El malvón del balcón no es un Geranium. Es un Pelargonium, y la diferencia no es una manía de botánicos: los Geranium auténticos son herbáceas vivaces europeas que pasan el invierno bajo la nieve y rebrotan solas en marzo, mientras que Pelargonium × hortorum viene del sur de África, no soporta más de dos grados bajo cero y se pudre si lo tratas como una planta de flor de temporada sedienta. Buena parte de los desastres de jardinera empiezan en esa confusión de origen.
Origen y rasgos que lo identifican
Pelargonium × hortorum L.H. Bailey es un híbrido de jardín, no una especie silvestre. Nació en los invernaderos europeos del siglo XVIII a partir del cruce de Pelargonium zonale y Pelargonium inquinans, dos arbustos de la provincia del Cabo, y desde entonces se ha ido complicando con aportaciones de otras especies y con dos siglos y medio de selección. En España lo llamamos geranio común, geranio de jardín o malvón, según la región.
Se reconoce por tres cosas. Los tallos carnosos, casi suculentos, que con los años se lignifican por la base. Las hojas redondeadas, aterciopeladas, de borde ondulado y crenado, con una banda circular más oscura —la zona, que da nombre al grupo de los geranios zonales— aunque hay variedades donde apenas se nota. Y las flores agrupadas en umbelas apretadas sobre un pedúnculo largo, en blanco, rosa, salmón, rojo escarlata, bicolores y prácticamente cualquier tono salvo el azul y el amarillo.
Conviene no confundirlo con sus parientes de balcón: la gitanilla (Pelargonium peltatum) tiene hojas lisas, angulosas y algo carnosas, como de hiedra, y porte colgante; el pelargonio regio o geranio de pensamiento (Pelargonium × domesticum) tiene flores mucho mayores con manchas oscuras y solo florece en primavera. El hortorum es el erguido, de hoja aterciopelada, que florece desde marzo hasta las primeras heladas.
Sol, sin negociación
Necesita un mínimo de seis horas de sol directo al día para florecer con densidad. A media sombra sobrevive perfectamente, pero estira los entrenudos, se ahíla y produce cuatro umbelas raquíticas en toda la temporada. En un balcón orientado al norte no hay abono ni riego que arreglen eso.
En el sur peninsular y en el valle del Ebro, con veranos de más de 40 °C, agradece que el sol de mediodía llegue tamizado en julio y agosto: no se muere al pleno sol, pero se para, quema los pétalos y consume el doble de agua. En el norte húmedo, cuanto más sol, mejor, y además ese sol reduce los hongos foliares.
Tierra y maceta
Lo que pide es un sustrato ligero, aireado y que drene rápido, con pH entre 6 y 6,5. Sirve un sustrato universal de calidad mezclado con un 25 o 30 % de perlita o arena de río lavada. Los "sustratos para geranios" baratos son turba casi pura con abono de arranque: retienen demasiada agua las primeras semanas y luego, cuando se secan del todo, se apelmazan y se vuelven hidrófobos, de modo que el agua resbala por el borde de la maceta y las raíces siguen secas.
La jardinera de barro le va mejor que la de plástico porque evapora por las paredes; si usas plástico, riega menos. Profundidad mínima de veinte centímetros, y agujeros de drenaje sin capa de arcilla expandida en el fondo, que no aporta nada salvo restar volumen de tierra útil. Lo que sí importa es que la maceta no quede apoyada sobre un plato con agua.
En pleno suelo, en un macizo de jardín, planta a 30-40 centímetros entre ejemplares y mejora el terreno con arena si es arcilloso.
Riego
El geranio es una planta de secano templado. Sus tallos carnosos almacenan agua y sus raíces no toleran el sustrato constantemente húmedo. La regla: meter el dedo dos o tres centímetros en la tierra y regar solo cuando salga seco; entonces regar abundante hasta que salga agua por los agujeros, y no volver hasta que se repita la condición.
En la práctica, eso son dos o tres riegos por semana en julio y agosto en una jardinera al sol, uno por semana en primavera y otoño, y cada diez o quince días en invierno si la planta está fuera y a la intemperie. Con lluvias, nada.
Riega la tierra, no la planta. Mojar hojas y flores con la manguera al atardecer es el camino directo a la roya y a la botritis, y las flores mojadas se pegan y se pudren en el ramillete.
Los síntomas se confunden constantemente. Hojas amarillas blandas, con la base del tallo oscura, y toda la planta lacia pese a que la tierra está húmeda: eso es exceso de agua y, casi siempre, Pythium instalado en el cuello. No tiene arreglo en la planta madre; salva lo que puedas por esqueje de las puntas sanas. Hojas amarillas secas y quebradizas, empezando por las de abajo, a menudo con el borde enrojecido: eso es sed, frío o falta de nitrógeno, y se corrige.
Abonado
Florece sin parar durante siete u ocho meses y eso agota el sustrato de una jardinera en pocas semanas. Desde marzo hasta octubre, abono líquido cada diez o quince días con el agua de riego, y suspensión total en invierno.
