Del mismo rosal salen estaquillas tiernas en mayo, semileñosas en agosto y leñosas en enero, y las tres arraigan. Lo que cambia entre ellas es el trato que piden, el tiempo que tardan y el porcentaje que llega vivo al año siguiente. Cortar en el mes equivocado, o cortar la parte equivocada del ramo, estropea el trabajo antes de empezarlo.

Este artículo trata del calendario y de la elección del material: qué es exactamente madera leñosa, cómo se distingue de la semileñosa y de la herbácea con las manos, en qué momento del año está disponible cada una, qué especie se multiplica con cuál, cómo se conserva lo cortado cuando no se puede plantar el mismo día y cómo se sabe que una estaquilla ya no sirve. La fisiología del enraizamiento y el procedimiento completo —el corte recto y el bisel, el estratificado en arena, la plantación— están en esquejes leñosos: cómo enraízan y qué especies salen.

Esqueje de higuera enraizado

Leñoso, semileñoso y herbáceo: el mismo tallo en tres momentos

Los tres nombres no designan tres clases de planta, sino tres estados de un mismo brote según avanza la temporada. Un tallo nace en primavera tierno y verde, se endurece durante el verano y llega al invierno lignificado y de corteza definida. Herbáceo, semileñoso y leñoso son tres fotografías de ese mismo brote tomadas en momentos distintos del año.

El proceso que los separa es la lignificación: las paredes celulares del tallo van incorporando lignina, un polímero que las vuelve rígidas e impermeables. Cuanta más lignina, más resistencia mecánica, menos agua libre en el tejido, menos capacidad de división celular rápida y más almidón acumulado. De ahí salen todas las diferencias prácticas. El esqueje herbáceo enraíza en tres semanas pero se deshidrata en unas horas si le falta humedad ambiental; el leñoso tarda tres meses pero sobrevive ocho semanas en una bolsa sin una sola hoja.

Herbáceo. Brote del año en pleno crecimiento, verde en toda su sección, sin rastro de corteza parda. La yema terminal sigue alargándose. Es el estado de las plantas que no llegan a formar madera —geranios, coleos, crisantemos, dalias— y también el de los primeros centímetros de cualquier arbusto en primavera.

Semileñoso. Brote del año que ha empezado a endurecerse por la base mientras la punta sigue tierna. La corteza toma color pardo o grisáceo en la mitad inferior y el tallo ya no se aplasta entre los dedos. Es el estado de la mayoría de arbustos de hoja perenne entre julio y octubre.

Leñoso. Brote del año en curso completamente lignificado, con la corteza hecha, sin hojas en las especies caducas y con las yemas dormidas. Rígido, de color uniforme, con las cicatrices foliares marcadas. Es el estado del invierno.

Reconocer el estado al tacto y al doblarlo

La forma fiable de clasificar un tallo no es mirarlo, es doblarlo. Se coge un trozo de unos veinte centímetros y se curva despacio hasta formar una U de cinco centímetros de radio, sin llegar a forzarlo del todo.

El herbáceo cede sin resistencia y se queda doblado, o se rompe con un chasquido húmedo dejando el corte jugoso y verde en todo su grosor. La uña lo marca sin esfuerzo y sale savia.

El semileñoso ofrece resistencia elástica: se dobla, y al soltarlo vuelve casi a su posición. Si se insiste, cruje por fuera y se parte con una fibra que queda colgando. La uña raspa una corteza fina y por debajo aparece verde vivo.

El leñoso apenas cede. Se dobla unos grados y rompe seco, con un chasquido limpio y un corte astillado y claro. La uña no lo marca; hay que raspar con la navaja para ver el verde del cámbium bajo la corteza.

Hay un estado intermedio que conviene nombrar porque tiene calendario propio: la madera blanda o brote de primavera ya un poco firme, entre mayo y junio. Es un tallo que ya no se aplasta pero que todavía se parte al doblarlo, sin corteza formada. Enraíza muy bien y muy rápido, pero exige humedad ambiental constante porque conserva todas sus hojas y no tiene raíz que las alimente.

Cada estado tiene su mes

Herbáceo: de abril a septiembre, con la planta creciendo activamente. Se corta por la mañana temprano y se planta el mismo día.

Madera blanda: mayo y junio, sobre los brotes nuevos del año antes de que endurezcan.

Semileñoso: de julio a octubre, cuando el crecimiento se detiene y la base del brote pardea. Es el momento del olivo, del laurel y de casi todo el arbusto mediterráneo de hoja perenne.

Leñoso: de noviembre a febrero, con la planta en reposo, después de la caída de la hoja y antes de que las yemas se hinchen.

La referencia para el leñoso no es una fecha del calendario sino el estado de las yemas. Mientras estén planas, secas y pegadas al tallo, la ventana sigue abierta. En cuanto empiezan a engordar y a separar sus escamas, se ha cerrado: esa estaquilla brotará en tres semanas, gastará sus reservas en hojas que ninguna raíz alimenta y se marchitará entera con el primer calor.

