Que una jardinera esté en flor en enero no es cuestión de suerte ni de tener buena mano: es cuestión de plantar en octubre las especies adecuadas. Hay un grupo de plantas de temporada que funciona exactamente al revés que las de verano, porque necesitan temperaturas frescas para florecer bien y se paran en cuanto llega el calor. Son las que sostienen el color del balcón desde el otoño hasta abril o mayo.

La ventana de plantación en España va de mediados de octubre a diciembre, con el matiz de cada zona. Plantar antes, con calor todavía, hace que las plantas se estiren y lleguen agotadas a la temporada buena. Plantar en enero significa perder media temporada, porque estas especies crecen muy poco con frío y lo que se compra pequeño se queda pequeño. Se trata de comprar planta ya formada, con botones florales, y ponerla directamente en su sitio definitivo.

El kalanchoe es una crasa de días cortos: florece de forma natural en otoño e invierno, en rojo, blanco, amarillo, naranja y rosa. Se cultiva dentro de casa o fuera, siempre a salvo de las heladas.

Pensamientos y violas, la base de todo

La Viola x wittrockiana, el pensamiento de flor grande, es la planta de temporada de invierno por excelencia en España, y con razón: florece de forma continua desde que se planta hasta que las temperaturas superan de forma estable los 22 o 25 grados, momento en que se estira, da flores pequeñas y se acaba. En el sur eso ocurre en abril; en el interior norte puede alargarse a mayo o junio.

Junto a ella conviene conocer la Viola cornuta, de flor mucho más pequeña pero mucho más abundante. Aguanta mejor el frío intenso y también los primeros calores, se recupera antes de un temporal y da un efecto de masa de color que el pensamiento de flor grande no consigue. En una jardinera pequeña la viola suele dar mejor resultado; el pensamiento luce más de cerca, en un tiesto junto a la puerta.

Las dos quieren pleno sol en invierno, y esto es importante: en la estación fría no hay riesgo de quemarlas, y a la sombra florecen la mitad. Piden suelo ligero, rico y drenado, con humedad constante pero sin encharcamiento, y agradecen que se retiren las flores marchitas, porque en cuanto empiezan a formar semilla reducen el ritmo de floración.

Prímulas, margaritas y ciclámenes

Prímula (Primula híbridas de acaule). Rosetas bajas con flores de colores muy saturados, incluidos amarillos y rojos difíciles de encontrar en invierno. Prefieren semisombra o sol de mañana y un sustrato que no se seque. El sol directo de mediodía en zonas templadas les acorta mucho la floración.

Margarita de los prados (Bellis perennis). En sus formas cultivadas, con capítulos dobles tipo pompón en blanco, rosa y rojo, es de las plantas más resistentes al frío y de las más baratas para llenar espacio. Combina bien al pie de plantas más altas.

Ciclamen (Cyclamen persicum). Flores de pétalos reflejos sobre hojas marmoreadas, muy elegantes. Es planta de fresco: por encima de 18 grados se para y amarillea, así que en interior hay que ponerlo en la habitación más fría de la casa, nunca junto a un radiador. Se riega por abajo, poniendo agua en el plato durante un rato y vaciando el sobrante, porque el agua sobre el tubérculo lo pudre con facilidad. En exterior aguanta el frío pero no las heladas fuertes ni la lluvia directa sobre la corona.

Crisantemos, el puente entre el verano y el invierno

Los crisantemos de maceta son los que abren la temporada, en octubre y noviembre. Son plantas de día corto: florecen cuando la noche se alarga, y por eso su época natural es esa. Los cultivares en bola, cubiertos de flor, dan un golpe de color inmediato, aunque su floración es más corta que la de los pensamientos y una vez terminada la planta queda deslucida.

Quieren sol, sobre todo de mañana, riego regular sin encharcar y sin mojar las hojas, sustrato fértil y drenado, y abono para plantas de flor mientras están floreciendo. En el jardín, las variedades de exterior aguantan bien el frío y rebrotan al año siguiente si se cortan tras la floración. Sus cuidados están detallados en Crisantemos, soles de otoño.

Kalanchoe, la crasa que florece con los días cortos

El Kalanchoe blossfeldiana es una planta crasa originaria de Madagascar que florece de forma natural cuando los días se acortan. Eso la convierte en una de las pocas plantas suculentas útiles como planta de flor de otoño e invierno. Da ramilletes densos de florecillas rojas, naranjas, rosas, amarillas o blancas, simples o dobles, que duran semanas.

Su cultivo es sencillo justamente por ser crasa: sol o semisombra, sustrato muy drenante (uno para cactáceas, o universal con un tercio de arena gruesa o perlita) y riego escaso, esperando siempre a que el sustrato se seque. El error habitual es tratarla como una planta de flor normal y regarla cada pocos días, lo que pudre el cuello.

