Un esqueje de rosal es un trozo de tallo que se pone a enraizar para obtener una planta nueva, idéntica a la madre. Es barato y es la única forma de conservar variedades antiguas descatalogadas o de multiplicar el rosal de una casa familiar.
Lo que decide el éxito son tres cosas: elegir madera semimadura y no tallos tiernos ni viejos, mantener humedad ambiental alta sin encharcar el sustrato y tener paciencia, porque un esqueje de rosal tarda entre cuatro y ocho semanas en emitir raíces. El resto son variantes de método.
Un aviso legal antes de empezar
Las variedades modernas de rosal suelen estar protegidas por derechos de obtención vegetal, el equivalente a una patente para variedades vegetales. El marco es el Reglamento (CE) nº 2100/94, de protección comunitaria de las obtenciones vegetales, y en España la Ley 3/2000, de régimen jurídico de la protección de las obtenciones vegetales.
Multiplicar una variedad protegida para venderla o distribuirla es ilegal sin licencia del obtentor. La multiplicación en el ámbito privado y sin fines comerciales queda fuera de esa prohibición, que es el caso de quien hace cuatro esquejes para su jardín. Si la variedad es antigua y su protección ha expirado, o es una rosa silvestre, no hay restricción alguna.
Cuándo hacer los esquejes
Calendario para realizar esquejes de rosas
Hay tres ventanas, y no dan el mismo resultado.
Esqueje semileñoso, de final de verano y principios de otoño. Es el más fiable con diferencia. Se toma de agosto a octubre, con la madera del año ya endurecida en la base pero todavía flexible en la punta. Enraíza rápido porque el tallo está en pleno vigor y aún hace calor.
Esqueje leñoso, de otoño e invierno. De noviembre a enero, con la planta en reposo y el tallo completamente lignificado. Es el método clásico de vivero y el más cómodo, porque las estaquillas se plantan directamente fuera y se olvidan hasta la primavera. Enraíza más despacio, pero pierde muy pocas.
Esqueje herbáceo, de primavera. A partir de brotes tiernos del año, aprovechando la poda. Enraíza deprisa pero es el más delicado: se marchita y se pudre con facilidad si la humedad no es constante.
Qué rama sirve
La rama ideal es de madera semimadura, del año en curso, de unos 6 a 10 mm de grosor, ni verde y flexible como un espárrago ni gris y quebradiza. Un buen indicador: si al doblarla se parte con un chasquido limpio, está en su punto; si se dobla sin romperse, está demasiado tierna.
Lo mejor son tallos que ya han florecido ese año, cortando por debajo de la flor marchita. Son los más vigorosos y los que tienen mayor reserva.
Ramas de rosal, semimaduras, que ya han florecido en el año
Descarta ramas con mancha negra, restos de oídio o cualquier lesión, porque el esqueje arrastra las enfermedades de la madre. Corta a primera hora de la mañana, con el tallo bien hidratado, y trabaja las ramas el mismo día.
Cómo preparar el esqueje
Con una navaja o unas tijeras bien afiladas y limpias:
- Longitud de 15 a 20 cm, con al menos tres o cuatro yemas.
- Corte inferior recto, justo por debajo de un nudo. Ahí se concentra el tejido con mayor capacidad de generar raíces.
- Corte superior en bisel, un centímetro por encima de una yema. El bisel escurre el agua y evita que se pudra la punta, y además te sirve para no plantar el esqueje del revés, que es un error más común de lo que parece.
- Hojas. En los esquejes leñosos de invierno se retiran todas. En los semileñosos y herbáceos, quita las de la mitad inferior y deja una o dos hojas arriba, recortadas a la mitad: la hoja alimenta al esqueje mientras enraíza, pero entera transpira demasiado.
- Retira también las espinas de la parte que va enterrada.
Limpiamos las hojas y las ramas
Ramas limpias, y corte superior en forma de bisel
Después llega el paso que más diferencia marca: la hormona de enraizamiento. Son auxinas, las mismas sustancias que la planta produce de forma natural para inducir raíces, y en un esqueje de rosal aumentan de manera clara el porcentaje que prende y la rapidez con que lo hace. Un enraizante en polvo es lo más práctico para esta escala: se humedece ligeramente la base del esqueje, se moja en el polvo y se sacude el exceso. Cargar de más no acelera nada y puede quemar la base.
Hormonas de enraizamiento, para asegurar el éxito de los esquejes
El método que funciona: sustrato y humedad
Es el clásico y el que más se recomienda por buenos motivos.
Usa un sustrato ligero, drenante y pobre en nutrientes: una mezcla a partes iguales de turba y perlita, o un sustrato específico de semilleros. La tierra de jardín no sirve, porque se compacta y trae hongos.
