La flor de la pasión es, probablemente, la flor más complicada que puedes tener en una valla de tu casa. No lo parece de lejos, pero si te acercas verás que tiene piezas que ninguna otra flor de jardín tiene: un anillo de filamentos de colores en el centro, una columna que se levanta por encima de los pétalos y, arriba del todo, cinco anteras que cuelgan boca abajo y tres estigmas que miran hacia fuera. Eso es lo que vamos a mirar pieza por pieza.
Y el nombre no viene de ninguna pasión amorosa. Viene de la Pasión de Cristo: unos religiosos españoles e italianos del siglo XVI leyeron en esa flor los instrumentos del suplicio, y el nombre se quedó. Aquí tienes las dos cosas, la anatomía y la historia, que además explican la una a la otra.
De fuera hacia dentro: cinco sépalos, cinco pétalos, la corona de filamentos y, en el centro, la columna con los estambres y los tres estigmas.
Diez piezas antes de llegar a lo interesante
Lo que parecen diez pétalos son en realidad cinco sépalos y cinco pétalos. En la mayoría de las pasifloras los sépalos están coloreados igual que los pétalos, así que a simple vista no se distinguen. Para separarlos, mírala por detrás: los sépalos son la capa externa y en muchas especies terminan en una punta o arista pequeña en el dorso, cerca del ápice. Los pétalos van por dentro y no llevan esa arista.
Esa disposición ya es una rareza. Lo normal en una flor es que los sépalos sean verdes y hagan de envoltura del capullo. Aquí hacen las dos cosas: protegen en botón y luego se suman al reclamo visual.
La corona de filamentos, que es lo que la hace inconfundible
Entre los pétalos y el centro hay una corona de filamentos, a veces en una sola fila y a veces en varias, con anillos de distinto largo y distinto color. En la pasiflora azul, que es la que más se ve en España, esos filamentos son largos, morados en la base, blancos en el medio y azulados en la punta. En otras especies son cortos y rígidos, o rizados, o de un rojo entero.
La corona no es un adorno. Es un órgano derivado del receptáculo floral, y cumple dos funciones a la vez: señala con un contraste muy marcado dónde está el centro de la flor, y tapa a medias el anillo de néctar que hay en la base, de modo que el insecto tiene que colocarse en una postura concreta para llegar a él. Las bandas concéntricas de color funcionan como una diana.
Debajo de la corona, y esto ya hay que buscarlo, está el opérculo, una membrana que cierra la cámara del néctar. Sirve para que el néctar no se evapore ni se lo lleve la lluvia, y para que no lo saqueen visitantes que no polinizan nada.
La columna del centro
Lo que sale del medio y levanta el resto de la flor es el androginóforo: un pie que lleva arriba los estambres y, encima de ellos, el ovario con sus estilos. Que estén subidos a una columna, y no sentados en el fondo de la flor, es la clave de todo el mecanismo.
Los cinco estambres se abren hacia abajo y sus anteras son versátiles: cuelgan de un punto y giran, de modo que la cara con polen queda mirando al suelo. Por encima salen los tres estilos, que se doblan hacia fuera y terminan en unos estigmas gruesos, con aspecto de cabeza de clavo.
Puesto todo junto: un abejorro grande aterriza en la corona, se mete a por el néctar, y al hacerlo su lomo roza primero las anteras, que le dejan polen en la espalda, y después los estigmas de la siguiente flor que visite. Toda la geometría de la flor está montada para eso. Por eso los polinizadores de las pasifloras son bichos de cuerpo ancho, como las abejas carpinteras del género Xylocopa, y en América también colibríes y, en algunas especies nocturnas, murciélagos. Una abeja de la miel es demasiado pequeña: entra por debajo, se lleva el néctar y no toca nada.
Los filamentos de la corona forman anillos de color distinto. Debajo queda escondida la cámara del néctar.
Cómo se leyó la Pasión en esa flor
Con las piezas ya nombradas, la lectura simbólica se entiende sola. Esto es lo que se les atribuyó, y conviene decir que es una interpretación cultural, no una propiedad de la planta:
- Los tres estigmas, los tres clavos.
