Cada primavera aparecen decenas de variedades nuevas de planta de flor para maceta, y casi todas prometen lo mismo: más flor, más tiempo y menos cuidados. Algunas cumplen. La cuestión práctica no es cuál es la novedad del año, sino qué géneros aguantan de verdad un verano español en un balcón y cómo se combinan para que la jardinera siga viva en septiembre.
Tres grupos concentran casi todo lo que funciona a pleno sol: los Bidens, las clavelinas (Dianthus) y las petunias con sus parientes. Con esos tres y un par de plantas de follaje se resuelve cualquier jardinera soleada, y las variedades nuevas que van saliendo son mejoras dentro de esos mismos géneros.
Los Bidens Painted Yellow lucen flores amarillas con pinceladas anaranjadas. Por su tendencia a colgar van perfectos en macetas y jardineras. Si están bien cuidados florecen de abril a noviembre.
Bidens
Es probablemente la planta de temporada más resistente al calor que se puede comprar. Los Bidens de jardinería derivan de Bidens ferulifolia y forman matas semicolgantes cubiertas de pequeñas margaritas amarillas, y en las series más recientes bicolores, con pinceladas anaranjadas o rojas.
Sus virtudes son concretas. Florece de abril o mayo hasta noviembre sin descanso, tolera el calor extremo mucho mejor que la petunia, se recupera rápido si se pasa un día sin riego y es autolimpiante, es decir, suelta la flor seca sola y no hay que ir quitándolas. Además atrae abejas y otros polinizadores, cosa que muchas plantas de temporada de flor doble no hacen.
Quiere pleno sol, sustrato que drene y abono para plantas de flor una vez al mes como mínimo. Si a mitad de verano se estira y se despeina, se recorta un tercio y rebrota en dos semanas. Es de las pocas plantas de temporada que aguanta bien un balcón orientado al sur en el interior peninsular.
Clavelinas (Dianthus)
Las clavelinas modernas de maceta dan flores de unos cuatro centímetros, de pétalos dentados, en rosas, rojos, blancos y bicolores, y muchas conservan el perfume aclavelado del género, que es su gran atractivo. Las series actuales resisten el calor bastante mejor que las clavelinas antiguas, que se paraban en cuanto apretaba julio.
Tienen una ventaja importante en España: son de las pocas plantas de flor de temporada que prefieren los suelos neutros o algo alcalinos, de modo que el agua dura del grifo, que a las calibrachoas les provoca clorosis, a ellas no les molesta. En el este y el sur peninsular eso simplifica mucho las cosas.
Lo que sí exigen es drenaje y no mojar el follaje. La mata forma un cojín denso de hojas estrechas y grisáceas que, si se moja por encima todas las tardes, acaba con hongos en la base. Se riega al sustrato, y cuando la primera oleada de flor se apaga se le da un recorte general de la mata, con lo que rebrota y vuelve a florecer.
Petunias y calibrachoas
Son el estándar de la jardinera de verano y no hace falta insistir: pleno sol, riego frecuente en julio y agosto, abono semanal o quincenal, y recorte a mitad de temporada para que no se estiren. Los cultivares de flor jaspeada o veteada, con dibujos que recuerdan un cielo estrellado, están entre las novedades que más se han asentado en el mercado.
Merece la pena recordar un punto que decide el resultado: con agua de riego dura, las calibrachoas y los híbridos con calibrachoa amarillean por clorosis férrica con mucha facilidad, y hay que contar con sustrato ácido y hierro quelatado. Todo lo relativo a estas plantas está desarrollado en el artículo dedicado a las petunias.
Cómo se compone una jardinera que dure
El error más frecuente no es de riego, es de composición. Una jardinera con seis plantas distintas suele acabar con dos que se comen a las demás.
La estructura que funciona es la de tres papeles:
- Una planta protagonista con altura, en el centro o al fondo, que da estructura.
- Un relleno compacto que ocupa el volumen medio, como las clavelinas o una petunia de porte redondo.
- Una o dos colgantes en el borde, que desbordan y tapan el canto de la jardinera. Los Bidens y las petunias colgantes cumplen aquí.
La regla que casi nadie aplica es la del agua: en una misma maceta solo van juntas plantas con la misma necesidad hídrica. Una clavelina, que quiere secarse entre riegos, y una petunia colgante, que quiere agua a diario en agosto, no se llevan bien en el mismo recipiente. Si se juntan, una de las dos siempre está mal.
En cuanto al número, una jardinera de un metro admite tres plantas de porte normal o cuatro pequeñas. Meter seis para que se vea llena en mayo garantiza que en julio estén todas agotadas compitiendo por el mismo litro de sustrato.
Comprar bien
La planta más bonita del expositor no suele ser la mejor compra. Conviene mirar tres cosas:
- Botones sin abrir. Una planta cubierta de flor abierta ya ha gastado parte de su energía y va a sufrir el trasplante. La que tiene muchos botones y pocas flores rinde mucho más a lo largo del verano.
- Base de la mata. Debe tener hojas verdes hasta abajo. Si está pelada por el pie y solo tiene verde arriba, ha pasado hambre o falta de luz en el vivero.
- Raíces. Si asoman en espiral por los agujeros de drenaje, el cepellón está estrangulado. Se puede plantar igual, pero hay que abrirlo con los dedos o hacer un par de cortes verticales antes de meterlo en la maceta nueva.
Calendario en España
La plantación de flor de temporada de verano se hace en marzo en el litoral mediterráneo y el sur, en abril en la zona centro y en mayo en el norte y en zonas de montaña. Adelantarse no compensa: con el sustrato frío las plantas se quedan paradas y una helada tardía las liquida.
El relevo de otoño llega entre octubre y noviembre, cuando bajan las temperaturas y las plantas de verano se acaban. Ahí entran pensamientos y violas, prímulas y ciclámenes, que florecen durante todo el invierno en gran parte del país y aguantan mucho mejor el frío que el calor.
Entre una tanda y otra conviene renovar el sustrato de la jardinera y no reutilizar el del año anterior tal cual: está agotado, compactado y suele traer restos de raíces. Si se reutiliza, al menos se mezcla al cincuenta por ciento con sustrato nuevo.
Riego y abono en verano
En julio y agosto, una jardinera al sol en el interior peninsular puede necesitar riego diario, y en la costa a veces dos veces al día en macetas pequeñas. Se riega por la mañana temprano o al atardecer, nunca al mediodía, y siempre hasta que salga agua por el drenaje.
El abono es tan importante como el agua y se olvida siempre. El sustrato de una maceta se agota en cuatro o seis semanas, así que a partir de junio hace falta fertilizante para plantas de flor cada una o dos semanas. Una jardinera que en julio florece poco y tiene las hojas pálidas casi nunca tiene sed: tiene hambre.
En resumen
Para una jardinera a pleno sol en España, los Bidens son la apuesta más segura por su resistencia al calor y porque no hay que limpiarles la flor seca; las clavelinas aportan perfume y toleran el agua dura; y las petunias y calibrachoas dan el volumen de color, a cambio de más agua y más abono.
Lo que hace que una composición dure hasta noviembre no es la variedad concreta que se compre, sino agrupar plantas con la misma necesidad de agua, no apretarlas en poco sustrato, abonar cada una o dos semanas y darles un recorte a mitad de verano. Con eso, cualquiera de las tres funciona.