Petunias y calibrachoas se venden juntas, se cuidan casi igual y mucha gente las confunde, pero son dos géneros distintos. La forma rápida de distinguirlas en el vivero es el tamaño de la flor: la petunia tiene una corola grande, de cuatro a diez centímetros, y la calibrachoa hace campanitas de dos a tres centímetros, muchísimas más. Al tacto, la hoja y el tallo de la petunia son pegajosos, cubiertos de pelos glandulares; los de la calibrachoa, no.
Para un balcón en España la elección práctica es esta: si quieres flor grande y llamativa, petunia; si quieres una bola densa que aguante el calor de julio sin desmadejarse y sin tener que quitar flores marchitas, calibrachoa. Ambas son plantas de temporada que van de abril a los primeros fríos, y ambas fallan por lo mismo, por riego mal llevado y por clorosis de hierro con agua calcárea.
Las calibrachoas producen cientos de flores pequeñas sobre una mata compacta y colgante. Es la planta de cesta colgante más agradecida del verano.
Qué separa a una petunia de una calibrachoa
Las dos son solanáceas sudamericanas y estuvieron en el mismo género hasta que la citogenética las separó. Petunia tiene un número básico de siete cromosomas (2n = 14) y Calibrachoa, de nueve (2n = 18). Esa diferencia impide el cruce natural entre ellas, aunque en laboratorio se han obtenido híbridos intergenéricos que se venden bajo nombres comerciales propios y que reúnen flor mediana con porte muy ramificado.
Lo que se compra como petunia de jardín es casi siempre Petunia × hybrida, resultado del cruce de varias especies silvestres. Las calibrachoas comerciales también son híbridos complejos. Ninguna de las dos se parece ya gran cosa a sus antepasados silvestres, y ese es el motivo de que se multipliquen por esqueje y no por semilla: la semilla de una planta híbrida no repite la variedad.
Los nombres de las series y qué significan
En la etiqueta rara vez pone el nombre botánico. Pone el de una serie comercial, que es una marca del obtentor y agrupa variedades con el mismo comportamiento. Surfinia designa petunias colgantes de tallo largo; las series de tipo potunia o similares son petunias mucho más compactas y apenas colgantes; las series de calibrachoa suelen llevar nombres con campanas o campanillas. Conocer la serie es útil por una razón muy práctica: te dice el porte que va a tener la planta en agosto, que es cuando importa. Una petunia colgante puede echar tallos de más de un metro, y eso en un balcón con viento es un problema, no una virtud.
Dónde ponerlas
Las dos necesitan sol. Con menos de cinco o seis horas de sol directo florecen poco y se ahílan. Ahora bien, en el interior peninsular y en el sur, el sol de las tres de la tarde en julio es otra cosa: ahí conviene sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o la planta pasará el verano en modo supervivencia.
El volumen de sustrato manda más de lo que parece. Una cesta colgante de veinte centímetros con tres plantas se seca en medio día en pleno agosto y no hay riego que lo sostenga. Con una jardinera de al menos veinticinco o treinta centímetros de fondo, el mismo balcón se vuelve manejable. Las cestas colgantes, además, están en el aire por todas sus caras y pierden agua mucho más rápido que una maceta apoyada.
El viento seco es el otro enemigo. En una terraza expuesta, una petunia colgante de tallos largos se deshilacha y las flores grandes se rompen con la primera racha fuerte. En sitios ventosos la calibrachoa o una petunia compacta dan mejor resultado que una surfinia.
Riego
Riego regular y abundante, pero dejando que la superficie del sustrato se seque un poco entre riegos. Ni encharcamiento ni sequía total. El encharcamiento asfixia la raíz y abre la puerta a las podredumbres del cuello; la sequía severa, aunque la planta se recupere al regarla, provoca una caída de flores y de hojas basales de la que tarda semanas en rehacerse.
En verano lo normal es regar a diario, y en olas de calor, dos veces al día en cestas pequeñas. Se riega temprano por la mañana o al atardecer, nunca al sol del mediodía, y se vacía el plato. Un plato con agua estancada durante días en una terraza a cuarenta grados es un caldo de cultivo, no una reserva.
Sustrato, pH y clorosis de hierro
Este es el apartado que decide el aspecto de las plantas en agosto, sobre todo en la calibrachoa. Ambas quieren un sustrato ligeramente ácido, en torno a un pH de 5,5 a 6,5, con muy buen drenaje. Un sustrato universal de calidad con perlita cumple.
