Las bromelias son plantas de interior con una lógica de cultivo distinta a la de casi todas las demás, y por eso mueren tantas: se tratan como una planta de maceta corriente cuando en su mayoría no lo son. La mayor parte de las que se venden son epífitas, plantas que en su hábitat viven encaramadas a las ramas de los árboles sin sacar nada del suelo, absorbiendo el agua y los nutrientes por las hojas. La maceta y el sustrato en las que llegan a casa son solo un soporte físico.

Entendido eso, el manejo se simplifica mucho. El agua va principalmente al depósito central de la roseta, no al sustrato, que debe mantenerse apenas húmedo. Y el abono se aplica muy diluido, porque son plantas adaptadas a nutrientes escasísimos y les sobra con muy poco.

Después de florecer las bromelias mueren, pero generan brotes en la base, que hay que trasplantar. En algunas especies, las flores duran muchos meses. Existen 1.500 especies de bromelias (abajo, una guzmania).

Qué son y cómo se organizan

La familia Bromeliaceae reúne más de tres mil especies repartidas en decenas de géneros, casi todas americanas, desde el sur de Estados Unidos hasta la Patagonia. Debe su nombre al botánico sueco Olof Bromelius. Su miembro más conocido no es una planta de interior sino un cultivo: la piña (Ananas comosus), que es una bromelia terrestre y se cultiva en Canarias, sobre todo en El Hierro.

Para el cultivo doméstico conviene distinguir tres formas de vida dentro de la familia, porque cada una se riega de manera diferente.

  • Bromelias de depósito. Forman una roseta apretada cuyas bases foliares se solapan y crean una cisterna que retiene agua de lluvia. Es el caso de Aechmea, Guzmania, Vriesea, Neoregelia y Billbergia, que son la inmensa mayoría de las que se venden en flor.
  • Bromelias atmosféricas. No tienen depósito ni prácticamente raíces funcionales. Absorben agua y nutrientes por unas escamas microscópicas de la hoja llamadas tricomas, que les dan el aspecto plateado o grisáceo característico. Son las Tillandsia que se venden sueltas, sin maceta, y el heno o barba de viejo (Tillandsia usneoides).
  • Bromelias terrestres. Con raíces que sí alimentan, como la piña o los géneros Puya y Dyckia, estos últimos plantas de rocalla y clima seco.

Una regla útil que se deduce de los tricomas: cuanto más plateada y escamosa es la hoja, más luz y menos agua en el sustrato quiere la planta; cuanto más verde, lisa y brillante, más sombra y más humedad ambiental necesita. Una Aechmea fasciata, gris y bandeada, aguanta un alféizar luminoso; una Guzmania de hoja verde brillante se quema allí.

Florecen una vez y luego se reproducen

Este es el hecho que más desconcierta a quien compra su primera bromelia. La roseta es monocárpica: florece una única vez en su vida y después muere lentamente, a lo largo de meses o incluso más de un año. No es un fallo de cultivo ni hay forma de evitarlo.

Lo que sí hace la planta antes de morir es producir hijuelos en la base, entre dos y cinco normalmente. Ahí está la continuidad. Se dejan crecer unidos a la madre hasta que alcanzan un tercio o la mitad de su tamaño y ya han emitido alguna raíz propia; entonces se separan con un corte limpio lo más pegado posible a la madre y se plantan cada uno en un tiesto pequeño con sustrato de corteza. Tardarán entre uno y tres años en florecer.

Además, lo que llamamos flor casi nunca lo es. El color intenso y duradero, el que aguanta meses, corresponde a las brácteas, hojas modificadas. Las flores verdaderas son pequeñas, a menudo azules o blancas, salen entre esas brácteas y duran poco. Por eso una guzmania "en flor" mantiene el color medio año.

Si una bromelia adulta no florece, existe un truco que funciona y que la industria usa a escala comercial: encerrar la planta durante una semana en una bolsa de plástico transparente con una manzana madura. La manzana desprende etileno, que es la hormona que induce la floración en esta familia. Se retira después la bolsa y la inflorescencia suele aparecer en un plazo de dos o tres meses. Conviene retirar el agua del depósito durante ese tiempo.

Riego: dónde va el agua

Bromelias de depósito. Se mantiene la roseta central con agua, unos dos o tres centímetros, durante la temporada cálida. El sustrato se riega poco, lo justo para que no se seque del todo, quizá cada diez o quince días. En invierno, con temperaturas más bajas, se vacía el depósito o se deja apenas un fondo, porque el agua estancada en frío es la vía directa a la podredumbre del cogollo.

