Las azaleas que aparecen floridas en diciembre son plantas forzadas: en el vivero se manipulan las condiciones de luz y temperatura para adelantarles la floración varios meses. Llegan cubiertas de flor hasta el punto de no dejar ver la hoja, y en muchas casas duran tres semanas y se secan. No es mala suerte, son dos errores muy concretos y muy fáciles de corregir: el calor de la calefacción y la manera de regarlas.
La azalea de interior es acidófila y de raíz superficial y finísima, y esas dos características explican todo lo demás. Necesita un sustrato que nunca se seque del todo y agua sin cal, y quiere estar fresca, entre doce y dieciocho grados, que es justo lo contrario de un salón con radiadores en enero.
En su versión mini, las azaleas resultan perfectas como decoración viva en cualquier rincón luminoso del interior de casa.
Qué azalea tienes: índica o japónica
Las dos son rododendros, y la distinción importa mucho a la hora de decidir si la planta puede acabar en el jardín.
Las azaleas índicas son cultivares obtenidos del Rhododendron simsii, especie originaria de China. Son las de flores grandes, simples o dobles, con márgenes encrespados y una gama enorme de rojos, fucsias, blancos y combinaciones bicolores. Son las que se venden forzadas en invierno y son sensibles al frío: no aguantan heladas.
Las azaleas japónicas proceden del Rhododendron obtusum y de especies afines. Tienen flores más pequeñas y abundantes, son bastante más rústicas y son las que se usan de verdad como planta de jardín, en zonas de suelo ácido y clima húmedo. Si la intención es plantar en tierra, este es el grupo a buscar, no el anterior.
Un sitio fresco y luminoso
Mucha luz, sin sol directo. Con poca luz la azalea deja caer los botones antes de abrirlos, que es la decepción más frecuente con estas plantas. Y fresco: el rango cómodo está entre los doce y los dieciocho grados, y cada grado de más acorta la floración.
Esto obliga a colocarla lejos de radiadores, de chimeneas y de la salida de aire de la calefacción. Una habitación poco caldeada, un porche acristalado, un rellano fresco o el alféizar de una ventana luminosa en una estancia que no se calienta son mejores sitios que el centro del salón. Agradece la humedad ambiental, que se puede subir con una bandeja de grava y agua bajo la maceta, aunque conviene no pulverizar sobre las flores abiertas, que se manchan.
El riego, que es donde se pierden
Las raíces de la azalea son numerosísimas, muy finas y superficiales, y forman un cepellón compacto que no tolera secarse. Si se seca del todo, ocurre algo que sorprende a mucha gente: la turba deshidratada se vuelve impermeable y repele el agua. Se riega por arriba, el agua corre por los lados, sale por el agujero y da la impresión de que la planta está regada, cuando el interior del cepellón sigue seco como un ladrillo. La planta se marchita y ya no se recupera.
La forma correcta de regarla es por inmersión: se mete la maceta en un cubo con unos dedos de agua y se deja diez o quince minutos, hasta que el sustrato se empape del todo y dejen de salir burbujas. Después se saca, se deja escurrir bien y se devuelve a su sitio. Se repite cuando la superficie del sustrato empieza a secarse, lo que en invierno y en interior puede ser cada tres o cuatro días, y con más frecuencia si el tiesto es pequeño.
Lo que no debe hacerse es dejar la maceta permanentemente en un plato con agua. El cepellón tiene que estar húmedo, no encharcado, porque el exceso continuo pudre esas mismas raíces finas.
El agua y la cal
Aquí está el otro gran condicionante. La azalea es acidófila y quiere un sustrato con un pH bajo, en torno a 4,5 y 6. Regar durante meses con agua dura del grifo, como la de buena parte del este, el centro y el sur de España, va alcalinizando el sustrato y bloquea el hierro, lo que se manifiesta como clorosis: hojas nuevas amarillas con los nervios todavía verdes, y luego brotes cada vez más pobres.
La solución es regar con agua de lluvia, que además es gratis y basta con dejar un cubo fuera, o con agua descalcificada. En zonas de agua blanda, como la cornisa cantábrica o buena parte de Galicia, esto no supone ningún problema. El quelato de hierro corrige el síntoma de forma puntual, pero no sustituye a un agua adecuada.