- Los cinco estambres, las cinco llagas.
- La corona de filamentos, la corona de espinas. Es la asociación más evidente y la que sostiene todo lo demás.
- Los zarcillos con los que trepa, los azotes o las cuerdas.
- La columna central, la columna de la flagelación.
- Las hojas lobuladas, la lanza.
- Las diez piezas del perianto, los diez apóstoles, descontando a Pedro y a Judas.
Es una lectura forzada en algunos puntos y muy buena en otros, pero tuvo un efecto práctico enorme: convirtió una planta americana desconocida en un objeto de devoción en Europa, y por eso se difundió deprisa.
Roma, 1609
La difusión tiene fecha y libro. En 1609 se publicó en Roma La Trionfante e Gloriosa Croce, de Jacomo Bosio, una obra sobre la cruz que incluía la descripción de esta flor a partir de dibujos y relatos llegados de Nueva España. Bosio no la vio viva; trabajó con lo que le contaron religiosos que volvían de América, y dedicó páginas a explicar cada correspondencia. A partir de ahí el nombre flos passionis se instaló en toda Europa.
En castellano convivieron dos nombres desde el principio. Granadilla es el que pusieron los españoles en América, por el parecido del fruto con una granada pequeña, y es el nombre que sigue usándose para las especies de fruto comestible. Flor de la pasión es el de la lectura religiosa. Cuando Linneo ordenó la botánica en 1753 fijó el género con el nombre latino equivalente, Passiflora, y esa es la etiqueta que lleva hoy.
El género es enorme, con varios cientos de especies, casi todas americanas y unas pocas en Asia y Oceanía. Ninguna es europea. Todo lo que ves en un jardín español llegó de fuera.
Una flor que dura lo que dura
Otra cosa que sorprende a quien la cultiva: en muchas especies, la flor abre por la mañana y está acabada al final del día. No es que se te haya secado por un error de riego. Es su ciclo. Lo que da la sensación de floración larga es que la planta abre flores nuevas sin parar durante semanas, no que cada flor aguante.
Esto tiene una consecuencia práctica: si quieres fotografiarla o enseñarla, la hora importa. Y si la planta está bien, la cantidad de flores compensa de sobra lo poco que dura cada una.
Los estambres cuelgan boca abajo por debajo de los estigmas: el polinizador se lleva el polen en el lomo.
La hoja también participa
La flor se lleva la atención, pero la planta tiene otro detalle que merece mirarse: en el peciolo de muchas especies hay unas glándulas que segregan néctar fuera de la flor. Atraen hormigas, y las hormigas ahuyentan a las orugas que se comen la hoja. Es un pacto que la planta paga en azúcar. Si quieres identificar qué pasiflora tienes, esas glándulas y la forma del lóbulo de la hoja dicen más que la flor, y de eso va la ficha de flor de la pasión o maracuyá.
Lo que no vas a leer aquí
A la pasiflora se le atribuyen desde hace tiempo efectos calmantes, y es un uso tradicional documentado en herboristería. Como tradición se cuenta y ahí se queda: no sustituye a ningún tratamiento y este no es sitio para hablar de preparaciones ni de cantidades. Si tienes un problema de sueño o de ansiedad, eso lo ve un médico.
Y un aviso que sí es de jardinería: hojas, tallos y frutos verdes de varias pasifloras contienen compuestos cianogénicos y no son comestibles. Solo se come el fruto maduro de las especies que se cultivan para eso. Con niños y con animales en casa, la norma es la de siempre: de esta planta no se prueba nada.
En resumen
La flor de la pasión monta en un solo plano lo que otras flores reparten: diez piezas de perianto, una corona de filamentos que hace de diana y de tapa del néctar, y una columna central que sube los estambres y los estigmas a la altura del lomo de un abejorro. Cada pieza tiene una función, y esa es la razón de que parezca un artificio.
El nombre es un añadido nuestro, del siglo XVI, y se difundió por un libro publicado en Roma en 1609. Que una lectura religiosa acertara al llamar corona de espinas a la corona de filamentos no dice nada de la planta, pero explica por qué esta americana acabó plantada en medio mundo con nombre de Semana Santa.