'La Sevillana' es un rosal paisajístico de flor semidoble en rojo anaranjado, obtenido por la casa francesa Meilland y registrado como MEIgekanu. Se plantó a manta en parques y medianas de toda España durante décadas por una razón muy concreta: florece sin parar de primavera a otoño, aguanta el calor y no exige casi nada. Si buscas un rosal para cubrir superficie con color y no quieres estar encima de él, es de los que mejor cumplen.

Conviene aclarar el nombre de entrada, porque induce a error: pese a llamarse 'La Sevillana', no es una variedad española. Es francesa, salida del programa de mejora de Meilland, y el nombre es comercial. Tampoco es una planta herbácea, como a veces se lee: es un arbusto leñoso que, bien cuidado, vive muchos años en el mismo sitio.

Ficha del rosal La Sevillana

ObtentorMeilland (Francia)
Nombre de registroMEIgekanu
GrupoFloribunda de uso paisajístico
FlorSemidoble, entre 15 y 20 pétalos, unos 7 cm de diámetro
ColorRojo anaranjado, bermellón vivo
AromaMuy ligero
AlturaEntre 60 y 120 cm, con una anchura similar o algo mayor
FloraciónRefloreciente, en oleadas desde primavera hasta las primeras heladas

Cómo es la flor y cómo es el arbusto

La flor no tiene la forma de alto centro de un híbrido de té. Es más abierta, semidoble, con pocos pétalos y los estambres a la vista cuando termina de abrirse. Eso, que en una rosa de corte sería un defecto, aquí es lo que le da el aire alegre que la hizo popular: se ve la masa de color, no la flor individual. Sale en pequeños ramilletes, y como cada flor dura poco pero el arbusto abre continuamente, el efecto de conjunto se mantiene meses.

El color es un rojo con mucho naranja que en pleno verano tiende a virar y a perder saturación con el sol duro del mediodía. En primavera y sobre todo en las floraciones de octubre, con temperaturas más suaves, el rojo se ve más limpio y profundo. Es un comportamiento normal en los rojos anaranjados, no un defecto de la planta.

El arbusto es compacto y bien ramificado, con hoja verde oscuro y brillante que además tiene buen aspecto fuera de floración, algo nada frecuente en los rosales. Al ensancharse tanto como crece en alto, tapa el suelo y compite razonablemente con las malas hierbas.

rosa la sevillana

Dónde plantarla y con qué marco

Necesita sol directo, como todos los rosales: por debajo de cinco horas se ahíla y florece mucho menos. Tolera bien el calor y la sequedad del interior peninsular una vez asentada, que es precisamente su punto fuerte frente a variedades más delicadas.

Su uso natural es la plantación en masa: macizos amplios, borduras anchas, taludes, setos bajos informales y acompañamiento de caminos. Para eso conviene plantar en grupos de tres o más ejemplares del mismo tipo, con un marco de entre 60 y 80 cm entre plantas si se quiere una masa cerrada, y algo más si se prefiere ver cada arbusto por separado. Plantar muy junto acelera el efecto de cobertura pero reduce la ventilación entre plantas, que es lo que ayuda a evitar hongos.

En maceta funciona si el recipiente es generoso, de al menos 40 cm de diámetro y profundidad similar, con buen drenaje. En terraza con sol de tarde en el sur, cuenta con regar a diario en julio y agosto.

Suelo, plantación, riego y abonado

El momento de plantar depende del formato: a raíz desnuda, en reposo, entre noviembre y febrero; en contenedor, en cualquier época, aunque plantar en pleno verano obliga a un riego de establecimiento mucho más intenso.

No es exigente con el suelo mientras drene. En los suelos calizos del este y el sur, con pH alto y agua de riego dura, puede aparecer clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios verdes. La medida que más rinde es incorporar materia orgánica bien descompuesta en la plantación y mantener un acolchado que conserve humedad y mejore la estructura del suelo con los años.

