De noviembre a febrero, cuando el jardín se queda sin flor, el color lo ponen los frutos. Hay bastantes más arbustos de baya roja invernal que el acebo, y varios de ellos aguantan mucho mejor el clima seco del interior y del sur peninsular. La ventaja añadida es que casi todos combinan tres momentos: floración en primavera, follaje otoñal encendido y fruto que persiste hasta que se lo comen los pájaros.
Antes de elegir hay dos datos que deciden si habrá bayas o no, y ninguno de los dos aparece en el aspecto de la planta en el vivero. El primero es que varias de estas especies son dioicas, es decir, tienen pies macho y pies hembra, y solo los femeninos fructifican y únicamente si hay un macho cerca. El segundo es el pH del suelo, porque algunas de las más vistosas son acidófilas estrictas y en los suelos calizos del este y el sur no prosperan.
El Malus Everest es un manzano ornamental que luce entre octubre y febrero preciosas manzanitas rojas incluso sobre las ramas desnudas. Abajo, las bayas rojas de la Gaultheria procumbens.
Las dioicas: acebo y skimmia
El acebo (Ilex aquifolium) es dioico, y ese es el motivo por el que tanta gente tiene un acebo que nunca da bayas: es un pie macho. Para tener fruto hace falta un ejemplar femenino y un macho a distancia razonable, y en los viveros se venden ambos identificados. Es planta de suelo fresco y ambiente húmedo, propia del norte peninsular y de la montaña, que en el sur seco solo funciona en sombra y con riego. Sus frutos son tóxicos por ingestión. Además, el acebo silvestre está protegido por la normativa de varias comunidades autónomas, que prohíben cortar ramas en el monte: las que se venden por Navidad proceden de cultivo. Hay más sobre esto en acebos, leucothoes y skimmias.
La skimmia (Skimmia japonica) es igualmente dioica y arrastra la misma confusión. El cultivar más vendido como planta navideña, de botones florales rojos muy vistosos, es un pie macho y nunca dará bayas. Para el fruto hay que plantar una hembra con un macho al lado. Es un arbusto pequeño y perennifolio de sombra, y es acidófilo: necesita sustrato para plantas de tierra ácida y riego con agua blanda, igual que las azaleas. Sus frutos también son tóxicos por ingestión.
Cotoneaster, la opción para clima seco
El género Cotoneaster, de la familia de las rosáceas, es el más resistente del grupo y el que mejor se comporta en xerojardinería. Cotoneaster lacteus es un arbusto perennifolio de dos o tres metros, de follaje verde oscuro y brillante con el envés afelpado, que en primavera da corimbos de florecillas blancas muy visitadas por las abejas y en invierno racimos colgantes de bayas coral. Aguanta suelos pedregosos y secos, frío intenso y sequedad ambiental, y se usa mucho como seto y como pantalla.
Los rastreros del género resuelven taludes y cubresuelos. Cotoneaster horizontalis forma una malla de ramas en espina de pez, pierde la hoja tras teñirla de rojo y naranja, y sujeta muy bien la tierra en pendiente. Cotoneaster dammeri se mantiene por debajo del medio metro y es perennifolio. Todos ellos toleran la cal sin problema.
Un aviso: los pájaros comen esas bayas y dispersan la semilla, así que aparecen plántulas espontáneas a bastante distancia, en grietas, taludes y bordes de camino. En un jardín no es un problema; junto a un espacio natural conviene vigilarlo. Sus frutos no son comestibles para las personas.
Manzanos ornamentales
Malus 'Everest' es un arbolito de cuatro a siete metros, de silueta cónica y crecimiento rápido, que en abril se cubre de botones rosados abiertos en flores blancas y de octubre a febrero mantiene manzanitas rojas colgando incluso sobre las ramas desnudas. Es además un excelente polinizador de manzanos de fruta, lo que lo hace doblemente útil en un jardín con frutales.
Acepta casi cualquier suelo mientras drene, quiere pleno sol y es muy rústico, capaz de aguantar fríos intensos. El mantenimiento se reduce a quitar la madera seca. En la misma línea están Malus x zumi 'Professor Sprenger', de fructificación densa y frutos diminutos, y Malus x moerlandsii 'Profusion', que añade flor rosa púrpura en primavera.
Los que además dan follaje de otoño
Viburnum opulus, el mundillo o bola de nieve, es autóctono del norte peninsular. Sus hojas, parecidas a las de la vid, viran a burdeos en otoño, y sus racimos de bayas rojas translúcidas se mantienen buena parte del invierno. Viburnum sargentii se comporta de forma similar. Ambos quieren suelo fresco: son plantas para el norte y para rincones húmedos, no para un jardín seco.
