Melisa, tomillo y valeriana llevan siglos en los huertos de casa y comparten fama de plantas de rincón tranquilo, pero en el cultivo no se parecen en nada. La melisa quiere sombra fresca y tierra húmeda, el tomillo quiere sol, piedra y sequía, y la valeriana quiere un suelo que no se seque nunca y sitio de sobra, porque pasa del metro y medio de altura. Puestas juntas en la misma jardinera se estorban.
Las tres son perennes y las tres se multiplican fácilmente en casa, así que con un ejemplar de cada una basta para tener plantas de reposición durante años. Esta es la segunda parte de un artículo sobre aromáticas en maceta; el sustrato, el riego, el momento de cosechar y el secado están explicados en la primera parte.
El cultivo de las aromáticas es bastante sencillo. Se debe procurar para ellas un rincón en el jardín o una mesa de cultivo.
Melisa o toronjil
Melissa officinalis es una labiada perenne de hoja rugosa y fuerte olor a limón al frotarla. Forma una mata de 60 a 80 centímetros y florece en verano con flores blancas discretas que resultan muy atractivas para las abejas; de ahí viene su nombre, del griego melissa, abeja.
Es planta de semisombra. En el interior peninsular, un sitio a pleno sol de julio le quema las hojas y le da un aspecto pajizo; bajo la sombra de un árbol o en la orientación este de una terraza va mucho mejor. Quiere sustrato fértil y fresco, que no llegue a secarse del todo, aunque con drenaje suficiente para que no se encharque.
Conviene saber que es expansiva por dos vías: se resiembra con enorme facilidad si se dejan madurar las flores, y la mata se ensancha año tras año. En un bancal acaba apareciendo por todas partes. La forma cómoda de tenerla es en su propio tiesto y cortando las inflorescencias antes de que granen. Ese corte cumple además otra función, porque una vez florece, la hoja pierde parte del aroma.
Con las heladas pierde toda la parte aérea y parece muerta. No lo está: rebrota de cepa en primavera, y aguanta inviernos duros sin problema. En febrero se retiran los restos secos a ras de suelo para dejar sitio al rebrote.
Tomillo
El tomillo común es Thymus vulgaris, un pequeño arbusto leñoso de 20 a 40 centímetros, propio del matorral mediterráneo y perfectamente adaptado a los suelos calizos, pedregosos y pobres del este y el sur peninsulares. En España es también frecuente el tomillo salsero o Thymus zygis, y en jardinería se usa mucho el tomillo limonero, Thymus x citriodorus, de hoja pequeña y aroma cítrico.
Necesita sol pleno y un drenaje excelente. Lo que mata al tomillo casi nunca es el frío, es el agua parada en invierno: en maceta, un plato con agua debajo durante los meses fríos basta para pudrirle el cuello. En sustrato conviene pasarse de arena antes que de compost, y regar solo cuando la tierra esté seca en profundidad, incluso en verano.
Florece entre la primavera y principios de verano, en rosa o malva pálido, y las flores son muy visitadas por las abejas. Después de la floración toca la poda anual, que es lo que decide si la mata dura tres años o diez: se recorta un tercio de los tallos del año, sin bajar nunca al leño viejo y desnudo, porque de la madera sin hojas el tomillo no rebrota. Una mata que se deja sin podar se abre por el centro, se queda leñosa y hay que reponerla.
Se cosecha cortando ramillas tiernas, mejor justo antes de la floración, y se seca en manojos colgados. Es una de las aromáticas que mejor conserva el aroma seca, y también de las que mejor aguanta el frío sin protección en casi toda la Península.
Valeriana
La valeriana medicinal es Valeriana officinalis, una vivaz de porte alto, entre uno y metro y medio, con hojas divididas y corimbos de flores blancas o rosadas en verano. No hay que confundirla con la llamada valeriana roja o hierba de San Jorge, Centranthus ruber, que es la de flores carmesí que crece sola en taludes y muros de media España: son plantas distintas y no se usan igual.
Al contrario que el tomillo, la valeriana quiere humedad. Prospera en suelos frescos, incluso pesados y húmedos, ricos en materia orgánica, y tolera bien los terrenos calcáreos. Admite sol o semisombra, y en el sur agradece la sombra de la tarde. Es rústica y aguanta heladas fuertes, aunque pierde la parte aérea en invierno.
