El geranio pensamiento, también llamado geranio real, es el Pelargonium × domesticum, un grupo de híbridos que en los viveros españoles todavía se etiqueta a menudo como Pelargonium grandiflorum. Se distingue a simple vista del geranio común por sus flores grandes, de pétalos anchos y ondulados, con manchas o pinceladas oscuras en la garganta que recuerdan a las de un pensamiento.

Y se distingue también por algo menos evidente y mucho más importante: no florece igual que un geranio de balcón. Da su floración en primavera y comienzos de verano, se para cuando aprieta el calor y necesita pasar frío en invierno para volver a florecer. Quien lo trata como una gitanilla se queda sin flores al segundo año.

Los geranios pensamiento resultan perfectos en tiestos, ya sea en la terraza o el balcón, o en el interior de casa. Son ideales para llenar de alegría cualquier ambiente luminoso.

Pelargonium no es Geranium

Conviene aclararlo porque genera confusiones prácticas. Lo que en España llamamos geranios, gitanillas y geranios pensamiento son todos Pelargonium, un género de unas doscientas ochenta especies originarias en su mayoría de Sudáfrica. El género Geranium es otro: son las que los jardineros ingleses llaman hardy geraniums, vivaces rústicas de flor pequeña y simétrica, muchas de ellas silvestres en España, que resisten inviernos duros y viven bien en semisombra.

La diferencia importa porque los cuidados son opuestos. Un Geranium aguanta helada y prefiere frescor; un Pelargonium se muere con la primera helada seria y quiere sol y sequedad.

Los tres grupos de pelargonios

El geranio común (Pelargonium × hortorum, los zonales) tiene hojas redondeadas con una banda oscura en herradura y florece de forma continua de primavera a otoño. Es el de las macetas de los patios.

La gitanilla (Pelargonium peltatum) es de tallos colgantes y hoja carnosa y brillante, la de los balcones y las barandillas.

El geranio pensamiento (Pelargonium × domesticum) forma una mata erecta y algo leñosa, con hojas de borde dentado y aspecto rugoso, y flores mucho mayores que las de los otros dos. Su floración es más corta pero espectacular. Sobre los dos primeros hay más detalle en geranios y gitanillas.

La clave está en el invierno

Esta es la parte que no suele contarse. El geranio pensamiento necesita un periodo de temperaturas frescas para iniciar los botones florales. Se habla de varias semanas con noches en torno a los diez o doce grados, algo que en el litoral mediterráneo ocurre solo si la planta está fuera y en el interior peninsular hay que darle en una habitación sin calefacción o una galería.

Si pasa el invierno en un salón a veintidós grados, la planta crece verde y frondosa y no saca una sola flor. El error se percibe en primavera, cuando ya no hay remedio hasta el año siguiente.

Al mismo tiempo, no tolera la helada. El límite práctico está en torno a los cero grados: por debajo, los tallos se dañan. Lo que se busca, entonces, es un sitio fresco y muy luminoso pero protegido, con riego muy reducido.

Luz, riego y sustrato

Necesita mucha luz, con sol directo por la mañana. En Andalucía, Murcia o el interior en verano hay que protegerlo del sol del mediodía y de las horas centrales, porque las flores grandes se queman y se deshacen. En una casa, junto a la ventana más luminosa que haya, nunca en el fondo de la habitación.

El riego se hace dejando secar los primeros centímetros del sustrato entre uno y otro. Es una planta de origen sudafricano acostumbrada a la sequía estacional y el exceso de agua le pudre el cuello y las raíces. Se riega sobre la tierra, sin mojar hojas ni flores, y se vacía siempre el plato. Las hojas amarillas y blandas casi siempre significan riego de más, no de menos. En invierno el riego se reduce al mínimo.

El sustrato debe drenar bien por encima de todo. Uno universal de calidad con un tercio de perlita o arena gruesa funciona perfectamente. No es exigente con el pH y vive sin problema con agua dura y suelo calizo, cosa que se agradece en media España.

Prefiere el aire seco. La humedad alta y el aire estancado favorecen la botritis, ese moho gris que pudre flores y tallos y que es el problema sanitario más habitual de este grupo. Ventilación y no mojar el follaje son la mejor prevención.

Poda, abonado y esquejes

Después de la floración principal, en verano, se recorta la mata para mantenerla compacta y provocar ramificación. Un pinzado ligero de las puntas en cualquier momento del crecimiento activo tiene el mismo efecto. A final de invierno se hace una poda de limpieza: se quita la madera seca y se acortan los tallos desgarbados.

Durante la floración se abona cada quince días con fertilizante para plantas de flor, rico en potasio y fósforo y con poco nitrógeno. Demasiado nitrógeno da una planta enorme, de hoja grande y verde oscura, y ninguna flor.

Se multiplica por esquejes con una facilidad notable. Se toman de tallos no florecidos, de unos diez centímetros, cortando bajo un nudo y quitando las hojas inferiores. Conviene dejarlos orear unas horas antes de plantarlos, para que la herida cicatrice y no se pudran. El mejor momento es a finales de verano o principios de otoño. Enraízan en sustrato ligero apenas húmedo, sin campana ni exceso de humedad.

La taladradora del geranio

La Cacyreus marshalli, una mariposa sudafricana detectada en Baleares a finales de los años ochenta y hoy extendida por todo el país, es la plaga que más geranios mata en España. La mariposa adulta es pequeña, marrón grisácea con el borde de las alas festoneado, y pone los huevos en los botones florales y los tallos tiernos.

Las orugas barrenan el interior del tallo y ahí está la dificultad: cuando se ve el daño (un tallo que se vuelve amarillo, se dobla y se seca, con un pequeño orificio y serrín en la base) la larva ya está dentro y ningún tratamiento de superficie la alcanza. Las partes afectadas hay que cortarlas por debajo de la galería y destruirlas, no dejarlas en el suelo ni en el compost.

Lo que funciona es la vigilancia: revisar los botones florales con frecuencia entre mayo y octubre, retirar a mano los que estén perforados y actuar sobre las larvas jóvenes antes de que penetren, momento en que los productos a base de Bacillus thuringiensis resultan eficaces. Ninguna de las tres clases de pelargonio está a salvo.

El otro problema clásico es la araña roja, favorecida por el calor y el aire seco. Se detecta por el moteado fino y decolorado del envés de las hojas. Aumentar la ventilación, limpiar el follaje y revisar pronto es más eficaz que tratar tarde.

Una nota sobre mascotas

Los pelargonios contienen aceites esenciales, geraniol y linalol entre ellos, que resultan tóxicos para perros y gatos por ingestión y pueden provocar además irritación de la piel por contacto. No es una planta que convenga tener al alcance de un animal que muerda la vegetación. Ante cualquier ingestión, la consulta es al veterinario.

En resumen

El geranio pensamiento (Pelargonium × domesticum) se cuida como un pelargonio, no como un geranio de balcón: mucha luz con sol de mañana, riego espaciado dejando secar el sustrato, drenaje impecable, aire seco y ventilado, y abono rico en potasio durante la floración.

La diferencia decisiva está en el invierno. Necesita varias semanas frescas, en torno a los diez o doce grados, para formar botones, pero sin llegar a helarse. Sin ese periodo no florece por muy bien que se le trate el resto del año. Y en cuanto empieza el calor conviene revisar los botones florales cada pocos días buscando las galerías de Cacyreus marshalli: cortar a tiempo un tallo barrenado salva la planta entera.


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