En diciembre, con la higuera desnuda y aparentemente muerta, es cuando se corta el material que dará las higueras del año que viene. El esqueje de madera dura —o esqueje leñoso— consiste en cortar un trozo de rama sin hojas, en pleno reposo invernal, y conseguir que forme raíces por su cuenta antes de que las yemas se abran en primavera. Es el método de multiplicación más barato que existe: no necesita invernadero, ni nebulización, ni calor, y un solo arbusto adulto puede dar cincuenta estacas.
Lo que no hace es funcionar con todas las especies. Y entender por qué unas responden y otras no ahorra tres inviernos de intentos.
Qué son las raíces adventicias
Una planta de semilla desarrolla su sistema radicular a partir de la radícula del embrión. Un esqueje no tiene nada de eso: tiene un trozo de tallo. Las raíces que le salen se llaman adventicias precisamente porque nacen fuera de ese sistema original, en un tejido que no estaba destinado a producirlas.
El proceso ocurre en tres fases. Primero, unas células vivas próximas al cámbium vascular y al floema —parénquima, radios medulares, periciclo— se desdiferencian: pierden su especialización y vuelven a un estado capaz de dividirse. Después esas células se dividen y organizan un primordio radical, una raíz en miniatura con su propio meristemo. Por último el primordio crece, atraviesa la corteza y sale al exterior, ya conectado por dentro al sistema vascular del tallo.
Conviene distinguir esto del callo, la masa blanquecina y granulosa que se forma en el corte basal. El callo es tejido cicatricial: sella la herida y protege de la desecación y de los hongos. En algunas especies las raíces salen a través de él, pero callo no es raíz. Una estaca puede tener un callo espléndido y no enraizar jamás.
El papel de la auxina
La hormona que dispara esa desdiferenciación es la auxina, y en la planta la principal es el ácido indolacético (AIA). Se sintetiza en las yemas, en las hojas jóvenes y en los ápices en crecimiento, y tiene una propiedad que lo explica casi todo: su transporte es polar y basípeto. Va siempre de la punta hacia la base del tallo, célula a célula, por transportadores orientados en esa dirección, y no se invierte aunque se ponga el tallo del revés.
De ahí se sigue lo que se observa en cualquier bandeja de esquejes: las raíces salen por el extremo basal y los brotes por el apical, aunque la estaca se entierre invertida. La estaca invertida no da raíces arriba; se queda quieta y acaba muriendo. Por eso el corte de arriba y el de abajo se hacen distintos, y no es una manía.
Al separar la estaca de la planta, la auxina que sigue produciéndose en las yemas se acumula en el extremo inferior, donde el transporte se topa con el corte. Si esa concentración basta y las células de la zona pueden responder, se forman los primordios. Las auxinas sintéticas de las hormonas comerciales —ácido indolbutírico (AIB) y ácido naftalenacético (ANA)— hacen lo mismo que el AIA pero son más estables: la planta las degrada más despacio, así que permanecen actuando en la base durante días.
Por qué unas especies enraízan solas y otras no
La auxina sola no basta. Hace falta que en el tallo haya células competentes, es decir, capaces de responder a la señal desdiferenciándose. Y esa competencia se pierde.
El factor decisivo es la edad ontogénica del tejido. El material juvenil —brotes de la base de la planta, rebrotes de cepa, plantas jóvenes de semilla— conserva la capacidad de formar raíces; el material adulto de la parte alta de un árbol viejo la ha perdido en buena medida. Es la razón por la que los viveros mantienen plantas madre recepadas a ras de suelo: obligadas a rebrotar cada año, producen madera fisiológicamente joven aunque la cepa tenga veinte años. Cortar el esqueje de la punta de un árbol adulto, con la misma especie, da resultados mucho peores.
Cuentan además las reservas de carbohidratos —una estaca de madera bien agostada y bien alimentada tiene combustible para semanas sin fotosíntesis— y la presencia de inhibidores naturales del enraizamiento, más abundantes en unos géneros que en otros. Sauces y chopos son el extremo agradecido: llevan preformados en el tallo los primordios radicales, listos para salir en cuanto haya humedad, y de ahí que una estaca de sauce enraíce hasta en un vaso de agua. En el extremo opuesto, encinas, hayas, nogales y castaños prácticamente no enraízan de estaca leñosa por mucha hormona que se les aplique, y se multiplican por semilla o por injerto.
