Esquejes de planta enraizando

Si has intentado multiplicar aromáticas por esquejes y te has encontrado con tallos que se pudren en el vaso, hojas amarillas o simplemente semanas sin una sola raíz, el problema suele estar en el tipo de tallo que has cortado. Los tallos tiernos y verdes enraízan solos en agua sin ninguna ayuda. Los tallos que ya se han endurecido y han empezado a volverse marrones necesitan un empujón, y ahí es donde entra la hormona de enraizamiento.

Una hormona de enraizamiento es un producto que aporta auxina, la sustancia con la que la propia planta ordena a un tejido que forme raíces. No es un fertilizante ni un milagro: no salva un esqueje mal cortado, ni uno sin luz, ni uno que se ha quedado sin agua. Lo que hace es acortar el tiempo hasta la primera raíz y subir el porcentaje de esquejes que agarran, sobre todo en material semileñoso y leñoso como el romero, el tomillo, la salvia o la lavanda.

Qué es exactamente una hormona de enraizamiento

Las plantas regulan su desarrollo con hormonas, igual que los animales, aunque las suyas son distintas. Unas hacen que la yema apical domine sobre las laterales, otras disparan la floración, otras provocan la caída del fruto. La familia que interesa aquí son las auxinas, que entre otras cosas inducen la formación de raíces adventicias, es decir, raíces que salen de un tejido que no era raíz.

Los productos comerciales se basan en compuestos de tipo auxínico, siendo el ácido indolbutírico (IBA) el más habitual en jardinería doméstica. Se venden en tres formatos, y cada uno tiene su terreno:

  • Polvo. El más tolerante con los errores de dosis, porque el exceso se sacude. Es la opción recomendable si empiezas.
  • Gel. Se adhiere bien al tallo y no se cae al enterrar el esqueje. Va especialmente bien cuando plantas en un sustrato de enraizamiento en lugar de en agua.
  • Líquido concentrado. El más potente y el más fácil de estropear: hay que diluirlo según las indicaciones del envase y el tiempo de inmersión es de un par de segundos, no más.

Existen además preparados caseros de tradición popular, como el agua de sauce o la maceración de lentejas germinadas, que se comentan en cómo hacer un enraizante casero para esquejes. Funcionan de forma mucho más suave y variable que un producto formulado, así que no esperes de ellos lo mismo.

Madera blanda, semidura y dura: qué tallo has cortado

Antes de decidir si necesitas hormona, mira el tallo. El grado de lignificación es lo que determina la facilidad de enraizamiento, y se aprecia a simple vista y al tacto.

Tipo de talloAspectoNecesita hormonaEjemplos
Madera blandaVerde, flexible, se dobla sin partirseNo suele hacer faltaAlbahaca, melisa, menta, cilantro
SemiduraZona de transición, verde arriba y pardo abajoRecomendableSalvia, orégano, lavanda
Madera duraMarrón, rígido, quebradizoPrácticamente imprescindibleRomero, tomillo, arbustos leñosos

La razón es que los tejidos jóvenes conservan mucha más capacidad de desdiferenciarse y formar raíces, y además contienen ya una concentración de auxina propia más alta. En un tallo viejo esa capacidad ha caído, y aportar auxina desde fuera compensa parte de la diferencia.

En la práctica, la mayoría de las aromáticas de hoja tierna te dan solo esquejes de madera blanda, y con esos ni te molestes: van directos al vaso de agua, como se explica en cómo hacer esquejes en agua. Guarda la hormona para el romero, el tomillo y la lavanda, que son justamente los que fallan en agua.

Cómo tomar el esqueje

La hormona no arregla un mal corte, así que este paso importa tanto como el producto. Trabaja con una hoja o unas tijeras bien afiladas y limpias, desinfectadas con alcohol entre planta y planta.

  • Elige un brote sano, sin flores y sin signos de plaga. Un tallo con flor está gastando su energía en otra cosa.
  • Corta un fragmento de unos ocho a quince centímetros, justo por debajo de un nudo. Ahí se concentra el tejido con más capacidad de formar raíces.
  • Retira las hojas del tercio o la mitad inferior. Cualquier hoja que quede bajo el agua o bajo el sustrato se pudre y contamina el resto.
  • Deja arriba dos o tres hojas, y si son muy grandes, córtalas por la mitad para reducir la pérdida de agua.
  • Trabaja rápido. Un esqueje deshidratado arranca con desventaja; si vas a preparar muchos, ve dejándolos en un vaso con un dedo de agua.