Humedece bien el sustrato, abre un agujero con un lápiz para no arrastrar la hormona al clavar, e introduce el esqueje enterrando entre la mitad y dos tercios de su longitud, con al menos dos yemas bajo tierra. Aprieta el sustrato alrededor.
Ahora lo importante: la humedad ambiental. Cubre la maceta con una bolsa de plástico transparente sujeta con una goma, o mete el conjunto en una bolsa, sin que el plástico toque las hojas. Ese minitúnel evita que el esqueje se seque antes de tener raíces, que es la causa de casi todos los fracasos.
Con las bolsas de plástico conseguimos un ambiente de invernadero
Coloca todo en luz indirecta y sin sol directo, a una temperatura de entre 18 y 21 grados. En una terraza del sur de España en septiembre, la sombra es obligatoria: dentro de una bolsa al sol, el esqueje se cuece en una hora.
Airea la bolsa unos minutos cada pocos días para evitar el moho, mantén el sustrato húmedo pero nunca empapado y retira los esquejes que se ennegrezcan. Sabrás que ha enraizado cuando brote con fuerza y notes resistencia al tirar muy suavemente; entonces se abre la bolsa poco a poco durante una o dos semanas antes de trasplantar.
En los esquejes leñosos de invierno el montaje es más sencillo: se clavan directamente en una zanja al aire libre, en un rincón sombreado y protegido, con la mitad enterrada, y se dejan hasta la primavera siguiente.
Los métodos alternativos, con honestidad
La patata
Esquejes de rosales con patatas
La idea, muy difundida en vídeos, es clavar el esqueje en una patata antes de enterrarlo, con el argumento de que la patata aporta humedad constante y nutrientes.
La parte de la humedad tiene base: la patata retiene agua alrededor de la base del esqueje. La de los nutrientes, no: el esqueje no tiene raíces con las que absorber nada y hasta que las forma vive de sus reservas. Para enraizar no necesita alimento externo, sino agua, oxígeno y temperatura.
El inconveniente real es que un tubérculo enterrado y húmedo se pudre, y esa podredumbre es un foco de hongos justo en la zona donde el esqueje intenta formar callo. Quien lo ha probado en cantidad suele obtener peores resultados que con sustrato solo. Como experimento es entretenido; como técnica recomendada, no se sostiene.
El agua
Poner esquejes en un vaso de agua es tentador porque se ven las raíces y salen rápido. El problema aparece después: las raíces formadas en agua son frágiles, quebradizas y sin pelos radicales, adaptadas a un medio sin partículas, y al trasplantarlas a sustrato se rompen o no funcionan. La planta se marchita en pocos días. Es exactamente lo que le ocurre a casi todo el mundo que lo intenta.
Si aun así quieres usar agua, trasplanta muy pronto, en cuanto las raíces midan uno o dos centímetros, y mantén los primeros días una humedad ambiental muy alta.
Después de enraizar
Trasplanta a maceta individual de unos 12 a 15 cm con sustrato normal, manipulando el cepellón sin desmontarlo. Mantén el rosal joven en semisombra unas semanas y no lo abones hasta que veas crecimiento activo.
El primer año, quítale los capullos florales. Cuesta hacerlo, pero un rosal de esqueje que gasta su primer verano en florecer forma un sistema radicular pobre. Al año siguiente lo agradece.
Rosal de esqueje frente a rosal injertado
Un rosal obtenido por esqueje crece sobre sus propias raíces. Uno de vivero está injertado sobre un patrón silvestre, casi siempre del grupo de Rosa canina o Rosa laxa, elegido por su vigor y su adaptación al suelo.
A favor del esqueje: sale gratis y nunca emite chupones del patrón, ese brote silvestre de hoja distinta que hay que arrancar en los injertados y que acaba comiéndose la variedad. Si una helada destruye la parte aérea, el rebrote es de la variedad buena.
En contra: arranca mucho más despacio. Un rosal de esqueje tarda dos o tres años en alcanzar el tamaño que un injertado tiene al segundo año. Y como el patrón se elige precisamente por tolerar suelos difíciles, el rosal de raíz propia es más exigente: en suelos muy calizos o muy secos, típicos de buena parte del este y el sur peninsulares, lo va a pasar peor que uno injertado.
En resumen
Toma esquejes de 15 a 20 cm de madera semimadura, preferiblemente de tallos que ya han florecido, a finales de verano o en otoño. Corte recto bajo un nudo, bisel sobre una yema, hojas reducidas, enraizante en la base y sustrato ligero de turba y perlita, con la maceta cubierta con plástico transparente, en sombra y a 18 o 21 grados.
Olvida la patata, que aporta podredumbre más que nutrientes, y desconfía del vaso de agua, cuyas raíces no sobreviven al trasplante. Con el método clásico y algo de paciencia, un puñado de esquejes de rosal en otoño se convierte en plantas de jardín dos años después, sin chupones del patrón y con la variedad exacta que querías.