Una orilladora es una desbrozadora de hilo pequeña, de uso doméstico, pensada para rematar lo que la segadora no alcanza: el canto del césped contra el pavimento, el pie de un muro, el borde de un arriate, el alcorque de un árbol y los alrededores de un banco o una farola. Nada más, y nada menos, porque ese remate es lo que hace que un jardín corriente parezca cuidado.

Conviene tener claro desde el principio qué no es. No es una desbrozadora de monte ni una sustituta del cortacésped. Con una orilladora no se corta zarza, ni matorral leñoso, ni un herbazal que llegue por la rodilla: el hilo de nailon rebota, se rompe cada dos minutos y el motor se para. Si ese es tu terreno, lo que necesitas es otra máquina, y lo tienes explicado en la ficha de la desbrozadora.

Orilladora eléctrica de tubo recto con cabezal de hilo El formato habitual de orilladora doméstica: tubo ligero, cabezal de hilo y protector.

Para qué sirve de verdad

El trabajo de una orilladora es el acabado. La segadora corta el grueso de la superficie pero deja una franja sin segar contra cualquier obstáculo vertical, porque sus ruedas no pueden acercarse más. Esa franja es la que se remata con el hilo, y hay dos gestos distintos.

El primero es recortar en horizontal: pasar el cabezal plano sobre la hierba pegada al muro, al bordillo o a la pata del banco, a la misma altura a la que has segado. El segundo es perfilar en vertical: girar el cabezal noventa grados y cortar el canto del césped que se derrama sobre la acera o el camino, dejando una línea limpia. Muchas orilladoras traen la cabeza pivotante justo para eso, y algunas añaden una rueda guía que apoya en el pavimento y mantiene la línea recta.

Ese segundo gesto es el que más se agradece visualmente. Un césped mediocre con el borde perfilado se ve mejor que un césped bueno con el borde comido. Si el problema se repite cada pocas semanas, la solución de fondo no es la máquina sino una separación física entre césped y arriate, y de eso va el artículo de bordes de jardín.

Qué tipos hay

Por fuente de energía hay tres, y para esta máquina en concreto la decisión es más fácil que en una desbrozadora grande. La eléctrica de cable es la más ligera y la más barata, no pide mantenimiento y para un jardín pequeño alrededor de la casa es perfectamente razonable; el inconveniente es el cable, que hay que ir apartando y que en un jardín con arbolado se engancha. La de batería es hoy la opción natural para uso doméstico: sin cable, silenciosa y con autonomía de sobra para el remate de un jardín normal, porque la orilladora trabaja a ratos y no en continuo. La de gasolina solo tiene sentido si la superficie es grande o no hay electricidad cerca, y en ese caso ya estás comprando una desbrozadora.

Por formato importan dos cosas. El tubo puede ser curvo o recto: el curvo es más manejable y cómodo para bordes, el recto llega mejor debajo de setos y bancos. Y la regulación de altura y de empuñadura es lo que decide si acabas con dolor de espalda, porque esta máquina se usa de pie y con el cuerpo girado.

Existe además el cortabordes de cuchilla o de rueda, que abre una zanja limpia en el canto del césped. Hace un trabajo distinto y más definitivo que el hilo, y son herramientas complementarias, no alternativas.

Desbrozadora de gasolina con manillar en bicicleta y cabezal de hilo Esto ya es otra máquina: manillar, arnés y motor de gasolina para superficies grandes y hierba alta.

El hilo, que es la pieza de consumo

El hilo de nailon corta por velocidad, no por filo: golpea el tallo miles de veces por minuto y lo revienta. De ahí salen sus límites y sus manías.

El diámetro lo marca el fabricante de la máquina, y ponerle un hilo más grueso del que admite no la hace más potente: la frena, calienta el motor y desgasta el cabezal. En sección, el hilo redondo es el más duradero y el de perfil estrellado o cuadrado corta más limpio y se gasta antes.

La recarga puede ser manual, semiautomática (se da un toque con el cabezal en el suelo y sale un poco más) o automática. El sistema semiautomático es el más extendido y el que más se atasca cuando el hilo está mal enrollado: hay que bobinarlo apretado y en el sentido que indica la flecha del carrete, sin cruces.

