Macetas de hierbas aromaticas en una ventana

Compras una maceta de albahaca o de perejil en el supermercado, la pones en la ventana de la cocina y a los diez o quince días está mustia, con las hojas de abajo amarillas y los tallos tumbados. No es mala suerte ni falta de mano: esa maceta no está pensada para vivir, está pensada para venderse. Dentro hay entre diez y veinte plántulas apretadas en un cepellón del tamaño de un puño, sin espacio para raíces y con un sustrato que se seca en horas.

La buena noticia es que casi siempre se puede rescatar. El trabajo se hace el mismo día de la compra y consiste en tres cosas: separar el bloque de plántulas en varias macetas, darles un recipiente con drenaje real y colocarlas donde reciban luz suficiente. Con eso, una albahaca de supermercado pasa de durar dos semanas a durar toda la temporada, y un perejil o un tomillo pueden acompañarte años.

Por qué la maceta del supermercado viene condenada

Los viveros que abastecen a la gran distribución siembran muy denso a propósito. Una maceta con tres plantitas sueltas parece pobre en el lineal; una con veinte parece frondosa y se vende. El problema aparece después: todas esas plántulas comparten el mismo volumen de sustrato, compiten por la misma agua y por los mismos nutrientes, y ninguna llega a formar un sistema radicular decente.

A eso se suma que el sustrato de estas macetas suele ser turba muy fina, ligera y barata, elegida para que la maceta pese poco en el transporte. Retiene bien el agua mientras está húmeda, pero si se seca del todo se vuelve hidrófoba y el riego siguiente se escurre por los laterales sin mojar el cepellón. Y muchas de esas macetas van dentro de un cubremacetas de plástico sin agujeros, así que el agua sobrante se queda debajo pudriendo las raíces.

Por último está la luz. La planta se ha criado en un invernadero con luz abundante y de golpe pasa a una encimera. Aunque no la mates de sed ni de exceso de agua, va a estirarse buscando la ventana y a perder hojas de la base.

Divide el cepellón, es el paso que lo cambia todo

Saca el bloque de la maceta y míralo por debajo. Verás una masa de raíces blancas dando vueltas contra la pared del plástico. Sumerge el cepellón en un barreño con agua templada unos minutos: la turba se ablanda y las raíces se separan mucho mejor que en seco, y así rompes menos.

Con el bloque empapado, ábrelo con los dedos en porciones. No busques plántula por plántula, eso destroza demasiadas raíces. Busca grupos: dos o tres plántulas por porción es una buena medida para albahaca, cilantro o eneldo, y una sola es suficiente para perejil o menta, que acaban ocupando mucho. Las plantitas más raquíticas o ya amarillas no las trasplantes, se van directamente a la cocina.

Cada porción va a su maceta, con el cuello de la planta a la misma altura a la que estaba. Riega bien después de plantar y deja el conjunto un par de días a media luz, sin sol directo, mientras se recuperan del susto. Es normal que se caigan un poco las primeras cuarenta y ocho horas.

La maceta correcta: tamaño y material

Para dos o tres plántulas de una hierba anual, una maceta de unos diez a doce centímetros de diámetro va sobrada al principio. Ni más ni menos: en una maceta demasiado grande queda mucho sustrato sin raíces que lo exploren, ese sustrato tarda días en secarse y ahí es donde empiezan los hongos. En una demasiado pequeña, la planta se descalza y se seca cada tarde.

Las hierbas perennes de porte leñoso, como el romero (Salvia rosmarinus) o el tomillo (Thymus vulgaris), agradecen ir subiendo de tamaño cada año hasta macetas de veinte centímetros o más. La menta y la hierbabuena (Mentha spicata) van al contrario: crecen tanto por rizoma que conviene tenerlas siempre en su propia maceta, nunca compartida, porque ahogan a cualquier vecina.

Sobre el material, el barro sin esmaltar transpira y seca antes, lo que va bien para romero, tomillo, orégano (Origanum vulgare) y salvia, que odian el encharcamiento. El plástico y la cerámica esmaltada retienen más humedad y encajan mejor con albahaca, perejil y menta. Lo que no sirve es el tarro de cristal decorativo: queda precioso y no tiene por dónde salir el agua.

Drenaje: lo que de verdad mata a las hierbas

Más hierbas de interior mueren ahogadas que de sed. La raíz necesita aire tanto como agua, y un sustrato saturado durante días deja de tener aire. El resultado es la podredumbre de raíz, que se manifiesta como hojas amarillas, tallo blando en la base y un olor agrio al sacar el cepellón.

