Pereskia es el género de cactus que no parece un cactus. Son arbustos, arbolillos y trepadoras leñosas con hojas anchas y planas, corteza pardusca y flores que recuerdan a las de un rosal silvestre. Y sin embargo pertenecen de pleno derecho a la familia Cactaceae: tienen aréolas, esa estructura exclusiva de los cactus desde la que brotan las espinas, y sobre ese carácter no hay discusión.

Su interés va más allá de lo ornamental. Durante mucho tiempo se ha considerado que estas plantas conservan rasgos próximos a los de los antepasados de la familia, cuando los cactus todavía tenían hojas y no habían desarrollado el tallo suculento. Por eso aparecen en cualquier explicación sobre el origen del grupo, aunque conviene decir que las relaciones internas siguen revisándose y que trabajos recientes han segregado parte de las especies en otros géneros, como Leuenbergeria y Rhodocactus.

Cómo son

El porte varía de arbusto de un par de metros a árbol pequeño y a liana leñosa que trepa por los árboles del bosque, alcanzando en algunos casos una decena de metros apoyándose en la vegetación. El tallo se lignifica con la edad y se cubre de corteza parda, sin la suculencia verde característica del resto de la familia.

Las hojas son persistentes, anchas, planas y claramente fotosintéticas, no reducidas a espinas. En climas con estación seca marcada muchas especies las pierden parcialmente. Las aréolas se sitúan en la axila de las hojas y de ellas salen espinas, solitarias o en haces, de longitud desigual. No hay gloquidios, esas espinitas diminutas y barbadas que se clavan al menor roce y que sí tienen las opuntias.

Las flores son vistosas, con muchos pétalos, en tonos blanco, crema, rosa, magenta o anaranjado, y salen solitarias o en grupos. El parecido con una rosa silvestre es lo que da a algunas especies el nombre popular de rosa de cactus. El fruto es carnoso y en varias especies contiene hojas o brácteas reducidas.

Dónde viven

El género es americano y tropical: México, Centroamérica, el Caribe y buena parte de Sudamérica, con presencia importante en Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina. Ocupan bosques secos, matorrales espinosos y bordes de selva, casi siempre en zonas cálidas sin heladas.

Aquí está el detalle que más importa a quien las cultiva: a diferencia del resto de la familia, no son especialmente resistentes a la sequía. Su tallo no almacena agua como el de un cactus columnar y sus hojas transpiran. En cultivo eso se traduce en un manejo mucho más parecido al de un arbusto tropical que al de un cactus de desierto.

Cultivo

Luz filtrada mejor que sol directo abrasador. En una terraza del sur peninsular en julio, el sol de mediodía les quema las hojas. Sombra luminosa, sol de mañana o luz tamizada son las opciones buenas.

Riego regular durante la temporada de crecimiento, sin dejar que el cepellón se seque del todo, que es justo lo contrario de lo que se hace con la mayoría de los cactus. En invierno se reduce, sobre todo si la planta pierde hoja y baja la temperatura, pero no se corta del todo como en un Echinopsis. El sustrato debe drenar bien y a la vez retener algo de humedad: sustrato universal de calidad con una parte de material mineral y algo de fibra de coco funciona bien.

Agradecen humedad ambiental y ventilación. En interiores muy secos y calientes aparece el problema clásico del género, la araña roja, un ácaro diminuto que punteaba las hojas de amarillo y acaba tejiendo telarañas finísimas en el envés y en las axilas. Se ve mejor mirando el envés a contraluz. La prevención razonable es aumentar la humedad ambiental, ventilar y revisar con regularidad, y en interior una ducha de agua sobre el envés hace más de lo que parece.

Frío: no toleran heladas. En el litoral mediterráneo y en Canarias pueden vivir fuera todo el año en sitio resguardado; en el resto de España se cultivan en maceta y se guardan en invierno por encima de los diez grados. Crecen rápido y admiten bien la poda, así que se pueden mantener a un tamaño manejable. El trasplante y el abonado se hacen en primavera.

Multiplicación e injertos

Se multiplican por esqueje con mucha facilidad. Se corta un trozo de tallo semileñoso con varias hojas, se retiran las de la base, se deja cicatrizar el corte un par de días y se planta en sustrato húmedo y ventilado. En primavera y verano enraízan en pocas semanas. También se pueden sembrar semillas, aunque no es lo habitual.

El uso más conocido de estas plantas entre los aficionados a los cactus es como patrón de injerto. Al tener un crecimiento rápido y un sistema radicular vigoroso, sirven de portainjerto para especies delicadas o de crecimiento muy lento, y han sido clásicas para injertar cactus epífitos como los Schlumbergera. Para injertar plántulas diminutas de semillero, sin embargo, el patrón preferido suele ser Pereskiopsis, su pariente más próximo.

Diferencias con Pereskiopsis

Los dos géneros comparten la rareza de ser cactus con hojas de verdad y se confunden con frecuencia. La distinción práctica es sencilla: las ramas de Pereskia desarrollan corteza parda con la edad y sus aréolas no tienen gloquidios; las de Pereskiopsis se mantienen verdes durante mucho más tiempo y sus aréolas sí llevan gloquidios, esos pelillos con púas microscópicas que conviene no tocar. Además, Pereskiopsis es un género casi exclusivamente mexicano, mientras que Pereskia se reparte por todo el trópico americano.

Una especie con doble cara

Pereskia aculeata, trepadora espinosa conocida en Brasil como ora-pro-nóbis, se cultiva allí desde hace generaciones como verdura de hoja y forma parte de la cocina tradicional de Minas Gerais. Es un dato cultural documentado, no una recomendación de consumo para quien tenga una planta ornamental en el balcón.

La misma especie tiene una cara menos amable. Fuera de su área de origen se ha convertido en una trepadora invasora seria en algunos países, especialmente en Sudáfrica, donde forma masas que cubren y ahogan la vegetación nativa y resulta muy difícil de erradicar por su capacidad de rebrotar de fragmentos. En España no consta como problema, pero es un buen recordatorio de que ninguna planta de crecimiento rápido debe acabar tirada en un descampado o en un barranco: los restos de poda van al contenedor, no al monte.

En resumen

Pereskia agrupa cactus leñosos con hojas planas persistentes, aréolas con espinas y flores parecidas a rosas silvestres, repartidos por el trópico americano. Son las cactáceas que menos lo parecen y las que peor toleran la sequía, de modo que se cultivan como arbustos tropicales: luz tamizada, riego regular en crecimiento, humedad ambiental y nada de heladas.

Se multiplican por esqueje con facilidad y sirven de patrón para injertar cactus más delicados, aunque para injertar plántulas se prefiere Pereskiopsis. La araña roja es su plaga habitual en ambientes secos y calientes, y la señal para detectarla es el punteado amarillo en el envés de las hojas.


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