La cala, Zantedeschia aethiopica, es una de esas plantas que sobreviven en jardines abandonados y siguen floreciendo cada primavera sin que nadie las toque. Es sudafricana, de la familia de las aráceas, y crece de un rizoma carnoso, no de un bulbo, aunque se venda y se maneje como tal. Según la zona se la llama lirio de agua, alcatraz, cartucho o aro de Etiopía.

Su fama de planta fácil es merecida, pero con una condición: la cala blanca de jardín y las calas de colores no son la misma planta y no se cultivan igual. La blanca es semiacuática, tolera el suelo permanentemente húmedo y se queda en el terreno años. Las de colores derivan de otras especies, son de verano, exigen drenaje y se pudren con el mismo riego que la otra agradece. Confundirlas es el error que más ejemplares cuesta.

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Cómo es la cala

Es una herbácea perenne que forma matas de hojas grandes, sagitadas, de un verde oscuro brillante y textura carnosa, sostenidas por peciolos largos. En buenas condiciones, la mata ronda los 60 u 80 centímetros y puede pasar del metro; las cifras de más de dos metros que circulan no corresponden a lo que se ve en un jardín.

Lo que llamamos flor no lo es. Esa forma de cucurucho blanco es una espata, una bráctea modificada que envuelve al espádice, el eje amarillo del centro. Y el espádice tampoco es una flor: es una inflorescencia que lleva decenas de flores diminutas, las femeninas abajo y las masculinas arriba. Es la estructura típica de las aráceas, la misma del anturio o del aro común.

En clima suave la cala blanca se mantiene verde todo el año y florece de febrero a mayo, alargándose hasta junio en el norte. En zonas de verano muy seco pierde la hoja y entra en reposo estival, para rebrotar con las lluvias de otoño.

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Los dos grupos de calas

La cala blanca (Zantedeschia aethiopica) es la de toda la vida. Rústica, perenne en clima suave, aguanta encharcamiento y hasta vivir con la maceta sumergida en un estanque. Es la que se naturaliza sola. La variedad 'Crowborough' es una selección algo más resistente al frío, y 'Green Goddess' tiene la espata veteada de verde.

Las calas de colores vienen de otras especies sudafricanas: Zantedeschia rehmannii, en rosas y granates; Zantedeschia elliottiana, amarilla; Zantedeschia albomaculata, con la hoja moteada de blanco. Y de sus híbridos salen los cultivares actuales, entre ellos 'Schwarzwälder', de un granate tan oscuro que se ve casi negro. Todas ellas:

  • Son caducas: brotan en primavera, florecen en verano y desaparecen en otoño.
  • Tienen la hoja y la flor más pequeñas que la blanca, y suelen llevar el follaje moteado.
  • Son más sensibles al frío y necesitan sacar el rizoma o proteger la maceta en invierno donde hiele.
  • No toleran el encharcamiento. El sustrato tiene que drenar, y la podredumbre blanda del rizoma es su problema típico.

Dónde plantarla y cómo

Para la cala blanca, el sitio ideal es una zona en semisombra con suelo que retenga humedad: el borde de un estanque, un rincón bajo donde se acumule el agua de lluvia, el pie norte de una tapia. Aguanta sol directo en el norte peninsular y en climas templados, pero en el interior y en el sur el sol de mediodía en verano le quema las hojas y acorta la floración.

El rizoma se planta en otoño en zonas de clima suave y a finales de invierno o principios de primavera en las frías, a unos 10 o 15 centímetros de profundidad y con las yemas hacia arriba. La distancia entre plantas es de 30 a 40 centímetros: la mata engorda deprisa. No es exigente con el tipo de suelo mientras haya materia orgánica, y tolera bien los suelos calizos.

En maceta, un recipiente ancho y profundo con sustrato universal enriquecido con compost. La cala blanca es de las pocas plantas a las que no perjudica dejar el plato con agua; a las de colores, ese mismo plato las mata.

Riego, abonado y frío

Riego. Durante el crecimiento y la floración, mucha agua y de forma constante, sin dejar que el sustrato se seque. En cuanto la floración termina y las hojas empiezan a amarillear, se van reduciendo los riegos hasta suspenderlos durante el reposo. En las de colores, el corte de riego al final del verano no es opcional: el rizoma en reposo con sustrato húmedo se pudre.

