Pocas flores se reconocen tan rápido. La de la ave del paraíso parece la cabeza de un pájaro exótico posado sobre un tallo: una vaina horizontal en forma de barca de la que emergen sépalos naranjas erguidos y pétalos de un azul intenso. No es un capricho decorativo, es un mecanismo de polinización, y entenderlo ayuda a cultivarla mejor.

La otra cosa que conviene saber desde el principio es que la ave del paraíso tarda en florecer. La mayoría de las decepciones con esta planta vienen de ahí, y casi todas tienen solución si se entiende qué la hace florecer y qué se lo impide.

Qué planta es

La ave del paraíso es Strelitzia reginae, de la familia Strelitziaceae, próxima a las musáceas (los plátanos), con las que comparte el aspecto del follaje. Es originaria de Sudáfrica, en concreto de la franja costera oriental del país, entre la provincia Oriental del Cabo y KwaZulu-Natal, donde crece en claros de matorral y en riberas soleadas con veranos húmedos e inviernos suaves y secos.

El nombre lo puso el jardín botánico de Kew en 1773, en honor a la reina Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, esposa de Jorge III. De ahí el género Strelitzia y el epíteto reginae, de la reina.

Botánicamente es una herbácea perenne rizomatosa sin tallo aéreo verdadero. Lo que parece un tronco es en realidad el conjunto apretado de las bases de los peciolos. De un rizoma carnoso y grueso brotan hojas coriáceas, ovaladas y de color verde azulado, de 30 a 50 cm de largo, sostenidas por peciolos rígidos de hasta un metro. En conjunto la mata alcanza entre 1 y 1,5 m de altura y otro tanto de anchura cuando está bien desarrollada.

Es normal que las hojas viejas aparezcan rasgadas longitudinalmente entre los nervios. No es una plaga ni una enfermedad: es una adaptación al viento, exactamente igual que en las hojas de plátanera, que permite que el aire pase sin arrancar el limbo entero.

La flor, por dentro

La inflorescencia sale sobre un escapo largo y termina en una espata, la bráctea verde con bordes rojizos dispuesta horizontalmente que hace de barca. De ella van saliendo, una tras otra, entre cinco y ocho flores individuales.

Cada flor tiene tres sépalos naranja intenso, erguidos como un penacho, y tres pétalos azul violáceo, dos de los cuales están fusionados formando una estructura en forma de flecha que aloja los estambres y el estilo.

Ese conjunto azul es una plataforma de aterrizaje. En Sudáfrica la polinizan nectarínidos (pájaros del género Nectarinia), que se posan sobre los pétalos fusionados para beber néctar; el peso del ave abre la estructura y el polen se deposita en sus patas. Es un caso de ornitofilia bastante estudiado.

La consecuencia práctica en España es que aquí no hay polinizadores adecuados. Una Strelitzia cultivada en un jardín peninsular no producirá semilla salvo que se polinice a mano, transfiriendo polen con un pincel de la estructura azul de una flor a la de otra planta distinta.

La época de floración va de otoño a primavera, concentrada entre noviembre y mayo en clima mediterráneo, con el pico en invierno. Eso la convierte en una de las poquísimas plantas que dan color potente en enero en un jardín del sur. Cada espata produce flores durante varias semanas y una mata adulta puede emitir 20 o 30 escapos por temporada.

Como flor cortada dura entre 10 y 15 días en jarrón, que es la razón de que se cultive comercialmente en Canarias, Madeira y California. Un truco de floristería: si se corta la espata antes de que se abra ninguna flor, se pueden ir extrayendo con cuidado las flores a mano, una cada pocos días, para prolongar el espectáculo.

Flor de Strelitzia reginae con sépalos naranjas y pétalos azules

Otras estrelitzias que se confunden con esta

En viveros y centros de jardinería se venden varias especies bajo nombres parecidos, y no dan el mismo resultado.