El nailon se reseca con el tiempo y se vuelve quebradizo, sobre todo si el carrete ha pasado el verano al sol en un cobertizo. Un hilo viejo se rompe constantemente y parece un defecto de la máquina. Guardarlo a la sombra y en su bolsa alarga bastante su vida.

El daño que casi nadie asocia con la orilladora

Aquí está el aviso más importante de todo el artículo: el hilo mata árboles jóvenes. Cuando se pasa la orilladora alrededor de un tronco fino para quitar la hierba del alcorque, el nailon golpea la corteza y la va pelando. La corteza de un árbol joven es delgada y blanda, y basta con repetir la operación cada dos o tres semanas durante una temporada para dejar el tronco anillado.

Por debajo de esa corteza va el floema, que es por donde el árbol baja los azúcares de las hojas a las raíces. Si se corta el anillo completo, las raíces se quedan sin alimento y el árbol muere, pero no de golpe: aguanta uno o dos años, pierde vigor, brota poco y un buen día se seca entero. Para entonces nadie relaciona la muerte con la máquina y se culpa a la sequía o a un hongo.

La prevención es trivial. Alrededor de cualquier árbol joven, se deja un alcorque sin hierba con una capa de acolchado, o se pone un protector de tronco, o se quita esa hierba a mano. La orilladora no se acerca al tronco, y punto.

Seguridad, que aquí sí toca

Una orilladora doméstica parece inofensiva y proyecta cosas a bastante velocidad. Lo mínimo:

  • Gafas de protección siempre. El hilo lanza piedrecillas, trozos de gravilla y fragmentos del propio nailon, y van a la altura de la cara.
  • Protección auditiva con las de gasolina, y con las eléctricas si la sesión es larga.
  • Calzado cerrado y pantalón largo. Nada de chanclas ni de pantalón corto: el hilo hace heridas en los tobillos y en las espinillas.
  • El protector no se quita. Es lo que corta el hilo a la longitud correcta y lo que para las proyecciones.
  • Nadie alrededor. Niños y animales, dentro de casa o lejos, no mirando a dos metros.
  • Se desenchufa o se saca la batería antes de tocar el cabezal, cambiar el hilo o desatascar hierba enrollada. Siempre.

Con máquina de cable hay un riesgo propio: cortar el propio cable. Se trabaja siempre con el cable por detrás y a un lado, y con un alargador de exterior en buen estado.

Mantenimiento y qué se estropea antes

Es una máquina sencilla y su mantenimiento cabe en tres gestos. Al terminar, se limpia el cabezal y la carcasa de restos de hierba, que si se secan ahí forman una costra que desequilibra el giro. Se comprueba que no haya hierba enrollada en el eje del cabezal, que es lo que recalienta el motor. Y se guarda con el carrete cargado, a la sombra y en seco.

Lo que se rompe antes es el cabezal, por golpes contra el bordillo y el hormigón, y el muelle o el pulsador del sistema semiautomático. En las de cable, el punto débil es la entrada del cable en la carcasa, que se fatiga de tanto doblarse. En las de batería, la batería, que dura años pero no eternamente y conviene guardarla a media carga y no a cero.

Cuándo se usa

El ritmo va con el del césped. En España eso significa mucho trabajo entre marzo y junio, un parón en el verano fuerte (si el césped no crece, no hay nada que perfilar y además se castiga la planta), y un segundo tirón en otoño con las lluvias. Perfilar con la hierba mojada es mala idea: se apelmaza, ensucia la máquina y el corte queda irregular. Mejor a media mañana, con el rocío ya evaporado. Y siempre después de segar, no antes, para rematar a la altura correcta. Si estás decidiendo también la segadora, tienes los tipos comparados en cortacéspedes.

En resumen

La orilladora es la herramienta de acabado del jardín: remata el canto del césped contra el pavimento, el pie de los muros y lo que la segadora no alcanza. Para un jardín doméstico, una máquina de batería o de cable, ligera, con altura regulable y cabezal pivotante, cubre el trabajo de sobra. No sirve para hierba alta ni para matorral, y comprarla con esa idea acaba en decepción.

Dos cosas por encima del resto. Gafas de protección siempre, porque el hilo lanza piedras a la cara. Y ni un solo pase alrededor del tronco de un árbol joven: la corteza se pela, el tronco se anilla y el árbol acaba muriendo un año después sin que nadie sepa por qué. Un alcorque con acolchado resuelve el problema para siempre.


Contenidos relacionados