Hay varias plantas que huelen a limón sin tener nada que ver con el limonero, y en las macetas de una terraza son mucho más agradecidas que un cítrico. Las cuatro habituales son la melisa (Melissa officinalis), también llamada toronjil, la albahaca limón (Ocimum × citriodorum), la hierba limón o limoncillo (Cymbopogon citratus) y la hierbaluisa (Aloysia citrodora). Se parecen en el aroma y en poco más: una es vivaz de sombra, otra anual de calor, la tercera una gramínea tropical y la cuarta un arbusto.
Ese olor a limón viene de los aceites esenciales de las hojas, con el citral y compuestos emparentados como responsables principales. Y eso explica lo que más desconcierta a quien las cultiva por primera vez: el aroma no es constante. Sube y baja con la hora del día, con el momento del ciclo de la planta y con lo que ha llovido esa semana, y se pierde con el calor de la cocción y con un secado mal hecho. Saber cuándo cortar es la mitad del trabajo.
Cuál es cuál
| Planta | Qué es | Situación | Parte que se usa |
|---|---|---|---|
| Melisa | Vivaz rústica de la familia de la menta | Semisombra, suelo fresco | Hoja |
| Albahaca limón | Anual de calor | Pleno sol, sin frío | Hoja y punta tierna |
| Hierba limón | Gramínea perenne tropical, forma macollas | Pleno sol, riego generoso | Base blanca del tallo, hoja para infusión |
| Hierbaluisa | Arbusto caducifolio | Pleno sol, drenaje muy bueno | Hoja |
Melisa: la fácil, con una condición
La melisa es de las plantas más agradecidas que se pueden tener. Rústica, vivaz, rebrota cada primavera desde la base y aguanta bien el frío. Prefiere semisombra y suelo que no se seque del todo; a pleno sol de verano en una maceta pequeña las hojas se ponen ásperas y pierden aroma.
La condición es la maceta. Se extiende por rizoma y por siembra espontánea, y plantada libre en un arriate acaba colonizando el hueco de las vecinas. En un tiesto de veinte o veinticinco centímetros vive perfectamente y no se va a ninguna parte. Cada dos o tres años conviene dividir la mata, porque el centro se ahueca y da hojas más pequeñas.
Lo que más rendimiento le saca es cortarla entera, a un palmo del suelo, justo antes de que empiece a florecer. Rebrota con hoja nueva y tierna y así se consiguen dos o tres cortes buenos por temporada. Si la dejas florecer, las hojas se endurecen y el olor se va.
Albahaca limón: aroma corto y muy fino
Es un híbrido entre la albahaca común y otra especie del género, y tiene la hoja más pequeña, más estrecha y un perfume que combina albahaca y limón. Se cultiva como anual: quiere calor, pleno sol y nada de frío, y en cuanto las noches bajan de diez grados se para y se estropea.
Se pinza igual que cualquier albahaca. En cuanto tenga tres o cuatro pares de hojas, corta la punta por encima de un par: de ese corte salen dos ramas, y repitiendo la operación acabas con una mata baja y frondosa en lugar de un tallo largo con cuatro hojas arriba. Y quita las espigas de flor en cuanto asomen, porque la planta se lanza a semilla y deja de dar hoja.
Sobre la albahaca de maceta que venden en el supermercado, la respuesta a por qué dura dos semanas es sencilla: no es una planta, son veinte o treinta plántulas apretadas en un cepellón mínimo, criadas a marchas forzadas en invernadero para venderse ya hechas. En ese volumen de sustrato se agotan entre ellas en cuanto salen de las condiciones del invernadero. Si te llega una, la forma de salvarla es dividir el cepellón en tres o cuatro porciones y trasplantar cada una a su maceta con sustrato nuevo. Sobre esto puedes ampliar en cómo evitar que florezca la albahaca.
Hierba limón: una gramínea que necesita calor
El limoncillo forma macollas densas de hojas largas y cortantes. Es una planta tropical: quiere sol, calor y bastante agua en verano, y no tolera las heladas fuertes. En el interior peninsular hay que entrarla o cultivarla en maceta grande para protegerla en invierno; en la costa mediterránea y en el sur puede quedarse fuera en un sitio abrigado.
Se multiplica por división de la macolla en primavera, separando hijuelos con algo de raíz. También se puede arrancar de un tallo comprado con la base intacta, poniéndolo en agua hasta que emita raíces, aunque no todos responden.