  • Agujeros de verdad. Uno grande o varios pequeños, pero abiertos. Si la maceta bonita no los tiene, planta en una maceta de cultivo con agujeros y mete esa dentro de la bonita, sacándola para regar.
  • Nada de capas de grava en el fondo. Es una costumbre muy extendida y no mejora el drenaje: el cambio de textura entre sustrato y grava retiene agua justo encima de la grava. Si quieres evitar que se escape la tierra por el agujero, basta un trozo de malla o un tiesto roto encima.
  • Vacía el plato. Diez minutos después de regar, tira el agua que haya quedado abajo. Es la regla más simple y la que más plantas salva.
  • Papel y cartón, fuera. Se apelmazan, se pudren y taponan la salida.

Si tienes dudas sobre si tu maceta drena o no, hay una guía específica en cómo saber si el drenaje es bueno o malo y otra sobre cómo mejorar el drenaje de una maceta.

El sustrato que quieren las hierbas

No uses la turba de la maceta original tal cual. Prepara una mezcla que drene: sustrato universal de calidad con un tercio, más o menos, de material que aporte porosidad, como perlita, arena de río lavada o fibra de coco. Para romero, tomillo y orégano sube esa proporción, porque vienen de suelos pobres y pedregosos y prefieren secarse entre riegos.

La albahaca y el perejil, en cambio, aceptan una mezcla algo más retentiva. En todos los casos, un sustrato nuevo trae nutrientes para unas semanas; a partir del segundo mes conviene abonar de forma ligera durante el periodo de crecimiento y parar en los meses fríos.

Luz y ubicación

Las aromáticas mediterráneas son plantas de pleno sol. En interior, el mejor sitio es una ventana orientada al sur o al oeste, lo más pegada al cristal posible, porque la luz cae muy deprisa según te alejas. Una ventana al norte no suele bastar para albahaca ni para romero, aunque el perejil, el cebollino y la menta la toleran mejor.

Las señales de falta de luz son fáciles de leer: entrenudos largos, tallos finos que se doblan, hojas nuevas más pequeñas y pálidas, y la planta inclinada hacia la ventana. Gira la maceta un cuarto de vuelta cada pocos días para que crezca recta. En invierno, con días cortos, es normal que casi todas frenen; no es el momento de forzarlas ni de abonarlas.

Riego, poda y recolección

Riega por comprobación, no por calendario. Mete el dedo dos o tres centímetros en el sustrato: si sale seco, riega; si sale húmedo, espera. Riega abundante hasta que salga agua por abajo, y luego vacía el plato. Ese ciclo de mojar bien y dejar secar un poco es lo que mantiene sanas las raíces.

La recolección es parte del cuidado. Una hierba que no se corta se agota. En la albahaca, corta siempre por encima de un par de hojas, dejando ese nudo: de ahí salen dos brotes nuevos y la planta se vuelve compacta en lugar de espigada. Nunca deshojes el tallo dejándolo pelado. Si aparecen espigas florales, píncalas cuanto antes, porque la floración cambia el sabor y frena la producción de hoja; el asunto está desarrollado en cómo evitar que florezca la albahaca.

En perejil y cilantro, corta los tallos exteriores desde la base y deja el cogollo central. En romero y tomillo, recorta puntas y evita cortar en la madera vieja sin hojas, que rebrota mal.

HierbaLuzRiegoMaceta
AlbahacaMuy alta, sol directoFrecuente, sin encharcarPlástico o cerámica, 12 cm
PerejilAlta, tolera algo menosRegularHonda, la raíz es pivotante
RomeroMuy alta, sol directoEspaciado, dejar secarBarro, mezcla muy drenante
TomilloMuy altaEscasoBarro, poco fondo
MentaMediaFrecuenteSiempre sola, ancha
CebollinoMedia a altaRegularCualquiera con drenaje

Si te sobran esquejes al dividir, muchos de esos tallos enraízan en un vaso de agua sin más, como se explica en hierbas aromáticas para cultivar en agua. Y cuando la cosecha se dispare, lo que no vayas a gastar puede secarse siguiendo cómo secar hierbas aromáticas.

Hierbas aromaticas cultivadas en interior

En resumen

Una maceta de hierbas del supermercado no muere por culpa tuya: viene con veinte plántulas amontonadas, un sustrato de turba fina y, muchas veces, un cubremacetas sin agujeros. El rescate es sencillo y se hace el mismo día: remojar el cepellón, dividirlo en grupos de dos o tres plántulas, plantar cada grupo en una maceta de diez o doce centímetros con agujeros y sustrato drenante, y colocarlas en la ventana más luminosa que tengas.

A partir de ahí, la rutina es corta. Riega comprobando el sustrato con el dedo en vez de por calendario, vacía siempre el plato, gira las macetas para que crezcan rectas y corta con frecuencia por encima de un par de hojas para que ramifiquen. Ajusta la mezcla y el ritmo de riego a cada especie, más drenante y más seca para romero, tomillo y orégano, algo más retentiva para albahaca y perejil. Con eso, lo que iba a durar quince días te da hoja durante meses.


Contenidos relacionados