Se siembra en primavera, o se planta directamente, y crece deprisa. Como se va a extender por rizoma, conviene darle un sitio propio y con espacio, o un contenedor amplio y profundo. En el segundo año ya tiene raíz aprovechable.
Lo que se recolecta es la raíz, y se hace en otoño de la segunda temporada, cuando la parte aérea ya se ha secado, o bien a principios de primavera antes del rebrote. Se desentierra la cepa, se lava, se separan las raíces, se parten y se secan a la sombra, en capa fina y con buena ventilación, porque tardan más que las hojas. La raíz seca desprende un olor intenso y bastante peculiar que, por cierto, atrae a los gatos igual que la hierba gatera.
Multiplicar las tres en casa
La melisa y la valeriana se dividen: en primavera o en otoño se desentierra la mata, se separa en porciones con raíz y algún brote y se replantan de inmediato, sin dejar que las raíces se sequen al sol. Es lo más rápido y lo que mejor funciona, y además rejuvenece la planta madre, que con los años se ahueca por el centro.
El tomillo no se divide bien porque hace un cepellón leñoso. Se multiplica por esqueje semileñoso a finales de primavera o en verano: se cortan ramillas de unos ocho centímetros, se les quitan las hojas del tercio inferior y se clavan en un sustrato muy arenoso, a la sombra y con la superficie apenas húmeda. Enraízan en tres o cuatro semanas. También funciona el acodo: se dobla una rama baja contra el suelo, se sujeta con una piedra y se cubre de tierra el punto de contacto; unos meses después se separa ya enraizada.
Por semilla, la melisa germina sola por todas partes y la valeriana no da problemas, pero el tomillo es lento y desigual, y los tomillos de jardinería como el limonero son híbridos que no salen fieles de semilla. Para esos, esqueje siempre.
El invierno de las aromáticas en maceta
En tiesto, el cepellón se congela y se empapa mucho más que la tierra del suelo, y ahí es donde se pierden las plantas. Tres medidas resuelven casi todo: quitar los platos de debajo desde noviembre, arrimar los tiestos a una pared orientada al sur, que devuelve calor por la noche, y agrupar las macetas para que se protejan entre ellas.
En zonas frías, envolver el tiesto (no la planta) con arpillera o plástico de burbujas evita que el cepellón se hiele. Y el riego se reduce al mínimo: en diciembre y enero, con la planta parada o sin hoja, un tiesto húmedo tarda semanas en secarse y las raíces no están absorbiendo agua. La mayor parte de las bajas invernales de tomillo, romero y lavanda en terraza son por exceso de riego, no por frío.
Sobre los usos tradicionales
Estas tres plantas tienen un largo historial de uso en infusión y en la cocina popular. Conviene tomárselas como lo que son: alimentos y condimentos, no tratamientos. Cualquier planta con actividad farmacológica puede interferir con medicamentos o estar desaconsejada en el embarazo, la lactancia o determinadas dolencias, y esa valoración corresponde al médico o al farmacéutico, no a un artículo de jardinería. Aquí no se dan dosis ni indicaciones de uso.
Sí conviene una precaución de cultivo: si se van a consumir hojas o raíces, la planta tiene que haberse criado en un sustrato limpio, con agua potable o de lluvia y sin productos fitosanitarios, y hay que estar seguro de la identificación de la especie. Comprar planta o semilla etiquetada evita confusiones que con las labiadas silvestres son fáciles de cometer.
En resumen
Tres plantas perennes y tres exigencias opuestas. El tomillo pide sol, suelo pobre y calizo y sequía, y una poda anual después de florecer que nunca baje al leño viejo. La melisa pide semisombra y frescor, y hay que cortarle la flor tanto para conservar el aroma de la hoja como para evitar que se resiembre por todo el huerto. La valeriana pide humedad, espacio y dos temporadas de espera si lo que se busca es la raíz.
Las tres se reproducen en casa sin material especial: división de mata para melisa y valeriana, esqueje o acodo para el tomillo. En maceta, el punto crítico no es el verano sino el invierno, cuando el cepellón se empapa y se hiela; quitar los platos, agrupar los tiestos junto a una pared soleada y regar lo justo salva más aromáticas que cualquier otra medida.