Conviene decir de entrada lo que un zapato plantado es y lo que no es: una pieza decorativa de vida corta, con medio litro de sustrato dentro y una fecha de caducidad que depende del material. No es una maceta y no compite con una. Dicho eso, funciona muy bien dentro de sus límites, y esos límites (qué aguanta cada material, cómo se drena sin destrozar la pieza, qué cabe de verdad ahí dentro y dónde hay que colocarla para que la idea se lea) son lo que trata esta página. Las cuestiones generales de perforado y volumen están en los principios de las macetas recicladas.
Cuánto dura cada material
El calzado está fabricado para mantener el agua fuera durante unas horas al día, no para tener tierra mojada dentro de forma permanente. Cada material responde de una manera distinta y la diferencia entre ellos es de años.
Goma y caucho: varios años. La bota de agua, la katiuska, el zueco de jardín y cualquier suela de goma gruesa son lo más duradero del grupo con diferencia. El caucho no se pudre ni cría moho. Su punto débil es el ultravioleta: el PVC de las botas de agua económicas se vuelve rígido y se agrieta a los dos o tres años de sol directo, y la grieta aparece siempre en el mismo sitio, el pliegue del empeine, porque es donde el material trabajó doblado. Una bota de goma en semisombra pasa de cinco años sin problema.
Cuero engrasado: un par de temporadas. El cuero grueso de una bota de montaña o de trabajo aguanta si se prepara antes. Sin tratar, el contacto continuo con sustrato húmedo lo ablanda, le saca moho, lo endurece al secarse y termina agrietándolo; además el adhesivo de la suela cede con la humedad y la suela se abre por la punta. Engrasado con grasa para calzado o con aceite de linaza, por fuera y por dentro, antes de plantar y otra vez al año siguiente, se sacan dos temporadas decentes. El cuero fino de un zapato de vestir no llega a eso.
Tela y lona: una temporada escasa. La zapatilla de lona se destiñe, se enmohece y se descose por la costura del empeine en unos meses de intemperie. La suela sobrevive y el resto no. Como pieza de un verano tiene sentido; como algo permanente, no.
Sintéticos. La zapatilla deportiva de material sintético dura más que la lona y menos que la goma: la malla se degrada y las capas encoladas se despegan, pero suele dar dos temporadas.
La conclusión práctica: si quieres que la pieza siga ahí dentro de tres años, botas de goma. Si quieres el aspecto de bota de cuero gastada, cuenta con reponerla y engrásala antes.
Drenaje: la suela hay que perforarla
La suela está diseñada precisamente para que el agua no pase, así que sin agujeros el zapato se convierte en un recipiente estanco con medio litro de barro dentro y la planta se asfixia en dos semanas.
Dónde. Tres o cuatro agujeros de 6 a 8 mm en la suela, repartidos entre la zona de la planta del pie y el talón, que son las partes más gruesas y las que menos se deforman. Nada de perforar los laterales por encima de la línea de la suela: por ahí se sale el agua de riego antes de mojar el sustrato y además se debilita el corte.
Cómo, según el material. La goma se perfora limpiamente con broca de madera a velocidad baja, o con la punta de un destornillador viejo calentado, que además sella el borde. El cuero es más traicionero porque la broca lo engancha y lo enrolla: se resuelve apoyando la bota sobre un taco de madera y perforando contra él, o usando un sacabocados de cuero de 6 mm y un martillo, que da un agujero perfecto. La suela de goma vulcanizada de una zapatilla, con broca normal.
Antes de rellenar, una capa fina de fibra de coco o un recorte de geotextil sobre los agujeros, para que la primera regada no se lleve el sustrato por abajo. Y una advertencia sobre la caña: en una bota alta, la parte del tobillo hacia arriba es un tubo estrecho donde el sustrato se compacta y no se puede regar ni airear. Rellena esa zona con material inerte (arlita, corcho troceado, grava) hasta unos ocho centímetros del borde, y planta solo esos ocho centímetros. Se gana raíz útil y se pierde peso muerto.
El volumen que hay de verdad
Aquí está el límite real y no hay manera de rodearlo. Una bota de montaña del 42, llena hasta el borde de la caña, admite alrededor de un litro de sustrato, y de ese litro la zona donde puede vivir una raíz (el pie, más los primeros centímetros del tobillo) ronda el medio litro. Una zapatilla se queda entre 0,3 y 0,4 litros. Un zapato de vestir, en 0,25.
Medio litro de sustrato al sol de julio en el interior peninsular se seca por completo en un día. Eso significa dos cosas: que la selección de plantas se restringe a especies que toleran secarse, y que en verano hay que regar a diario o poner la pieza en semisombra.
