La rosa Damascena (Rosa × damascena) es la rosa de la que sale el aceite esencial de rosa. Se la conoce también como rosa de Damasco, rosa de Bulgaria, rosa turca o rosa de Castilla, y aunque como planta de jardín es un arbusto antiguo, rústico y muy perfumado, su importancia real está en el campo: se cultiva por hectáreas en Bulgaria, Turquía, Irán y Marruecos para destilar sus pétalos.

Quien la plante en casa debe contar con dos cosas. Es un arbusto grande y muy espinoso, de dos metros o más, y en su forma clásica florece una sola vez, a finales de primavera. A cambio da uno de los perfumes más intensos y limpios que existen entre las rosas, y sobrevive con muy poca atención.

Qué es la rosa de Damasco

No es una especie silvestre sino un híbrido antiguo de origen cultivado. La ascendencia que se cita habitualmente es Rosa gallica cruzada con Rosa moschata, la rosa almizclera, aunque los estudios genéticos apuntan a la participación de una tercera especie asiática. Su formación es muy anterior a cualquier registro de obtentores: se cultivaba ya en Oriente Medio hace siglos, y a Europa llegó por dos rutas, la mediterránea y la de Al-Ándalus, de donde viene el nombre de rosa de Castilla.

El nombre de rosa de Bulgaria es más reciente y tiene que ver con el cultivo industrial. Los otomanos extendieron su plantación por los Balcanes, y el valle de Kazanlak, entre dos cordilleras que le dan una combinación concreta de humedad, niebla matinal y suelo, acabó siendo la zona de producción de esencia de rosa más conocida del mundo. Isparta, en Turquía, cumple hoy un papel comparable.

Cómo es la planta

  • Porte: arbusto vigoroso y algo desordenado, de dos metros de alto por otro tanto de ancho, con ramas largas y arqueadas.
  • Aguijones: muchos, grandes y de tamaños desiguales, con cerdas entre medias. Es un rosal incómodo de manejar sin guantes gruesos.
  • Hoja: verde grisáceo, mate, algo vellosa por el envés.
  • Flor: rosa medio o rosa pálido, semidoble, de unos treinta pétalos, en ramilletes. No es una flor grande ni espectacular de forma; su valor está en el olor.
  • Aroma: muy fuerte, dulce, con el carácter que en perfumería se llama directamente "nota de rosa".
  • Escaramujos: alargados y estrechos, rojos, decorativos en otoño si no se cortan las flores pasadas.

Hay que distinguir dos formas que se venden bajo el mismo nombre y no se comportan igual. La damascena de verano es la clásica, de floración única a finales de primavera. La damascena de otoño, conocida como 'Quatre Saisons', reflorece: da la oleada de primavera y vuelve a florecer en otoño, y fue precisamente uno de los padres de las rosas Bourbon. Las flores son casi indistinguibles, así que hay que preguntar en el vivero cuál se está comprando.

El aceite esencial y el agua de rosas

La recolección se hace a mano y de madrugada, durante unas pocas semanas de mayo y junio, cortando la flor recién abierta antes de que el sol volatilice los compuestos aromáticos. Los pétalos se destilan el mismo día.

El método clásico es la destilación al vapor, de la que salen dos productos. Uno es la esencia, el otto de rosa o attar, que hace falta pesar en gramos porque se necesitan varias toneladas de pétalos para obtener un solo kilo. El otro es el hidrolato o agua de rosas, el agua condensada que arrastra parte del aroma y que es un subproducto abundante y barato. Existe además el absoluto de rosa, obtenido con disolventes, con un perfil aromático distinto.

Esa proporción explica el precio y explica también por qué la mayor parte de lo que se vende como "aceite de rosas" en droguería no es esencia de Rosa × damascena, sino un aceite portador perfumado o una fragancia sintética. Si el frasco es grande y barato, no es otto de rosa.

Para quien quiera la materia prima real y solo para uso aromático, se venden viales de dos o tres mililitros, como este absoluto de rosa en presentación pequeña. Es la cantidad con la que se trabaja de verdad: unas gotas rinden mucho, se emplea siempre diluido en un aceite portador según indique el fabricante y no tiene sentido comprarlo en frascos grandes. No conviene atribuirle propiedades curativas: es una materia prima de perfumería, y cualquier duda sobre su uso sobre la piel o durante el embarazo es cuestión de un profesional sanitario, no de una etiqueta.

