La Rosaleda del Parque de Cervantes, el Roserar de Cervantes, es el jardín de rosas más importante de Barcelona y uno de los mayores de España: alrededor de diez mil rosales de unas dos mil variedades distribuidos en cuatro hectáreas, al final de la Diagonal, junto a Zona Universitaria. La entrada al parque es libre y la mejor época para verla es la primavera, con el pico de floración en mayo.
Lo que la distingue de otras rosaledas españolas no es solo el tamaño, sino que está pensada para recorrerla por dentro. Se puede pisar el césped y acercarse a las plantas, lo que en un jardín dedicado a variedades perfumadas cambia por completo la visita: se huele una a una y se comparan, que es exactamente para lo que se plantó el jardín de los perfumes.

Cuándo ir
El momento es mayo. El clima litoral de Barcelona, sin heladas fuertes y con primaveras suaves, adelanta la floración respecto al interior peninsular, de modo que a comienzos de mayo el jardín ya está muy avanzado. La coincidencia con el Concurso Internacional de Rosas Nuevas, que se celebra en esas fechas, es el mejor argumento para elegir ese mes.
En junio sigue mereciendo la pena, aunque el conjunto empieza a perder intensidad. El verano barcelonés, con calor y humedad alta, es duro para las rosas: la flor dura poco y el perfume se apaga. Hay una refloración de otoño, en octubre, más discreta pero agradable de pasear.
Para el perfume, la primera hora de la mañana es mucho mejor que el mediodía. Los aceites esenciales de la rosa se volatilizan con el calor y a las dos de la tarde apenas se aprecia nada de lo que a las nueve resultaba evidente.
Cómo llegar y horarios
El Parque de Cervantes está en la Avenida Diagonal, en su tramo final, entre los números 706 y 720 aproximadamente, en el límite del distrito de Les Corts con Esplugues. Es un parque totalmente urbano y muy accesible.
En metro, la parada es Zona Universitària, línea L3 (verde), a pocos minutos andando. También llegan varias líneas de autobús que recorren la Diagonal.
El parque está abierto de forma continua, pero el recinto de la rosaleda tiene horario restringido y estacional, con cierre más temprano en los meses de otoño e invierno y más tardío de abril a octubre. Los horarios municipales cambian de una temporada a otra, así que conviene comprobar el vigente en la información del Ayuntamiento de Barcelona antes de ir, sobre todo si piensa llegar al final del día.
El parque, más allá de las rosas

El parque se inauguró a mediados de los años sesenta, con proyecto de Lluís Riudor i Carol, entonces al frente del Servicio Municipal de Parques y Jardines de Barcelona. Se levantó sobre unos terrenos yermos por los que discurría un antiguo torrente, y hoy cuesta imaginar ese origen.
Aunque la rosaleda es la protagonista, el resto del parque tiene interés propio. Hay una buena representación de vegetación mediterránea, con tilos, acacias, encinas y pinos piñoneros y carrascos que dan la sombra necesaria para sentarse en pleno mayo. Y hay esculturas repartidas por el recinto, entre ellas obras de Andreu Alfaro y otros autores, que forman parte del recorrido.
Las tres partes de la rosaleda
El Roserar está organizado en tres espacios bien diferenciados, y saberlo ayuda a no perderse lo importante.
El jardín de los perfumes. Es lo primero que se encuentra al entrar desde la Diagonal. Reúne más de doscientas variedades seleccionadas específicamente por su aroma, y está diseñado para que se pueda caminar entre ellas. Aquí se aprende algo que ningún catálogo transmite: que el perfume de la rosa no es uno solo. Hay aromas de rosa antigua, cítricos, de té, afrutados, con notas de clavo o de mirra, y comparar dos variedades separadas por un metro es la única forma de entenderlo.
La pérgola de los rosales trepadores. Más de doscientas variedades de trepadores crecen sobre arcos construidos con troncos de acacia, formando pasillos cubiertos. Es una zona de sombra, con bancos y vistas sobre la ciudad, y es también el mejor sitio del jardín para ver cómo se comportan realmente los trepadores adultos: qué altura alcanzan, cómo se distribuye la flor y qué densidad de follaje tienen a los pocos años.
La zona del concurso. Dividida a su vez en tres partes: los rosales premiados en ediciones anteriores, los que compiten en el año en curso y los que competirán al siguiente. Esa tercera parcela existe por una razón técnica: un rosal necesita dos temporadas en el suelo para mostrar su comportamiento real, y no se puede juzgar una planta recién trasplantada.

