Un rosal grandiflora es, en una frase, un rosal con flor de híbrido de té sobre una mata que se comporta como un floribunda: alto, vigoroso, con tallos largos y flores que salen solas o en ramilletes de tres a siete, todas de tamaño grande y forma clásica. Es el grupo que se planta cuando se quiere cortar rosas de tallo largo y a la vez tener el arriate lleno de color.
Conviene saber una cosa antes de buscarlo en un catálogo español: grandiflora es una clase de origen estadounidense, creada por la American Rose Society a mediados de los años cincuenta para dar cabida a un tipo de rosal que ya no encajaba en las categorías existentes. Fuera de Estados Unidos apenas se usa. En Europa, la misma variedad aparece con frecuencia catalogada como híbrido de té o como floribunda de flor grande, y no es que unos u otros estén equivocados: la frontera es realmente borrosa.
'Queen Elizabeth', la variedad que dio origen a la clase.
De dónde viene la clase
El origen es concreto y tiene nombre propio. El genetista y horticultor californiano Walter Lammerts obtuvo el cruce entre 'Charlotte Armstrong', un híbrido de té, y 'Floradora', un floribunda, y de ahí salió 'Queen Elizabeth', un rosal rosa de flor grande sobre una mata mucho más alta y más florífera que cualquier híbrido de té conocido hasta entonces.
La planta no encajaba en ninguna casilla: la flor era de híbrido de té y el comportamiento, de floribunda. En lugar de forzarla, la American Rose Society creó una clase nueva para ella. 'Queen Elizabeth' sigue siendo el patrón de medida del grupo y uno de los rosales más plantados del siglo XX.
Qué aporta cada progenitor
Del híbrido de té viene la forma de la flor y el tallo largo.
Del floribunda, la floración en racimo y la abundancia.
Del híbrido de té hereda la flor: alta de centro, de muchos pétalos, que abre despacio en espiral y se sostiene sobre un tallo largo y rígido. Es lo que hace del grandiflora un rosal excelente para cortar.
Del floribunda hereda el ramillete y la constancia. En lugar de una flor por tallo, produce con frecuencia un pequeño corimbo de tres a siete, y encadena oleadas de floración durante toda la temporada en vez de concentrarlas en dos o tres tandas.
Cómo se reconoce
- Porte alto. Es el rasgo más característico y el que más se confunde: un grandiflora es en general más alto que un híbrido de té, no más bajo. Muchas variedades pasan holgadamente del metro y medio, y en el sur peninsular, con suelo bueno y agua, superan los dos metros con facilidad.
- Vigor. Rebrota con fuerza desde la base y produce tallos largos y gruesos cada temporada.
- Flor grande de forma clásica, sola o en ramillete corto, sobre tallo largo.
- Floración recurrente, con oleadas sucesivas desde la primavera hasta que el frío la corta.
- Color persistente. Como grupo, las variedades grandiflora tienden a mantener bien el tono y la flor aguanta bastante en la mata.
Dónde colocarlo
La altura decide la colocación, y es donde se cometen la mayoría de los errores. Un grandiflora en la primera línea de un arriate tapa todo lo que hay detrás y, además, enseña sus tallos desnudos a la altura de la vista. Su sitio es el fondo del arriate, el centro de un macizo redondo o una línea que haga de pantalla o de seto informal.
Funciona muy bien plantado en grupo de tres, con algo delante que cubra la base: un floribunda bajo, lavandas, salvias o cualquier mata que llegue a media altura. Ese es el uso clásico y el que mejor resultado da.
Marco de plantación amplio, del orden de ochenta centímetros a un metro entre pies, tanto por el tamaño de la mata como porque el vigor del grupo hace que se cierre el aire y aparezcan los hongos.
Sol directo, seis horas como mínimo. En maceta es una mala idea salvo con recipientes muy grandes: la relación entre el volumen de raíz que necesita y el de un tiesto normal no sale.
Suelo, riego y abonado
Suelo profundo y fértil, con buen drenaje. Un rosal de este vigor tiene mucha demanda y no la va a satisfacer en un suelo pobre y superficial: el resultado será una planta que no alcanza su porte y que florece poco.