El calendario: reposo invernal
El esqueje leñoso se corta con la planta parada, después de la caída de la hoja y antes de que las yemas empiecen a hincharse. En la España peninsular eso sitúa la operación entre noviembre y febrero, con el óptimo en diciembre y enero. En el litoral mediterráneo y en el sur puede alargarse a la primera quincena de febrero; en el interior norte, con inviernos largos, hay margen hasta finales de febrero.
El motivo es doble. Con las yemas dormidas, la estaca no gasta en brotar y puede dedicarse a enraizar; y las reservas acumuladas durante el verano están en su punto máximo. Una estaca cortada en marzo con la yema hinchada brota inmediatamente, consume sus reservas en hojas que no tienen raíz que las alimente, y muere en mayo.
Esa secuencia —brotar sin enraizar— es la trampa habitual del método. En abril el esqueje tiene hojas y aparenta éxito; en junio, con el primer calor, se marchita entero en tres días. Brotar no es enraizar. La comprobación real es un tirón suave: si se resiste, hay raíces.
Elegir la madera del año
Se busca madera del año en curso ya lignificada: brotes que crecieron la primavera y el verano anteriores y que ahora están duros, de corteza firme y color definido. Ni la madera de dos y tres años, agotada, ni la punta blanda y verdosa del extremo, que se deshidrata.
Características de la estaca buena:
Grosor de lápiz a dedo meñique, entre 6 y 12 mm. Más fina se seca; mucho más gruesa tarda y arraiga peor en la mayoría de especies, con la excepción de la higuera y la vid, que admiten estacas de 2 cm.
Longitud de 20 a 25 cm, con tres o cuatro yemas como mínimo. En especies de entrenudo largo como la vid pueden ser 30 o 40 cm con tres yemas.
Procedencia: el tercio medio del ramo, de brotes rectos, sanos, sin daños de plaga ni yemas de flor. Los rebrotes basales y los chupones de la base de la planta enraízan mejor que la madera alta, por lo dicho sobre la edad del tejido.
El corte recto y el corte en bisel
Los dos extremos se cortan distinto y cada uno tiene su razón.
Abajo, corte recto, perpendicular al tallo y hecho justo por debajo de una yema, a uno o dos milímetros. La zona del nudo concentra más tejido cambial y más reservas que el entrenudo, y ahí es donde salen las raíces en la mayoría de especies. Un corte recto además apoya bien en el fondo del hoyo y ofrece una superficie de contacto amplia.
Arriba, corte en bisel, inclinado, a 1 o 1,5 cm por encima de una yema y cayendo del lado contrario a ella. Cumple dos funciones. La práctica: evacúa el agua de lluvia lejos de la yema apical, que si se moja constantemente se pudre y muere. Y la operativa: cuando se manejan cien estacas cortadas y sin hojas, todas iguales, el bisel es la única señal de qué extremo va arriba. Plantada del revés, la estaca no enraíza —la auxina baja hacia lo que ahora es la punta al aire— y se pierde el año entero.
La hormona: cuándo sirve
Se usa ácido indolbutírico (AIB) en polvo, en concentraciones del 0,2 al 0,5 % para madera dura. Se humedece el centímetro basal, se moja en el polvo y se sacude el exceso, porque un exceso de hormona quema los tejidos y produce el efecto contrario.
Dónde aporta: en las especies de dificultad media —olivo, membrillero, rosal, cotoneaster, laurel, granado en variedades reacias, muchos frutales de hueso—, donde puede subir el porcentaje de enraizamiento del 30 % al 70 %.
Dónde no aporta nada: en sauce, chopo, higuera, vid y grosellero, que enraízan solos por encima del 90 %. Y dónde no basta: en encina, haya, nogal o castaño, donde el problema no es de señal hormonal sino de competencia del tejido, y ninguna dosis lo resuelve.
