Aquí van las fichas de cultivo de seis plantas de otoñada destacada, desde un árbol de ribera de gran porte hasta un arbusto rastrero para taludes. Se han elegido por cubrir situaciones distintas: suelo encharcado, suelo calizo y seco, sombra, rocalla y jardín pequeño.
De cada una interesan cuatro cosas antes de comprarla: cuánto va a crecer, si tolera la caliza, cuánta agua necesita en verano y qué mantenimiento pide. Los criterios generales sobre el color de otoño y la elección de especie según el suelo están en la primera parte.
Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum)
El color almagre del follaje del ciprés de los pantanos o ciprés calvo (Taxodium distichum) en octubre.
También llamado ciprés calvo o ciprés de Luisiana, es una conífera de hoja caduca originaria del sureste de Estados Unidos, de la familia de las cupresáceas. Sus acículas planas y de un verde claro muy fresco viran en octubre y noviembre a un tono almagre anaranjado inconfundible antes de caer. Es una especie monoica, con piñas y conos masculinos en el mismo pie.
Porte: árbol de gran tamaño, capaz de superar los treinta metros en condiciones favorables, con la base del tronco muy ensanchada. En terrenos permanentemente encharcados emite neumatóforos, esas prolongaciones leñosas de las raíces que asoman alrededor del árbol y que se conocen como rodillas.
Exposición: sol o semisombra. Aguanta bien el frío.
Suelo y agua: es de los pocos árboles ornamentales que vive con las raíces bajo agua de forma permanente, así que es la solución para las orillas de un estanque o una zona que se encharca en invierno. También se adapta a suelos normales, incluso compactos y urbanos, y una vez establecido tolera bastante más sequía de lo que su nombre sugiere. Lo que no soporta bien son los suelos muy someros.
Mantenimiento: prácticamente ninguno. Es un árbol longevo y de pocos problemas, y en España se ve en parques históricos, con ejemplares conocidos junto a estanques urbanos.
Uso: sólo tiene sentido en jardines grandes y parques. Al borde del agua, con el reflejo, es difícil de superar.
Árbol de las pelucas (Cotinus coggygria)
Un arbusto grande o arbolito de dos a cinco metros, de la familia de las anacardiáceas, con una ventaja importante en el este y el sur peninsular: es nativo del área mediterránea y crece silvestre en varias sierras españolas, de modo que la caliza y el verano seco no le suponen ningún problema.
Debe su nombre a las inflorescencias de verano, cuyos pedicelos plumosos y estériles forman nubes vaporosas rosadas o grisáceas sobre la copa. En otoño el follaje pasa por amarillo, naranja y rojo. Los cultivares de hoja púrpura como ‘Royal Purple’ mantienen ese tono todo el verano y viran a rojo encendido al final.
Exposición: sol pleno, sobre todo en los cultivares de hoja oscura, que a la sombra pierden intensidad de color. Tolera la semisombra.
Suelo y agua: aquí está la clave. Prefiere un suelo de fertilidad media o incluso pobre, fresco pero bien drenado. En un terreno muy rico y muy regado crece mucho, colorea mal en otoño y florece poco. Resiste la sequía una vez establecido, con riegos de apoyo en los veranos más duros.
Mantenimiento: hay dos maneras de podarlo, y son incompatibles. Si se busca la floración plumosa, se poda poco, sólo de limpieza. Si se busca hoja grande y color intenso, se rebaja fuerte a finales del invierno, sacrificando la flor de ese año. Conviene saber que el género es sensible a la verticilosis, un hongo de suelo que provoca marchitez repentina de ramas enteras; en un terreno con antecedentes, mejor otra especie.
Uso: aislado sobre fondo verde, en grupo, o en setos libres mezclados.
Callicarpa
Se cultiva por el fruto más que por la hoja. En otoño, cuando el follaje se pone amarillo dorado y empieza a caer, quedan sobre las ramas desnudas racimos apretados de bayas de un violeta metálico que no se parece a nada más en el jardín, y que aguantan buena parte del invierno. Las flores, rosadas o lilas y discretas, salen en verano.
Porte: entre uno y dos metros, de crecimiento rápido y porte algo desgarbado. Callicarpa bodinieri es la más difundida en jardinería por lo abundante de su fructificación, y Callicarpa dichotoma es más compacta.
Exposición: sol suave o semisombra, resguardada del viento frío. En clima mediterráneo agradece que la protejan del sol de tarde.
Suelo y agua: se adapta a casi cualquier suelo, incluidos los calcáreos, con la condición de que drene. Riego medio; tolera periodos secos pero fructifica bastante mejor si no pasa sed en verano.
Mantenimiento: florece y por tanto fructifica sobre la madera del año, así que la poda se hace al final del invierno, antes de brotar, acortando las ramas para forzar brotes nuevos. Un detalle práctico: plantar tres o cuatro ejemplares juntos mejora mucho la cantidad de fruto respecto a uno solo.
Uso: en jardines pequeños como nota de color invernal, en setos floridos o en grupo bajo arbolado ligero. Las bayas no son comestibles.
Aronia arbutifolia
Arbusto de la familia de las rosáceas, en forma de mata que emite renuevos desde la base. Reúne tres temporadas de interés: flores blancas de cinco pétalos en primavera, hoja verde lustrosa en verano y, en otoño, follaje que pasa del amarillo al carmín oscuro conviviendo con racimos de frutos rojos.