Abonado. Un aporte de compost en superficie al empezar la temporada y un abono líquido rico en potasio cada dos o tres semanas mientras esté floreciendo. El exceso de nitrógeno da hojas enormes y ninguna flor, que es un fallo muy frecuente en calas plantadas en tierra abonada de huerto.

Frío. La cala blanca resiste heladas ligeras y rebrota aunque la parte aérea se queme, sobre todo si el rizoma va acolchado con paja u hojarasca. En la meseta y en zonas de invierno duro conviene el acolchado o cultivarla en maceta para resguardarla. Las de colores son más delicadas y en esas zonas se levantan y se guardan en seco.

Multiplicación

La forma sensata es la división de rizomas, y es sencilla. Cada tres o cuatro años, cuando la mata se ha espesado y la floración empieza a decaer, se desentierra al final del reposo, se separan los rizomas con la mano o con un cuchillo limpio dejando yemas en cada porción, y se replantan de inmediato. Las divisiones pequeñas pueden no florecer el primer año.

La semilla existe pero no compensa: tarda años en dar flor y en las variedades de color la descendencia no sale igual que la planta madre.

Problemas, toxicidad y una advertencia

La plaga habitual son babosas y caracoles, que van directos a las hojas carnosas y dejan agujeros grandes de la noche a la mañana. Lo que funciona es la recogida manual con linterna, retirar refugios cerca de la mata y regar por la mañana en lugar de al anochecer. Lo que no conviene es echar sal: mata al molusco pero saliniza el suelo y perjudica a la planta.

La otra pega, sobre todo en las de colores, es la podredumbre blanda del rizoma, de origen bacteriano, que aparece con exceso de agua y heridas en el rizoma. No tiene tratamiento: se retira la planta afectada y se replanta en otro sitio con material sano. En jardinería doméstica, la prevención y los medios físicos van antes que cualquier tratamiento, que es el principio de gestión integrada que recoge el Real Decreto 1311/2012, y si se llega a tratar solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, a la dosis de la etiqueta del envase.

Toxicidad. Como todas las aráceas, la cala contiene cristales de oxalato de calcio en toda la planta. La ingestión provoca irritación intensa de boca y garganta, y la savia puede irritar la piel al manipular rizomas u hojas cortadas. Conviene usar guantes al dividirla y mantenerla fuera del alcance de niños y de mascotas que mordisqueen. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario.

Y un aviso de responsabilidad. La cala blanca se naturaliza con mucha facilidad en zonas húmedas: en Galicia, la cornisa cantábrica y varios enclaves del norte y de Canarias forma poblaciones densas en las márgenes de arroyos y en fondos de valle, donde desplaza a la vegetación de ribera. No es una planta que deba plantarse ni dejarse escapar cerca de un curso de agua natural, y los restos de división nunca se tiran al monte ni al cauce: se llevan al punto limpio o se compostan en casa.

Comprar calas

El rizoma se vende en seco durante la temporada de bulbos de primavera. Debe estar firme, sin zonas blandas ni moho, y con yemas visibles. Cuanto mayor sea, más flores dará el primer año.

Si vas a empezar, un lote pequeño de rizomas de cala permite probar cómo se comportan en tu suelo antes de plantar una masa. Al elegir, fíjate en si el producto es la cala blanca o una variedad de color, porque de esa etiqueta depende dónde vas a plantarla y cuánto la vas a regar.

En resumen

La cala blanca es una planta de rizoma, semiacuática y casi indestructible, que quiere semisombra, humedad constante durante el crecimiento y muy poco más. Las calas de colores son otra cosa: caducas, de verano, más delicadas y con una exigencia opuesta, drenaje y reposo seco en invierno. Saber cuál tienes delante resuelve el noventa por ciento de las dudas de cultivo.

Dos cosas conviene no pasar por alto. Toda la planta contiene oxalatos y es irritante por ingestión y por contacto, así que guantes al dividirla y lejos de niños y mascotas. Y su facilidad para naturalizarse en zonas húmedas obliga a no plantarla junto a cursos de agua ni a tirar los restos de división al medio natural.


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