El estratificado en arena
Entre el corte de diciembre y la plantación conviene un paso intermedio que mejora mucho el resultado en especies medias: dejar que las estacas formen callo y primordios radicales antes de plantarlas.
Se atan en haces de diez a veinticinco estacas, con todas las bases igualadas y en el mismo sentido, y se entierran en un cajón o una zanja con arena silícea de río —limpia, sin cal— o con una mezcla de arena y serrín, ligeramente húmeda. El sitio debe estar fresco, sombrío y protegido de la lluvia, con temperaturas entre 4 y 10 ºC: un cobertizo, la cara norte de un muro, un sótano.
Ahí permanecen de cuatro a ocho semanas. Un truco antiguo y eficaz consiste en enterrar los haces invertidos, con las bases hacia arriba y más cerca de la superficie: la parte alta del cajón se templa antes con el sol de febrero, de modo que el calor llega primero a la base de las estacas y adelanta el callo, mientras las yemas, abajo y más frías, siguen dormidas. Es la versión casera de lo que en vivero se hace con cama caliente a 18-21 ºC en la base y aire frío arriba.
Las estacas de higuera, sauce o grosellero se pueden saltar este paso y plantarse directamente.
Plantar los esquejes
La plantación se hace en febrero o principios de marzo, en un bancal de cría de suelo suelto, mullido y arenoso, no en el sitio definitivo. Si el suelo es pesado, se abre una zanja y se rellena con arena.
Se entierran dos tercios de la estaca, dejando fuera una o dos yemas, con separación de 10 a 15 cm entre ellas y 40 cm entre líneas. Después se aprieta la tierra contra la base con el pie: una bolsa de aire junto al corte basal impide el enraizamiento y seca la estaca. Riego de asiento y, a partir de ahí, humedad constante sin encharcamiento durante toda la primavera y el verano. Un acolchado de corteza o paja mantiene fresca la zona en julio.
El trasplante se hace el otoño siguiente, dieciocho meses después del corte, cuando la planta tiene ya un sistema radicular real.
Qué especies salen fáciles y cuáles no
Fáciles, sin hormona y con altos porcentajes: sauce (Salix), chopo y álamo (Populus), higuera (Ficus carica), granado (Punica granatum), vid (Vitis vinifera), grosellero y casis (Ribes), morera (Morus alba), plátano de sombra (Platanus × hispanica), cornejo (Cornus), forsitia, saúco (Sambucus nigra), tamarindo de mar (Tamarix), membrillero (Cydonia oblonga).
De dificultad media, con hormona y estratificado: olivo (Olea europaea), laurel (Laurus nobilis), rosales, cotoneaster, ligustro, kiwi, algunos ciruelos y portainjertos de Prunus, Morus nigra.
Difíciles o imposibles por esta vía: encina y robles (Quercus), haya (Fagus sylvatica), nogal (Juglans regia), castaño (Castanea sativa), manzano y peral de variedad, cerezo, magnolios, camelia, arce japonés (Acer palmatum), coníferas de porte arbóreo. Para todas ellas la salida es el acodo —simple o aéreo— o el injerto sobre patrón, que es exactamente lo que hace el vivero profesional.
En resumen
El esqueje de madera dura funciona porque la auxina, que viaja siempre hacia la base del tallo, se acumula en el corte inferior y hace que células del entorno del cámbium se desdiferencien y organicen raíces adventicias. Que eso ocurra depende de que el tejido conserve competencia, y esa competencia se pierde con la edad: de ahí la ventaja del material juvenil y de las plantas madre recepadas. Se corta en pleno reposo, entre diciembre y enero, madera del año ya lignificada de 20 a 25 cm y grosor de lápiz; corte recto bajo una yema abajo y bisel por encima de una yema arriba, que es lo que impide plantarla del revés. Hormona de AIB en las especies de dificultad media, estratificado en arena fresca de cuatro a ocho semanas, plantación en febrero enterrando dos tercios y humedad constante todo el verano. Higuera, sauce, vid, granado, grosellero y membrillero salen casi solos; encina, haya, nogal, magnolio o camelia no salen, y para esas hay que ir al acodo o al injerto.