El clicker training consiste en marcar con un sonido breve y siempre idéntico el instante exacto en que el animal hace lo que buscas, y entregarle a continuación un premio. El clic no es una orden ni un mando a distancia: es un señalizador temporal. Le dice al perro "eso, justo eso que acabas de hacer, es lo que te va a dar la comida". Funciona con perros, gatos, conejos y prácticamente cualquier animal capaz de aprender por consecuencias.

Su utilidad más concreta y menos comentada está en el jardín. Un perro suelto en una parcela se come lo que encuentra, cava donde le apetece y sale corriendo detrás de lo que se mueva, y varias cosas del jardín son peligrosas: bulbos de narciso, cica, acolchado de cacao, cebos antibabosas. Dos conductas entrenadas con clicker, un "deja" fiable y una llamada que funcione, valen más que cualquier valla. Ese apartado va desarrollado más abajo.

De dónde sale y por qué funciona

La base teórica es el condicionamiento operante descrito por Skinner: una conducta que va seguida de algo agradable tiende a repetirse. El clicker añade precisión. Entre que el perro se sienta y tu mano llega con el premio pasan un par de segundos, y en esos dos segundos el perro ha hecho tres cosas más. El clic marca el momento exacto y elimina la ambigüedad.

El aparato es un pulsador que hace siempre el mismo chasquido. Da igual el modelo; lo que importa es que el sonido no varíe. Hay versiones luminosas o de vibración para animales sordos, que no tienen nada que ver con los collares eléctricos, y en caso de apuro sirve una palabra corta dicha siempre igual.

Su difusión moderna se debe en buena medida a Karen Pryor, que venía del entrenamiento de mamíferos marinos, un campo donde no cabe el castigo porque el animal simplemente se aleja nadando. De ahí sale la idea central: si quieres que algo se repita, hazlo rentable.

Frente a esto, los métodos aversivos basados en dominancia, tirones y collares de castigo están desacreditados. El modelo de la manada con un líder al que hay que someter procede de observaciones antiguas en lobos cautivos que sus propios autores corrigieron después. Al margen del debate técnico, el marco legal en España ha cambiado: la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales sitúa el bienestar del animal como criterio y orienta el manejo hacia métodos que no le causen sufrimiento. La misma ley prevé un curso de formación para las personas que convivan con perros, pendiente de desarrollo reglamentario. Y con independencia de eso, la identificación con microchip es obligatoria para perros en todas las comunidades autónomas.

Cómo se empieza: cargar el clicker

Antes de pedir nada, el perro tiene que aprender qué significa el sonido. Se llama cargar el clicker y es de una simplicidad absurda: clic, premio. Clic, premio. Sin pedirle nada, sin esperar nada, veinte o treinta repeticiones en un par de sesiones cortas. Sabrás que está cargado cuando al oír el clic gire la cabeza buscando la comida.

A partir de ahí entran los tres elementos de cada sesión:

  • Criterio. Qué quieres exactamente. No "que se porte bien", sino "que apoye el cuarto trasero en el suelo". Cuanto más concreto, más fácil de marcar.
  • Momento. El clic va en el instante en que ocurre la conducta, no un segundo después. Marcar tarde enseña otra cosa distinta de la que pretendías.
  • Entrega. Después de cada clic se da premio, siempre. Si has pulsado por error, pagas igual. El valor del clic depende de que nunca falle.

Las sesiones son cortas, de unos pocos minutos, y se repiten varias veces al día. Es mejor terminar con el perro con ganas de más que agotarlo. Y cada sesión acaba en un acierto, aunque para ello haya que bajar el listón y pedir algo fácil.

Dos técnicas básicas: el moldeado, que consiste en marcar aproximaciones sucesivas (primero mirar la cama, luego acercarse, luego poner una pata, luego tumbarse), y la captura, que consiste en esperar a que el perro haga espontáneamente algo que te interesa y marcarlo. La palabra que dará nombre a la conducta se añade al final, cuando el perro ya la ofrece con soltura, nunca al principio.

El jardín, o dónde esto deja de ser un pasatiempo

Aquí es donde el clicker pasa de truco a medida de seguridad. Un jardín tiene cosas que un perro no debe comer, y la barrera física no siempre es viable.

El "deja". Es la conducta más rentable que puedes entrenar. Se construye con comida en el suelo protegida con la mano: cuando el perro deja de intentarlo y aparta la cara, clic y premio, pero desde la otra mano, nunca del montón prohibido. Ese matiz es todo: el perro aprende que renunciar a lo del suelo es lo que produce comida. Se va subiendo la dificultad hasta poder decir "deja" con el perro a distancia y con algo apetecible delante. El día que se agache sobre un bulbo de narciso desenterrado, esa palabra vale su peso en oro.