Strelitzia nicolai, la ave del paraíso gigante o estrelitzia blanca. Forma troncos leñosos y alcanza de 6 a 10 m de altura. Sus flores son mucho más grandes pero de colores apagados: espata oscura, sépalos blancos y lengüeta azul. Se planta cada vez más como planta de interior por su follaje enorme, pero en interior casi nunca florece. Quien compre una nicolai esperando la flor naranja clásica se llevará un chasco.

Strelitzia juncea (a veces tratada como S. reginae var. juncea). Idéntica en flor, pero sin limbo foliar: solo emite peciolos cilíndricos como juncos. Es muy escultural y notablemente más resistente a la sequía. Escasa y cara.

Strelitzia alba y Strelitzia caudata, ambas arbóreas y raras en cultivo.

Nada de esto debe confundirse con la ave del paraíso mexicana, Caesalpinia gilliesii o Erythrostemon gilliesii, un arbusto leguminoso de flores amarillas con estambres rojos larguísimos, que se ve mucho en jardinería mediterránea y no tiene ningún parentesco con la Strelitzia.

Ubicación y clima

La Strelitzia reginae quiere sol. Con luz insuficiente crece, incluso bien, pero no florece. Es la primera causa de que una planta grande y sana lleve años sin dar una sola espata.

En el litoral mediterráneo, en Andalucía costera, en Canarias o en Baleares se planta a pleno sol sin más. En el interior peninsular, con veranos de 40 °C y radiación muy fuerte, las hojas pueden quemarse por los bordes; allí funciona mejor con sol directo de mañana y sombra ligera en las horas centrales de julio y agosto. En sombra franca, olvídese de las flores.

Sobre el frío hay que ser preciso. La ave del paraíso resiste heladas cortas de hasta -2 °C sin daños serios, y ejemplares adultos bien establecidos aguantan puntualmente algo más, hasta unos -4 o -5 °C, con quemaduras en las hojas pero rebrotando desde el rizoma en primavera. Por debajo de eso, o con heladas sostenidas de varios días, el rizoma se pierde.

En términos prácticos:

Costa mediterránea, Andalucía baja, Canarias, Baleares, litoral atlántico sur: planta de exterior sin ninguna protección, donde forma matas enormes con los años.

Interior peninsular, meseta, valle del Ebro: cultivo en maceta grande que se saca al patio o la terraza de abril a octubre y se resguarda en invierno en un porche, invernadero frío o galería a más de 5 °C. También se puede plantar en suelo contra un muro sur, acolchando bien el rizoma y aceptando que en años duros perderá el follaje.

Norte húmedo: el problema no es tanto el frío como la falta de sol y de calor estival, que reduce mucho la floración.

Es una planta que tolera bien el viento y la salinidad, lo que la hace muy útil en jardines de primera línea de costa, donde pocas ornamentales de flor grande resisten.

Suelo y maceta

Quiere un suelo fértil, profundo y bien drenado, con abundante materia orgánica y pH entre 6 y 7,5. Tolera suelos algo calizos, pero en terrenos muy pesados y encharcadizos el rizoma se pudre.

En maceta, una mezcla adecuada es 50 % de sustrato universal de calidad, 25 % de compost o mantillo y 25 % de perlita o arena gruesa. El drenaje importa mucho porque el rizoma es carnoso y no perdona la asfixia radicular.

Aquí conviene desmontar un error frecuente. La ave del paraíso florece mejor cuando el cepellón está apretado. Es una planta a la que le gusta estar incómoda: mientras tiene espacio libre a su alrededor, dedica toda su energía a producir rizoma y hojas nuevas. Cuando las raíces llenan el recipiente y empiezan a apretar, la planta cambia de estrategia y florece. Trasplantarla cada año a una maceta mayor es la forma más segura de tener un ejemplar magnífico y estéril durante una década.

La pauta razonable es trasplantar solo cada 3 o 4 años, y a un recipiente apenas mayor: dos o tres centímetros más de radio, no el doble. Mejor una maceta profunda que ancha, porque el sistema radicular baja mucho. Y en macetas grandes se puede sustituir los 5 cm superiores de sustrato cada primavera en lugar de trasplantar.