Abonado y flores marchitas
Durante la floración, un abono para plantas acidófilas cada dos semanas disuelto en el agua de riego, a la dosis que indique el envase o algo por debajo. Ese tipo de fertilizante tiene además un efecto acidificante que ayuda a mantener bajo el pH del sustrato.
Ir retirando las flores marchitas, pinzándolas con los dedos por la base, prolonga la floración y evita que se pudran sobre el follaje en un ambiente húmedo.
Qué hacer cuando termine de florecer
Aquí se decide si la planta era de un invierno o va a durar años. Terminada la floración, se recortan las flores secas y se hace un ligero repaso de forma. En cuanto pase el riesgo de heladas, en marzo o abril según la zona, se saca al exterior, a un lugar en semisombra y resguardado, donde pasará toda la primavera y el verano.
Ese periodo al aire libre es el que hace que vuelva a florecer, porque es cuando la planta forma las yemas florales del año siguiente. Durante esos meses hay que regar con constancia (una azalea en maceta al exterior en agosto puede necesitar agua a diario) y abonar cada quince días con fertilizante para acidófilas hasta finales del verano. En otoño se entra de nuevo en casa antes de las primeras heladas, y el periodo de temperaturas frescas del otoño es lo que dispara la apertura de los botones.
El cambio de maceta se hace después de la floración, con un sustrato específico para acidófilas y un tiesto solo un poco mayor. Al trasplantar, si el cepellón está muy apretado conviene aflojar ligeramente el exterior con los dedos, sin destrozarlo.
¿Se pueden plantar en el jardín?
Depende de dónde se viva, y conviene ser realista. En Galicia, en la cornisa cantábrica y en zonas de suelo ácido y clima húmedo, las azaleas japónicas se plantan en tierra y forman matas magníficas que duran décadas. Es su terreno.
En el interior peninsular, en el arco mediterráneo y en el sur, con suelos calizos, agua dura y verano seco y caluroso, plantarlas en tierra no funciona: entran en clorosis y se van apagando. Ahí la vía es la maceta, con sustrato para acidófilas y agua de lluvia, colocada en semisombra. Y las azaleas índicas forzadas, que son las que se venden en diciembre, no aguantan heladas en ningún caso. El tema de las azaleas y rododendros de jardín está desarrollado en este otro artículo.
Problemas frecuentes
| Lo que ves | Causa más probable |
|---|---|
| Los botones se caen sin abrir | Falta de luz, aire seco o calor excesivo |
| La planta se marchita de golpe y no revive al regar | Cepellón seco e impermeabilizado; hay que regar por inmersión |
| Hojas nuevas amarillas con los nervios verdes | Clorosis por riego con agua calcárea |
| Hojas que caen y raíces oscuras | Exceso de agua estancada en el plato |
| Punteado amarillento fino en las hojas | Araña roja, favorecida por el ambiente seco y caliente |
| Flores manchadas de marrón | Pulverización sobre las flores abiertas o exceso de humedad sin ventilación |
Es tóxica por ingestión
Conviene decirlo con claridad porque es una planta que se regala en Navidad y acaba en mesas bajas: todas las azaleas y rododendros contienen grayanotoxinas y son tóxicos por ingestión, tanto para personas como para animales domésticos. Los compuestos están presentes en hojas, flores y néctar, y afectan sobre todo a perros, gatos y herbívoros pequeños. No es una planta peligrosa al tacto ni por tenerla en casa, pero sí conviene colocarla donde un niño pequeño o un animal no pueda mordisquearla. Ante cualquier sospecha de ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
En resumen
La azalea de invierno dura semanas en flor si se le dan las dos cosas que pide y que casi nunca encuentra en una casa: temperatura fresca, entre doce y dieciocho grados y lejos de la calefacción, y un cepellón que no llegue a secarse nunca. La forma fiable de regarla es por inmersión, metiendo la maceta en agua unos minutos, porque una vez que la turba se seca del todo el riego por arriba resbala y no moja nada.
El agua debe ser de lluvia o descalcificada, ya que es una planta acidófila y el agua dura acaba provocando clorosis. Y si se quiere que vuelva a florecer, hay que sacarla al exterior en semisombra durante la primavera y el verano, regando y abonando con producto para acidófilas, y entrarla antes de las heladas. Un último apunte: todas las azaleas son tóxicas por ingestión, así que merece la pena pensar dónde se coloca.