El problema llega con el agua. En gran parte del este y el sur de España, y en Madrid según la zona, el agua del grifo es dura y de pH alto. Riego tras riego, el pH del sustrato de la maceta sube, y por encima de 7 el hierro deja de estar disponible para la planta aunque el sustrato lo contenga. El resultado es la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios todavía verdes, mientras las hojas viejas siguen normales. Es el síntoma más frecuente en calibrachoa en toda la costa mediterránea.
Se corrige con quelato de hierro (los quelatos de tipo EDDHA son los que siguen funcionando a pH alto) aplicado en el riego cada dos o tres semanas durante la temporada, y ayuda mucho recoger agua de lluvia o alternar con agua de bajo contenido en cal. Si se espera a aplicar el hierro cuando la planta ya está toda amarilla, se recupera, pero se pierde un mes de floración.
Abonado
Son plantas muy exigentes en nutrientes porque están floreciendo sin parar durante cinco o seis meses en un volumen de sustrato pequeño. Al plantar, un abono de liberación lenta para plantas de flor mezclado en el sustrato cubre las primeras semanas. A partir de mayo, abono líquido para plantas de flor en el agua de riego, cada semana o cada dos, siguiendo la dosis del envase.
En pleno verano, con riegos diarios que lavan el sustrato, la frecuencia se acorta. Una señal fiable de que falta abono es que las hojas viejas amarillean de forma uniforme, empezando por abajo, y la planta produce menos flores y más pequeñas. Si el amarilleo empieza por las hojas nuevas y respeta los nervios, no es falta de abono, es hierro.
Pinzado y poda de temporada
Las calibrachoas y muchas petunias modernas son autolimpiantes: la flor marchita se desprende sola y no hace falta ir quitándolas una a una. Eso no exime de la poda de mitad de temporada.
Hacia finales de junio o julio la planta suele haberse alargado, con los tallos pelados por la base y las flores solo en las puntas. La solución es cortar los tallos más largos, en torno a un tercio de su longitud, escalonando los cortes para que la mata no quede rapada de golpe. Se acompaña de un riego con abono. Se queda sin flor entre diez y quince días, y a partir de ahí rebrota con más ramas y vuelve a florecer hasta el otoño. Es una operación que asusta la primera vez y que cambia por completo el aspecto de la jardinera en agosto y septiembre.
Plagas y problemas frecuentes
El pulgón aparece en primavera en los brotes tiernos y se controla pronto sin gran dificultad. El trips y la mosca blanca son más molestos en terrazas cerradas y calurosas; el trips deforma la flor y le deja rayas plateadas. En julio y agosto, las orugas que perforan los capullos dejan agujeros redondos y flores que no llegan a abrir, y como comen de noche, lo que se ve son los daños y los excrementos, no el animal.
La Botrytis ataca en primaveras húmedas y en plantas demasiado densas o mojadas por encima; se previene regando al pie y aclarando la mata. Las podredumbres del cuello, en cambio, son casi siempre culpa de un sustrato que no drena o de un plato permanentemente lleno.
Calendario en España
| Mes | Tarea |
|---|---|
| Marzo y abril | Plantación en jardinera con abono de liberación lenta, según la zona y el riesgo de heladas tardías |
| Mayo | Inicio del abonado líquido y primer aporte de quelato de hierro si el agua es dura |
| Junio o julio | Poda de rejuvenecimiento de un tercio y abonado tras la poda |
| Julio y agosto | Riego diario o dos veces al día, abonado frecuente, sombra a mediodía en el sur |
| Septiembre y octubre | Segunda floración fuerte. Espaciar el abonado |
| Noviembre | Fin del ciclo con los primeros fríos. En la costa suave pueden aguantar el invierno |
En resumen
La calibrachoa da muchísimas flores pequeñas sobre una mata compacta y colgante, aguanta bien el calor y no necesita que le quiten las flores pasadas. La petunia da flores grandes y las variedades colgantes hacen tallos muy largos, más vistosos pero más frágiles al viento. Las dos quieren sol, sustrato drenante y ligeramente ácido, y una maceta con volumen suficiente para no secarse en medio día de agosto.
Los dos fallos que arruinan una jardinera son la clorosis de hierro por regar con agua dura, que se previene con quelato desde mayo y no cuando la planta ya está amarilla, y no podar a mitad de temporada, que deja tallos pelados con cuatro flores en la punta. Con una poda de un tercio en julio y abono constante, la floración llega hasta octubre.