La respuesta corta es que no. Las plantas de interior no limpian de forma apreciable el aire de una habitación real, y la idea de que sí lo hacen procede de un estudio de la NASA de 1989 hecho en cámaras selladas del tamaño de una caja, en condiciones que no se parecen a las de una vivienda. La revisión posterior de esos experimentos concluye que para igualar el efecto de abrir una ventana harían falta decenas o centenares de macetas por metro cuadrado.

Eso no convierte a espatifilos, drácenas, helechos o potos en malas plantas. Siguen siendo excelentes plantas de interior por lo que siempre fueron: aguantan poca luz, son bonitas y aumentan algo la humedad ambiental de un salón con calefacción. Lo que no hay que hacer es comprarlas creyendo que sustituyen a una ventilación correcta, porque entonces se está resolviendo un problema real con una medida que no lo toca.

Una drácena, una Chamaedorea elegans y un filodendro en una oficina: tres plantas que toleran bien la luz escasa de un espacio de trabajo.

Qué dijo realmente el estudio de la NASA

El trabajo existe y es serio. Se publicó en 1989, lo firmó B. C. Wolverton y se titulaba Interior Landscape Plants for Indoor Air Pollution Abatement. Su contexto era el de las estaciones espaciales: recintos herméticos, sin ventilación exterior posible, donde los compuestos orgánicos volátiles se acumulan sin salida. La pregunta era si una planta podría ayudar allí.

El método consistió en encerrar plantas en cámaras de vidrio o metacrilato pequeñas y estancas, inyectar una concentración conocida de benceno, tricloroetileno o formaldehído, y medir cuánto quedaba pasadas unas horas. Los resultados fueron positivos: la concentración bajaba. Ahí está el origen de todas las listas de plantas purificadoras que circulan desde entonces.

Dos matices que casi nunca se citan. El primero es que en varios ensayos la eliminación se atribuyó en buena parte a los microorganismos del sustrato y a la propia maceta, no a las hojas. El segundo, y decisivo, es que una cámara sellada de unos pocos litros con una planta dentro no tiene nada que ver con un salón de treinta metros cúbicos por el que entra y sale aire continuamente.

Por qué no funciona en un salón: los números

El concepto que permite comparar es la tasa de aire limpio equivalente, es decir, cuántos metros cúbicos de aire por hora deja una planta libres de un contaminante. Una revisión publicada en 2019 recalculó ese valor a partir de una docena de estudios y casi doscientos experimentos previos, incluido el de la NASA, y lo comparó con la ventilación normal de un edificio.

El resultado es que la capacidad de una maceta es entre dos y tres órdenes de magnitud menor que la de la renovación de aire de una vivienda corriente. Traducido a algo imaginable: para que el efecto de las plantas fuese comparable al de abrir la ventana un rato, habría que meter del orden de diez a mil plantas por metro cuadrado de suelo. Un salón de veinte metros cuadrados sería un invernadero compacto, sin espacio para muebles ni personas.

Hay una razón física detrás. Una hoja intercambia gases a través de los estomas a un ritmo que está determinado por la fotosíntesis, y en interior, con luz escasa, ese ritmo es bajísimo. En cambio, una ventana entreabierta mueve varios metros cúbicos de aire por minuto. No hay competición posible.

Lo que sí aporta una planta de interior

La transpiración es real y sí es medible: un conjunto de plantas grandes en una habitación cerrada sube la humedad relativa unos puntos. En un piso con calefacción de radiadores en enero, donde la humedad interior puede caer bastante, eso se agradece en las vías respiratorias y en la piel, y de paso beneficia a las propias plantas. Con la precaución inversa: en una habitación mal ventilada y ya húmeda, más plantas es exactamente lo que no conviene, porque favorece el moho.

Sobre el oxígeno y el dióxido de carbono, la aportación es despreciable frente a la respiración de las personas que ocupan la habitación. Y de noche, sin luz, las plantas respiran igual que nosotros. Ni una cosa ni la otra da para preocuparse.

Queda un efecto que sí está mejor documentado y que no es menor: la presencia de vegetación en espacios de trabajo y de estudio se asocia a mejor percepción del entorno y menor sensación de fatiga. Es un beneficio de bienestar, no un filtro de aire, y no necesita ninguna justificación química para valer la pena.

