Un loto está más emparentado con un plátano de sombra que con un nenúfar. Parece una boutade y no lo es: Nelumbo pertenece al orden Proteales, junto a los plátanos de paseo y a las proteas sudafricanas, mientras que los nenúfares del género Nymphaea están en Nymphaeales, uno de los linajes que se separaron primero del tronco de las plantas con flor. Entre ambos hay más distancia evolutiva que entre un roble y una palmera. Todo lo que se parecen se debe a que resolvieron el mismo problema, vivir en agua estancada, por caminos independientes.
Y sin embargo se confunden a diario, incluso en garden centers y en fotografías de stock. Hay una forma de no equivocarse nunca, que se explica en el primer apartado. El género Nelumbo tiene solo dos especies: N. nucifera, el loto sagrado asiático, de flor rosa o blanca, y N. lutea, norteamericano y de flor amarilla pálida.
Cómo distinguirlos en dos segundos
Mira la hoja y busca una escotadura. La hoja del nenúfar tiene una hendidura en forma de V que llega desde el borde hasta el punto donde se inserta el peciolo, como una tarta a la que le falta una porción, y flota sobre el agua. La hoja del loto es un círculo completo, sin ninguna escotadura, con el peciolo pinchado en el centro por debajo como un paraguas, y se levanta por encima del agua sobre un pecíolo rígido que puede alcanzar un metro.
| Loto (Nelumbo) | Nenúfar (Nymphaea) | |
|---|---|---|
| Hoja | Circular sin escotadura, peltada | Con hendidura en V hasta el centro |
| Posición de la hoja | Emergida, hasta 1 m sobre el agua | Flotante sobre la superficie |
| Superficie de la hoja | Cerosa, el agua rueda en gotas | Brillante, el agua se extiende |
| Flor | Emergida, sobre pedúnculo propio | Flotante o apenas sobre el agua |
| Fruto | Receptáculo cónico perforado, como una alcachofa de ducha | Baya esponjosa que madura bajo el agua |
| Familia | Nelumbonaceae | Nymphaeaceae |
El fruto del loto es inconfundible y termina de despejar cualquier duda: un receptáculo carnoso en forma de cono invertido, con las semillas alojadas en agujeros por los que asoman, que al secarse se vuelve pardo y se usa en decoración floral. Ningún nenúfar produce nada parecido. Para el otro lado de la comparación, tenemos nenúfares para el jardín.
El efecto loto: la hoja que no se moja
Vierte agua sobre una hoja de loto y no se moja: las gotas se quedan esféricas, ruedan por la superficie y caen arrastrando cualquier partícula de polvo o de barro que hubiera encima. La hoja se limpia sola con la lluvia.
El mecanismo se estudió en detalle a finales de los años noventa y se le llamó efecto loto. La superficie de la hoja no es lisa: está cubierta de papilas microscópicas de unos 10 a 20 micrómetros, y cada papila lleva encima una capa de cristales de cera de escala nanométrica. Esa doble rugosidad hace que una gota apenas toque el material sólido, quedando apoyada sobre almohadillas de aire atrapado, y el ángulo de contacto supera los 150 grados. Sin superficie de agarre, la gota no puede extenderse ni la suciedad quedarse adherida.
El hallazgo se patentó y se aplicó después a pinturas de fachada autolimpiables, vidrios, tejidos técnicos y recubrimientos industriales. Es uno de los casos de biomimética con recorrido comercial real, y salió de mirar una hoja de estanque con microscopio electrónico.
Una flor que se calienta sola
El loto es una de las pocas plantas capaces de termorregular. Su flor no solo produce calor: lo controla, manteniendo el interior del receptáculo entre 30 y 35 grados durante los dos a cuatro días que dura la floración, aunque la temperatura exterior baje a 10 grados por la noche. Si el ambiente se enfría, la flor aumenta su tasa respiratoria; si se calienta, la reduce.
