Azaleas y rododendros son el mismo género botánico, Rhododendron, dentro de la familia de las ericáceas. La separación que hizo Linneo entre ambos grupos no se sostuvo, y hoy las azaleas son simplemente dos de las divisiones en que se ordena un género enorme, con más de mil especies repartidas sobre todo por el Himalaya, China, Japón y el este de Norteamérica. En la práctica jardinera el nombre sigue usándose: llamamos rododendro al arbusto grande de hoja perenne y coriácea, y azalea al arbusto menor, de hoja más pequeña, a menudo caduca o semipersistente.
Lo que decide si estas plantas prosperan o se arrastran no es el frío ni la floración, sino el pH del suelo. Son acidófilas estrictas. Por debajo de 5,5 viven bien, entre 5,5 y 6,5 aguantan con ayuda, y por encima de 7 amarillean y acaban muriendo por más que se rieguen y se abonen. Esto condiciona todo lo demás en España, donde buena parte del terreno cultivable es calizo.
Los rododendros son grandes estrellas de los jardines umbrosos y los sustratos ácidos, donde despliegan su espectacular floración. Abajo, en buena compañía de otras acidófilas, como el pieris, en el Botánico de Madrid.
Dónde funcionan de verdad en España
El mapa es bastante claro. Los rododendros se comportan como plantas de jardín establecidas en la cornisa cantábrica, Galicia, el norte de Portugal, la montaña leonesa y zamorana, el Sistema Central en sus laderas silíceas, Gredos, Guadarrama y ciertas sierras del Sistema Ibérico. Ahí coinciden las tres condiciones que necesitan: suelo ácido de origen granítico o pizarroso, lluvia repartida y veranos sin un calor extremo prolongado.
En el este y el sur peninsular la historia cambia. Los suelos calizos de Levante, Baleares, el valle del Ebro, La Mancha y buena parte de Andalucía bloquean el hierro y el manganeso, y la planta desarrolla clorosis férrica: la hoja se vuelve amarilla y solo los nervios siguen verdes. A eso se suma que el agua de riego en esas zonas suele ser dura, con lo que cada riego eleva un poco más el pH del sustrato. Intentar corregir un jardín calizo entero con turba o azufre es una guerra que se pierde a medio plazo.
La salida razonable en esas zonas es el cultivo en maceta o en cajón elevado, con sustrato para plantas acidófilas y riego con agua de lluvia o agua de baja mineralización. Una azalea en maceta grande, en un patio orientado al norte de Valencia o Sevilla, puede vivir años; plantada en el suelo del mismo patio, no.
Conviene saber además que el género tiene representación silvestre propia en el sur peninsular: Rhododendron ponticum subsp. baeticum, el ojaranzo, sobrevive como relicto en los canutos umbríos de la comarca de Los Alcornocales, en Cádiz y Málaga, sobre suelos de areniscas ácidas y con humedad permanente. Es una pista útil sobre lo que estas plantas piden: sombra, humedad constante en el aire y en el suelo, y ausencia de cal.
Exposición y suelo
La semisombra es el punto correcto para la mayoría. Los rododendros de hoja grande sufren con el sol directo del mediodía, sobre todo si el aire es seco: la hoja se deshidrata, aparecen quemaduras marrones en el borde y el limbo se enrolla hacia dentro. En clima atlántico fresco algunos cultivares aceptan bastante sol; en clima continental o mediterráneo, no.
La orientación norte, o la sombra ligera de árboles de raíz profunda, es lo ideal. Bajo un pino o un roble funcionan bien; bajo un arce o un abedul, con raíces someras que compiten en el mismo estrato, mucho peor. Y protegidos del viento seco, que es tan dañino como el sol: agradecen el aire en movimiento pero no la corriente continua que deseca.
El sistema radicular es la clave del riego. Son raíces muy finas, en cabellera densa, concentradas en los primeros centímetros del suelo. No exploran en profundidad, así que una capa superficial seca ya es sequía para la planta, y a la vez esas raíces se pudren enseguida si el agua se estanca. El sustrato que piden es aireado, con abundante materia orgánica, esponjoso y que drene rápido.
- Suelo arenoso: retiene poco. Hay que enriquecerlo con materia orgánica ácida en un hoyo amplio, más ancho que hondo, y acolchar después.
- Suelo arcilloso: drena mal. Se mezcla el sustrato ácido con arena de grano grueso o gravilla y se planta ligeramente sobre el nivel del terreno, en un pequeño montículo.
- Suelo calizo: no hay enmienda que lo arregle de forma estable. Maceta o cajón aislado del terreno.
