La petunia es la planta de temporada que más se vende en España para balcón y jardinera, y también la que más se tira a mitad de agosto porque ha quedado en un montón de tallos largos con cuatro flores en la punta. No es cuestión de suerte: casi todo depende de tres cosas que se deciden al principio, que son el tipo de petunia que se compra, la maceta que se le da y el ritmo de abonado.
Todas las de jardinería son Petunia x hybrida, un grupo de híbridos de origen sudamericano que se cultivan aquí como anuales: florecen de abril a los primeros fríos y se retiran. Junto a ellas conviven las calibrachoas, parientes muy cercanas de flor pequeña, y los cruces entre ambas, las petchoas.
La original gama cromática de las petchoas BeautiCal: burdeos, anaranjado, amarillo y vainilla con venaciones.
Foto: Corma
Los cuatro tipos que hay que saber distinguir
Delante de una bandeja de petunias en flor, todas parecen lo mismo. No lo son, y elegir mal es el origen de la mayoría de los disgustos.
- Grandiflora. Flores grandes, de ocho a diez centímetros, muy vistosas y muy frágiles. Una tormenta de verano las deja hechas un pegote de papel mojado y tardan días en recuperarse. Van bien en zonas secas y bajo alero, mal a la intemperie en clima atlántico.
- Multiflora. Flor de cinco a siete centímetros, más abundante y bastante más resistente a la lluvia y al viento. Es la opción sensata para exterior desprotegido.
- Milliflora. Flor mini, de dos a cuatro centímetros, en cantidades enormes sobre matas muy compactas que apenas superan un palmo. Aguantan bien el agua y no avasallan a las plantas vecinas, así que son las mejores para jardineras mixtas y borduras.
- Colgantes y de porte vigoroso. Es el grupo de las surfinias y series equivalentes: tallos largos y péndulos que llegan al metro y cubren la cara de una jardinera. Necesitan mucho más volumen de sustrato, mucha más agua y mucho más abono que las anteriores.
Hay además una diferencia técnica que conviene conocer. Las grandiflora, multiflora y milliflora se propagan casi siempre por semilla, mientras que las colgantes vigorosas y las petchoas son series vegetativas, es decir, clones multiplicados por esqueje. Estas últimas suelen estar amparadas por títulos de obtención vegetal (en la Unión Europea, el Reglamento (CE) nº 2100/94), lo que limita su multiplicación con fines comerciales.
Las petchoas y las calibrachoas
La calibrachoa es una planta de flor mucho más pequeña, de dos o tres centímetros, en cantidad apabullante, con porte colgante o semicolgante. La petchoa es el cruce entre petunia y calibrachoa, y de ahí salen colores que no existían en la petunia sola: amarillos con venaciones, tonos caramelo, naranjas oscuros, cremas y burdeos aterciopelados. Las matas son compactas, de unos veinticinco a treinta centímetros de alto, y toleran mejor el agua de lluvia que las grandifloras.
Con las calibrachoas y las petchoas hay un detalle importante en España: son especialmente sensibles a la clorosis férrica. Con agua de riego dura y sustrato alcalino, que es la norma en buena parte del este y del sur, las hojas nuevas amarillean dejando las nervaduras verdes y la planta se para. Se corrige acidificando ligeramente el riego y aportando hierro quelatado, pero es más fácil prevenirlo eligiendo un sustrato ácido de partida.
Cuándo se plantan
La petunia no tolera la helada, así que el calendario depende de la zona:
- Litoral mediterráneo y sur: desde marzo, incluso finales de febrero en años suaves.
- Zona centro e interior: a partir de mediados de abril, cuando pasa el riesgo de heladas tardías.
- Norte peninsular y zonas de montaña: mayo.
Plantarlas antes de tiempo no adelanta nada. Con el suelo frío la planta se queda parada, sufre y arranca peor que otra plantada tres semanas después.
Sol, maceta y sustrato
Quieren pleno sol, con un mínimo de seis horas de luz directa. Con menos se estiran, ramifican poco y dan una fracción de la flor. La excepción es el verano del interior peninsular y del valle del Guadalquivir: allí, una sombra a partir de las cuatro o las cinco de la tarde les alarga bastante la vida.