El agua del depósito hay que renovarla, y esto en España tiene una implicación concreta que casi nadie menciona: un recipiente con agua estancada en un balcón o una terraza es un criadero de mosquitos, y en el litoral mediterráneo y buena parte del este peninsular el mosquito tigre está establecido y cría en volúmenes de agua muy pequeños. Vaciar y rellenar el depósito una vez por semana en verano resuelve el problema y de paso evita que el agua se pudra.

Tillandsias atmosféricas. No llevan sustrato. Se sumergen enteras en agua unos quince o veinte minutos una o dos veces por semana en verano, y se sacuden bien después para que no quede agua retenida en el centro, que las pudre. En invierno basta una vez cada diez días. Pulverizarlas es insuficiente salvo en ambientes muy húmedos.

La calidad del agua importa mucho. Son plantas muy sensibles a la cal y a las sales. En zonas de agua dura, que es casi todo el este y el sur de España, el agua del grifo deja cercos blanquecinos en la hoja y a medio plazo daña la planta. Agua de lluvia recogida, o agua de baja mineralización, cambia el resultado por completo.

Luz, temperatura y humedad

La luz correcta es abundante pero filtrada, cerca de una ventana con visillo o a un metro de una ventana clara. El sol directo del mediodía en verano quema las hojas, sobre todo en las especies de hoja verde y blanda. En cambio, con poca luz las Neoregelia pierden el color rojo del corazón y las guzmanias no llegan a florecer.

En temperatura, entre 18 y 25 grados están cómodas y no conviene que bajen de 12 o 13. Un piso español normal cumple todo el año.

La humedad ambiental es el punto débil en invierno, igual que con el resto de plantas tropicales. La calefacción reseca y aparecen puntas marrones. Bandeja con arcilla expandida y agua bajo el tiesto, agrupar plantas y alejarlas del radiador son las medidas eficaces.

Sustrato, trasplante y abono

Nunca sustrato universal solo: retiene demasiada agua y asfixia unas raíces que apenas necesitan tierra. Lo adecuado es un sustrato de orquídeas de corteza de pino, o una mezcla de corteza fina, fibra de coco y perlita. La maceta debe ser pequeña en relación con la planta, porque una roseta grande en un tiesto grande vuelca y además mantiene el sustrato húmedo demasiado tiempo.

Las bromelias de depósito y las tillandsias se pueden cultivar también sin maceta, sujetas con alambre o hilo a un trozo de corcho, de rama o de tronco. Es su forma natural de vivir y el resultado es mucho más vistoso.

El abono, siempre muy diluido: un fertilizante para orquídeas a la cuarta parte de la dosis indicada, una vez al mes de abril a septiembre, aplicado sobre la hoja y el depósito más que sobre el sustrato. Un aviso importante: las bromelias son muy sensibles al cobre, así que hay que evitar los tratamientos fitosanitarios que lo contengan y no sujetarlas con alambre de cobre.

Problemas frecuentes

Son plantas poco propensas a plagas. Las que aparecen son las de siempre en interior: cochinilla algodonosa escondida entre las bases foliares, cochinilla de escudo en el envés y araña roja cuando el aire está muy seco. Se limpian a mano con un bastoncillo humedecido, teniendo cuidado con los productos que lleven cobre.

Las puntas marrones y secas indican aire seco o agua con exceso de cal. Un cogollo blando y que se desprende al tirar de él es podredumbre por agua estancada en frío, y en ese punto la roseta ya no se recupera, aunque los hijuelos de la base sí pueden salvarse.

Sobre la fama de plantas purificadoras del aire que arrastran algunas bromelias, y que aparece recogida en el artículo sobre plantas purificadoras, conviene un matiz: los ensayos de los que procede esa idea se hicieron en cámaras selladas de laboratorio, y su traslado a una habitación real con ventilación normal da un efecto muy pequeño. Son buenas plantas de interior por su porte y su duración, no por lo que hagan con el aire.

En resumen

Con una bromelia de depósito hay que hacer lo contrario de lo habitual: agua en el centro de la roseta y sustrato casi seco, maceta pequeña, sustrato de corteza y abono muy diluido. Con las tillandsias atmosféricas, ni maceta ni sustrato, solo baños de agua no calcárea y buen secado posterior. El resto es luz abundante sin sol directo y algo de humedad ambiental en invierno.

Y la parte que conviene asumir desde el principio: la roseta que se compra en flor florece una sola vez y acabará muriendo, pero deja hijuelos en la base. Separarlos cuando llegan a la mitad del tamaño de la madre es la forma de mantener la planta indefinidamente, y si un ejemplar adulto se resiste a florecer, el truco de la bolsa con una manzana madura suele resolverlo.


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