Una comprobación sencilla antes de plantar: se llena de agua el hoyo abierto. Si a las dos horas sigue con agua, ese sitio no sirve para un rododendro.
Plantación y riego a lo largo del año
El otoño es la mejor época de plantación en la mayor parte de España, porque deja al arbusto varios meses de temperaturas suaves y humedad para enraizar antes del primer verano. La primavera temprana también vale, incluso con la planta en flor, siempre que se garantice el riego del primer verano. Lo que hay que evitar es plantar en junio o julio.
Al colocar el cepellón, el cuello de la planta queda a ras de suelo o un dedo por encima, nunca enterrado. Después conviene un acolchado de corteza de pino, hojarasca o pinocha de unos cinco centímetros, que mantiene la humedad, modera la temperatura del suelo, frena las hierbas y, al descomponerse, acidifica ligeramente. Ese acolchado es probablemente el gesto de mantenimiento con mejor relación entre esfuerzo y resultado.
El riego es abundante durante el crecimiento y la floración, y sigue siéndolo en el verano peninsular, que es la estación crítica. En agosto la planta lignifica los brotes del año y forma las yemas florales de la primavera siguiente; ahí se afloja algo el riego, sin llegar a que la planta pase sed, para no forzar brotación tardía que luego se hiele. Si el agua del grifo es dura, alternar con agua de lluvia recogida marca una diferencia visible al cabo de dos o tres temporadas.
Problemas frecuentes
El más común, con diferencia, es la clorosis por cal, y su causa está en el suelo o en el agua, no en la falta de abono. Aplicar quelato de hierro alivia el síntoma pero no corrige el origen.
El segundo es la podredumbre radicular por Phytophthora, favorecida por el encharcamiento. Se manifiesta como un decaimiento general y hojas mustias que no se recuperan al regar. No tiene tratamiento práctico una vez instalada, así que todo se juega en el drenaje.
Entre las plagas, los tripes y las arañas rojas atacan en ambientes secos y calurosos, dejando la hoja punteada y plateada por el haz. En clima húmedo aparecen manchas foliares y oídio. Y el otoño trae a menudo el picudo negro de la vid, cuyas larvas comen raíces y cuyos adultos dejan mordeduras semicirculares muy características en el borde de las hojas.
Poda, multiplicación y variedades
Estos arbustos apenas se podan. Florecen sobre madera del año anterior, así que cortar a destiempo elimina la floración siguiente. Basta con retirar ramas secas, dañadas o mal orientadas, y pinzar con los dedos las flores marchitas justo por encima de los brotes nuevos que asoman debajo. En las azaleas caducas se puede rebajar alguna rama vieja de la base para forzar renuevo desde el pie.
La multiplicación práctica es por esqueje semileñoso a finales de primavera o principios de verano, con hormona de enraizamiento y ambiente húmedo, o por acodo de las ramas bajas, que es más lento pero mucho más agradecido para el aficionado. La siembra queda para quien busque variabilidad, porque los cultivares no se reproducen fieles por semilla.
En cuanto a variedades, Rhododendron yakushimanum y sus híbridos son una buena entrada: porte compacto, hoja con envés afieltrado y bastante tolerancia. Rhododendron luteum es la azalea caduca amarilla y perfumada, poco frecuente en flores de este género. Entre las azaleas japonesas, el grupo Kurume da arbustos bajos y de floración muy densa. Y Rhododendron simsii es la azalea de maceta que se vende en flor durante el invierno: no es una planta de interior de larga duración, se comporta mejor si se saca a un exterior fresco y sombreado en cuanto pasa la floración.
Un aviso que suele faltar: el género Rhododendron es tóxico por ingestión. Hojas, flores y néctar contienen grayanotoxinas, y hay casos documentados de intoxicación tanto en personas como en ganado, incluso a través de miel elaborada con su néctar. Conviene tenerlo presente si hay niños pequeños o animales que mordisquean plantas, y ante cualquier ingestión acudir al médico o al veterinario.
En resumen
Azaleas y rododendros son plantas de suelo ácido, sombra ligera y humedad constante. Donde esas tres condiciones se dan de forma natural, que en España es sobre todo el noroeste húmedo y la montaña silícea, son arbustos longevos y de mantenimiento bajo. Donde no se dan, y especialmente en los suelos calizos del este y el sur, el cultivo en tierra es una lucha perdida y la maceta con sustrato acidófilo es la única vía sensata.
El resto del manejo es corto: acolchar, regar sin encharcar, cuidar la calidad del agua, no podar salvo lo imprescindible y retirar las flores pasadas. Los fracasos casi siempre se explican por una de dos causas, cal o exceso de agua en la raíz, y ambas se deciden antes de plantar, al elegir el sitio y preparar el suelo.