Un jardín que se queda sin flor en septiembre está mal planificado, no cansado. En clima peninsular el otoño es, de hecho, una segunda temporada de floración: la caída del calor nocturno, las lluvias de finales de septiembre y el acortamiento del día activan a un grupo de plantas que llevaban todo el verano esperando exactamente esas condiciones. Lo que hace falta es haberlas plantado antes.
Por qué unas plantas eligen octubre
Detrás de la floración otoñal hay dos mecanismos distintos y conviene distinguirlos, porque determinan qué se puede forzar y qué no.
El primero es el fotoperiodo. El crisantemo, la poinsettia o la kalanchoe son plantas de día corto: solo forman botones florales cuando la noche ininterrumpida supera cierta duración, en torno a las once o doce horas. Eso ocurre a partir del equinoccio de septiembre. La consecuencia práctica sorprende a quien no la conoce: una farola, el foco del porche o la luz de una ventana encendida por la noche puede impedir la floración de un crisantemo plantado justo debajo. Un destello de pocos minutos en mitad de la noche basta para reiniciar el conteo. Si tienes crisantemos que hacen mata y no florecen, mira dónde están antes de culpar al abono.
El segundo mecanismo es la respuesta a la lluvia y a la bajada térmica, típica de la flora mediterránea de bulbo. Cólquicos, azafranes, Sternbergia y ciclámenes pasan el verano en reposo bajo tierra y las primeras tormentas de septiembre disparan la emisión de flores, muchas veces antes de que salgan las hojas. Son plantas adaptadas a un verano seco, no plantas que aguanten el verano a duras penas.
Crisantemos: mucho más que la flor del 1 de noviembre
Chrysanthemum × morifolium arrastra en España la fama de flor de cementerio, y es una lástima, porque como vivaz de arriate rinde de septiembre a las primeras heladas fuertes y hay variedades de porte bajo y flor sencilla que no se parecen en nada a la maceta funeraria.
Con la maceta de vivero hay una decepción que tiene explicación técnica. La planta comprada en flor en octubre viene de un invernadero donde la han oscurecido artificialmente para adelantar el botón y la han tratado con reguladores de crecimiento para dejarla compacta. Plantada en el jardín, al año siguiente sale el doble de alta, desgarbada y florece en su fecha real, más tarde. No está enferma: está comportándose como es.
Para que funcione de verdad: suelo con materia orgánica y buen drenaje, sol pleno, y pinzado de las puntas dos o tres veces entre abril y comienzos de julio, cortando siempre antes del 15 de julio. Pinzar en agosto elimina las yemas que iban a dar flor. Riega por el pie, nunca mojando la hoja, porque la roya blanca del crisantemo prospera con follaje húmedo y noches frescas, justo el clima de octubre. En zonas de invierno duro se recorta a un palmo tras la floración y se acolcha la base.
Los bulbos que solo aparecen en otoño
Este grupo rinde más flor por metro cuadrado que ningún otro en octubre, y apenas aparece en los arriates españoles. Se plantan en julio y agosto, en pleno bochorno, y florecen ocho o diez semanas después.
Crocus sativus, el azafrán, da flor lila entre finales de octubre y primeros de noviembre y encima produce especia. Sternbergia lutea, la llamada azucena amarilla o narciso de otoño, levanta copas amarillas brillantes en octubre y es planta autóctona de media España, perfecta para taludes secos y calizos. Nerine bowdenii aporta umbelas rosa fuerte en octubre y noviembre y florece mejor cuanto más apretado esté el bulbo, así que no la trasplantes cada año. Amaryllis belladonna saca varas rosadas desnudas en septiembre, sin una hoja, de ahí su apodo popular de flor desnuda. Y Cyclamen hederifolium tapiza la sombra seca bajo los árboles con flores rosas de septiembre a noviembre, seguidas de un mosaico de hojas marmoreadas que dura todo el invierno; es de los pocos bulbos que prospera bajo pinos y encinas.
Con estos bulbos aparece el Colchicum autumnale o quitameriendas, de flor rosa violácea muy vistosa en septiembre. Conviene decirlo claro: toda la planta contiene colchicina y es gravemente tóxica, con dosis peligrosa muy cercana a la mortal y sin tratamiento sencillo. Se ha confundido con azafrán con resultados fatales. Se distingue porque tiene seis estambres frente a los tres del crocus, y porque florece sin hojas. Puedes cultivarlo perfectamente como planta ornamental, pero no en un huerto donde alguien recolecte, ni al alcance de niños o de un perro que escarbe bulbos.
Vivaces de final de temporada
Aquí está el grueso del jardín otoñal serio:
Asteres (Symphyotrichum novi-belgii, S. novae-angliae, Aster amellus): nubes de flores lila, malva o blancas de septiembre a noviembre. Se despuntan a la mitad a finales de mayo para que no se tumben. Los de hoja estrecha tipo Aster ericoides resisten mejor el oídio que los novi-belgii clásicos.
Anémona japonesa (Anemone × hybrida): la mejor vivaz de otoño para media sombra fresca, con flores rosa o blancas sobre tallos de un metro de agosto a octubre. Tarda dos años en asentarse y después coloniza; en el norte peninsular va sola.
Sedum de otoño (Hylotelephium spectabile, la clásica 'Herbstfreude'): cabezuelas planas que pasan del verde al rosa y al cobre entre septiembre y noviembre, y que dejadas sin cortar aguantan en pie todo el invierno con escarcha. Cero riego, cero problemas.