El error más común y más caro es la maceta pequeña. Una surfinia en un tiesto de catorce centímetros no tiene la menor posibilidad en julio: el cepellón se seca dos veces al día y la planta se agota. Como referencia práctica, cada planta de porte vigoroso pide entre tres y cinco litros de sustrato, y una jardinera de un metro admite tres o cuatro plantas colgantes, no seis. Las millifloras y las compactas se conforman con dos o tres litros.
El sustrato, suelto y con buen drenaje, ligeramente ácido. Un sustrato universal de calidad mezclado con perlita o con fibra de coco funciona bien. Los agujeros de drenaje son obligatorios y el plato lleno de agua bajo la maceta es el camino más rápido a la pudrición de raíz.
Riego y abono, que van juntos
En pleno verano una jardinera de petunias al sol puede necesitar riego diario, y en la costa mediterránea en agosto a veces dos veces al día. No es un capricho: la planta transpira mucho porque está produciendo flor sin parar. El criterio sigue siendo comprobar el sustrato, pero conviene asumir que en julio y agosto casi siempre tocará regar.
Se riega al sustrato y no a la flor. Mojar las corolas por encima con el sol alto las mancha y favorece el botritis, que aparece como podredumbre gris en flores y tallos cuando hay humedad y poca ventilación.
El abono es lo que separa una jardinera espectacular de una mediocre. La petunia es una planta muy exigente y agota el sustrato en cuatro o seis semanas. A partir de ahí necesita fertilizante líquido para plantas de flor cada semana o cada dos semanas durante toda la temporada. Si en junio las hojas se ven pálidas y la floración baja, lo primero que hay que revisar es el abonado, no el riego.
Poda, pinzado y la recuperación de agosto
Al plantar, si la planta viene con un único tallo largo, se pinzan las puntas para forzar la ramificación. Cuesta unos días de flor y se recupera con creces en volumen.
Durante la temporada, las variedades de semilla agradecen que se retiren las flores pasadas, sobre todo las grandifloras, porque si cuajan semilla la planta reduce la floración. Muchas series vegetativas modernas son autolimpiantes y sueltan la flor seca solas.
La intervención más rentable llega a mediados o finales de julio, y también sirve para recuperar una planta que ya se ha estirado en agosto. Consiste en recortar los tallos, entre un tercio y la mitad de su longitud, regar y abonar bien. La jardinera queda fea unos diez o quince días y vuelve a estar llena de flor en septiembre y octubre, que en gran parte de España son dos meses de temperaturas excelentes para esta planta. Si se prefiere no dejarla pelada, se recorta la mitad de los tallos una semana y la otra mitad quince días después.
Problemas más frecuentes
Tallos largos con flor solo en la punta. Falta de luz, falta de abono, maceta pequeña o las tres cosas. Se corrige con el recorte descrito arriba.
Hojas nuevas amarillas con nervios verdes. Clorosis férrica por agua dura o sustrato alcalino, típica en calibrachoas y petchoas.
Hojas viejas amarillas y planta parada. Suele ser falta de nitrógeno, es decir, sustrato agotado.
Pulgón en los brotes tiernos y mosca blanca en el envés, sobre todo en balcones resguardados y con poca ventilación. Se detectan pronto mirando el envés de las hojas una vez por semana.
Botones florales agujereados que no llegan a abrir: casi siempre son orugas que perforan el capullo y comen por dentro. Se ven los excrementos oscuros junto al orificio. La revisión manual al atardecer resuelve la mayoría de los casos en una jardinera.
Flores deformes o moteadas y hojas abarquilladas: puede tratarse de una virosis, y en ese caso no hay tratamiento. La planta afectada se retira para que no contagie al resto.
En resumen
La petunia da un rendimiento enorme por poco dinero si se acierta en lo básico: tipo adecuado al sitio (multiflora o milliflora si está expuesta a la lluvia, grandiflora bajo alero, colgante solo con maceta grande), pleno sol, sustrato ácido y suelto, riego generoso en verano y abono para plantas de flor cada una o dos semanas sin fallar.
El segundo secreto es el recorte de julio, que convierte una planta agotada en una jardinera que sigue floreciendo hasta noviembre en buena parte del país. Y si se cultivan calibrachoas o petchoas, conviene vigilar desde el principio la calidad del agua de riego, porque son las primeras que acusan la cal.