Echinopsis es uno de los géneros más cultivados de la familia Cactaceae y también uno de los más enredados desde el punto de vista taxonómico. Lo que une a sus especies es la flor: enorme, en forma de embudo, con un tubo largo cubierto de escamas y pelos, que se abre de golpe y dura apenas un día. Un cactus pequeño y anodino durante once meses puede sacar en junio una flor de veinte centímetros.
Para quien cultiva, la buena noticia es que son de los cactus más fáciles y resistentes que se pueden tener en una terraza española. Aguantan sol directo, sequía prolongada, sustratos pobres y, algunas especies, incluso heladas ligeras si pasan el invierno completamente secas. Producen hijuelos con abundancia y florecen en pocos años desde semilla.
Qué es Echinopsis y por qué su nombre baila tanto
El nombre viene del griego echinos, erizo, y opsis, apariencia, y describe bien a las especies globosas y espinosas que lo originaron. El problema es que a lo largo del siglo XX el género se fue ampliando hasta contener plantas que no se parecen en nada entre sí.
En la circunscripción amplia, la que popularizó David Hunt, Echinopsis absorbió géneros enteros que los aficionados seguían usando: Lobivia, para los cactus globosos andinos de flor diurna, corta y de colores vivos; Trichocereus, para las especies columnares, a veces arborescentes, con flores grandes, blancas y nocturnas; Helianthocereus, Soehrensia, Chamaecereus y algunos más. Todos quedaron reunidos en la tribu Trichocereeae.
Los estudios moleculares posteriores han mostrado que ese Echinopsis ampliado no es un grupo natural, y varios autores han vuelto a segregar parte de esas plantas, recuperando nombres como Trichocereus o Soehrensia. La consecuencia práctica para quien cultiva es que una misma planta circula con dos o tres nombres válidos según el catálogo que se consulte, y que las listas de sinónimos son larguísimas. No es un error de las etiquetas, es un debate abierto.
Formas y flores
Dentro del género, tal como se sigue entendiendo en jardinería, hay tres grandes tipos de porte. Los globosos pequeños, del tamaño de un puño, que forman grupos densos a base de hijuelos. Los globosos que se van alargando con la edad hasta hacerse cortamente columnares. Y los verdaderamente columnares, que en su tierra alcanzan varios metros y se ramifican como candelabros.
La flor es lo que las hermana. Sale lateralmente del tallo, no del ápice, sobre un tubo largo cubierto de escamas con pelos lanosos, y se abre en embudo. En unas especies es nocturna, blanca y muy perfumada, con polinización por esfíngidos y murciélagos en su hábitat; en otras es diurna, más corta y de color rojo, naranja, amarillo o rosa. Casi siempre dura menos de veinticuatro horas. El fruto es globoso, peludo, con pulpa blanda y numerosas semillas negras.
Dónde viven
Las especies de Echinopsis son sudamericanas: Argentina, Bolivia, Perú, Chile, Paraguay, Uruguay y sur de Brasil. Ocupan una franja de hábitats enorme, desde las llanuras del Chaco y la Pampa hasta la puna andina por encima de los 4.000 metros. El centro de diversidad está en los Andes, entre el norte de Argentina y el sur de Perú.
Esa amplitud altitudinal es la clave de su rusticidad. Las especies de puna soportan noches gélidas y una atmósfera muy seca, y por eso toleran mejor el frío que la mayoría de los cactus mexicanos. Las de tierras bajas, en cambio, son más frioleras. Al comprar una planta conviene saber de dónde viene su especie antes de dejarla fuera en enero.
Cultivo en España
Sustrato mineral y drenante, siempre. Una mezcla de sustrato para cactáceas con un 40 o 50 por ciento de pómice, picón volcánico o arena de sílice gruesa funciona bien. Los ejemplares grandes agradecen algo de peso en la maceta para no volcar, y ahí la grava basáltica ayuda. La maceta de barro seca antes que la de plástico y es la opción segura en climas húmedos como el cantábrico.