Salvias arbustivas: Salvia leucantha, con sus espigas aterciopeladas violeta, cubre octubre y noviembre enteros en la mitad sur; Salvia greggii y S. microphylla florecen a rachas de abril a diciembre. Tolerantes a sequía, sensibles a heladas por debajo de -6 °C.
Dalias: siguen abriendo hasta que la primera helada las tumba en una noche. Si retiras las flores pasadas cada semana, octubre suele ser su mejor mes.
Ceratostigma plumbaginoides y Caryopteris × clandonensis: azul intenso en septiembre y octubre, y el ceratostigma además enrojece la hoja antes de caer.
Gaura lindheimeri y Verbena bonariensis: floración larguísima que llega sin esfuerzo a noviembre y se resiembran solas.
Arbustos y árboles que abren cuando todo se cierra
La estructura leñosa es lo que evita que el jardín de otoño parezca un macizo de flor sobre tierra desnuda.
Camellia sasanqua florece de octubre a diciembre —no confundir con la Camellia japonica, que es de enero a marzo—, aguanta más sol que su prima y perfuma. Requiere suelo ácido, así que en el norte y en zonas de suelo silíceo va bien y en las calizas hay que ir a maceta con sustrato específico. Osmanthus fragrans tiene flores diminutas e insignificantes con un aroma a albaricoque que llena un patio entero en octubre. Arbutus unedo, el madroño, es la rareza elegante del monte mediterráneo: florece en octubre y noviembre al mismo tiempo que maduran los frutos rojos del año anterior. Fatsia japonica abre sus umbelas blancas en noviembre y diciembre en la sombra, cuando ya no queda nada más. Y la Erica multiflora, brezo autóctono del litoral mediterráneo, tapiza de rosa los terrenos calizos de septiembre a diciembre.
Lo que se siembra ahora y florece hasta la primavera
La caléndula (Calendula officinalis) es la anual clave del otoño peninsular. Sembrada directamente en septiembre germina en una semana con el suelo aún templado, y en climas suaves florece de noviembre a mayo casi sin interrupción; en el interior frío se para con las heladas y rebrota en febrero. Aguanta suelos pobres, se resiembra sola y sus flores atraen sírfidos, cuyas larvas se comen el pulgón: por eso se planta entre hortalizas.
Con ella se planta en octubre el resto de la tanda de invierno: pensamientos y violas (Viola × wittrockiana, Viola cornuta), que florecen a temperaturas a las que ninguna otra flor de temporada se molesta en abrir; prímulas para sombra fresca; alhelíes (Matthiola incana), muy perfumados; y dianthus y bocas de dragón en zonas de invierno suave. Plantadas en octubre enraízan antes del frío y arrancan con fuerza; plantadas en enero se quedan paradas hasta marzo.
Dos plantas que no son de otoño, aunque se digan
El girasol (Helianthus annuus) es un cultivo de verano. En España se siembra entre marzo y mayo y se cosecha en agosto o septiembre; lo que puede alargarse hasta octubre es una siembra tardía en zonas cálidas, pero no es una planta de floración otoñal. Su pariente Helianthus tuberosus, la pataca, sí florece en amarillo en septiembre y octubre, pero es una planta invasora que se apodera del arriate por rizoma: plántala confinada o no la plantes.
La portulaca (Portulaca grandiflora) es una suculenta anual estrictamente estival: abre sus flores solo con sol directo y muere con la primera noche por debajo de 5 °C. En la costa sur puede llegar a mediados de octubre; en el interior desaparece en cuanto entra el frío. Contar con ella para noviembre lleva a un arriate vacío.
Qué hacer en septiembre para tener flor en noviembre
No cortes de más. Las tijeras de finales de agosto se llevan por delante los botones que iban a abrir en octubre en asteres, salvias y anémonas. Limita la poda de verano a retirar flor pasada y tallos rotos.
Deja el nitrógeno. Un abono rico en nitrógeno en septiembre produce brotes tiernos que la primera helada quema. A partir de agosto, potasio, que endurece los tejidos y mejora la flor.
Sigue regando. Con el descenso térmico se baja la guardia, pero un octubre seco —frecuente en la mitad sur— deshidrata dalias y crisantemos en plena floración y trunca la temporada dos o tres semanas antes de tiempo.
Vigila la humedad nocturna. Noches frescas con rocío y días templados son el escenario del oídio y la botritis. Espacia las plantas, riega por la mañana y por el suelo, y retira la flor marchita antes de que se pudra sobre el follaje.
Planta los bulbos en verano, no en otoño. Cuando en octubre los ves florecidos en el vivero, ya vas tarde para ese año. Los cormos de azafrán, cólquico y esternbergia se meten en tierra en julio o agosto.
En resumen
El otoño peninsular da flor de sobra si se combinan cuatro capas: bulbos plantados en pleno verano (azafrán, esternbergia, nerine, ciclamen de hiedra), vivaces de final de temporada (asteres, anémona japonesa, sedum de otoño, salvias, dalias), arbustos que abren tarde (Camellia sasanqua, madroño, Osmanthus, Fatsia) y una tanda de anuales sembradas o plantadas en septiembre y octubre —caléndula, violas, alhelíes— que enlaza con la primavera. El crisantemo funciona si se pinza antes de mediados de julio y no se le da luz artificial de noche. El cólquico es tóxico y no debe recolectarse ni confundirse con el azafrán. Y ni el girasol ni la portulaca son plantas de otoño, por mucho que aparezcan en las listas: si las incluyes en el plan, noviembre te sorprenderá con el arriate vacío.