El sustrato conviene mezclarlo para que retenga algo sin encharcarse: mitad sustrato universal, un cuarto de fibra de coco y un cuarto de arena gruesa o arlita fina. La fibra de coco compra unas horas de humedad y la arena garantiza que el agua atraviese los agujeros de la suela.
Qué plantas caben ahí
Con medio litro y secado rápido, la lista es corta y funciona.
Suculentas rústicas. Es la opción con mejor resultado. Sempervivum tectorum y Sempervivum arachnoideum forman roseta y van sacando hijuelos hasta llenar la boca del zapato; aguantan heladas fuertes y meses sin riego. Sedum album, Sedum acre y Sedum spurium cubren y desbordan por el borde, que es justo lo que interesa visualmente. Delosperma cooperi añade flor magenta de mayo a septiembre. Una Echeveria pequeña sirve, con la advertencia de que no tolera heladas por debajo de -2 °C y en la meseta hay que retirarla en invierno.
Aromáticas rastreras. Tomillo (Thymus vulgaris) y tomillo serpol (Thymus serpyllum) son de secano, ocupan poco fondo y sueltan olor al rozarlas, lo que encaja con una bota puesta al borde de un camino. Ajedrea y orégano rastrero, igual. El romero y la lavanda, no: en medio litro se quedan raquíticos y mueren al segundo verano.
Un bulbo pequeño para primavera. Tres bulbos de Muscari armeniacum o cinco de Crocus plantados en octubre dan una floración de seis semanas en febrero y marzo. En una bota grande cabe un narciso enano tipo Narcissus 'Tête-à-tête'. Después de la floración se dejan secar las hojas y los bulbos se pasan a tierra, porque en ese volumen no se recargan para el año siguiente.
Anuales de flor para un verano. Portulaca grandiflora es la que mejor se comporta porque está hecha para el suelo seco y el sol duro. Lobularia maritima desborda bien. Petunias y Calibrachoa quedan espectaculares y piden riego diario sin fallar uno.
Lo que no cabe: nada con raíz pivotante, ninguna hortaliza, ningún arbusto, y ninguna planta que en el vivero ya venga en una maceta de 12 centímetros con el cepellón lleno.
Dónde colocarlos para que la idea funcione
Un zapato plantado y dejado en el suelo del jardín desaparece entre la vegetación y parece basura olvidada. La colocación es la mitad del resultado.
Colgados, a la altura de la vista. Es donde mejor se leen, porque se ve la silueta completa recortada contra el muro y no solo la boca. Se cuelgan de un clavo o un tornillo con arandela grande por la trabilla del talón, por el pasador de los cordones o por un par de agujeros hechos en la caña con un sacabocados y una cuerda pasada. Sobre una valla de madera, sobre una pared de ladrillo o de los travesaños de una escalera de mano apoyada. Colgado, además, el drenaje mejora y el zapato se seca entre riegos.
En serie, nunca de uno en uno. Una bota suelta se lee como un descuido; seis alineadas a la misma altura y separadas por la misma distancia se leen como una decisión. Lo mismo con los pares: los dos zapatos juntos, ligeramente girados uno respecto al otro, funcionan mejor que uno solo.
Al borde de un escalón, un camino o un muro bajo. Sobre el peldaño de la entrada, en el remate de un murete, en el alféizar exterior. El zapato necesita un borde que lo sostenga visualmente y un fondo liso detrás.
Que se note que es calzado usado. Una bota de trabajo con el cuero cuarteado y los cordones deshilachados cuenta algo; una deportiva blanca reciente parece que se ha caído ahí. Las botas de agua de colores son la excepción, porque el color saturado es precisamente su gracia y admiten ir en fila de cuatro o cinco en una escalera.
En invierno. El cuero empapado que se hiela y se deshiela repetidamente se agrieta; si vives en zona de heladas frecuentes, las piezas de cuero se resguardan bajo cubierto de diciembre a febrero. Las de goma se quedan donde están sin más consecuencia.
En resumen
Un zapato plantado es decoración de vida corta y funciona si se acepta como tal. La goma aguanta varios años y es la elección si quieres permanencia; el cuero da dos temporadas engrasado antes de plantar; la tela, una escasa. Hay que perforar la suela, tres o cuatro agujeros de 6 a 8 mm en la planta y el talón, con sacabocados en el cuero para que no se enrolle, y rellenar con material inerte la caña de las botas altas. El sustrato útil ronda el medio litro y se seca en un día de julio, así que solo entran Sempervivum, Sedum, Delosperma, tomillo, un puñado de bulbos pequeños en otoño o una Portulaca de verano. Y el sitio importa tanto como la planta: colgados a la altura de la vista, en serie y sobre un fondo limpio.