Riego: abundante y espaciado de abril a septiembre, empapando el cepellón y dejándolo secar del todo antes de repetir. En pleno verano, en el interior peninsular, eso puede ser cada semana o cada diez días en macetas pequeñas. A partir de octubre se va reduciendo, y de noviembre a febrero no se riega nada. Un cactus seco y frío sobrevive; un cactus húmedo y frío se pudre por el cuello.
Sol directo, cuanto más mejor, con la precaución de aclimatar a las plantas que vienen de invernadero. Un ejemplar que ha pasado el invierno dentro y sale de golpe al sol de mayo se quema y queda con una cicatriz amarillenta permanente en la cara sur.
Frío: en el litoral mediterráneo y en Canarias viven fuera todo el año sin problema. En el interior, muchos ejemplares aguantan heladas de unos pocos grados bajo cero si el sustrato está seco y están en un sitio protegido de la lluvia, pero no es un riesgo que merezca la pena correr con una planta de la que uno se ha encariñado: bajo un porche o en un invernadero frío pasan el invierno tranquilos.
Sobre el abonado, poco y en la temporada de crecimiento. Un fertilizante para cactáceas, bajo en nitrógeno, una vez al mes de abril a agosto es suficiente. El exceso de nitrógeno produce crecimientos blandos, verdes y deformes que además atraen cochinilla.
Floración y multiplicación
Para que florezcan hacen falta dos cosas: sol abundante en verano y un invierno seco y fresco de verdad. Una planta que pasa el invierno a 22 grados en el salón, con riegos ocasionales, rara vez florece, porque no ha tenido reposo. El descanso invernal frío y seco es lo que induce los botones en primavera.
Los hijuelos son la vía rápida. Se separan en primavera o principios de verano girándolos con cuidado, se deja secar el corte tres o cuatro días a la sombra y se plantan en sustrato seco, sin regar hasta pasada una semana. La semilla también germina bien: se siembra en primavera, en superficie, sobre sustrato mineral tamizado, con calor y humedad controlada. Es la forma de conseguir especies que no se ven en vivero.
Estas plantas se hibridan con muchísima facilidad, y desde hace décadas hay aficionados dedicados a cruzar Echinopsis con las antiguas Lobivia y Trichocereus para conseguir flores grandes en colores que no existen en la naturaleza. Esos híbridos, vendidos con nombre de cultivar, son plantas resistentes y de floración espectacular, muy recomendables para empezar.
Comercio, CITES y compra responsable
Toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, el convenio sobre el comercio internacional de especies amenazadas. Eso significa que el comercio internacional de plantas de cactus está regulado y requiere documentación, y que las plantas recolectadas en su hábitat no pueden circular libremente. La recolección de ejemplares silvestres, además del daño directo a las poblaciones, suele ser inútil: las plantas de campo, adaptadas a su suelo y su altitud, se mueren en cultivo con mucha más frecuencia que las de semillero.
Comprar en vivero, con planta propagada, sale más barato, es legal y funciona mejor. Con Echinopsis además no hay excusa, porque son de los cactus más fáciles de multiplicar por hijuelo y de encontrar en cualquier centro de jardinería.
En resumen
Echinopsis agrupa cactus sudamericanos de porte muy variable, desde globosos del tamaño de un puño hasta columnares de varios metros, unidos por una flor grande en forma de embudo que dura un día. Su taxonomía está en revisión permanente y por eso muchas especies circulan con varios nombres, incluidos los de Lobivia y Trichocereus.
En cultivo son de los cactus más agradecidos: sustrato mineral, sol directo, riego generoso en verano y sequía completa de noviembre a febrero. Ese reposo invernal seco y fresco no es sólo cuestión de supervivencia, es lo que hace que florezcan al año siguiente. Se multiplican sin dificultad por hijuelo, así que no hay ninguna razón para recurrir a plantas de origen dudoso en un género protegido por CITES.