La cocina genera cada semana media docena de recipientes que ya tienen la forma de una maceta: cilíndricos, con fondo plano y con el volumen justo para una planta pequeña. El problema es que cada uno falla de una manera distinta, y conviene saber cómo va a fallar antes de plantar. Lo que sigue repasa los objetos domésticos pequeños uno por uno: el defecto concreto de cada material, la solución cuando la hay y qué planta encaja en ese volumen. Las reglas generales de perforado, litros mínimos y qué envases hay que descartar están explicadas a fondo en los principios de las macetas recicladas; aquí se dan por sabidas.
Latas de conserva: dos temporadas y se acaban
La hojalata es acero con un baño de estaño y un barniz interior calculado para que un tomate frito aguante dos años en una despensa seca. Con sustrato húmedo pegado a la pared todos los días, ese barniz se levanta y el acero empieza a picarse por dentro. La lata se perfora primero por el engatillado del fondo y por los bordes de los agujeros de drenaje, donde la broca dejó el metal desnudo. Cuenta con una o dos temporadas de vida útil.
Con eso asumido, es un recipiente perfectamente válido y hay una manera de sacarle más partido. Las latas de conserva domésticas de 400 g rondan los 0,4 litros, que es casi nada; las latas de hostelería de 3 kg dan entre 2,5 y 3 litros, y ahí ya cabe una planta de verdad. Se consiguen preguntando en cualquier bar.
Tres detalles al prepararlas. El borde de la apertura queda cortante: hay que doblarlo hacia dentro con unos alicates de boca plana o rebajarlo con una lima. La rebaba interior de los agujeros de drenaje también, porque siega raíces. Y el exterior conviene pintarlo, con esmalte al agua para exteriores y en color claro: una lata desnuda al sol de tarde calienta la pared y castiga las raíces finas que se acumulan justo ahí.
Qué plantar. En una lata de 3 litros, albahaca (Ocimum basilicum) para el verano, perejil, una lechuga de hoja de corte o una caléndula (Calendula officinalis). En las pequeñas de 400 g, solo suculentas de crecimiento lento: Sempervivum tectorum, Echeveria, Haworthia. Alineadas sobre el alféizar en una hilera de seis o siete resultan más convincentes que una sola.
Botes y tarros de cristal: el que no drena y además calienta
El tarro de conserva acumula dos inconvenientes a la vez. El primero es el drenaje: taladrar vidrio pide broca de diamante hueca y agua constante, y no todo el mundo tiene ganas, así que el tarro suele acabar sin agujero. El segundo es la transparencia. El cristal deja entrar radiación, calienta el sustrato como un pequeño invernadero y expone las raíces a la luz, cosa que ninguna raíz agradece; a las pocas semanas aparece una película verde de algas en la pared interior, que compite por nutrientes y avisa de que ahí sobra luz y humedad.
Con eso claro, el cristal tiene dos usos donde funciona bien y ninguno es el de maceta convencional.
Enraizar y mantener esquejes en agua. Aquí la transparencia es una ventaja porque deja vigilar las raíces. Va bien con potos (Epipremnum aureum), cinta (Chlorophytum comosum), Tradescantia zebrina y con esquejes de menta o albahaca. El agua se cambia cada cuatro o cinco días, no se rellena; y el tarro se coloca a media sombra, porque a pleno sol el agua se calienta y se llena de algas en una semana.
Terrario cerrado. Un tarro grande con tapa, un dedo de grava, una malla, sustrato y plantas de humedad alta y crecimiento lento: musgos, Fittonia albivenis, Soleirolia soleirolii, helechos pequeños del género Asplenium. Luz indirecta, nunca sol directo, y riego una vez cada varios meses.
Si aun así quieres una planta plantada en un tarro, la salida razonable es no perforarlo y usarlo como cubremacetas: dentro, una maceta de plástico de 9 o 12 cm con sus agujeros, y el agua sobrante se vacía después de regar.
Teteras: bonitas, y solo para raíz corta
La tetera de porcelana desportillada tiene la forma más agradecida del grupo y un espejismo peligroso: el pico parece un desagüe. No lo es. El pico arranca por encima del fondo, de modo que el agua se acumula por debajo de su boca y ahí se queda. Hay que taladrar el fondo igualmente, con broca de diamante, mojando y sin percusión.
El otro límite es el volumen. Una tetera doméstica da entre 0,5 y 1 litro reales, y con la panza estrecha en la boca el trasplante posterior se complica: la planta hay que sacarla de lado. Eso descarta cualquier especie que engorde el cepellón.
Qué plantar. Suculentas de raíz fina y desarrollo lento: Haworthia fasciata, Crassula ovata joven, Sedum morganianum si es una tetera colgada o alta, donde los tallos caen por el asa. Para interior con poca luz, una Peperomia pequeña. Las teteras de metal esmaltado se comportan como cualquier chapa: al sol calientan, y prefieren un sitio con sombra desde el mediodía.
Coladores y escurridores: drenan demasiado
El colador es el objeto inverso al tarro de cristal: aquí el agua se va toda y demasiado rápido. Un escurridor de pasta colgado al sol pierde la humedad del sustrato en unas horas de julio, y el sustrato fino se escapa por los orificios con el primer riego a manguera.