De la hierba limón se aprovecha sobre todo la base blanca y carnosa del tallo, que es la parte tierna. Las hojas de arriba son fibrosas y no se comen: se usan para infusionar y luego se retiran. Ojo al cortarlas, que tienen los bordes serrados y cortan la piel con facilidad.
Hierbaluisa: la más aromática de las cuatro
Es un arbusto que pierde la hoja en invierno y que en primavera parece muerto durante semanas antes de brotar; mucha gente la tira por eso. Quiere pleno sol y, sobre todo, un drenaje impecable: en suelo pesado y húmedo en invierno se pudre. Una poda de formación al final del invierno la mantiene compacta y produciendo hoja nueva.
Su aroma es el más intenso del grupo y, a diferencia de los otros, aguanta muy bien el secado. Es la que merece la pena secar en cantidad para el resto del año.
Cuándo cortar para que tengan más aroma
La concentración de aceites esenciales en la hoja no es la misma a todas horas ni en todos los momentos del ciclo. Tres reglas prácticas que se cumplen bastante bien:
- Por la mañana, en cuanto se seque el rocío. Las hojas están turgentes y todavía no han pasado el calor del día.
- Antes de la floración. Cuando la planta entra en flor, deriva recursos a ella y la hoja pierde calidad. En melisa y albahaca, esto es muy evidente.
- En día seco. Después de varios días de lluvia o de riegos abundantes, la hoja está más aguada y el aroma resulta más flojo.
Y la forma de cortar importa tanto como el momento: nunca deshojes la planta rama a rama. Corta tallos enteros por encima de un par de hojas y no te lleves más de un tercio de la mata de una vez. Así rebrota con fuerza y sigues cosechando durante meses.
Cómo conservarlas sin que se quede en heno
Aquí hay una división clara. La hierbaluisa y la hierba limón secan bien. La melisa pierde bastante y la albahaca limón, muchísimo: seca sabe a poco más que a hierba.
Secado. En manojos pequeños colgados boca abajo, o extendidas en una rejilla, siempre a la sombra, en sitio aireado y sin humedad. El sol directo destruye los aceites y deja la hoja marrón. Cuando la hoja cruja al doblarla, se guarda entera (sin desmenuzar) en tarro de cristal cerrado y a oscuras. Desmenuzar antes de usarla, no antes de guardarla, conserva mucho más aroma.
Congelado. La mejor opción para melisa y albahaca limón. Se pican las hojas limpias y secas, se reparten en una cubitera con un poco de agua o de aceite de oliva y, una vez congeladas, se pasan los cubos a una bolsa.
En frío y a corto plazo. Los tallos recién cortados, en un vaso con agua sobre la encimera, aguantan varios días. La albahaca no debe ir a la nevera: con el frío se ennegrece.
Antes de usar cualquiera de ellas en crudo, lávalas bajo el grifo y sécalas bien. Se comen las hojas y, en la hierba limón, solo la base tierna del tallo.
Qué hacer con la cosecha
Dos usos sencillos que aprovechan bien un corte grande. Refresco de melisa: un puñado generoso de hojas ligeramente machacadas en una jarra de agua fría, dos horas en la nevera, se cuela y se sirve con hielo. En frío el aroma se conserva mucho mejor que hirviendo las hojas.
Salsa fría de albahaca limón para calabacín: tritura las hojas con aceite de oliva, un diente de ajo pequeño, unos piñones o almendras y sal. Se mezcla con el calabacín en tiras, salteado un minuto y ya fuera del fuego, para que el calor no se lleve el aroma. La regla vale para casi todo: estas hierbas se añaden al final, nunca al principio de la cocción.

En resumen
Cuatro plantas distintas comparten el aroma a limón y cada una pide lo suyo: la melisa, semisombra y maceta para que no se extienda; la albahaca limón, sol, calor y pinzado constante; la hierba limón, calor y protección en invierno; la hierbaluisa, sol y drenaje, con la paciencia de esperar a que brote en primavera.
Para el aroma, lo que de verdad marca la diferencia es cortar por la mañana y antes de la floración, llevarse tallos enteros en vez de deshojar y elegir bien la conservación: secado para la hierbaluisa, congelado para la melisa y la albahaca. Con eso, una maceta rinde durante toda la temporada en lugar de dos semanas.