Al pasar de una lata a una bañera cambian las preguntas. El volumen deja de ser el cuello de botella (una bañera da más litros de los que casi ninguna planta necesita) y aparecen otras tres: si la estructura aguanta doscientos kilos de sustrato mojado, si el mueble sobrevive a un invierno a la intemperie y qué se hace con un desagüe de cuarenta milímetros que se traga la tierra. Este repaso va por esas tres, objeto a objeto, y termina con cómo se compone un recipiente grande para que no parezca una maceta con una planta perdida dentro. Las reglas de perforado, litros y materiales descartables están en los principios de las macetas recicladas.
Lo primero: el peso y dónde se apoya
Un sustrato ligero empapado pesa unos 0,8 kg por litro; con tierra vegetal mezclada, entre 1,3 y 1,6. Los números que salen de ahí condicionan todo lo demás.
Una bañera de 150 litros con mezcla de tierra ronda los 200 kg, más los 70 u 80 kg que pesa ella misma si es de hierro fundido esmaltado. Un tambor de lavadora lleno se va a 45 kg. Una carretilla de 70 litros, a unos 60. Un cajón de cómoda de 20 litros, a 20 kg, que multiplicados por cuatro cajones abiertos en cascada dan un mueble de casi cien kilos apoyado sobre unas patas pensadas para ropa doblada.
Tres consecuencias. La primera: nada de esto va sobre el voladizo de un balcón; las piezas grandes se colocan sobre suelo firme, terraza a nivel apoyada en muro de carga o directamente en el jardín. La segunda: el objeto se coloca lleno una vez y ya no se mueve, así que la orientación se decide antes de echar la primera paletada, no después. Y la tercera: cualquier mueble con patas o ruedas de interior necesita refuerzo o una base plana debajo, porque las patas se clavan en la tierra húmeda y el mueble acaba torcido.
Para aligerar sin perder litros útiles: mezclar un veinte o treinta por ciento de perlita, arlita o fibra de coco en el sustrato. Rellenar el fondo con botellas o corcho, en cambio, resta volumen radicular y hace el conjunto inestable con viento.
Bañera y lavabo: resolver el desagüe
La bañera es el recipiente reciclado más agradecido que existe: 40 o 50 centímetros de profundidad, entre 120 y 180 litros y una inercia térmica que amortigua tanto el calor de agosto como las heladas de enero. Con ese fondo admite arbustos permanentes, cosa que ninguna jardinera comercial de terraza permite.
El desagüe es una ventaja a medias. Está en el punto más bajo y evacúa bien, pero mide 40 mm y por ahí se escapa el sustrato con cada riego hasta dejar un cráter. La solución que funciona: colocar la rejilla metálica original, encima un recorte de geotextil o malla antihierbas de unos 20 cm de lado y encima un par de puñados de grava gruesa solo sobre ese punto. Es una excepción localizada, no la capa de grava en todo el fondo, que lo único que hace es elevar la franja encharcada. El rebosadero lateral se deja como está: es un aliviadero natural para las lluvias fuertes de otoño.
Si la bañera es acrílica, conviene añadir cuatro o cinco agujeros de 12 mm repartidos por el fondo, que se hacen en dos minutos con broca de madera. Si es de hierro fundido esmaltado, mejor no: la broca de widia salta el esmalte y deja el hierro desnudo, que se oxida y mancha. Con el desagüe bien resuelto basta.
Un detalle práctico: la bañera colocada directamente sobre tierra drena peor que elevada sobre cuatro bloques de hormigón, y elevada resulta además más cómoda de trabajar y menos accesible a los caracoles.
Qué plantar en una bañera. En zona mediterránea, un fondo de romero (Rosmarinus officinalis) o lavanda (Lavandula angustifolia) con salvia (Salvia officinalis) y santolina, todas de la misma exigencia de riego. En clima atlántico y a media sombra, una hortensia (Hydrangea macrophylla) ocupa ella sola el volumen entero. Como huerto, una bañera da para dos tomateras con sus 60 litros cada una, o para cuatro pimientos, o para una tanda continua de lechugas y acelgas de octubre a mayo.
El lavabo plantea el problema contrario. Da entre 15 y 25 litros y apenas 15 centímetros de profundidad útil, con un desagüe de 32 mm que se trata igual que el de la bañera. Ese fondo escaso lo destina a plantas de raíz superficial y poco riego: es el jardín alpino en miniatura de toda la vida. Sempervivum de varias especies, Sedum album y Sedum spurium, Saxifraga, tomillo rastrero (Thymus serpyllum), Armeria maritima, con dos o tres piedras planas de buen tamaño hincadas para dar estructura y sustrato muy mineral: un tercio de arena gruesa o gravilla silícea.
