El verano español no se supera con riego. Se supera eligiendo plantas cuya fisiología esté adaptada a semanas seguidas de más de 35 grados, noches que no bajan de 25 y una humedad relativa por los suelos. Muchas plantas de flor vistosas se limitan a sobrevivir esos meses: dejan de florecer en julio y vuelven en septiembre. Las que interesan son las otras, las que en pleno agosto siguen produciendo.
Tienen un rasgo en común: casi todas proceden de climas con verano seco y caluroso, del sur de África, de México y el sur de Estados Unidos, o del Mediterráneo. Y comparten dos exigencias no negociables, sol y drenaje. Ninguna de ellas tolera un sustrato encharcado en plena canícula, que es como se pierden con más frecuencia.
De mayo a octubre, la mandevilla se llena de flores. En las zonas cálidas del sur de España puede cultivarse al aire libre.
Gaura, la más resistente sin discusión
La gaura (Oenothera lindheimeri, antes Gaura lindheimeri) es originaria de Texas y Luisiana, y esa procedencia lo dice todo: calor húmedo o seco, suelos pobres y sequía prolongada. Forma matas ligeras de las que salen tallos finos y flexibles de hasta un metro, cubiertos de flores pequeñas blancas o rosadas que se mueven con la mínima brisa, de donde le viene el nombre de flor mariposa.
Florece de mayo a octubre sin interrupción y sin necesidad de retirar flores marchitas. Quiere pleno sol, aunque acepta media sombra, y un suelo suelto y bien drenado; en terreno pesado y húmedo en invierno se pudre. Es muy resistente al frío, así que sirve tanto en el litoral como en el interior peninsular. El único mantenimiento serio es un corte a ras a finales de invierno, antes de que rebrote, para que la mata no se abra por el centro.
En maceta grande funciona bien, siempre con sustrato aligerado y sin plato con agua.
Platycodon, la flor globo
El Platycodon grandiflorus es una vivaz asiática que produce de junio a octubre unos botones hinchados con forma de globo que se abren en estrellas de cinco lóbulos, de un azul violáceo intenso o blancas. Las matas se quedan entre 40 y 60 centímetros.
Es sumamente rústica, aguanta inviernos duros y también el calor fuerte, y una vez establecida necesita poca agua. Vive a pleno sol o en sombra parcial, en suelo fresco, medio y bien drenado, y no le molesta que sea calizo. No sufre plagas dignas de mención.
Tiene dos particularidades que conviene conocer. La primera es que brota muy tarde en primavera, a veces hasta bien entrado abril, de modo que es fácil darla por muerta y arrancarla o plantar encima. La segunda es que forma una raíz principal gruesa y carnosa que tolera muy mal el trasplante: se planta donde vaya a quedarse.
Tulbaghia violacea
Esta bulbosa sudafricana forma matas redondeadas de hojas largas y estrechas de las que sobresalen varas florales rematadas por umbelas de flores malvas, parecidas a un agapanto en miniatura. Florece desde mayo hasta los primeros fríos sin apenas pausa, y alcanza entre 50 y 70 centímetros en flor.
Resiste muy bien el calor, la sequía y el aire salino, lo que la hace especialmente útil en jardines costeros. Quiere sol y un suelo con buen drenaje, y le es indiferente el pH. Aguanta heladas ligeras y en las zonas de invierno suave conserva la hoja todo el año; con frío intenso pierde la parte aérea y rebrota en primavera.
Toda la planta desprende un fuerte olor a ajo al frotarla, de ahí su nombre común de ajo social. Es muy vistosa plantada en masa en arriates largos o en macetas grandes, donde la mata se cierra en pocas temporadas. Los caracoles y las babosas pueden dañar el follaje tierno tras las lluvias.
Salvias arbustivas y plumbago
Las salvias arbustivas mexicanas y texanas, sobre todo Salvia greggii y los híbridos de Salvia x jamensis, están entre lo más rentable que se puede plantar en un jardín seco español. Forman matas de 50 a 90 centímetros y florecen desde abril hasta noviembre en rojos, corales, rosas, salmones y blancos. Piden sol, drenaje y muy poca agua. Se podan a un tercio a finales de invierno y, si a mediados de verano se recortan ligeramente, vuelven con una segunda oleada intensa en septiembre.
El Plumbago auriculata, también sudafricano, es un arbusto de porte laxo que se puede guiar como trepadora y que se cubre de ramilletes de flores azul celeste desde mayo hasta el otoño. Tolera muy bien el calor y la sequedad una vez arraigado. Su límite es el frío: en zonas de heladas fuertes pierde la parte aérea o se pierde entero, mientras que en el litoral mediterráneo y el sur crece sin problemas. Se poda con dureza a finales de invierno, porque florece sobre madera nueva.
Para las horas de más calor en maceta
La Gaillardia x grandiflora da capítulos en amarillos, naranjas y rojos durante todo el verano, aguanta suelos pobres y secos y funciona muy bien en jardineras a pleno sol. Es de vida corta, tres o cuatro años, pero se resiembra y se divide con facilidad.
La Pentas lanceolata, de África oriental, produce corimbos de flores estrelladas en rosa, rojo, lila o blanco de forma continua mientras haga calor. Es un imán para mariposas. No tolera el frío, así que en la mayor parte de España se cultiva como planta de temporada o se inverna en interior luminoso.
La mandevilla merece mención aparte por su floración larguísima en terraza, aunque tiene sus propios requisitos y su látex irritante conviene conocerlo; está tratada en detalle en el artículo sobre mandevilla o dipladenia.
La crossandra, para el interior o el patio umbrío
La Crossandra infundibuliformis es una Acanthaceae del sur de la India y Sri Lanka que da espigas de flores anaranjadas o salmón sobre un follaje verde oscuro muy brillante. Se queda en 25 a 50 centímetros y florece durante meses.
A diferencia de las anteriores, no es una planta de sol y sequía: es tropical de sotobosque. Quiere mucha luz pero indirecta, calor constante (sufre por debajo de unos 13 o 15 grados) y humedad ambiental. En España se cultiva como planta de interior o en un patio protegido y sombreado del sur, nunca a pleno sol. El riego es moderado, dejando secar la superficie del sustrato entre riegos, y agradece pulverizaciones, que además frenan la araña roja.
Cómo regar en julio y agosto
El riego de verano en maceta se hace temprano por la mañana o al atardecer, nunca al mediodía. Es preferible regar a fondo y con menos frecuencia que dar poca agua a diario: el riego superficial mantiene las raíces en los primeros centímetros del sustrato, que son justo los que más se calientan y se secan.
El plato bajo la maceta debe quedar vacío. En verano el agua estancada se calienta y provoca asfixia radicular con una rapidez sorprendente. Y una maceta oscura al sol puede llegar a temperaturas que dañan la raíz: agruparlas, poner las más sensibles detrás de otras, o usar recipientes de barro o claros, evita el problema. El acolchado con grava o corteza sobre la superficie del sustrato reduce mucho la evaporación.
En resumen
Para tener flor de verdad en julio y agosto hay que elegir plantas de origen cálido y seco (gaura, salvias arbustivas, plumbago, tulbaghia, gaillardia) y darles lo único que piden: sol, un sustrato que drene bien y riego a fondo pero espaciado. El platycodon añade a esa lista una resistencia al frío que las demás no tienen, útil en el interior peninsular.
Las excepciones son las tropicales de sombra, como la crossandra, que no compiten en el mismo terreno: necesitan calor pero también humedad y luz filtrada, y su sitio es el interior o un patio protegido. Confundir los dos grupos y ponerlos juntos a pleno sol es la forma más rápida de perder los dos.