El riego se hace al pie y a fondo. En verano, dos o tres riegos abundantes por semana en suelo suelen ser suficientes para un arbusto ya establecido, mejor que riegos cortos diarios que solo mojan los primeros centímetros. Mojar el follaje al atardecer favorece la mancha negra, así que evita el aspersor.

El abonado principal va a final de invierno o principio de primavera, con el arranque de la vegetación. Un segundo aporte al empezar el verano ayuda a las oleadas siguientes. Después de agosto no se abona: se provocan brotes tardíos y tiernos que llegan sin madurar a los primeros fríos.

Poda

Es un rosal que se poda poco, y esa es parte de su gracia. La poda de invierno se hace cuando ha pasado el frío intenso y antes de la brotación: enero en la costa mediterránea, febrero o principios de marzo en la meseta y el interior norte.

  • Retira la madera seca, la dañada y la que se cruza por el centro del arbusto.
  • Reduce el conjunto entre un tercio y la mitad de su altura, manteniendo la forma redondeada. No se poda tan corto como un híbrido de té.
  • En plantaciones grandes se puede recortar el conjunto a una altura uniforme, que es como se mantiene en jardinería pública, aunque el arbusto individual queda mejor con poda selectiva.
  • Cada tres o cuatro años, elimina desde la base una o dos de las ramas más viejas para renovar la estructura.

Durante la temporada, retirar los ramilletes de flor pasada acelera la siguiente oleada, aunque este rosal rebrota igualmente sin ayuda.

Plagas y enfermedades

Tiene buena resistencia general, mejor que la media de los híbridos de té, pero no es inmune. Los problemas que puede dar en España son la mancha negra (Diplocarpon rosae) en primaveras húmedas y en jardines con riego por aspersión, el oídio en primaveras de días cálidos y noches frescas, y el pulgón en los brotes tiernos de abril y mayo.

La prevención resuelve la mayor parte, y es también lo que ordena el Real Decreto 1311/2012, que establece el marco de uso sostenible de los fitosanitarios en España y sitúa la gestión integrada de plagas como principio: medidas culturales y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. En la práctica: marco de plantación que deje pasar el aire, riego al pie, y recogida de la hoja caída con mancha negra, porque en esa hojarasca es donde el hongo pasa el invierno.

Contra el pulgón, un chorro de agua a presión o jabón potásico bastan casi siempre, y la fauna auxiliar hace el resto. Si en algún caso hay que llegar al producto, solo se puede usar el que esté autorizado para jardinería exterior doméstica en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis válida es la de la etiqueta del envase. Nunca se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.

Otras variedades de la misma serie

Meilland desarrolló una serie alrededor de este rosal con el mismo porte y comportamiento pero distinto color de flor. La más buscada es 'Pearl La Sevillana', de flor blanco crema, útil cuando el rojo anaranjado no encaja con el resto del jardín, y existen también versiones en tono rosa. Se cultivan y se podan exactamente igual, de modo que se pueden mezclar en un mismo macizo sin que unas se coman a otras.

Si prefieres una floribunda de flor blanca fuera de esta serie, la referencia sigue siendo 'Iceberg'. Y si lo que buscas es un rojo puro y no anaranjado, conviene mirar las variedades rojas clásicas, que dan otro tipo de flor y piden más atención.

En resumen

'La Sevillana' es un rosal paisajístico francés de Meilland, registrado como MEIgekanu, con flor semidoble rojo anaranjada de unos 7 cm, aroma muy leve y un arbusto compacto de 60 a 120 cm que florece de forma continua. Su valor está en la resistencia y en la cantidad de flor, no en la flor individual, y por eso rinde mucho más plantada en masa que como ejemplar aislado.

En el jardín español pide sol, drenaje y poco más: riego al pie a fondo en verano, abonado a la salida del invierno, poda ligera de febrero reduciendo un tercio y renovación de madera vieja cada pocos años. Con marco de plantación holgado y hojarasca recogida, los hongos rara vez se convierten en un problema.


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