Otro punto: no plantar profundo. El rizoma debe quedar justo bajo la superficie, con la corona a ras de tierra. Enterrarlo demasiado retrasa la floración y favorece podredumbres.

La mejor época para plantar o trasplantar es la primavera, entre marzo y mayo, cuando la planta arranca el crecimiento y cicatriza rápido las raíces dañadas.

Riego

Tiene un rizoma carnoso que almacena reservas, así que aguanta la sequía mejor de lo que su aspecto tropical sugiere. Pero para crecer y florecer necesita riego regular en la temporada cálida.

La pauta: en verano, 2 o 3 riegos semanales en maceta y 1 o 2 en suelo, siempre dejando que se seque la capa superficial entre riegos. En invierno, riego muy espaciado, cada 10 o 15 días, o incluso menos si llueve. El periodo frío con sustrato húmedo permanente es la combinación que mata rizomas.

Nunca dejar agua en el plato. El agua estancada provoca podredumbre del rizoma, que se manifiesta como hojas que amarillean desde la base, blandas, y un tejido marrón y maloliente al hurgar en la corona. A esas alturas es difícil salvar la planta: hay que desenterrar, cortar todo el tejido podrido hasta llegar a carne blanca y firme, dejar secar el corte un par de días y replantar en sustrato nuevo muy drenante.

Las puntas y bordes de las hojas secos y marrones suelen indicar lo contrario: falta de agua, aire muy seco o exceso de sales por acumulación de fertilizante y agua dura. Un buen lavado del cepellón con agua abundante una vez al año, dejando drenar, corrige lo último.

Abonado y floración

La ave del paraíso es exigente en nutrientes, más de lo que se suele suponer. Un ejemplar mal alimentado no florece por mucho sol que reciba.

El plan que funciona: aporte de compost o estiércol muy maduro al inicio de la primavera alrededor de la mata, y abono líquido cada 15 días de marzo a octubre.

El detalle importante está en la formulación. El exceso de nitrógeno produce follaje espléndido y ninguna flor. Interesa un abono rico en fósforo y potasio, del tipo 10-20-20 o un específico para plantas de flor. Un aporte de potasio a finales de verano y principios de otoño, justo antes de la temporada de floración, es especialmente útil.

Y ahora la pregunta que se hace todo el mundo: ¿por qué no florece mi ave del paraíso? Las causas, por orden de frecuencia:

Es demasiado joven. De semilla tarda entre 4 y 7 años en dar la primera flor. De división de mata, entre 2 y 3 años. No hay atajo. Un ejemplar comprado pequeño en un vivero puede necesitar varias temporadas.

Poca luz. Necesita sol directo. En interior, junto a una ventana muy luminosa y orientada al sur puede florecer, pero en el salón medio de una casa, no.

Maceta demasiado grande o trasplante reciente. Tras un trasplante puede pasar uno o dos años sin florecer mientras rellena el recipiente.

Exceso de nitrógeno. Hoja enorme, verde oscuro, ninguna espata.

División demasiado frecuente. Cada vez que se separa la mata, el reloj vuelve casi a cero.

Falta de contraste térmico. Las estrelitzias responden bien a un invierno fresco, con temperaturas nocturnas de 10-13 °C, más seco y con menos riego. Una planta mantenida todo el año a 22 °C en interior tiene menos estímulo para florecer.

Limpieza y mantenimiento

No se poda. Lo único que hay que hacer es retirar a ras de la base las hojas secas o muy dañadas y los escapos florales una vez marchitos, cortando el peciolo lo más abajo posible con una herramienta limpia. Nada de dejar tocones, porque se pudren y se convierten en puerta de entrada para hongos.

En ejemplares de exterior conviene retirar cada primavera las hojas que quedaron quemadas por el frío del invierno, pero solo cuando haya pasado el riesgo de heladas: mientras tanto protegen la corona.