Los evónimos (Euonymus europaeus, el bonetero, y cultivares como 'Red Cascade') producen la fructificación más curiosa del grupo: cápsulas colgantes de cuatro lóbulos y color magenta que se abren al madurar y dejan ver los arilos anaranjados de dentro, sobre un follaje otoñal escarlata. Toda la planta, y en especial el fruto, es tóxica por ingestión.
Los agracejos (Berberis thunbergii y sus cultivares de hoja púrpura, Berberis koreana) dan bayas alargadas rojas y son excelentes para setos defensivos por sus espinas, con la contrapartida de que resultan incómodos de podar y de recoger hojas debajo. Toleran bien el suelo pobre y la sequía.
Photinia villosa, caducifolia, combina en otoño bayas rojas pequeñas con un follaje entre amarillo y escarlata. No debe confundirse con la Photinia x fraseri de seto, perennifolia y de brotes rojos, que apenas fructifica.
Los pequeños y los tapizantes
Los hipéricos arbustivos (cultivares de Hypericum x inodorum y afines) florecen en amarillo intenso durante el verano y después forman bayas ovoides que van del crema al rojo oscuro sobre el verde ácido de las hojas. Son las varas que se ven como flor cortada en las composiciones navideñas. Son plantas fáciles, de media sombra y suelo fresco.
La nandina (Nandina domestica), llamada bambú sagrado sin ser un bambú, es un arbusto perennifolio de metro y medio a dos metros, de ramas finas y hojas lanceoladas que brotan rojizas, viran a púrpura en otoño con sol directo y acompañan a racimos de bayas rojas redondas que persisten hasta la primavera. Da panículas de flores blancas en verano. Prefiere suelo fértil, más bien ácido y drenado, sol (o sombra en zonas muy calurosas) y riego cuidado en verano. Resiste el frío razonablemente bien y va muy bien en maceta, lo que la hace útil en terraza. Sus frutos son tóxicos por los compuestos cianogénicos que contienen. Un detalle práctico: muchos cultivares enanos y de follaje ornamental no fructifican, así que si el objetivo son las bayas hay que elegir variedad fructífera.
Gaultheria procumbens es una tapizante de menos de veinte centímetros, perennifolia, con bayas rojas grandes en relación con la planta y hojas que huelen a mentol al estrujarlas. Es estrictamente acidófila, de sustrato de brezo y agua blanda, y en clima cálido y seco no aguanta: es planta de zonas frescas y húmedas o de maceta bien atendida.
Entre los rosales, los escaramujos hacen el mismo papel. Rosa glauca da frutos rojo oscuro sobre ramas desnudas y follaje glauco teñido de púrpura, y el rosal silvestre Rosa canina, común en toda España, produce escaramujos rojo anaranjados desde finales de verano. Estos últimos se usan tradicionalmente en infusiones y mermeladas; para prepararlos hay que retirar las semillas y los pelillos interiores, que son irritantes.
Cómo usarlos y por qué importan
Sirven como ejemplar aislado (los manzanos ornamentales y el Cotoneaster lacteus grande), en macizos mezclados con perennifolios que hagan de fondo oscuro, en setos libres (cotoneaster, berberis, nandina) y en taludes (los cotoneaster rastreros). En maceta funcionan bien la nandina, la skimmia y los cotoneaster pequeños.
La colocación tiene truco: las bayas rojas se ven poco contra un fondo de ladrillo o de tierra, y muchísimo contra un seto de hoja oscura, un muro claro o el cielo si la planta está en alto. Cerca de una ventana desde la que se mire el jardín en invierno rinden más que en el fondo de la parcela.
Y cumplen una función que va más allá de lo decorativo: son alimento para mirlos, zorzales, currucas y petirrojos en los meses en los que no queda insecto ni fruta. Los pájaros dispersan la semilla y de ahí que estas plantas aparezcan solas en setos y linderos. Un jardín con varias especies de baya sostiene bastante fauna entre diciembre y febrero.
En resumen
Para tener baya roja en invierno con seguridad hay que resolver dos cosas antes de comprar: si la especie es dioica (acebo y skimmia lo son, y un pie macho nunca dará fruto) y si es acidófila (skimmia y Gaultheria lo son, y en suelo calizo van mal). Con eso resuelto, el resto es sencillo.
Para clima seco y suelo calizo, cotoneaster y manzanos ornamentales son la apuesta segura; para el norte húmedo, acebo, viburno y Gaultheria. Y una advertencia común a casi todo el grupo: las bayas de acebo, skimmia, evónimo, nandina y cotoneaster son tóxicas por ingestión, algo a valorar en un jardín con niños pequeños.