Carretilla: la única que se puede mover
Una carretilla vieja con la cuba abollada tiene 60 u 80 litros, forma de artesa y una virtud que ninguna otra pieza de esta lista comparte: rueda. Se puede llevar al sol en marzo, retirarla a la sombra en agosto y arrimarla a la pared en diciembre, y eso vale más que cualquier truco de riego.
La preparación es directa: seis u ocho agujeros de 10 mm en el fondo de la cuba, rebaba limada, y engrasar el eje de la rueda antes de llenarla, porque con 60 kg encima el cojinete seco se agarrota y ya no hay quien lo desmonte. Si la chapa está oxidada por dentro, una capa de imprimación antióxido en aerosol dobla su vida. El exterior, mejor en color claro o dejando el óxido como acabado, pero nunca pintada de negro al sol.
Qué plantar. Es el recipiente ideal para composición de temporada, precisamente porque se cambia entera dos veces al año: geranios y Pelargonium peltatum colgando por el frontal en verano, o una mezcla de petunias, Calibrachoa y verbena; en otoño, pensamientos y bulbos de narciso para febrero. También aguanta bien una colección de aromáticas de cocina puesta cerca de la puerta.
Cómoda, arcón y maleta: madera de interior a la intemperie
Aquí está el fallo que más piezas se lleva por delante. Un mueble doméstico moderno rara vez es madera maciza: el cuerpo suele ser aglomerado o tablero de fibras chapado, y ese material absorbe agua, se hincha de forma irreversible, se deslamina por los cantos y se deshace en un invierno de lluvia. La comprobación es de diez segundos: mira el canto de un cajón por la parte de abajo, donde no llega el chapado. Si se ven virutas prensadas o una masa parda uniforme, es aglomerado o fibra; si se ve veta continua, es madera maciza.
Con aglomerado hay dos caminos honestos: dejar el mueble en un porche cubierto, donde solo recibe humedad ambiente, o forrar cada cajón por dentro con plástico grueso (una bolsa de sustrato del revés sirve) perforado únicamente en el fondo, coincidiendo con los agujeros de drenaje que hayas hecho. El forro separa el sustrato de la madera y es lo que decide si el mueble dura una temporada o cinco.
Con madera maciza, un tratamiento de aceite de linaza o de lasur para exteriores aplicado antes de plantar, y repetido cada dos años, alarga la vida bastante. Cualquier tratamiento se aplica por fuera y por dentro, y se deja curar una semana antes de meter tierra.
La cómoda se planta con los cajones abiertos en escalera, el de abajo más y el de arriba menos, cada uno con cuatro agujeros de 10 mm y su forro. Los cajones dan entre 15 y 25 litros y unos 12 o 15 centímetros de fondo útil, que admiten aromáticas, lechugas, fresas y suculentas, pero no tomate. Los raíles hay que fijarlos con un tornillo o un tope de madera, porque el peso empuja el cajón hacia fuera y acaba en el suelo.
El arcón o baúl es directamente una jardinera profunda, 60 u 80 litros, con la tapa abierta haciendo de respaldo. Mismo tratamiento, más agujeros por ser más ancho, y la ventaja de que su fondo sí permite arbustos pequeños.
La maleta antigua es el caso más frágil de todos: cartón prensado, cartón vulcanizado o contrachapado fino forrado de tela, materiales que a la intemperie no llegan a la segunda lluvia seria. Su sitio es un porche, un recibidor luminoso o una terraza cubierta, con forro de plástico obligatorio y drenaje discreto. Dan unos 15 centímetros de fondo, así que van con las mismas plantas que el lavabo, o con helechos y Chlorophytum comosum si están en interior. Dos maletas apiladas y ligeramente descolocadas, la de arriba abierta y plantada, es una imagen que funciona; a la intemperie dura una temporada y conviene saberlo de antemano.
Tambor de lavadora: el cesto perfecto que necesita forro
El tambor de acero inoxidable de una lavadora vieja es la mejor pieza reciclada que se puede conseguir: 40 o 50 litros, indestructible, no se oxida, no se degrada con el ultravioleta y ya viene perforado de fábrica. El agujero central del eje, además, resuelve el drenaje del fondo sin tocar nada.
Su defecto es exactamente el del colador, a otra escala. Con miles de perforaciones, el sustrato desnudo se escapa por los laterales y la humedad se pierde en horas. Necesita un forro interior y hay dos que funcionan: lámina de fibra de coco de cesta colgante, que queda vista y bien, o geotextil, más barato, que se disimula plantando algo colgante por el borde superior. El forro se recorta con un par de centímetros de sobra por arriba y se deja asomar; después se recorta a ras. En el fondo, sobre el agujero del eje, un trozo suelto de geotextil para que no se vacíe por ahí.