Qué especie va con qué madera

Con esqueje leñoso de invierno: higuera (Ficus carica), vid (Vitis vinifera), granado (Punica granatum), membrillero (Cydonia oblonga), morera (Morus alba), sauce (Salix), chopo y álamo (Populus), grosellero y casis (Ribes), saúco (Sambucus nigra), forsitia, cornejo (Cornus), plátano de sombra (Platanus × hispanica), tamarix, rosales de pie franco y muchos portainjertos.

Con esqueje semileñoso de final de verano: olivo (Olea europaea), laurel (Laurus nobilis), romero (Salvia rosmarinus), lavanda (Lavandula), boj (Buxus sempervirens), adelfa (Nerium oleander), pitosporo (Pittosporum tobira), ligustro (Ligustrum), cotoneaster, escalonia, durillo (Viburnum tinus), hiedra (Hedera helix), camelia (Camellia japonica), hortensia (Hydrangea macrophylla), mirto (Myrtus communis), buganvilla.

Con madera blanda de primavera: lilo (Syringa vulgaris), celindo (Philadelphus), weigela, deutzia, arces, budleia, fucsia.

Con esqueje herbáceo: geranio y gitanilla (Pelargonium), crisantemo, dalia, coleo (Coleus scutellarioides), impatiens, salvias herbáceas, albahaca, menta, potos y filodendros de interior, suculentas y crasas —estas últimas con la particularidad de que el corte necesita secar al aire dos o tres días antes de tocar el sustrato.

Varias especies admiten más de un estado. La hortensia, el rosal, el ligustro o la buganvilla salen tanto de semileñoso en agosto como de leñoso en enero; el rendimiento suele ser mejor en semileñoso, pero el leñoso no necesita ni nebulización ni sombreo. El olivo puede intentarse en leñoso, aunque el estándar en vivero es la estaquilla semileñosa con nebulización y calor de fondo.

La ventana real no es igual en Galicia que en Murcia

El calendario general sirve como orientación, pero la fecha buena la marca la planta, y la planta responde a su clima.

Cornisa cantábrica y Galicia. El otoño es largo y suave y la caída de hoja se retrasa: la ventana del leñoso va de finales de noviembre a marzo, holgada. El problema aquí no es la desecación sino la podredumbre, porque la humedad del suelo es alta durante todo el invierno; conviene un bancal muy drenante, con arena silícea añadida, y no abusar del riego. El semileñoso funciona bien en agosto y septiembre sin sombreo intenso.

Interior norte y meseta. Castilla y León, Aragón, Navarra o el interior de Cataluña tienen reposo profundo y heladas fuertes. Se corta en diciembre y enero, pero se retrasa la plantación a finales de febrero o marzo, guardando el material estratificado mientras tanto. Una estaquilla plantada en diciembre en un suelo que baja de −8 °C sufre por levantamiento por hielo y se descalza. El semileñoso pide agosto, no octubre: en octubre ya no queda temperatura para formar callo.

Litoral mediterráneo, Levante y valle del Guadalquivir. El reposo es corto y la brotación se adelanta. En Murcia, Alicante o Almería la higuera puede tener las yemas hinchadas a mediados de febrero, así que la ventana práctica del leñoso se estrecha a diciembre y la primera quincena de enero. El semileñoso, en cambio, gana margen: agosto es demasiado caluroso —a 38 °C la estaquilla se deshidrata antes de callar— y conviene retrasarlo a finales de septiembre y octubre, cuando las noches ya refrescan.

Canarias y zonas sin invierno. No hay reposo real y el calendario deja de servir. Ahí la referencia es exclusivamente el estado del tallo y de las yemas: se corta cuando el brote del año está lignificado y la planta ha parado, sea el mes que sea.

Cómo se toma el material

Se corta a primera hora de la mañana, con la planta turgente y fresca después de la noche. Una rama cortada a las tres de la tarde de un día de poniente ya viene con déficit hídrico. Si la planta madre ha pasado sequía, conviene regarla bien la víspera.

La tijera tiene que estar afilada y limpia. Un corte machacado necrosa el tejido y abre puerta a los hongos; entre planta y planta, y sobre todo entre árboles distintos, se desinfecta la hoja con alcohol de 70º.

Del ramo se aprovecha el tercio medio. La punta es tejido inmaduro que se deshidrata y tiene yemas poco fértiles; la base, madera de más edad y con yemas poco activas. Se descartan los ramos con daño de plaga, con manchas en la corteza, con yemas de flor gordas y redondeadas en lugar de yemas de madera, y los brotes torcidos o raquíticos.

Conviene cortar ramos largos enteros y despiezarlos después, ya bajo techo y con calma: se manipula menos el material y se elige mejor. Y cada especie o variedad va en su propio manojo con su etiqueta desde el primer minuto, porque una vez sin hojas dos estaquillas de dos variedades de higuera son indistinguibles.

