Un árbol es la única decisión de un jardín que no se puede deshacer sin coste. Las plantas de temporada se cambian cada año, los arbustos se arrancan y se sustituyen sin drama, pero un árbol mal elegido lleva veinte o treinta años creciendo antes de que el problema sea evidente, y para entonces retirarlo significa apeo, retirada de la madera y destoconado, más el hueco que deja. Por eso conviene dedicar a la elección más tiempo del que casi nadie le dedica.
El error de origen suele ser el mismo: la compra por impulso. Se va al vivero en marzo, las mimosas están en flor y se compra una mimosa; se va en noviembre, los arces están encendidos y se compra un arce. Lo que se está viendo es el aspecto del árbol dos semanas al año, en un tamaño que no es el que va a tener. Las preguntas correctas son otras cuatro: cuánto va a medir, si el clima y el suelo del sitio le convienen, para qué se quiere y a qué distancia hay que ponerlo de la casa, del vecino y de las conducciones.
Los arces en otoño, en un arboreto. Ver un árbol en su mejor momento del año, y en un espacio amplio, es lo que empuja a plantarlo en sitios donde no cabe.
El tamaño adulto manda
El dato que decide casi todo es la altura y la anchura de copa que alcanzará el árbol adulto en condiciones normales, no el máximo teórico de la especie ni el tamaño que tiene en el vivero. Junto a esa cifra hace falta la velocidad de crecimiento, que determina cuántos años se tarda en llegar ahí.
Como referencia práctica se manejan tres grupos: árboles pequeños, hasta unos 10 metros; medianos, entre 10 y 15; y grandes, por encima de 15. En un jardín de 30 a 50 metros cuadrados, un árbol grande acaba ocupándolo entero, dando sombra a todo y dejando el resto de la plantación sin luz ni agua. La regla es directa: jardín pequeño, árbol pequeño. Es mejor un solo ejemplar bien elegido y bien colocado que tres mediocres apretados.
Y hay una parte del árbol que no se ve pero ocupa más que la copa: las raíces. La imagen del sistema radicular como un espejo de la copa hacia abajo es falsa. En la mayoría de los árboles las raíces absorbentes se concentran en los primeros 30 a 60 centímetros de suelo y se extienden lateralmente bastante más allá de la proyección de la copa. Eso explica que un árbol levante un pavimento que está aparentemente lejos del tronco, y que compita por el agua con todo lo que se plante cerca.
Clima, altitud y proximidad al mar
La zona climática determina qué se puede plantar antes que cualquier otra consideración estética. Importan las mínimas invernales, las máximas de julio y agosto, la precipitación anual y su reparto, y la humedad del aire. No es lo mismo un jardín en la sierra de Alicante que en la costa a treinta kilómetros, ni en los Picos de Europa que en el litoral asturiano.
Tres factores locales suelen decidir el resultado y se olvidan con frecuencia:
- La sequía estival. En clima mediterráneo, entre junio y septiembre puede no llover nada. Un árbol de zona húmeda plantado ahí necesitará riego toda su vida, no solo los primeros años.
- El viento. Deforma copas, quema hojas y desgaja ramas. En zonas ventosas se eligen especies de madera flexible y copa poco densa.
- La sal. Cerca del mar, la brisa cargada de sal quema el follaje de la mayoría de las especies de interior. Solo unas pocas la toleran.
Dentro de la misma parcela hay microclimas. La cara sur de un muro acumula calor y adelanta la brotación; una hondonada recoge el aire frío y hiela antes que el resto; un rincón entre edificios concentra el viento. Vale la pena observar el jardín durante un año antes de plantar nada importante.
El suelo, que descarta especies enteras
Buena parte del este, el centro y el sur peninsular tiene suelos calizos, con pH alto y agua de riego dura. Sobre suelo calizo, las especies acidófilas desarrollan clorosis férrica: no pueden absorber hierro, las hojas amarillean entre nervios verdes y el árbol vegeta sin crecer. No es un problema que se resuelva con abono; se resuelve no plantándolas.
Prefieren suelo ácido la mayoría de los arces ornamentales, el roble común, el castaño, el aliso, el liquidámbar y el tulípero de Virginia. Van bien en suelo calizo la encina, el almez, la higuera, el granado, el árbol del amor (Cercis siliquastrum), el carpe, el castaño de Indias, el olivo y los cítricos, aunque estos últimos son sensibles al agua muy dura.
Además del pH importan la profundidad y el drenaje. Un suelo con roca o solera a medio metro no admite un árbol grande, por mucho que la especie sea la adecuada. Y un suelo arcilloso que se encharca en invierno mata por asfixia radicular a especies que en teoría son rústicas. Antes de plantar, cavar un hoyo, llenarlo de agua y ver cuánto tarda en vaciarse dice más que cualquier catálogo.
¿Para qué se quiere el árbol?
No existe el árbol que lo hace todo, y aceptarlo simplifica la elección. Cada función pide un tipo distinto.
- Sombra. Copa amplia y densa, tronco alto para poder pasar por debajo. Suele significar árbol mediano o grande. Los caducifolios son ideales aquí porque dan sombra en verano y dejan pasar el sol en invierno, justo lo que se necesita.