Esa capacidad de regulación fina es rara en el mundo vegetal. Otras plantas producen calor puntualmente, como algunas aráceas que calientan el espádice para volatilizar olores; el caso está mencionado en la ficha de la flor de alcatraz. Pero mantener una temperatura constante durante días es otro nivel.
La función parece doble. Por un lado recompensa a los escarabajos polinizadores, que pasan la noche dentro de la flor cerrada en un refugio templado y gastan menos energía; por otro, el calor volatiliza los compuestos aromáticos y favorece el desarrollo del polen. Los escarabajos salen por la mañana cubiertos de polen y se van a otra flor.
Semillas que germinan mil años después
Las semillas de Nelumbo nucifera tienen una cubierta impermeable extraordinariamente resistente y una maquinaria de reparación de proteínas muy eficaz. El resultado es una longevidad que no tiene casi comparación: se han germinado con éxito semillas recuperadas de un antiguo lecho lacustre seco en Xipu, en el noreste de China, cuya datación por radiocarbono arrojó una edad en torno a los 1.300 años. Las plantas resultantes crecieron con normalidad.
Para el aficionado eso significa que la semilla comprada germina sin problemas, siempre que se rompa esa cubierta. Se lija un extremo con papel de lija hasta ver el color crema del interior y se pone en un vaso con agua a 25 grados, cambiándola a diario. En tres a siete días se hincha y emite un brote, y a las dos o tres semanas ya tiene hojitas flotantes. Lo que no reproduce es la variedad: las plantas de semilla salen distintas de la madre y tardan dos o tres años en florecer.
Cómo se planta un loto: el rizoma es lo delicado
Aquí se pierden la mayoría de los lotos comprados, y siempre por lo mismo. El rizoma del loto es un tallo subterráneo con forma de salchichas encadenadas, y en la punta lleva un brote de crecimiento frágil como el cristal. Si se rompe ese brote, el rizoma no vuelve a crecer. Se manipula con las dos manos, sin sujetarlo por la punta, y sin dejarlo secar ni un momento.
El recipiente es un macetón ancho y bajo, de 40 a 60 centímetros de diámetro y 25 a 30 de alto, sin agujeros de drenaje. El loto crece en horizontal y necesita superficie, no profundidad. El sustrato es tierra franca pesada de jardín o arcilla, nunca sustrato de turba ni de maceta, que flota y enturbia el agua.
Se planta en marzo o abril, cuando el rizoma empieza a mover. Se coloca horizontal sobre el sustrato, apoyado en el borde del recipiente y apuntando hacia el centro, y se cubre con dos o tres centímetros de tierra dejando el brote de crecimiento asomando. Se asegura con una piedra plana en la parte gruesa, no encima del brote. Encima se pone una capa de grava de un centímetro para que el agua no se enturbie, y se llena de agua hasta cubrir cinco centímetros por encima de la grava.
A medida que crece se va subiendo el nivel: cuando salgan las primeras hojas emergidas, se puede llevar el conjunto a una profundidad de 20 a 45 centímetros de agua sobre el sustrato. Puedes ver el procedimiento paso a paso en plantando lotos en tiestos.
Cuánto calor necesita para florecer en España
El loto es una planta de verano caliente, y esa es la variable que decide si vas a ver flores o solo hojas. Necesita agua por encima de 21 grados durante varias semanas seguidas y un mínimo de seis horas de sol directo al día. Con menos, produce follaje espléndido y ninguna flor.
Eso lo hace fácil en Andalucía, Extremadura, Murcia, el valle del Ebro, Levante y el interior de Castilla, donde los veranos son largos y calurosos. Y difícil en la cornisa cantábrica y en Galicia, donde los veranos frescos rara vez calientan lo suficiente un volumen grande de agua; ahí conviene usar recipientes oscuros, poco profundos y en la posición más soleada disponible, y elegir variedades enanas, que se calientan antes.
