La mandevilla florece sin parar desde la primavera hasta que llega el frío, y en el litoral mediterráneo y el sur puede hacerlo prácticamente todo el año. Es una trepadora de base leñosa y tallos volubles, de hoja perenne verde oscuro y brillante, con flores en forma de trompeta que salen en ramilletes en el extremo de los brotes nuevos. Ese detalle, que florece en madera del año, es la clave de cómo se poda.

Se vende también con el nombre de dipladenia. Botánicamente es el mismo género: Dipladenia quedó incluido en Mandevilla. En la práctica comercial se suele reservar el nombre de dipladenia para las formas compactas y arbustivas de hoja pequeña, y el de mandevilla para las trepadoras de hoja grande y flor más ancha, pero los cuidados son los mismos.

Las mandevillas son trepadoras de base leñosa y tallos volubles ideales para enredar en una reja, pero también pueden adoptar una forma compacta.

Atención al látex

Las mandevillas pertenecen a las Apocynaceae, la misma familia que la adelfa y la vinca. Como casi todas las plantas de esa familia, contienen un látex blanco y lechoso que aparece en cuanto se corta un tallo o se arranca una hoja.

Ese látex es irritante para la piel y sobre todo para los ojos, y la planta se considera tóxica por ingestión. Conviene podarla con guantes, no llevarse las manos a la cara mientras se manipula y lavarse después. En una terraza con niños pequeños o con perros y gatos que mordisquean, es un motivo suficiente para situarla fuera de su alcance. Ante una ingestión o un contacto que dé problemas, la consulta es al médico o al veterinario, no a un remedio casero.

El frío es su único punto débil

Es una planta de origen tropical y subtropical americano. Tolera muy bien el calor, la insolación fuerte e incluso periodos cortos de sequedad ambiental y de suelo. Lo que no soporta es el frío: empieza a resentirse cuando las mínimas bajan de unos 10 o 12 grados, deja de crecer, y una helada de un par de grados bajo cero, sobre todo si se repite, la mata.

Eso reparte España en tres situaciones distintas. En el litoral mediterráneo, el sur atlántico y Canarias vive fuera todo el año y se comporta como planta perenne de jardín o de terraza. En zonas de heladas ocasionales y suaves aguanta en maceta arrimada a una pared bien orientada, protegida con un velo de invernada en las noches frías. En el interior peninsular, con heladas repetidas, hay que meterla dentro entre noviembre y marzo o asumir que se cultiva como planta de temporada.

Si se invernan dentro, el sitio ideal es muy luminoso y fresco, entre 10 y 15 grados, con riego mínimo. No es buena idea un salón calefactado a 22 grados con poca luz: la planta se estira, se debilita y se llena de araña roja.

Dónde colocarla

Necesita mucha luz para florecer bien. En el norte peninsular y en la costa acepta pleno sol. En el interior y en el sur, en pleno julio, un sol de mediodía directo y reflejado sobre una pared blanca puede llegar a ser excesivo: una posición muy luminosa con sombra en las horas centrales da mejor resultado y flores más duraderas.

Como trepadora necesita un soporte al que enroscar los tallos volubles, que no tienen zarcillos ni ventosas. Sirve una reja, un enrejado, unas cañas en forma de pirámide o un alambre tensado. Sin guiar, los tallos se enredan entre ellos y forman una maraña. Alcanza entre dos y tres metros en una temporada larga.

Conviene resguardarla del viento fuerte, que rompe los brotes tiernos y acelera la deshidratación de la maceta.

Sustrato y maceta

Pide un sustrato rico en nutrientes, ligeramente ácido, suelto y con drenaje impecable. Una mezcla de sustrato universal de calidad con una cuarta parte de perlita o arena gruesa funciona bien. El encharcamiento le provoca podredumbre de raíz con rapidez, así que la maceta debe tener agujeros amplios y no se debe dejar agua en el plato.

Si vive en maceta permanente, cada primavera conviene trasplantarla a un recipiente algo mayor o, si ya está en su tamaño definitivo, retirar los primeros centímetros de tierra y sustituirlos por sustrato nuevo con algo de abono de liberación lenta.

Riego

Mientras está en flor y en crecimiento necesita riego frecuente, dejando siempre que la capa superficial del sustrato se seque entre uno y otro. En una terraza del sur en agosto eso puede significar regar a diario; en mayo, dos veces por semana. El calendario fijo no sirve, hay que comprobar el sustrato con el dedo.

De noviembre a febrero, con la planta parada, el riego se reduce mucho: lo justo para que el cepellón no se seque del todo. El exceso de agua en invierno, con temperaturas bajas, es la causa más frecuente de pérdida de ejemplares invernados.

En verano agradece que se pulverice el follaje al atardecer, sobre todo en ambientes secos. Además de refrescarla, dificulta la instalación de la araña roja.

Abonado

Florece de forma continua, y eso consume. Desde febrero o marzo hasta septiembre necesita un abono para plantas de flor rico en potasio, aplicado con el riego según la dosis del envase, o bien un abono de liberación lenta incorporado al sustrato en primavera. Sin abonado, en maceta, la floración se va apagando a mitad de temporada y las hojas amarillean.

Poda

Como florece sobre los brotes del año, la poda de formación se hace al final del invierno o al inicio de la primavera, antes de que arranque el crecimiento. Se acortan los tallos para dar forma y densidad: cuanto más se recorten, más compacta y ramificada quedará la planta, a costa de retrasar unas semanas la primera floración.

Durante la temporada solo hacen falta despuntes ligeros para contener la planta. No es necesario retirar las flores marchitas, que caen solas. Toda poda se hace con guantes, por el látex.

Plagas

La araña roja es la plaga principal y aparece justo en las condiciones que la mandevilla disfruta: calor y aire seco. Se detecta por un punteado amarillento en el haz de las hojas y por finas telas en el envés y las axilas. La humedad ambiental y las pulverizaciones la frenan.

La cochinilla algodonosa forma colonias blancas en las axilas de las hojas y en la base de los ramilletes florales; en focos pequeños se retira a mano con un paño humedecido. La mosca blanca puede aparecer en invernada, con poca ventilación.

En resumen

La mandevilla es una de las trepadoras más rentables para una terraza española: florece durante seis o siete meses seguidos, tolera el calor sin quejarse y no pide más que sol, un sustrato que drene, riego regular en verano y abono durante la floración. Su límite es el frío, y de ahí que en el litoral se comporte como perenne y en el interior haya que invernarla o renovarla cada año.

Dos cosas que no conviene olvidar: podarla a finales de invierno, porque solo florece sobre madera nueva, y hacerlo con guantes, porque su látex irrita la piel y los ojos y la planta es tóxica si se ingiere.


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