Hay más detalle sobre el corte en sí en cómo se corta un esqueje.

Cómo aplicar la hormona sin pasarte

La dosis es todo. Poca hormona no hace nada; demasiada provoca lo contrario de lo que buscas, con amarilleo de las hojas, quemadura en la base del tallo y engrosamiento sin raíces.

Regla de higiene, antes de nada. No mojes nunca el esqueje dentro del bote. Saca una pequeña cantidad a un platito aparte, trabaja desde ahí y tira el sobrante al terminar. Así evitas llevar hongos y bacterias de una planta a otra y contaminar todo el envase.

En polvo. Humedece ligeramente la base del esqueje con agua para que el polvo se agarre. Sumérgelo un centímetro escaso y golpea suavemente el tallo contra el borde del plato para que caiga el exceso. Debe quedar una película fina, no una costra. Después haz un agujero previo en el sustrato con un lápiz e introduce el esqueje sin frotar, para no arrastrar el polvo.

En gel. Vierte un poco en el plato y moja la base del esqueje cubriendo aproximadamente el centímetro inferior. El gel se queda donde lo pones, así que puedes plantar directamente. Tira lo que sobre.

Líquido. Diluye siguiendo las indicaciones del fabricante y sumerge la base uno o dos segundos, no más. Es el formato con el que más fácil resulta pasarse, y el daño no se ve hasta días después.

Con el gel y el polvo puedes usar sustrato de enraizamiento; con esquejes destinados a un vaso de agua, la hormona pierde buena parte de su sentido porque se disuelve y se diluye.

El sustrato de enraizamiento

Un medio de enraizamiento no es tierra de jardín ni sustrato de cultivo normal. Su trabajo es sostener el esqueje y mantener humedad y aire a la vez, sin aportar nutrientes ni patógenos. Los materiales habituales son la perlita, la vermiculita, la fibra de coco, la arena de sílice lavada y la turba rubia, solos o mezclados a partes iguales.

Rellena una maceta o bandeja, humedece el medio antes de plantar, haz el agujero, introduce el esqueje y aprieta suavemente alrededor. Cubre el conjunto con una bolsa transparente o una campana para mantener la humedad ambiental alta, dejando una abertura para que circule algo de aire y ventilando unos minutos cada día para evitar la condensación excesiva y los hongos.

Coloca la bandeja con luz clara pero sin sol directo, que cocería el esqueje bajo la campana. Mantén el medio húmedo, nunca encharcado. Según la especie y la temperatura, las primeras raíces pueden tardar desde un par de semanas hasta bastante más en los tallos leñosos; sabrás que ha enraizado cuando notes resistencia al tirar muy suavemente del esqueje o cuando aparezca brotación nueva.

Del esqueje enraizado a la planta

Cuando haya raíces de unos centímetros, pasa el esqueje a una maceta pequeña con sustrato normal y drenante, y ve retirando la campana de forma progresiva a lo largo de unos días para que la planta se aclimate al aire seco de la casa. Un cambio brusco en este punto tira por tierra semanas de trabajo.

Los primeros riegos, ligeros y frecuentes; el abonado, esperando a que la planta muestre crecimiento claro. Y en cuanto tenga varios pares de hojas, pinza la punta para que ramifique en lugar de estirarse en un solo tallo.

En resumen

La hormona de enraizamiento no es imprescindible para todo. Los esquejes de madera blanda de albahaca, menta o melisa echan raíces en un vaso de agua sin ayuda ninguna, y añadirles hormona no aporta gran cosa. Donde marca la diferencia es en los tallos semileñosos y leñosos, como el romero, el tomillo o la lavanda, que en agua se pudren antes de enraizar.

El método es siempre el mismo: corte limpio bajo un nudo con herramienta desinfectada, hojas inferiores retiradas, una capa fina de hormona sacada previamente a un platito aparte, y el esqueje plantado en un medio ligero y aireado bajo campana, con luz clara y sin sol directo. Menos producto y más higiene, porque en el enraizamiento la mayoría de los fracasos son por podredumbre y por deshidratación, no por falta de auxina.


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