Porte: de uno a tres metros, con crecimiento lento los primeros años y tendencia a formar matas anchas por rebrote de raíz.
Exposición: sol, semisombra o incluso sombra, lo que la hace muy útil en rincones difíciles. Muy resistente al frío.
Suelo y agua: necesita suelo fértil, fresco o húmedo y no calcáreo. En terreno con cal amarillea. Tolera los suelos encharcadizos mejor que la media de los arbustos, pero no la sequía: en verano mediterráneo hay que regarla con frecuencia.
Mantenimiento: escaso, más allá de aclarar los renuevos viejos cada varios años. El cultivar ‘Brilliantissima’ da un otoño más encendido y fruto más abundante. Sus parientes Aronia melanocarpa y Aronia prunifolia también colorean bien; la primera aguanta muy bien el frío y la contaminación urbana, y se cultiva en algunos países por su fruto, muy astringente, destinado a zumos y confituras.
Uso: en setos libres, en masa o como ejemplar aislado en jardines de tierra ácida del norte peninsular.
Zumaque de Virginia (Rhus typhina)
De ramificación abierta y aspecto casi tropical, con grandes hojas compuestas pinnadas de folíolos dentados que en otoño arden en naranja y rojo escarlata. Las ramas jóvenes están cubiertas de un vello denso que recuerda al terciopelo del asta de un ciervo, de donde viene su nombre en inglés.
Porte: de cuatro a seis metros de alto y otro tanto de ancho, de crecimiento rápido y madera frágil. Es dioico: sólo los pies femeninos producen las panojas rojo granate que persisten erguidas todo el invierno, y necesitan un pie masculino cerca.
Advertencia previa: emite abundantes rebrotes de raíz que asoman a varios metros del tronco, atraviesan macizos, césped y juntas de pavimento, y son difíciles de erradicar porque cortarlos estimula más rebrote. No es planta para un jardín pequeño ni para plantar junto a una zona cuidada. En una superficie amplia que se quiera colonizar, como un talud, esa misma cualidad es una ventaja. Conviene además manejar la savia con guantes, porque irrita la piel de las personas sensibles.
Exposición: pleno sol en el norte, semisombra en las zonas más cálidas. Resiste bien el frío.
Suelo y agua: muy poco exigente. Va bien en suelos sueltos, incluso pobres y calcáreos, siempre con drenaje. Tolera la sequía con notable holgura.
Mantenimiento: poda a finales de invierno para renovar tallos y mantener un porte más compacto. El cultivar ‘Dissecta’ tiene el follaje muy dividido y un aspecto más ligero.
Cotoneaster horizontalis
Arbusto rastrero de ramificación en espiga de pez, muy característica, que se extiende pegado al suelo o trepa apoyado en un muro. En otoño la hoja pequeña y lustrosa se pone roja y anaranjada, y convive con multitud de bayas rojas que persisten durante el invierno y atraen a los pájaros. En primavera se cubre de florecillas rosadas que las abejas visitan mucho.
Exposición: sol o semisombra. Muy resistente al frío.
Suelo y agua: cualquiera con drenaje, incluidos los calizos y pedregosos. Es de los arbustos que mejor aguantan la sequía, lo que lo hace muy útil en jardinería de bajo consumo de agua.
Mantenimiento: mínimo. Alguna poda de formación al final del invierno y poco más.
Precaución sanitaria: el género Cotoneaster es huésped del fuego bacteriano (Erwinia amylovora), una bacteria que también afecta a perales, manzanos y membrilleros. Está regulada como plaga de cuarentena en la normativa fitosanitaria de la Unión Europea (Reglamento (UE) 2016/2031 y su desarrollo), y en algunas comunidades autónomas hay restricciones al cultivo y la comercialización de plantas huésped. Los síntomas son brotes que se ennegrecen y se curvan en cayado, como quemados. Ante una sospecha hay que avisar al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, no podar y tirar los restos por cuenta propia.
Uso: rocallas, taludes, coronación de muros y cubrición de suelo en zonas secas. Sus bayas no son comestibles.
Plantación y primeros años
Para todas ellas, la época de plantación es el otoño en clima suave y el final del invierno en zonas de heladas fuertes. Los ejemplares de raíz desnuda se plantan en pleno reposo; los de contenedor admiten más margen, pero plantar en primavera avanzada obliga a regar mucho el primer verano.
Los dos primeros veranos son los críticos, incluso en especies que después serán resistentes a la sequía. Un riego abundante y espaciado, que moje en profundidad, forma mejor raíz que muchos riegos superficiales. Y un acolchado de corteza o de la propia hojarasca alrededor del pie, sin tocar el tronco, ahorra buena parte del trabajo.
En resumen
De estas seis, las tres que mejor encajan en un jardín mediterráneo de suelo calizo y verano seco son el Cotinus coggygria, el Cotoneaster horizontalis y el zumaque, este último sólo si hay espacio de sobra para sus rebrotes. La Aronia pide tierra ácida y humedad, así que es planta del norte. La Callicarpa se adapta a casi cualquier sitio resguardado y aporta un color de fruto que no da ninguna otra.
El Taxodium distichum queda fuera de esa comparación por tamaño: es un árbol de parque, y el único de la lista que resuelve el problema de una zona permanentemente encharcada. En jardines pequeños, lo sensato es apostar por los arbustos, que dan color de hoja y de fruto en poco espacio y con muy poco mantenimiento.