El crisantemo florece en octubre y noviembre por una razón concreta: es una planta de día corto. No responde al frío ni al calendario, sino a la duración de la noche, y solo forma botones florales cuando las noches superan cierto número de horas de oscuridad. Ese detalle explica su época natural de floración, explica por qué se encuentran crisantemos en flor en cualquier mes del año en las floristerías (los cultivan bajo mallas de oscurecimiento) y explica por qué una planta puesta bajo una farola o cerca de una ventana iluminada de noche puede no florecer.

Es también una planta muy poco entendida en España, donde se asocia casi en exclusiva al Día de Todos los Santos. Fuera de ese uso, las variedades de jardín son vivaces resistentes que florecen durante semanas, aguantan el frío y vuelven cada año, y encajan perfectamente en un arriate de otoño junto a gramíneas, ásteres y sedums.

Los crisantemos van desde la simple margarita hasta flores dobles, semidobles y pompones, pasando por las formas de anémona, araña o cuchara.

Qué planta es

El crisantemo de jardín es Chrysanthemum x morifolium, un híbrido complejo obtenido a lo largo de siglos a partir de varias especies asiáticas. Durante un tiempo se clasificó en el género Dendranthema y así aparece en muchos catálogos y libros, pero la nomenclatura volvió a Chrysanthemum.

El nombre es de Linneo y significa flor dorada, del griego chrysos, oro, y anthemon, flor. Su cultivo ornamental empezó en China hace más de dos mil años y de allí pasó a Japón, donde se convirtió en símbolo de la casa imperial: el sello imperial japonés es un crisantemo de dieciséis pétalos, y el trono se conoce como Trono del Crisantemo.

Pertenece a las asteráceas, como los ásteres, las dalias y los girasoles, y comparte con ellas la inflorescencia en capítulo: lo que parece una flor es en realidad un conjunto de flores diminutas, unas centrales tubulares y otras exteriores con un pétalo alargado. Los cultivares dobles y en pompón son aquellos en los que casi todas las flores del capítulo han adoptado la forma de las exteriores.

Tipos y formas de flor

Existen todos los colores excepto el azul, y una gama de formas clasificada en un buen número de categorías: simple o tipo margarita, semidoble, doble, pompón, anémona (con el centro abultado), araña (de pétalos finos y colgantes) y cuchara (con los pétalos rematados en una pala). El tamaño va de la flor de dos centímetros a las de más de quince de los cultivares de exhibición.

Para el jardín interesa sobre todo distinguir dos grupos, porque su comportamiento es muy distinto:

  • Crisantemos de jardín rústicos. Los llamados tipo Korean y los híbridos de Chrysanthemum x rubellum son vivaces que aguantan el invierno peninsular, rebrotan cada primavera y forman matas cada año más grandes. Son los que hay que buscar si se quiere una planta permanente.
  • Crisantemos de maceta de temporada. Las bolas perfectas cubiertas de flor que se venden en otoño están tratadas con reguladores del crecimiento para mantenerlas compactas. Al año siguiente, sin ese tratamiento, la misma planta crece alta y desgarbada. No es que se haya estropeado: es su porte real. Se pueden conservar, pero hay que pinzarlas y aceptar otra silueta.

Una aclaración sobre nombres: la margarita arbustiva de terraza que antes se llamaba Chrysanthemum frutescens hoy se clasifica en otro género, Argyranthemum, y no comparte ni el ciclo ni los cuidados del crisantemo de otoño.

Sol, suelo y riego

Quieren sol, y en el clima español el mejor es el de la mañana, con algo de resguardo en las horas centrales del verano. A la sombra emiten tallos largos y débiles que se tumban con la primera lluvia.

Son grandes consumidoras de agua y de nutrientes, más de lo que sugiere su aspecto. Necesitan suelo fértil, con materia orgánica y buen drenaje, y un pH próximo al neutro, aunque toleran acidez y alcalinidad moderadas, lo que permite cultivarlas en los suelos calizos de media España. El sustrato debe mantenerse fresco, sin llegar a encharcarse y sin secarse del todo: un episodio de sequía en plena formación de botones se traduce en flores más pequeñas y en botones que se caen.

Se riega la tierra y nunca el follaje, porque el oídio es su enfermedad más habitual. Y en maceta, se comprueba a diario en septiembre y octubre: una mata cargada de flor en un tiesto pequeño consume mucha agua.

Abonado

Durante el crecimiento primaveral agradecen un abono equilibrado con buen aporte de nitrógeno, que construye la mata. Al acercarse la floración conviene pasar a uno más rico en potasio, que da flores mejores y tallos más firmes. En maceta, fertilizante líquido cada diez o quince días durante toda la temporada de crecimiento, suspendido tras la floración.