Elige una fórmula rica en potasio, del estilo NPK 5-10-15 o similar: el potasio empuja la floración y endurece los tejidos. El abono de tomate sirve igual de bien y suele salir más barato. Lo que no conviene es un abono de crecimiento alto en nitrógeno, porque produce mata frondosa de un verde intenso, entrenudos largos y muy poca flor, además de tejidos blandos que atraen al pulgón.
Un detalle que compensa: aplica el abono con la tierra ya algo húmeda, nunca sobre sustrato seco, para no quemar las raicillas.
Pinzado, limpieza y poda
Pinzado. A una planta joven o a un esqueje recién enraizado, corta la punta del tallo principal por encima del tercer o cuarto par de hojas. De cada axila salen dos brotes y la mata se hace redonda en lugar de convertirse en un palo con flores arriba. Puedes repetirlo una vez más a las cinco o seis semanas.
Limpieza de flores. En cuanto una umbela empieza a ajarse, se retira el pedúnculo entero, hasta donde nace en el tallo. La forma correcta es sujetarlo por la base y darle un tirón seco hacia un lado: se desprende limpio por su articulación natural. Si lo cortas a media altura con la tijera, el trozo que queda se pudre y se convierte en foco de botritis. Y si no lo retiras, la planta pone su energía en formar semillas y la floración cae en picado.
Poda. A finales de invierno, en febrero o principios de marzo, antes de que arranque el crecimiento. Reduce cada tallo a la mitad o a un tercio, cortando justo encima de un nudo, y elimina los tallos leñosos y desnudos, los secos y los que se cruzan hacia dentro. Sin esa poda anual, el geranio se apoltrona: en tres o cuatro años tendrás medio metro de tallo pelado con un penacho de hojas en la punta y flores escasas.
Multiplicación por esquejes
Es tan sencillo que no tiene sentido comprar plantas nuevas cada año. Las mejores épocas son finales de agosto y septiembre, aprovechando los restos de la poda de verano, y también la primavera.
Corta puntas de tallo de diez a doce centímetros con un cuchillo limpio, justo bajo un nudo. Elimina las hojas inferiores, todas las flores y los capullos, y deja dos o tres hojas arriba; si son muy grandes, córtalas por la mitad para reducir la transpiración.
Ahora el paso decisivo: deja los esquejes al aire, a la sombra, unas horas, hasta que el corte se seque y forme una costra. Un tallo carnoso recién cortado y clavado en tierra húmeda se pudre por la base antes de emitir raíces. Después, entiérralos tres o cuatro centímetros en una mezcla de arena gruesa y turba a partes iguales, apenas humedecida, en un lugar luminoso sin sol directo.
No hacen falta hormonas de enraizamiento. Y no los tapes con bolsa ni con botella: la humedad estancada que va bien a otros esquejes aquí provoca podredumbre. Riega poquísimo, solo para que el sustrato no se pulverice. En dos o tres semanas notarás resistencia al tirar suavemente, señal de que hay raíces, y al mes se pueden pasar a maceta individual.
El vaso de agua tampoco es buena idea con los geranios: enraízan, pero producen raíces acuáticas frágiles que se pierden en su mayoría al trasplantar a tierra.
Plantación y trasplante
La plantación en jardinera se hace en primavera, de marzo a mayo según la zona, cuando ya no haya riesgo de heladas. En el litoral mediterráneo se puede adelantar a febrero; en el interior de Castilla o en la meseta norte conviene esperar a abril.
El trasplante a maceta mayor, cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo número de tiesto. Cuidado con enterrar el cuello: la base del tallo debe quedar a la misma altura que estaba, y si la hundes bajo el sustrato se pudre. Y no aprietes la tierra hasta compactarla; asiéntala con un riego.
La oruga que vacía los tallos
Cacyreus marshalli, el taladro del geranio, llegó a Baleares desde Sudáfrica a finales de los años ochenta y hoy está en toda España. Es la plaga que de verdad mata geranios.
La mariposa adulta es pequeña, de unos dos centímetros de envergadura, marrón bronceada con el reverso jaspeado y colitas finas en las alas traseras. Pone los huevos de uno en uno sobre capullos, brotes tiernos y peciolos. La oruga, verde con pelos y una línea más clara, come primero el capullo y luego perfora el tallo y lo vacía desde dentro. La planta no da síntomas hasta que es tarde: un día un tallo entero amarillea de golpe y se rompe al tocarlo, y en la base se ve un agujero redondo con serrín.
Qué hacer, por orden de eficacia:
Inspección semanal de marzo a octubre. Mira capullos con agujeritos, flores que no llegan a abrir y excrementos oscuros en las axilas de las hojas. Corta cualquier tallo sospechoso hasta encontrar tejido sano.
Destruye el material cortado. A la basura cerrada, nunca al compost ni al montón de restos de poda, donde la oruga completa su ciclo tan tranquila.
