Una vez decidido qué tipo de árbol conviene al jardín, quedan dos cosas: saber mirar el ejemplar que se va a comprar y tener una lista de especies ordenada por el tamaño que alcanzarán de adultas, que es el criterio que de verdad manda. Los criterios previos de clima, suelo, función y distancias están en Cómo elegir los árboles del jardín.
La clasificación por tamaño es sencilla: pequeños los que se quedan por debajo de unos 10 metros ya establecidos, medianos entre 10 y 15, y grandes por encima de 15. Conviene tomar las cifras como horquilla y no como dato exacto: el mismo árbol alcanza alturas muy distintas en un suelo profundo con agua que en uno somero y seco, y en el interior seco español rara vez se llega a los máximos de los catálogos centroeuropeos.
El equilibrio entre árboles caducifolios y perennifolios asegura el atractivo del jardín durante todo el año.
Contenedor o raíz desnuda
Los árboles se venden de tres formas y cada una tiene su lógica.
A raíz desnuda, sin tierra y solo durante la parada invernal, es la forma más barata y funciona bien con especies fáciles de arraigar. El riesgo es mayor: si las raíces se secaron en el transporte, el árbol no arraiga y no hay forma de saberlo hasta la primavera.
En cepellón escayolado o con malla, típico de perennifolios y de ejemplares grandes, también es material de temporada fría.
En contenedor, la opción más común hoy, se puede plantar casi en cualquier momento (aunque el otoño sigue siendo el mejor), el arraigo es más seguro y la planta no sufre el trasplante. Es más cara, y tiene un inconveniente propio: el ejemplar que lleva demasiados años en el mismo tiesto y ha desarrollado raíces enrolladas.
Cómo mirar el árbol antes de comprarlo
Media hora de inspección en el vivero evita años de problemas.
- El fuste. Recto, sin heridas de cortes mal hechos y con un perímetro que disminuya progresivamente hacia arriba. Un tronco cilíndrico, igual de grueso abajo y arriba, delata un árbol criado apretado y entutorado.
- La proporción entre tronco y copa. El tronco tiene que sostener su copa solo. Si el árbol necesita el tutor para no doblarse, no ha desarrollado madera de reacción y seguirá dependiendo del tutor durante años.
- El cuello de la raíz. Debe verse el ensanchamiento donde el tronco pasa a raíz, al nivel del sustrato. Si el tronco entra en la tierra como un palo clavado, está enterrado de más y el cuello acabará pudriéndose.
- Las raíces. Sacar el cepellón y mirarlo. Raíces blancas repartidas por el exterior: bien. Una maraña de raíces gruesas girando en espiral contra la pared: mal, porque seguirán estrangulándose después de plantar. Un enrollamiento leve se corrige cortando el cepellón en cruz al plantar; uno severo, no.
- Ramas. Una guía central clara, sin ramas codominantes de grosor parecido saliendo del mismo punto en ángulo cerrado: ahí es donde se desgajan con los años.
Cuándo plantar
La ventana buena en España es el otoño y el invierno, con la planta en reposo, de noviembre a febrero según la zona, evitando los días de helada. Plantado en otoño, el árbol pasa el invierno emitiendo raíces y llega al primer verano con el sistema radicular trabajando. Plantado en primavera, afronta el calor con las raíces sin instalar.
El riego de los dos o tres primeros años es lo que más se descuida. Un árbol recién plantado, aunque la especie resista la sequía, todavía no lo hace: sus raíces solo ocupan el volumen del antiguo cepellón. Riegos abundantes y espaciados forman raíces profundas; los ligeros y frecuentes las mantienen en superficie.
Árboles pequeños, hasta 10 metros
Arce japonés (Acer palmatum). De 2 a 6 metros según cultivar, crecimiento lento, copa redondeada y poco densa, hoja profundamente lobulada que enrojece en otoño. Exige suelo ácido o neutro, riego regular y protección del viento seco y del sol de mediodía. En suelo calizo hay que cultivarlo en maceta con sustrato ácido. Muy adecuado aislado o en grupos de dos o tres cultivares distintos.
Ciruelo rojo (Prunus cerasifera ‘Pissardii’, ‘Nigra’). De 4 a 8 metros, crecimiento rápido, copa redondeada de densidad media. Follaje púrpura toda la temporada y floración rosada o blanca a finales de invierno, antes de la hoja. Muy usado en jardín pequeño, aunque conviene no abusar: el follaje oscuro pesa mucho y apaga el rincón donde está.
Granado (Punica granatum). De 3 a 6 metros. Flores rojo anaranjado de mayo a julio y frutos que maduran en otoño, con la hoja virando a amarillo. Una de las mejores opciones para xerojardinería en el este y el sur: aguanta sequía, calor y suelo calizo. Hay variedades enanas para maceta.
Higuera (Ficus carica). De 2 a 6 metros, crecimiento rápido, copa densa y hoja grande. Poco exigente y muy resistente. Dos advertencias: sus raíces son potentes y buscan agua, así que no debe ir junto a muros, soleras o conducciones; y su látex provoca dermatitis por fotosensibilidad, la piel manchada de savia se quema al sol. Podarla con manga larga y guantes, y lavarse después.
Morera (Morus alba). De 8 a 10 metros, rápida de joven y muy resistente al calor y la sequía. La forma péndula se usa mucho en jardín pequeño. Los frutos manchan pavimentos durante semanas, y por eso se venden cultivares sin fruto; conviene saber que esos cultivares son pies macho y que el polen de morera es un alérgeno importante en primavera en muchas ciudades españolas.