Qué plantar. Con 45 litros y un forro que transpira por todos lados, va bien lo que tolera secarse: aromáticas mediterráneas, Santolina chamaecyparissus, gramíneas ornamentales como Stipa tenuissima o Festuca glauca, y suculentas rastreras cayendo por el borde. Regado a diario o con goteo también admite un huerto pequeño.
Hay un uso alternativo que aprovecha mejor lo que el tambor es: dejarlo vacío, sin forro, sobre tres bloques, con macetas dentro. Y otro clásico, como cesto para leña o brasero, que no compete a este artículo pero explica por qué se ven tantos en desguaces.
Somier y bicicleta: soporte, no recipiente
Dos objetos de la lista no son macetas y conviene decirlo para no perder el tiempo intentando plantarlos.
El somier de láminas o de muelles apoyado en vertical contra un muro es una celosía gratis, con la malla del tamaño exacto que necesita una trepadora. Se ancla al muro con dos tacos y bridas, porque con la planta desarrollada hace de vela con el viento. Delante se coloca una jardinera de al menos 30 litros con lo que va a subir: campanilla (Ipomoea tricolor) y judía de España (Phaseolus coccineus) para una pantalla de una sola temporada, guisante de olor (Lathyrus odoratus) por el aroma, y para algo permanente Clematis, jazmín (Jasminum officinale) o madreselva (Lonicera). El somier también funciona en horizontal, elevado sobre bloques, como mesa donde apoyar macetas y que drenen solas.
La bicicleta oxidada es un soporte decorativo: aporta la cesta del manillar y el portaequipajes trasero, cinco u ocho litros cada uno, que se forran igual que un colador y se plantan con colgantes de temporada. Lo que hay que resolver es la sujeción, porque una bici apoyada de pie con dos cestas cargadas y algo de viento se cae y arrastra las macetas de al lado. Se soluciona clavando dos varillas de hierro en el suelo por dentro del cuadro, atándola al muro por el sillín o hincando las ruedas diez centímetros en la tierra.
Cómo se planta un recipiente grande
Un volumen de 60 o 150 litros con una sola planta en el centro se ve pobre. Hay dos maneras de resolverlo y las dos funcionan.
La primera es la composición en tres alturas. Una planta de porte que da la estructura, colocada descentrada y hacia el fondo; una masa media que rellena el cuerpo, en grupos de tres o cinco pies; y una colgante que rompe el borde y evita que se vea la línea dura del recipiente. En una bañera, por ejemplo: un romero de porte erguido al fondo, salvia y Nepeta en el cuerpo, y Sedum o Lobularia maritima desbordando por delante.
La segunda es la masa de una sola especie. En volúmenes grandes, doce lavandas iguales o una mata de gramínea repetida dan un resultado más limpio que cualquier mezcla, y además simplifica el riego.
Tres condiciones para que salga bien. Todo lo que comparta recipiente debe pedir el mismo riego y la misma luz: mezclar lavanda con hortensia condena a una de las dos. La densidad de plantación se calcula con el tamaño adulto, no con el del cepellón; lo que en abril parece vacío estará cerrado en julio. Y el sustrato de un volumen grande no se compra en sacos de floristería: sale mejor una mezcla de tierra vegetal, compost maduro y un veinte por ciento de perlita o arlita, con un puñado de abono de liberación lenta al plantar y un aporte de compost cada primavera.
Con más de 60 litros al sol, un ramal de riego por goteo con dos o tres goteros de 2 litros por hora ahorra la mitad del agua y todas las ausencias de agosto.
En resumen
En los objetos grandes el volumen sobra y lo que decide es la estructura, la resistencia a la intemperie y el desagüe. Calcula el peso a 0,8 kg por litro con sustrato ligero y hasta 1,6 con tierra, y coloca las piezas sobre suelo firme, nunca en un voladizo. La bañera y el lavabo drenan por su desagüe si se tapa con rejilla, geotextil y grava solo en ese punto. La carretilla es la única que se mueve y por eso conviene para composiciones de temporada. Los muebles de aglomerado se deshacen en un invierno y necesitan forro de plástico o porche cubierto; los de madera maciza, aceite o lasur cada dos años. El tambor de lavadora es indestructible pero pierde sustrato y agua por sus perforaciones hasta que se forra con coco o geotextil. El somier y la bicicleta son soportes, no recipientes, y hay que anclarlos. Y en volúmenes grandes se planta o en tres alturas o en masa de una sola especie, siempre con plantas que pidan el mismo riego.