El Concurso Internacional de Rosas Nuevas
Barcelona tiene una relación larga con la rosa. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX hubo en Cataluña una escuela de obtentores notable, con nombres como Camprubí, Aldrufeu, Pahissa, Bofill o Munné, y sobre todo la casa Dot, cuyo trabajo dio variedades que se siguen cultivando en todo el mundo. Esa tradición se fue perdiendo, y el concurso es en buena medida un intento de recuperar el vínculo.
Se celebra cada primavera en la propia rosaleda, coincidiendo con la floración. Obtentores de todo el mundo presentan variedades aún no comercializadas, y hay dos bloques de premios:
- Categoría oficial, otorgada por un jurado internacional. Se premia por grupos: mejor híbrido de té o grandiflora, mejor floribunda o poliantha, mejor miniatura o tapizante, mejor rosal paisajístico y mejor trepador, más un premio especial al rosal más puntuado del conjunto.
- Premios del público y de entidades, entre ellos los que reconocen la mejor fragancia, la mejor flor y el rosal más vigoroso, y la rosa elegida por votación de los visitantes durante los días del certamen.
El jurado profesional se renueva cada año, de modo que por él van pasando especialistas distintos y el criterio no se acaba fosilizando.
La World Federation of Rose Societies ha distinguido a este jardín con el Award of Garden Excellence, el reconocimiento que concede a las rosaledas más destacadas del mundo, valorando la temática, la calidad del mantenimiento y el valor educativo del recorrido.
Qué llevarse de la visita si va a plantar rosales

Para quien vive en el litoral mediterráneo, esta rosaleda es la mejor referencia disponible, porque las plantas llevan años sometidas exactamente al clima que van a tener en su casa: inviernos suaves, veranos calurosos y húmedos y suelos con tendencia caliza.
Merece la pena fijarse en tres cosas y anotarlas junto al nombre de la variedad:
- El estado de las hojas bajas. Es donde primero aparece la mancha negra, que en clima húmedo de costa es el problema sanitario principal. Una variedad con follaje limpio en junio es una variedad fiable aquí.
- El porte real del arbusto. Altura y anchura a los pocos años, que casi nunca coinciden con lo que uno imagina a partir de una foto de la flor.
- Si huele de verdad. Muchas variedades comerciales se anuncian como perfumadas y no lo son. En el jardín de los perfumes se comprueba en dos segundos.
Con esos datos apuntados, la compra en el vivero deja de ser una apuesta. Si está en la fase de planificar el conjunto, puede completarlo con la guía sobre diseñar un jardín con rosas.
En resumen
La Rosaleda del Parque de Cervantes reúne unos diez mil rosales de alrededor de dos mil variedades en cuatro hectáreas al final de la Diagonal de Barcelona, con metro en Zona Universitaria y entrada libre al parque. Está organizada en tres partes: el jardín de los perfumes, la pérgola de trepadores y la zona del concurso internacional, que se celebra cada primavera.
El mes para visitarla es mayo, y a primera hora de la mañana si le interesa el aroma. Y si va con la idea de plantar rosales en la costa mediterránea, es el sitio donde mejor puede comprobar qué variedades aguantan de verdad este clima, empezando por mirar las hojas bajas antes que las flores. La otra gran referencia española es la Rosaleda de Madrid, en el Parque del Oeste.