Olivo (Olea europaea). De 3 a 5 metros en jardín, crecimiento muy lento, perennifolio de hoja estrecha y gris, con tronco retorcido que gana carácter con los años. Se adapta a casi toda España, tolera la caliza y la sequía y es de los pocos árboles que admiten el trasplante de ejemplares adultos, motivo por el que se venden olivos viejos ya formados. Su polen también es alergénico.
Árbol del amor (Cercis siliquastrum). De 4 a 7 metros. Florece en abril en rosa fuerte, directamente sobre ramas y tronco, antes de sacar la hoja, redondeada y amarilla en otoño. Tolera la caliza y la sequía moderada: excelente para jardín pequeño mediterráneo.
Árboles medianos, de 10 a 15 metros
Almez (Celtis australis). De 12 a 16 metros, copa redondeada, densa y umbrosa, crecimiento rápido una vez instalado. Muy resistente al calor, la sequía, la contaminación y los suelos calizos y compactos. Es el árbol de sombra clásico de las plazas del este peninsular y una de las apuestas más seguras para clima duro.
Carpe (Carpinus betulus). Copa aovada y muy densa, admite poda hasta usarse como pantalla recortada. Su limitación en España es el clima: quiere frescor y humedad, y en el interior seco y el sur sufre.
Catalpa (Catalpa bignonioides). De 8 a 12 metros, crecimiento rápido, hojas grandes acorazonadas y panículas de flores blancas a comienzos del verano, seguidas de vainas largas y colgantes. Da buena sombra y resiste la contaminación. Brota tarde y sus vainas y hojas grandes dan trabajo de recogida en otoño.
Encina (Quercus ilex). Perennifolia, de 8 a 12 metros en jardín, crecimiento medio a lento y copa extendida. Es la especie ideal para xerojardinería en casi todo el país. Un aviso que casi nadie da: no debe regarse en exceso ni llevar aspersión bajo la copa. El exceso de humedad en verano favorece la podredumbre radicular que está detrás de la seca de la encina, y muchos ejemplares plantados en jardines con césped mueren por eso.
Fresno de flor (Fraxinus ornus). De 8 a 12 metros, copa amplia y crecimiento rápido. A diferencia de otros fresnos, da a finales de primavera panículas de flores blancas y perfumadas. Resiste el frío y tolera la caliza, pero no el ambiente marino.
Liquidámbar (Liquidambar styraciflua). De 10 a 20 metros, copa piramidal, lento al principio. Ofrece la mejor coloración otoñal, del amarillo al rojo y el violeta. Necesita suelo rico, fresco y sin cal, y espacio: sus raíces levantan pavimentos.
Magnolio (Magnolia grandiflora). Perennifolio de 10 a 15 metros, crecimiento lento a medio, con flores blancas enormes y perfumadas en verano. Prefiere suelo ácido o neutro, fresco y profundo; en calizo amarillea. Su hoja coriácea cae todo el año y tarda mucho en descomponerse: limpieza constante.
Especies que conviene pensarse dos veces
Algunas de las que más se han plantado por rápidas o baratas dan problemas a medio plazo.
- Ciprés de Leyland (x Cuprocyparis leylandii). Crece medio metro al año y hace pantalla rápido, y ahí acaba lo bueno. Alcanza 20 metros o más si no se controla, consume mucha agua, no rebrota de la madera vieja (un recorte tardío deja un hueco marrón permanente) y es sensible a chancros que secan ramas enteras.
- Arce americano (Acer negundo). Rápido y resistente a la sequía, pero de madera frágil, vida corta y semilla abundantísima. Se ha naturalizado en riberas y terrenos removidos españoles, donde desplaza a la vegetación propia. No es especie para plantar cerca de cursos de agua.
- Robinia o falsa acacia (Robinia pseudoacacia). Floración blanca abundante y perfumada, crecimiento muy rápido y capacidad para fijar taludes. A cambio: espinas, madera que se desgaja, y sobre todo una emisión constante de brotes de raíz que aparecen a varios metros del tronco y que resurgen con más fuerza cuando se corta el árbol. Está reconocida como especie exótica de comportamiento invasor en España y no debe plantarse cerca de espacios naturales. Su corteza y sus semillas son tóxicas por ingestión.
- Sauce llorón (Salix babylonica). Muy bello junto al agua y mala idea en cualquier otro sitio: necesita humedad constante, tiene madera frágil, vive poco y sus raíces buscan conducciones y arquetas. Nunca cerca de la casa ni del saneamiento.
En resumen
Para jardín pequeño en clima mediterráneo, la lista corta y segura la forman el granado, el árbol del amor, el olivo, la higuera (lejos de muros y tuberías) y el ciruelo rojo; en clima fresco y suelo ácido, el arce japonés. Para tamaño medio, el almez y la encina son lo más resistente en el interior seco, y el liquidámbar y el magnolio piden suelo sin cal y espacio suficiente.
Al comprar hay que mirar el fuste, la proporción entre tronco y copa, que se vea el cuello de la raíz y que el cepellón no tenga raíces enrolladas, y plantar en otoño o invierno con riegos abundantes y espaciados los primeros años. Y conviene desconfiar de las especies rápidas y baratas: el ciprés de Leyland, el arce americano, la robinia y el sauce llorón resuelven el corto plazo y crean problemas después, y las dos primeras, además, por su comportamiento invasor fuera del jardín.