Conservar las estaquillas hasta la plantación

Lo herbáceo no se conserva: se planta el mismo día. Si median unas horas, se mete en una bolsa cerrada con una gota de agua, a la sombra, y punto.

Lo semileñoso aguanta dos o tres días. Se envuelve en papel de periódico humedecido —escurrido, no goteando—, se mete en bolsa perforada y va a la parte baja del frigorífico. Más allá de una semana empieza a perder hojas y a enmohecerse.

Lo leñoso es lo que de verdad se puede guardar, y es lo que permite cortar en diciembre y plantar en marzo. Se atan haces de diez a veinticinco estaquillas con todas las bases igualadas y en el mismo sentido —el bisel superior evita luego plantarlas invertidas—, se envuelven en papel humedecido o en musgo, y se guardan de una de estas dos formas:

En frigorífico, entre 2 y 4 °C, dentro de una bolsa perforada que permita algo de intercambio de aire. Nunca en el congelador, que revienta las células, y nunca en bolsa hermética, donde el agua condensa y aparece moho en tres semanas. Y no en el mismo cajón que la fruta: el etileno que desprenden manzanas, peras y plátanos altera las yemas y puede provocar su caída. Así se conservan ocho o diez semanas, y en algunas especies hasta doce.

Enterradas en arena, en un cajón o una zanja a la sombra, en un cobertizo o contra un muro orientado al norte, con la arena ligeramente húmeda y a temperaturas de 4 a 10 °C. Este sistema, además de conservar, adelanta la formación de callo, que es el paso previo a las raíces.

Se revisan cada dos o tres semanas: se retira lo enmohecido y se vuelve a humedecer el papel si se ha secado.

Señales de que una estaquilla ya no sirve

Antes de plantar merece la pena descartar el material perdido, porque una estaquilla muerta ocupa sitio durante seis meses fingiendo que aún puede.

La prueba del raspado. Con la uña o con la punta de la navaja se levanta un milímetro de corteza en la zona media. Si aparece una franja verde brillante y húmeda, el cámbium está vivo. Si lo que sale es pardo, ocre o marrón seco, la estaquilla ha muerto. Conviene raspar arriba y abajo: a veces la punta está seca y la base sigue viva, y basta con acortarla.

Corteza arrugada o desprendida. Las arrugas longitudinales indican pérdida de agua importante. Si la corteza se separa en tiras o gira sobre la madera al retorcerla suavemente, el tejido de unión está muerto.

Peso y sonido. Una estaquilla deshidratada pesa notablemente menos y, al golpearla contra otra, suena seca y hueca en lugar de dar un golpe macizo.

Yemas secas. Yemas de color pardo oscuro, quebradizas, que se desprenden al pasar el dedo. Una yema viva está firme y no se cae.

Base blanda y negra. Tejido reblandecido, oscuro, que cede a la presión, a veces con olor agrio o a fermentado. Es podredumbre y se contagia al resto del haz, así que se retira ese día.

Moho en la conservación. Un velo blanco o gris superficial sobre el papel se limpia y se airea. Micelio que penetra en el corte basal, no.

Brotación dentro de la bolsa. Yemas abiertas con hojitas pálidas y estiradas significan que la estaquilla ha consumido reservas buscando luz. Todavía puede plantarse, pero ha perdido buena parte de su capital y su probabilidad baja mucho. Si además ha emitido raicillas blancas, eso sí es buena señal: se planta de inmediato y con mucho cuidado de no romperlas.

En resumen

Herbáceo, semileñoso y leñoso no son tres plantas distintas sino un mismo brote en tres momentos de su lignificación, y se distinguen doblándolo: el herbáceo se queda doblado o rompe húmedo, el semileñoso cede con elasticidad y vuelve, el leñoso apenas cede y rompe seco. Cada estado tiene su ventana —de abril a septiembre el herbáceo, mayo y junio la madera blanda, de julio a octubre el semileñoso, de noviembre a febrero el leñoso—, y esa ventana la cierra el estado de las yemas, no el calendario: si engordan, se acabó. La geografía manda mucho: en Galicia el invierno da margen amplio y el riesgo es la podredumbre; en el interior norte se corta en diciembre pero se planta en marzo; en Murcia y Almería el leñoso se reduce a diciembre y la primera mitad de enero, mientras el semileñoso conviene retrasarlo a septiembre y octubre. El material se corta por la mañana, del tercio medio del ramo, con tijera afilada, y se etiqueta al momento. Lo herbáceo se planta el mismo día; lo semileñoso aguanta dos o tres días en nevera; lo leñoso se guarda ocho o diez semanas a 2-4 °C en papel húmedo y bolsa perforada, lejos de la fruta, o enterrado en arena fresca. Y antes de plantar, raspado de corteza: verde vivo sigue; pardo, corteza arrugada, yemas que se caen o base negra y blanda, a la pila del compost.


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