Bacillus thuringiensis var. kurstaki, pulverizado sobre capullos y brotes al atardecer, cada siete o diez días durante los picos de vuelo. Es un biológico autorizado para jardinería doméstica y respeta a las abejas, pero solo mata orugas pequeñas que aún están comiendo por fuera: una vez que la larva está dentro del tallo, ningún producto de contacto la alcanza. Aplicar tarde equivale a no aplicar.
Los antiguos insecticidas sistémicos que resolvían esto ya no están disponibles para uso aficionado en España; varios neonicotinoides tienen prohibido el uso en exteriores en la Unión Europea desde 2018. Comprueba siempre en el registro oficial de productos fitosanitarios que lo que compras está autorizado para geranio y para uso no profesional.
Roya, hongos y chupadores
Roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis). Ataca específicamente a los geranios zonales, no a las gitanillas ni a los regios. Se ve como manchas amarillentas en el haz y, justo debajo, en el envés, unas pústulas pulverulentas de color canela dispuestas en círculos concéntricos. Aparece con humedad y temperaturas suaves, típicamente en primavera y otoño y en los veranos húmedos del norte. Retira y destruye las hojas afectadas en cuanto las veas, deja aire entre plantas, no mojes el follaje y, si insiste, trata con un fungicida a base de cobre o azufre autorizado.
Botritis (Botrytis cinerea). Moho gris sobre flores marchitas y tallos, en épocas húmedas y frescas. Se controla con higiene: quitar flores pasadas y ventilar.
Podredumbre del cuello por Pythium. Tallo negro y blando en la base. No se cura; es consecuencia directa del riego excesivo y del sustrato pesado.
Pulgón en los brotes tiernos de primavera, mosca blanca en interiores y galerías, y araña roja en verano seco, que deja un punteado fino y decolorado en las hojas. Los tres se manejan con jabón potásico pulverizado al atardecer sobre el envés, repitiendo cada cinco o siete días, y en el caso de la araña roja aumentando la humedad ambiental.
Invierno: qué hacer según dónde vivas
La rusticidad del hortorum es limitada. Tolera bien hasta los 5 °C, aguanta puntualmente 0 °C y una helada breve de −2 °C le quema las puntas; por debajo de −4 °C el agua de sus tallos carnosos revienta las células y la planta se pierde entera.
En la costa mediterránea, el sur de Andalucía y Canarias vive fuera todo el año e incluso da flor en enero; basta con arrimarla a una pared y reducir el riego.
En el interior peninsular —ambas mesetas, valle del Ebro, zonas de montaña— hay dos opciones. Meter las jardineras en una galería, terraza cerrada o garaje con ventana, a temperatura fresca y con muy poco riego, un vaso de agua cada dos o tres semanas; nada de salón calefactado, donde se ahílan y se llenan de mosca blanca. O bien, si no hay espacio, hacer esquejes en septiembre, invernarlos en el interior en macetitas y tirar las plantas madre.
En la cornisa cantábrica el problema no es tanto el frío como la lluvia continua: allí lo que mata es el encharcamiento invernal, así que resguarda las jardineras bajo alero o inclínalas para que escurran.
Dos ideas que conviene desmontar
La primera es la del geranio antimosquitos. La planta que se vende con ese reclamo suele ser Pelargonium 'citrosum' o un pelargonio de aroma a citronela, y en ningún caso es un hortorum. Aun así, los ensayos que se han hecho colocando personas junto a estas plantas no encontraron reducción apreciable de picaduras: los aceites esenciales repelen algo cuando se aplican sobre la piel, no cuando siguen dentro de la hoja. Una maceta en la terraza no protege a nadie.
La segunda es la del plátano, la cáscara de huevo y demás remedios enterrados en la jardinera. La materia orgánica sin compostar se descompone en anaerobiosis dentro de una maceta, atrae mosquitas del sustrato y libera nutrientes en cantidades imposibles de controlar. Si quieres nutrición gratuita, usa compost maduro por encima; si quieres flor, usa un abono con potasio.
Y un apunte de seguridad: los pelargonios contienen geraniol y linalol y se consideran tóxicos leves para perros y gatos. Un animal que mordisquee las hojas puede vomitar, salivar en exceso y quedarse decaído. No es una intoxicación grave, pero es motivo suficiente para colocar las jardineras fuera de su alcance.
En resumen
El Pelargonium × hortorum pide sol pleno, sustrato drenante con un tercio de perlita o arena, y agua solo cuando la tierra esté seca por arriba: el exceso de riego pudre el cuello y no tiene marcha atrás. Abono rico en potasio cada diez o quince días de marzo a octubre, pinzado de los ejemplares jóvenes para que ramifiquen, retirada de las umbelas pasadas arrancando el pedúnculo entero, y poda fuerte a finales de invierno para que no se desgarbe. Vigila el taladro del geranio de marzo a octubre con inspección semanal y Bacillus thuringiensis aplicado pronto, porque cuando la oruga entra en el tallo ya no hay remedio. Multiplícalo por esquejes en septiembre dejando secar el corte unas horas antes de plantarlo, y protégelo de las heladas si vives en el interior. Con eso, una misma planta puede darte flor durante ocho meses al año y durar más de una década.