Un apunte de seguridad: las semillas y, en menor medida, otras partes de la planta contienen compuestos que pueden causar molestias gastrointestinales si se ingieren. No es una planta peligrosa, pero conviene tenerlo en cuenta con niños pequeños y mascotas.

Multiplicación

Por división de mata. Es el método habitual y el único que garantiza una planta idéntica y con floración pronto. Se hace en primavera, sobre matas de al menos 4 o 5 años. Se desentierra o se descalza un lateral, se corta con un cuchillo bien afilado y desinfectado una porción de rizoma que lleve como mínimo tres o cuatro hojas y raíces propias. Divisiones más pequeñas sobreviven, pero tardan mucho más. Se deja secar el corte unas horas, se espolvorea con azufre o canela y se planta en sustrato drenante, con riego moderado hasta que arranque. Es normal que la planta se resienta y no florezca la temporada siguiente.

Por semilla. Es lento pero factible, y da ejemplares muy vigorosos. Las semillas son redondas, negras y llevan un mechón de pelos naranja brillante llamado arilo, que se retira antes de sembrar. La frescura de la semilla es determinante: la vieja germina muy mal. Se recomienda escarificar ligeramente la cubierta con una lima y remojar en agua templada 24 o 48 horas, cambiándola. Se siembra a 1-2 cm de profundidad en sustrato de turba y arena, se mantiene a 25-30 °C constantes y con humedad uniforme. La germinación es errática: puede tardar de un mes a seis, y no es raro que las semillas de un mismo lote broten a lo largo de un año. Paciencia y no tirar el semillero antes de tiempo.

Plagas y problemas

Es una planta notablemente resistente, con pocos enemigos serios.

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri) y cochinilla acanalada (Icerya purchasi). Son el problema más frecuente. Se instalan en la base de los peciolos, en las axilas y en el envés, donde forman masas blancas cerosas. Producen melaza y, sobre ella, negrilla. Con pocos ejemplares, retirada manual con un bastoncillo mojado en alcohol; con infestación mayor, aceite de parafina o jabón potásico insistiendo en las axilas, que es donde se esconden. La Icerya purchasi tiene un enemigo natural muy eficaz, la mariquita Rodolia cardinalis, presente en España.

Cochinilla de escudo. Pequeños discos marrones adheridos a peciolos y nervios. Mismo tratamiento.

Caracoles y babosas. Atacan los brotes tiernos y sobre todo los escapos florales en desarrollo, que pueden aparecer roídos justo antes de abrir. En jardines húmedos merece la pena vigilar.

Podredumbre del rizoma. Por exceso de riego o mal drenaje, especialmente en invierno. Ya comentada.

Manchas foliares fúngicas. Aparecen en ambientes muy húmedos y con poca ventilación. Se corrigen retirando hojas afectadas, espaciando plantas y no mojando el follaje al regar.

En resumen

La ave del paraíso es Strelitzia reginae, una herbácea rizomatosa sudafricana cuya flor, con sépalos naranjas y pétalos azules sobre una espata en forma de barca, está diseñada para que se pose sobre ella un pájaro nectarívoro. En España no hay polinizadores equivalentes, así que sin polinización manual no dará semilla.

Necesita sol directo, suelo fértil y muy bien drenado, riego regular en verano y muy escaso en invierno, y un abonado rico en fósforo y potasio de marzo a octubre. Florece de otoño a primavera, con el pico en pleno invierno, que es parte de su valor.

Las tres cosas que impiden que florezca son casi siempre la juventud (4 a 7 años desde semilla), la falta de luz y el trasplante excesivo a macetas demasiado grandes: esta planta florece cuando el cepellón está apretado, así que conviene trasplantar solo cada tres o cuatro años y sin exagerar el tamaño.

Aguanta heladas cortas de hasta unos -2 °C, tolera viento y salinidad y es ideal para jardines costeros del sur y del litoral mediterráneo. En el interior frío se cultiva en maceta y se resguarda en invierno. Se multiplica dividiendo la mata en primavera, con porciones de tres o cuatro hojas y raíces propias.


Contenidos relacionados