Su límite es el frío. Sufre por debajo de unos 8 o 10 grados y una helada la mata, así que fuera del litoral suave es planta de interior o de terraza cubierta durante el invierno. Para que vuelva a florecer al año siguiente necesita noches largas y completamente a oscuras durante varias semanas en otoño, algo que en una casa con luz artificial encendida hasta tarde no siempre ocurre; por eso mucha gente la considera una planta de un solo año.

Una advertencia importante: los kalanchoes contienen bufadienólidos, compuestos que afectan al corazón, y se consideran tóxicos por ingestión para perros y gatos. Es una de las plantas de interior que más consultas genera en las clínicas veterinarias. Si hay animales que mordisquean plantas, es mejor no tenerla a su alcance, y ante una ingestión hay que acudir al veterinario.

Flor de papel y otras aportaciones

La llamada flor de papel o siempreviva (Xerochrysum bracteatum, antes Bracteantha bracteata o Helichrysum bracteatum) tiene unas brácteas rígidas y brillantes que parecen ya secas cuando la flor está viva, y que efectivamente se conservan al secarla. Es una planta australiana de pleno sol, que quiere al menos seis horas de sol directo, sustrato ligero y drenado y riego regular sin excesos. Tolera fríos ligeros pero no las heladas fuertes: en el interior peninsular es más planta de primavera y otoño que de pleno invierno. El pinzado periódico la mantiene compacta.

Para el nivel bajo de una jardinera de invierno son útiles también las especies anuales del género Silene, que forman matas de 12 a 15 centímetros cubiertas de florecillas magenta o rosa desde el final del invierno hasta la primavera, en pleno sol o semisombra, con sustrato ligero y riego moderado. Son plantas de poco mantenimiento que se resiembran solas.

Estructura: brezos, skimmias y hoja de color

Una jardinera solo de plantas de flor queda plana. Lo que le da cuerpo son las plantas de hoja y los arbustos pequeños de invierno.

  • Brezos. Aquí hay que distinguir. Erica gracilis, el brezo que se vende en otoño con una nube de florecillas rosas, es de invierno suave y se pierde con las heladas: es planta de temporada. Erica carnea y los híbridos de Erica x darleyensis, en cambio, son rústicos de verdad, florecen de diciembre a marzo y duran años.
  • Skimmia. Arbusto perenne de sombra, con panículas de botones florales rojos que permanecen cerrados todo el invierno y abren en primavera. Skimmia japonica es dioica: para tener bayas rojas hace falta un pie macho y uno hembra. La bayas no son comestibles. Necesita suelo ácido y sombra.
  • Hiedra variegada. Resuelve el borde de la jardinera, cae sobre el tiesto y aguanta cualquier cosa.
  • Col ornamental. Aporta volumen y color de hoja, y cuanto más frío hace, mejor color toma.
  • Heucheras. Su follaje en tonos ámbar, caramelo, púrpura o casi negro da color todo el invierno sin depender de la floración.

Riego y abonado con frío

El error más caro del invierno es regar por costumbre. Con temperaturas bajas, poca luz y lluvias, una jardinera consume una fracción del agua que gastaba en agosto, y el exceso de humedad, sumado al sustrato frío, pudre raíces y facilita la botritis. La pauta correcta es comprobar el sustrato con el dedo y regar solo cuando la superficie está seca, siempre por la mañana para que el follaje esté seco al llegar la noche.

El abonado sí se mantiene, porque estas plantas están floreciendo. Un fertilizante líquido para plantas de flor cada dos o tres semanas, o un abono de liberación lenta incorporado al plantar, sostiene la floración hasta la primavera. Sin abono, la jardinera se ve estupenda en noviembre y mediocre en febrero.

Dos detalles más. Las macetas de terracota sin esmaltar pueden agrietarse con heladas fuertes si el sustrato está saturado de agua, así que conviene levantarlas del suelo sobre unos tacos para que drenen bien. Y en zonas de heladas intensas, arrimar las jardineras a la pared de la casa, que irradia calor por la noche, marca una diferencia real de varios grados.

En resumen

Para tener flor de octubre a abril, la base son los pensamientos y las violas, plantados en octubre o noviembre a pleno sol, con prímulas, bellis y ciclámenes para las zonas de menos luz, y crisantemos para el arranque del otoño. El kalanchoe cubre el interior y las terrazas cubiertas, porque no aguanta las heladas, y la flor de papel y las silenes completan el conjunto en los sitios más soleados.

La diferencia entre una jardinera que dura y otra que se estropea en enero está en tres cosas: comprar planta ya formada y plantarla en su momento, regar mucho menos de lo que dicta la costumbre del verano y seguir abonando durante toda la floración. Añadir hoja perenne, brezos rústicos, hiedra, col ornamental o heucheras evita el aspecto plano y sostiene la composición cuando alguna planta de flor decae. Y conviene recordar que el kalanchoe es tóxico por ingestión para perros y gatos al decidir dónde colocarlo.


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