La llamada. Se entrena aparte y no se estropea nunca. La regla que casi todo el mundo rompe: no llames al perro para hacer algo que no le gusta. Si lo llamas solo para meterlo en casa, para bañarlo o para regañarlo, la llamada se pudre. Se llama, se marca la llegada, se paga bien y se le deja volver a lo suyo.

Cavar en el sitio correcto. Cavar no se quita, se redirige. Muchos perros cavan por instinto, por calor o por aburrimiento, y prohibirlo sin más no lleva a ninguna parte. La solución que funciona es habilitar una zona propia, un arenero o un rincón de tierra blanda, esconder algo allí y marcar con clic cada vez que cave en ese sitio. Al mismo tiempo, se hacen incómodas las zonas prohibidas, con malla bajo el mantillo o con piedra en los alcorques recién plantados.

Caminos y arriates. Se puede marcar el paso por el camino y no por el bancal recién sembrado hasta que la ruta se convierta en costumbre. Un perro que corre siempre por el mismo sitio deja el resto tranquilo, y un seto bajo o un borde marcado ayudan a fijar la línea.

Lo que hay en el jardín y no debe comerse

El "deja" sirve de red de seguridad, pero la primera medida es retirar el riesgo. Entre las plantas de jardín y terraza en España, las que más problemas dan con perros son:

  • Cica (Cycas revoluta). Toda la planta es tóxica y la semilla especialmente. Es una de las intoxicaciones vegetales más graves en perros y la planta es común en patios del levante y el sur.
  • Adelfa (Nerium oleander). Hojas, flores y tallos, también secos. La sombra de adelfa es un mal sitio para dejar a un perro que roa ramas.
  • Tejo (Taxus baccata) y ricino (Ricinus communis), este último asilvestrado en muchos descampados.
  • Bulbos de narciso, tulipán y jacinto. El bulbo concentra los alcaloides y a un perro que cava le resulta muy fácil desenterrarlos, sobre todo en otoño cuando acabas de plantarlos.
  • Azalea y rododendro (Rhododendron spp.) y aráceas de interior o de terraza como potos, dieffenbachia y filodendro.

Y tres productos de jardinería que no son plantas pero causan la mitad de los sustos:

  • Acolchado de cáscara de cacao. Procede de Theobroma cacao y contiene teobromina, el mismo tóxico del chocolate. Además huele bien y atrae al perro. En una parcela con perro, mejor corteza de pino o astilla de madera.
  • Cebos antibabosas con metaldehído. Muy peligrosos y presentados en forma de gránulos apetecibles. Existen alternativas a base de fosfato férrico y métodos físicos como las trampas de cerveza o las barreras.
  • Abonos con harina de sangre o de hueso. Huelen a comida, el perro escarba y se los come. Se incorporan al suelo, no se dejan en superficie.

Si un perro ingiere cualquiera de estas cosas, la indicación es acudir al veterinario cuanto antes y llevar el envase o un trozo de la planta. No se provoca el vómito por cuenta propia ni se aplican remedios caseros.

Tenemos más detalle en perro y jardín, y fichas de la adelfa y la Cycas revoluta.

Errores frecuentes

El primero es usar el clicker como llamador, pulsándolo para que el perro venga. No es para eso: marca lo que ya ha pasado.

El segundo es pedir demasiado de golpe. Si el perro falla tres veces seguidas, el criterio es tuyo, no suyo, y hay que bajarlo. El tercero es entrenar con demasiada distracción antes de tiempo: lo que sale perfecto en la cocina se desmonta en el parque, y hay que rehacerlo allí desde un nivel fácil.

El cuarto es el premio flojo. Un trozo de pienso basta en casa, pero para competir con el olor de un mantillo recién puesto hace falta algo mejor. El valor del premio se ajusta a la dificultad, y se descuenta de la ración diaria.

Por último, el clicker no arregla los problemas de conducta serios. Miedo, ansiedad por separación o agresividad requieren la valoración de un veterinario y el acompañamiento de un profesional de la educación canina. Los vídeos sirven para enseñar a chocar la pata, no para tratar un problema de comportamiento.

En resumen

El clicker training es una forma precisa de decirle a un animal qué ha hecho bien. Se carga asociando clic y premio, se trabaja en sesiones cortas con un criterio claro, se marca en el instante exacto y se paga siempre, incluso cuando el clic ha sido un error tuyo. Sustituye el castigo por la retribución, que es la dirección que marca también la Ley 7/2023.

Su rendimiento más alto está en el jardín, donde un "deja" fiable y una llamada intacta protegen al perro de la cica, la adelfa, el tejo y los bulbos de narciso, y de tres productos que causan muchos disgustos: el acolchado de cacao, los cebos con metaldehído y los abonos con harina de sangre o de hueso. Entrenar es la segunda medida; la primera es no tener eso a su alcance.


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