En los suelos calizos del este y el sur de la península, el problema recurrente es la clorosis férrica, con hojas amarillas de nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y, a más largo plazo, con aportes anuales de materia orgánica.
Riego profundo y espaciado, siempre al pie y nunca sobre el follaje. En verano del interior peninsular hará falta bastante agua para sostener un arbusto de este tamaño en floración; en el norte, mucha menos.
Dos abonados: uno de fondo al final del invierno, con compost o estiércol maduro extendido alrededor de la mata sin tocar el cuello, y otro después de la primera oleada de flor. A partir de finales de agosto se reduce el nitrógeno para que la madera endurezca antes del invierno.
Poda
Aquí está la diferencia práctica con el híbrido de té y merece la pena insistir. Un híbrido de té se poda corto, a tres o cuatro yemas, para concentrar la fuerza en pocas flores grandes. Un grandiflora podado así pierde su carácter: se queda bajo, tarda en rebrotar y desperdicia el vigor que es su razón de ser.
Lo razonable es una poda intermedia, dejando entre cinco y siete yemas en las ramas principales del año, cortando siempre por encima de una yema orientada hacia fuera. Se eliminan la madera muerta y seca, los tallos finos que no van a sostener flor y los que cruzan hacia el interior de la mata.
La fecha depende de la zona: en la costa mediterránea y en el sur, entre enero y primeros de febrero; en el interior y el norte, de mediados de febrero a comienzos de marzo; en montaña, cuando haya pasado el riesgo de helada fuerte. El detalle general de la operación está en la guía de cómo podar un rosal.
Cada varios años conviene además una poda de renovación, eliminando desde la base una o dos de las ramas más viejas y leñosas para forzar rebrotes nuevos. Es lo que mantiene la mata joven en un grupo tan vigoroso.
Durante la temporada, retirar la flor pasada es lo que encadena las oleadas. En los ramilletes se corta por debajo del corimbo completo, no flor a flor.
Problemas
El vigor del grupo tiene una contrapartida: mata densa, mucha hoja y poca circulación de aire en el interior, que es la situación que buscan los hongos foliares. Los tres habituales son el oídio, que forma un polvo blanco en brotes y capullos con días cálidos y noches frescas; la mancha negra, causada por Diplocarpon rosae, dominante donde hay humedad de verano; y la roya, con pústulas anaranjadas en el envés.
La respuesta que de verdad funciona es de manejo: poda que abra el centro, marco amplio, riego al pie por la mañana y recogida de la hoja caída, que es donde el hongo de la mancha negra pasa el invierno. Si hace falta tratar, en España el producto tiene que estar autorizado para jardinería exterior doméstica y la dosis es la que figure en su etiqueta.
De las plagas, pulgón en primavera y araña roja en verano seco, ambos manejables sin dramatismo.
Para flor cortada
Es una de las mejores aplicaciones del grupo y conviene hacerlo bien. Se corta por la mañana temprano, cuando el capullo empieza a soltarse pero aún no ha abierto, con tijera limpia y por encima de una hoja de cinco foliolos bien orientada. Se mete el tallo en agua inmediatamente y se recorta en diagonal ya dentro del agua. En jarrón, quitar toda hoja por debajo de la línea del agua y cambiarla a diario alarga bastante la duración.
En resumen
El grandiflora es una clase estadounidense creada a partir de 'Queen Elizabeth', el cruce de híbrido de té y floribunda obtenido por Walter Lammerts, y reúne flor grande de forma clásica sobre tallo largo con floración en ramillete y muy recurrente. Fuera de Estados Unidos la etiqueta apenas se usa, así que la misma variedad puede aparecer clasificada de otra forma.
Es un rosal alto y vigoroso, no bajo, y eso manda en su cultivo: fondo de arriate, marco amplio, suelo profundo, riego generoso al pie y una poda intermedia de cinco a siete yemas, más suave que la de un híbrido de té. Su punto flaco es la falta de aireación de una mata densa, y se resuelve podando bien mucho antes que tratando.