De dónde viene el aire viciado de una casa

El problema que el artículo original planteaba es real, y merece una respuesta útil. Las viviendas modernas son mucho más estancas que las antiguas por eficiencia energética, y eso concentra dentro lo que antes se escapaba por las rendijas.

Los compuestos orgánicos volátiles que más se citan son el formaldehído (tableros aglomerados, melamina, algunos textiles y adhesivos), el benceno y el tolueno (pinturas, disolventes, humo de tabaco), el tricloroetileno y el xileno. El formaldehído está clasificado por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer en el grupo 1, cancerígeno para el ser humano.

A ellos se suman fuentes que en España pesan mucho y suelen pasarse por alto. Las cocinas de gas emiten dióxido de nitrógeno y partículas finas mientras se cocina, y la campana extractora con salida al exterior es la medida más eficaz que existe en una casa. Las velas perfumadas, el incienso y los ambientadores no eliminan nada: añaden partículas y compuestos volátiles al aire. Y en Galicia, Extremadura, buena parte de Castilla y León y la sierra de Madrid, sobre suelos graníticos, el gas radón es un problema de salud real que se combate ventilando y con las medidas constructivas que recoge el Documento Básico HS 6 del Código Técnico de la Edificación, incorporado en 2019.

Lo que de verdad mejora el aire interior

Por orden de eficacia, y ninguna de las tres es cara. La primera es ventilar. Cinco o diez minutos de ventilación cruzada, abriendo dos ventanas enfrentadas, renuevan el aire de una vivienda entera y son más efectivos que tenerla una hora entreabierta. En verano, a primera hora de la mañana o de noche; en invierno, un rato al día, que enfría poco porque se renueva el aire pero no las paredes. El Documento Básico HS 3 del Código Técnico de la Edificación exige, además, ventilación permanente en las viviendas de obra nueva.

La segunda es actuar sobre el foco. Extractor conectado al exterior al cocinar, ventilar durante y después de pintar o de montar muebles nuevos de aglomerado, no fumar dentro, y prescindir de ambientadores, difusores e inciensos. Eliminar la fuente evita el contaminante entero, no un porcentaje.

La tercera, si hay motivo (alergias, ciudad con mucho tráfico, alguien con problema respiratorio), es un purificador con filtro HEPA para partículas, con carbón activo si además interesan los compuestos volátiles. Es la única máquina que hace lo que se atribuye a las plantas, y hay que dimensionarla al volumen de la habitación y cambiarle los filtros.

Las plantas de la lista siguen siendo buenas plantas

Las especies que aparecen en cualquier lista de purificadoras coinciden con las plantas de interior más resistentes, y no por casualidad: proceden del sotobosque tropical y toleran la luz escasa. Espatifilo (Spathiphyllum), drácenas (Dracaena sp.), potos (Epipremnum aureum), palmera de salón (Chamaedorea elegans), areca (Dypsis lutescens), filodendros, helecho de Boston (Nephrolepis exaltata), cinta (Chlorophytum comosum), hiedra (Hedera helix) y sansevieria.

Cómprelas por lo que son. Las tiene desarrolladas en las plantas de interior más resistentes y, si el rincón es oscuro, en las plantas que aman la sombra.

Un aviso que las listas de purificadoras nunca incluyen: varias de estas plantas son tóxicas por ingestión. Espatifilo, potos y filodendros son aráceas y contienen oxalato cálcico; drácenas y sansevierias contienen saponinas; las bayas de hiedra son tóxicas. Si hay niños pequeños o animales en casa, mire antes las plantas de interior sin toxicidad conocida.

En resumen

El estudio de la NASA de 1989 es real, pero midió lo que ocurre dentro de una cámara sellada, no dentro de una casa. Al trasladar sus resultados a una habitación con ventilación normal, la contribución de una maceta a la limpieza del aire resulta insignificante. Ninguna cantidad razonable de plantas de interior sustituye a abrir la ventana.

Lo que sí funciona es ventilar de forma cruzada unos minutos al día, usar la campana extractora al cocinar, ventilar tras pintar o montar muebles nuevos, dejar de comprar ambientadores e inciensos y, en casos concretos, un purificador con filtro HEPA. Y tener plantas, muchas si se quiere, por el motivo por el que se han tenido siempre: porque están vivas y porque la casa está mejor con ellas.


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