Pinzado y sujeción: lo que separa una mata bonita de un montón de tallos

El pinzado es la operación decisiva. Consiste en cortar la punta de los brotes cuando la planta tiene unos 15 o 20 centímetros, y repetir sobre los brotes laterales una o dos veces más. Cada pinzado duplica el número de tallos, y por tanto de flores, y baja la altura de la mata. Se hace en primavera y a principios de verano, y se deja de pinzar a mediados de julio como muy tarde: a partir de ahí la planta necesita tiempo para desarrollar los tallos que llevarán la flor de octubre.

Los cultivares de flor grande y tallo largo necesitan tutor, sobre todo en zonas ventosas, y conviene colocarlo en junio y no cuando la planta ya se ha tumbado. Una alternativa al tutor individual es una malla horizontal por la que crecen los tallos, o un aro de sujeción colocado pronto.

Tras la floración, la mata se corta a unos 10 o 15 centímetros del suelo. En zonas frías, un acolchado de hojas o compost sobre la cepa la protege durante el invierno.

Multiplicación

La división de mata es el método habitual y hay que hacerla, no es opcional: cada dos o tres años la parte central de la mata envejece, se aclara y florece peor. En primavera se levanta la cepa, se descartan las partes viejas del centro y se replantan los trozos jóvenes del exterior, cada uno con raíces y varios brotes.

También se multiplica muy bien por esquejes de brotes basales, de 8 a 10 centímetros, tomados en primavera. Por semilla se obtienen plantas variables, así que solo tiene sentido para experimentar.

Plagas y enfermedades

Al aire libre dan bastantes menos problemas que en invernadero, pero conviene conocer los habituales.

  • Oídio: polvo blanco en las hojas, favorecido por la humedad nocturna y la falta de ventilación. Se previene no mojando el follaje y separando las plantas.
  • Pulgón: en brotes tiernos y en botones florales, sobre todo en primavera.
  • Minador de hojas: deja galerías blancas serpenteantes en la hoja. Se retiran las hojas afectadas.
  • Araña roja, trips y mosca blanca: con calor y sequedad ambiental.
  • Caracoles y babosas: atacan los brotes tiernos en primavera húmeda.
  • Roya blanca del crisantemo: pústulas blanquecinas o rosadas en el envés y manchas amarillas en el haz. Es una enfermedad grave y muy contagiosa entre crisantemos, difícil de erradicar. Lo prudente es retirar y destruir las plantas afectadas, no compostarlas, y no comprar plantas con manchas sospechosas.

Con qué combinarlos

Agrupados, los crisantemos funcionan mejor en pares o tríos de tonos que armonicen, o eligiendo un solo color en distintas formas de flor. En un arriate de otoño, algunas compañías que funcionan bien:

  • Ásteres, especialmente los de flor pequeña y porte ramificado, que forman una nube que suaviza las masas compactas del crisantemo.
  • Sedums de otoño (los cultivares altos de Hylotelephium, antes Sedum spectabile), cuyas umbelas planas contrastan bien con las flores redondeadas.
  • Gramíneas ornamentales, que aportan movimiento y tonos tostados.
  • Heucheras de follaje caramelo, ámbar o púrpura, para el nivel bajo.
  • Artemisias y plantas de follaje plateado, que en clima mediterráneo aguantan el mismo régimen de sol y calman los colores fuertes.
  • Piracantas con bayas naranjas o amarillas como fondo arbustivo.

Una advertencia al manipularlos

El crisantemo contiene lactonas sesquiterpénicas y es una causa conocida de dermatitis de contacto, sobre todo en quien lo maneja mucho: floristas, viveristas y aficionados que pinzan y cortan a menudo. Puede provocar picor y enrojecimiento en las manos y los antebrazos. Trabajar con guantes evita el problema. También se considera tóxico por ingestión para perros y gatos.

En resumen

El crisantemo florece en otoño porque necesita noches largas, no porque haga frío. Para tenerlos de forma permanente en el jardín hay que buscar cultivares rústicos de jardín y no las bolas de temporada, que están tratadas para mantenerse compactas y al año siguiente crecen altas y desmañadas.

Su cultivo pide sol de mañana, suelo fértil y drenado que no se seque, abonado regular pasando a más potasio al acercarse la floración, y sobre todo pinzados repetidos hasta mediados de julio, que son los que dan una mata densa y llena de flor en lugar de unos pocos tallos largos. La mata se divide cada dos o tres años, se riega sin mojar la hoja para evitar el oídio y se manipula con guantes, porque puede provocar dermatitis de contacto.


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