La solución es el forro, y hay dos que funcionan. Uno, fibra de coco prensada en lámina, la misma que se usa en cestas colgantes: se recorta a medida, se ajusta al interior y deja pasar aire por los laterales sin soltar sustrato. Dos, geotextil o malla antihierbas, más barato y menos vistoso, que se puede disimular con una capa de musgo seco por el borde. Encima del forro conviene mezclar el sustrato con un veinte por ciento de fibra de coco o de compost maduro para que retenga algo más de agua.
Un colador forrado sigue siendo un recipiente que pide riego frecuente, así que la elección de plantas va por ahí.
Qué plantar. Colgantes de temporada que aguanten el vaivén: Portulaca grandiflora y verdolaga ornamental, que están hechas para el calor y el suelo seco; Sedum morganianum; petunias o Calibrachoa si aceptas regar a diario de junio a septiembre; fresa de bosque (Fragaria vesca) en un escurridor grande a media sombra, con los estolones cayendo por fuera, que es de lo más resultón del artículo.
Cafeteras italianas: el volumen es simbólico
Una cafetera de aluminio con la junta pasada se convierte en dos macetas: el depósito inferior y la jarra superior. La cifra que hay que tener presente es que el depósito de una cafetera de seis tazas ronda los 0,3 litros, y el de tres tazas se queda en 0,15. En ese volumen el sustrato se seca entero en un día caluroso y no cabe nada que crezca.
El aluminio se oxida en superficie y forma una capa de alúmina que lo protege, así que no da problemas de durabilidad; lo que sí conviene es taladrar el fondo con broca de metal fina, porque la base es gruesa. Y no dejarla al sol de mediodía: es metal, y con esa cantidad de sustrato cualquier subida de temperatura llega hasta la última raíz.
Qué plantar. Una sola pieza y de crecimiento muy lento: una Echeveria, un Sempervivum, un Sedum album desbordando por el borde. La cafetera montada, con una suculenta asomando por la jarra y otra por el depósito, es una composición que funciona en una repisa interior con buena luz.
Tazas, tazones y platos hondos
La taza desportillada da entre 0,25 y 0,4 litros, y el tazón de desayuno alrededor de medio litro. Se taladran igual que la tetera: broca de diamante, agua, cinta de carrocero sobre el punto para que no patine el vidriado, y sin apretar. La porcelana fina se astilla por el reverso, así que conviene apoyarla sobre un trapo doblado y aflojar la presión en el último milímetro.
Qué plantar. Haworthia, Fenestraria, Crassula, cactus pequeños de globo como Rebutia o Mammillaria, siempre con sustrato mineral (un tercio de arena gruesa o arlita fina) porque en medio litro el agua tarda mucho en irse. En otoño se puede plantar en una taza un par de bulbos de Muscari armeniacum o de Crocus: florecen en febrero o marzo, se disfrutan seis semanas y luego los bulbos se pasan a tierra.
Cajones de cubertería y bandejas compartimentadas
La bandeja de cubiertos aporta algo que ningún otro objeto de la lista tiene: compartimentos separados y una superficie amplia. La contrapartida es la profundidad, cuatro o cinco centímetros, que descarta cualquier planta de raíz vertical.
Si es de plástico, los agujeros se hacen en un minuto con broca de 8 mm en cada compartimento. Si es de madera, el sustrato húmedo la deshace en un par de inviernos a la intemperie, así que o se queda dentro de casa o se forra con plástico grueso perforado en el fondo.
Qué plantar. Una composición de suculentas de raíz superficial, un compartimento por especie: Sedum album, Sedum acre, Sempervivum, Echeveria pequeñas, Graptopetalum. Con sustrato de cactus y riego cada diez o quince días en verano, ninguna necesita más fondo del que hay. La otra función natural de estas bandejas es el semillero de primavera: una variedad por casilla, con las etiquetas puestas.
Los envases de un solo viaje: tetrabriks, hueveras y rollos de cartón
Hay un grupo aparte, el de los recipientes que no pretenden durar. Un tetrabrik de leche cortado a la mitad a lo largo, con cuatro agujeros en el fondo, es un semillero de 1,5 litros que sirve para toda una tanda de plántulas de tomate o de lechuga en febrero y marzo, en un alféizar interior. La huevera de cartón y el rollo de papel higiénico cortado en cuatro dan cepellones diminutos que se plantan enteros, cartón incluido, sin tocar la raíz, lo que va bien para especies que llevan mal el trasplante como las cucurbitáceas.
Su límite es el que anuncian: el cartón húmedo se enmohece en tres o cuatro semanas y se deshace. Eso basta para llevar una semilla desde la germinación hasta las primeras hojas verdaderas, que es exactamente lo que se les pide. El tetrabrik, plastificado por dentro, aguanta una temporada entera y se puede reutilizar al año siguiente.
En resumen
Cada objeto de cocina falla de una forma previsible. La lata de conserva se pica por dentro en una o dos temporadas y conviene buscar las de hostelería de 3 litros y pintarlas de color claro. El tarro de cristal no drena y calienta el cepellón: funciona para esquejes en agua, para terrario o como cubremacetas, no como maceta. La tetera necesita agujero en el fondo pese al pico y solo admite raíz corta. El colador drena tanto que hay que forrarlo con fibra de coco o geotextil. La cafetera y la taza dan menos de medio litro y ahí únicamente entran suculentas o un bulbo de temporada. El cajón de cubertería tiene cinco centímetros de fondo, suficientes para una composición de sedums o para un semillero. Y el cartón dura lo justo para germinar, que era su cometido.