La floración va de junio a septiembre. Cada flor dura tres o cuatro días: abre por la mañana, cierra por la tarde y repite el ciclo hasta que se deshoja y queda el receptáculo. Los lotos enanos empiezan a florecer el primer año; los de talla grande suelen tardar dos temporadas en asentar el rizoma antes de dar flor.
De abono, tabletas de fertilizante para acuáticas hundidas en el sustrato cada tres o cuatro semanas de mayo a agosto, siempre lejos del brote. Nunca abono líquido en el agua, que provoca una explosión de algas.
Invierno y mantenimiento anual
El loto es más resistente al frío de lo que parece. Aguanta sin problema el invierno de casi toda España siempre que el rizoma no llegue a congelarse: mientras haya agua líquida sobre él, sobrevive. En zonas de heladas fuertes se hunde el recipiente en la parte más profunda del estanque, o se guarda en un cubo con agua en un garaje sin heladas.
El otro trabajo anual es el trasplante. El loto llena su recipiente de rizomas en una o dos temporadas y entonces deja de florecer por falta de espacio. Cada primavera, o como mucho cada dos, se vacía el macetón, se recuperan los rizomas sanos con brote intacto, se descarta el resto y se replanta en sustrato nuevo. Es una operación desagradable y embarrada, y es la que mantiene la floración.
Problemas frecuentes
Hojas rasgadas. No es una plaga: es el viento. Las hojas emergidas son grandes y quebradizas y una tarde de viento las deja hechas jirones. El loto quiere una posición soleada y resguardada.
Pulgón negro en el envés y en los pecíolos. Muy habitual en junio. No se pueden usar insecticidas en un estanque con peces; el método que funciona es sumergir la hoja afectada unos segundos con la mano y dejar que los peces se ocupen del resto.
Hojas amarillas. Si son las más viejas y de forma escalonada, es normal. Si amarillean todas a la vez, casi siempre es falta de abono o agua demasiado fría.
Solo hojas flotantes, nunca emergidas. Señal de rizoma joven o de agua demasiado profunda al principio. Baja el nivel a cinco centímetros hasta que emerjan las primeras hojas de pie.
Los tres lotos de la cultura, y solo uno lo es
El nombre ha viajado tanto que conviene poner orden.
El loto sagrado del budismo y del hinduismo sí es Nelumbo nucifera. La imagen de una flor impecable que emerge del barro sin mancharse tiene, después de lo que hemos visto sobre el efecto loto, una base física literal.
El loto egipcio, en cambio, no es un loto. Las flores azules y blancas de los relieves y las pinturas del Antiguo Egipto son nenúfares, Nymphaea caerulea y Nymphaea lotus. El Nelumbo llegó al Nilo mucho más tarde, en época persa. Tenemos ficha del loto azul.
Y el loto de los lotófagos de la Odisea, aquella fruta que hacía olvidar el regreso, no era ninguna planta acuática: la identificación más aceptada apunta a Ziziphus lotus, un arbusto espinoso mediterráneo de la familia del azufaifo que crece en el norte de África y en el sureste español.
En resumen
El loto y el nenúfar no son parientes: se distinguen porque la hoja del loto es un círculo sin escotadura levantado sobre el agua y la del nenúfar flota y tiene una hendidura en V. El loto se planta en marzo o abril en un macetón ancho sin agujeros, con tierra pesada, dejando asomar el frágil brote del rizoma y sin romperlo nunca. Necesita agua por encima de 21 grados y seis horas de sol para florecer, lo que en España lo hace fácil en el sur y el interior y complicado en el norte húmedo. Se trasplanta cada una o dos temporadas o deja de florecer. Su hoja se limpia sola gracias a una doble rugosidad de papilas y cera, su flor mantiene 30 grados durante días para recompensar a los escarabajos que la polinizan, y sus semillas han germinado después de trece siglos enterradas.