- Pantalla visual o cortavientos. Perennifolios, de copa densa y ramificados desde abajo. Un caducifolio no tapa nada de noviembre a abril.
- Floración. Los árboles de flor espectacular suelen ser pequeños y de copa poco densa, y no sirven ni para sombra ni para pantalla.
- Fruta. Un frutal es un cultivo, con poda, tratamientos, recolección y fruta caída al suelo. Es una decisión distinta a la de plantar un árbol ornamental.
- Estructura. Los árboles son el armazón del jardín, lo que define el espacio y enmarca las vistas. Cuanto mayor es el jardín, más peso tienen frente al resto de la plantación.
Sobre la sombra conviene insistir, porque en el clima español no es un lujo estético. Un árbol bien situado al sur o al oeste de la casa reduce de forma apreciable la temperatura de la fachada y del suelo bajo la copa en verano, y con ello la demanda de refrigeración. Al perder la hoja en invierno permite que el sol caliente la fachada. Ningún toldo hace las dos cosas.
Caduco o perenne
Existe la tendencia a evitar las caducifolias por el trabajo de recoger la hoja. Es una lástima, porque la variedad de porte, floración y color otoñal está sobre todo en ese grupo, y porque la hoja caída es materia orgánica que puede quedarse bajo los arbustos o ir al compost en lugar de a la basura.
La solución razonable es la mezcla. Los perennifolios dan la estructura y el fondo verde permanente, las caducifolias aportan cambio a lo largo del año y sombra estacional. Un jardín solo de caducifolias se queda desnudo cuatro meses; uno solo de perennes es monótono y siempre igual.
Dónde plantarlo: las distancias
Buena parte de los conflictos con árboles no vienen de la especie sino de la distancia. Antes de decidir el punto exacto conviene mirar qué hay alrededor y por debajo.
- De la casa. Un árbol grande necesita estar al menos a la distancia de su radio de copa adulta más un margen, para que las ramas no rocen el tejado ni las raíces trabajen bajo la cimentación.
- De conducciones y saneamiento. Sauces, chopos, plátanos y moreras tienen raíces que buscan agua activamente y se meten en juntas de tuberías viejas. No se plantan sobre el trazado del saneamiento ni cerca de un pozo o una fosa.
- De pavimentos y muros. Las raíces superficiales levantan aceras y soleras. Con árboles de raíz agresiva hay que dejar espacio libre o instalar barreras antirraíces en el momento de plantar.
- De la piscina. Las especies de hoja pequeña o de fruto que mancha dan trabajo diario durante meses.
- De las líneas eléctricas. Plantar debajo de un tendido condena al árbol a podas de mantenimiento que lo deforman.
Lo que dice la ley sobre plantar cerca del vecino
En temas de linderos hay una referencia concreta. El artículo 591 del Código Civil establece que no se pueden plantar árboles cerca de una heredad ajena sino a la distancia autorizada por las ordenanzas o la costumbre del lugar y, cuando no hay ninguna, a una distancia de dos metros de la línea divisoria si son árboles altos, y de 50 centímetros si son arbustos o árboles bajos. El mismo artículo permite al propietario colindante exigir que se arranque lo plantado a menor distancia.
El artículo 592 completa el asunto para lo que ya está creciendo: si las ramas de un árbol se extienden sobre la finca vecina, el propietario de esta puede reclamar que se corten en cuanto se extiendan sobre su propiedad; y si son las raíces las que invaden su suelo, puede cortarlas él mismo dentro de su heredad. Conviene además consultar las ordenanzas municipales, que en muchos casos fijan distancias distintas y prevalecen sobre esa regla supletoria.
Errores frecuentes
- Elegir por el aspecto que tiene el árbol en el vivero en ese momento del año.
- Plantar demasiado cerca de la casa un árbol de crecimiento rápido, que es precisamente el que llega antes al conflicto.
- Plantar varios árboles juntos porque de jóvenes se ven pequeños, y descubrir a los diez años que se estorban.
- Ignorar el suelo y comprar una especie acidófila para un jardín calizo.
- Escoger especies de crecimiento muy rápido buscando resultados inmediatos: suelen tener madera frágil, vida corta y raíces problemáticas.
- No informarse sobre el comportamiento invasor de algunas especies ornamentales, varias de las cuales están reguladas por la normativa española de especies exóticas invasoras.
En resumen
Antes de comprar un árbol hay que conocer cuatro cosas: el tamaño y la velocidad de crecimiento de la especie, el clima y microclima concretos del jardín, el pH y la profundidad del suelo, y la función que se le pide. Con esos datos, la lista de candidatos se reduce sola y la elección deja de ser una cuestión de gusto momentáneo. En jardín pequeño, árbol pequeño, y mejor uno bueno que varios apretados.
El emplazamiento es tan importante como la especie: hay que respetar distancias a la casa, a las conducciones, a los pavimentos y al lindero, teniendo en cuenta lo que fijan las ordenanzas municipales y, en su defecto, los artículos 591 y 592 del Código Civil. La segunda parte de este artículo repasa cómo comprar el ejemplar y una selección de especies clasificadas por tamaño adulto, en Cómo elegir los árboles del jardín, segunda parte.