un tiesto pequeño se calienta y se seca deprisa; uno grande tiene inercia térmica y aguanta. Para plantas de temporada en balcón, una jardinera de al menos 20 centímetros de profundidad cambia por completo la frecuencia de riego.
El material también: el barro poroso transpira y refresca, pero pierde agua por evaporación; el plástico la retiene, aunque un tiesto negro al sol alcanza temperaturas que dañan las raíces. Si tiene plástico oscuro, colóquelo dentro de un cubremacetas o a la sombra de otras plantas. Y no apoye las macetas directamente sobre baldosa o pavimento al sol: unos tacos o un soporte que ventile por debajo bajan la temperatura del cepellón varios grados.
Riegue a primera hora de la mañana o al anochecer, nunca al sol del mediodía. Un acolchado de dos centímetros de grava fina o corteza sobre el sustrato de la maceta reduce mucho la evaporación. Y si va a estar fuera en agosto, la única solución fiable es un goteo con programador; los sistemas de botella invertida o de mecha rara vez dan abasto en pleno verano.
Plantación y mantenimiento de la floración
En el litoral mediterráneo estas plantas se plantan desde abril; en el interior, cuando ha pasado el riesgo de helada tardía, entre finales de abril y mediados de mayo. Plantar antes no adelanta nada, porque con el suelo frío no arrancan.
Use sustrato de calidad con perlita, no tierra de jardín, que en maceta se compacta. Abone cada dos semanas durante la floración con un fertilizante rico en potasio: estas plantas gastan mucho y en un volumen de sustrato limitado agotan las reservas en un mes. Y pince las puntas al plantar, aunque cueste sacrificar los primeros botones: la mata ramifica y termina dando el triple de flor.
Si a mediados de agosto las matas se estiran y florecen menos, un recorte de un tercio y un abonado provocan un rebrote que suele durar hasta octubre.
En resumen
Rudbeckia para masas de color y altura, mecardonia y gipsófila para cojines ligeros de bajo mantenimiento, calibrachoa para cascadas de flor continua y erodio para rocalla y jardinera seca. De las cinco, el erodio y la mecardonia son las que menos agua piden, y la calibrachoa la que más, además de ser sensible al agua dura y al suelo calizo de buena parte del país.
En un balcón al sur del interior peninsular, complete la selección con vinca de Madagascar, portulaca, gazania, gaura y salvias arbustivas, que están hechas para ese calor. Y recuerde que en maceta la ficha de resistencia a la sequía no vale: lo que decide es el tamaño del tiesto, la hora del riego y un buen acolchado sobre el sustrato.