Usos en cocina

El agua de rosas es un ingrediente asentado en la cocina de Oriente Medio, Irán, la India y el norte de África, y también en la repostería andalusí que sobrevive en la española: se usa en dulces, arroces dulces, siropes, helados y algunos guisos de carne. Los pétalos secos aparecen en mezclas de especias y como decoración.

Dos advertencias prácticas. La primera es que el agua de rosas alimentaria y el hidrolato cosmético no siempre son el mismo producto: para cocinar hay que usar la que venga etiquetada como apta para uso alimentario. La segunda es que se pasa de rosca con enorme facilidad, y un exceso convierte cualquier postre en un jabón: se añade por cucharaditas y al final de la preparación.

Cultivo en España

Es un rosal agradecido y rústico, adaptado a climas de veranos secos e inviernos fríos, así que va bien en casi toda la Península. Necesita sol directo, seis horas largas como mínimo; a media sombra florece bastante menos y a la sombra no florece.

El suelo puede ser franco, arenoso o pedregoso, mientras drene; tolera pH neutro y alcalino sin problema, de modo que los suelos calizos del este y del sur no le suponen nada. Lo que no soporta es el encharcamiento invernal. Por su tamaño y sus espinas, mejor al fondo de un arriate, como pantalla o formando un seto informal, y nunca junto a un paso estrecho.

Aguanta bien el calor y la sequía una vez asentada, pero para florecer en condiciones necesita agua en primavera, que es cuando forma los botones. Riego espaciado y abundante al pie, dos veces por semana en los meses secos, menos en primavera y otoño, nada en invierno. Un acolchado en la base ahorra mucha agua en julio y agosto.

El abonado, un aporte de materia orgánica bien descompuesta a finales de invierno, extendido alrededor del pie. Si se tiene la forma refloreciente de otoño, un segundo aporte ligero tras la primera floración ayuda a la segunda.

Poda

Florece sobre madera del año anterior, así que la poda de invierno corta, la que se hace en los híbridos de té, se lleva por delante la floración. El calendario correcto es el de los rosales antiguos de una sola floración:

  • Podar justo después de florecer, entre junio y julio: acortar un tercio las ramas que han dado flor y eliminar desde la base una o dos de las más viejas.
  • En invierno, solo limpieza de madera muerta, dañada o cruzada.
  • Si se quieren los escaramujos de otoño, no cortar las flores pasadas a partir del final de la floración.

En la forma refloreciente de otoño se puede podar algo más, en invierno y de forma ligera, porque florece también sobre brotes del año.

Plagas y enfermedades

Es un rosal antiguo y bastante sano, pero no inmune. En primaveras húmedas puede coger mancha negra, y en los cambios de temperatura de mayo y septiembre, oídio. Los insectos habituales son el pulgón en el brote tierno y la araña roja en verano seco, sobre todo si está contra un muro caliente.

La aireación, la poda de aclareo, el riego al pie y la retirada de las hojas caídas en otoño resuelven la mayor parte. Contra el pulgón, un chorro de agua a presión o agua jabonosa funciona y respeta a mariquitas y sírfidos. Ese orden, prevención y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico, es el principio de gestión integrada de plagas que establece el Real Decreto 1311/2012 de uso sostenible de fitosanitarios.

Si hay que tratar, en jardinería doméstica solo se pueden usar productos autorizados para uso exterior doméstico, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y con la dosis de la etiqueta. Nunca en floración ni en horas de vuelo de las abejas. Y si la intención es recoger pétalos para agua de rosas o para cocina, la regla es más estricta todavía: un rosal del que se va a consumir la flor no se trata con nada que no esté autorizado para ese uso.

En resumen

La damascena es un híbrido antiguo de Rosa gallica y Rosa moschata, cultivado desde hace siglos por su perfume y hoy plantado a escala industrial en Bulgaria, Turquía, Irán y Marruecos. De sus pétalos, recogidos a mano de madrugada, salen el otto de rosa y el agua de rosas; que hagan falta toneladas de flor para un kilo de esencia explica su precio y explica también cuántas falsificaciones circulan.

En el jardín es un arbusto grande, espinoso y rústico que pide sol, suelo drenado y sitio de sobra, y que aguanta bien el verano seco español. Hay que elegir con conocimiento entre la forma de verano, de una sola floración, y la de otoño, que reflorece, y podar después de florecer y no en invierno. Sus usos reales son el perfume y la cocina; de propiedades curativas, mejor no fiarse de lo que se lee.


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