Las flores de Tenerife no se parecen a las del resto de España, y el motivo es sencillo: buena parte de ellas no existe en ningún otro sitio del mundo. Canarias tiene del orden de dos mil plantas vasculares silvestres y varios cientos son endemismos del archipiélago, muchos de ellos exclusivos de una isla o incluso de un macizo concreto. Tenerife, por tamaño y por tener desde el nivel del mar hasta los 3.700 metros del Teide, es la que más acumula.
La otra consecuencia de eso es menos agradable y hay que decirla antes que nada: casi nada de lo que vas a ver aquí se puede recoger. Muchas de estas plantas están en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial del Real Decreto 139/2011 y en el Catálogo Canario de Especies Protegidas, y las mejores están dentro del Parque Nacional del Teide o de los parques rurales de Anaga y Teno, donde no se coge ni una semilla. Se mira, se fotografía y se deja.
Los pisos de vegetación, que es la clave de todo
En Tenerife la flora cambia por altitud y por orientación, no por comarca. Subiendo desde la costa te encuentras cuatro ambientes bien distintos, y cada uno tiene sus flores y su temporada:
- Cardonal-tabaibal, en la costa y las laderas bajas más secas. Euforbias suculentas y plantas de hoja carnosa.
- Monteverde o laurisilva, en la cara norte, entre la niebla del alisio. Bosque de hoja perenne y lustrosa.
- Pinar canario, por encima, con Pinus canariensis.
- Alta montaña, en Las Cañadas y el cono del Teide. Es donde florecen las estrellas.
Y una particularidad que sorprende a quien viene de la Península: aquí muchas plantas florecen en invierno y a principios de primavera, porque el verano es la estación seca y la que hay que pasar dormida. Si vas en agosto verás muchas rosetas secas y pocas flores.
El tajinaste rojo, la flor emblema
El tajinaste rojo (Echium wildpretii) es la planta que sale en todas las fotos de Las Cañadas. Vive los primeros años como una roseta de hojas estrechas y plateadas pegada al suelo, y un año, cuando ha acumulado reservas suficientes, levanta una vara cónica cubierta de miles de flores rojas que pasa de largo la altura de una persona. Después de florecer y dar semilla, muere. Es monocárpica: una sola floración en toda su vida.
La floración cae en primavera avanzada, típicamente en mayo y junio según el año, y no todos los años es igual de espectacular porque depende de las lluvias anteriores. Es endemismo de Tenerife, y en el sitio tienes su ficha propia del tajinaste del Teide y otra del tajinaste rojo.
No es el único tajinaste. El género Echium tiene en Canarias una radiación impresionante, con especies de porte y color distintos casi por isla y por ambiente: el tajinaste azul de Tenerife (Echium virescens), el tajinaste blanco de Anaga (Echium simplex) y el tajinaste azul del Teide (Echium auberianum), entre otros. Todos comparten el mismo plan: roseta, vara, semilla y fin.
Lo demás de la alta montaña
En Las Cañadas, además del tajinaste, hay tres plantas que merecen el viaje:
La retama del Teide (Spartocytisus supranubius) es el arbusto que domina el paisaje, una bola de ramas casi sin hoja que en primavera se cubre de flores blanquecinas con un olor a miel que se nota a distancia. La margarita del Teide (Argyranthemum teneriffae) es una compuesta de capítulos blancos con centro amarillo, de aspecto humilde y endemismo estricto de la cumbre. Y la violeta del Teide (Viola cheiranthifolia) es de las plantas con flor que viven más alto de toda España, agarrada a la ceniza volcánica del cono, donde no hay prácticamente nada más.
Esta última es el ejemplo perfecto de por qué aquí no se recoge nada: su área total de distribución cabe en unas pocas hectáreas.
La laurisilva: la flor discreta de un bosque raro
El monteverde de Anaga y de Teno es un bosque de niebla, reliquia de la vegetación que cubría el sur de Europa antes de las glaciaciones. Sus árboles son laurel canario (Laurus novocanariensis), viñátigo (Persea indica), tilo (Ocotea foetens), barbusano (Apollonias barbujana) y acebiño (Ilex canariensis). Casi todos tienen flores pequeñas, blanquecinas o verdosas, que pasan desapercibidas: en un bosque cerrado y húmedo no hace falta gastar en pétalos.
Lo que sí llama la atención ahí abajo son las herbáceas y trepadoras del sotobosque. Tienes una ficha de la laurisilva en el sitio si quieres entender el conjunto.
El bicácaro, que se llama Canarina canariensis
Conviene aclarar esto porque se lee mal a menudo: la Canarina canariensis y el bicácaro no son dos plantas, son la misma. Bicácaro es su nombre común canario, y es una campanulácea endémica del archipiélago, emparentada de lejos con las campanillas de jardín.
Es una planta de monteverde y de riscos húmedos, con tallos algo trepadores que se apoyan en la maleza, y unas flores acampanadas grandes, colgantes, de color naranja a rojizo con venas más oscuras. Florece en la mitad fría del año, de otoño a primavera, y en verano desaparece por completo: pierde la parte aérea y aguanta la sequía como un tubérculo bajo tierra. Da un fruto carnoso comestible, y de ahí viene la fama del nombre, pero en Canarias es planta protegida y su sitio no es la cesta.
Bejeques, siemprevivas y el resto de la lista
Los bejeques son los Aeonium, rosetas suculentas pegadas a la roca que forman otra radiación canaria enorme. Muchos repiten la estrategia del tajinaste: la roseta que florece se muere después. El bejeque de Tenerife más citado es Aeonium urbicum, de vara floral alta y flores blanquecinas o rosadas.
Las siemprevivas son los Limonium, de flores pequeñas en panículas ramificadas que se secan manteniendo la forma y el color, y por eso el nombre. Hay especies de costa, de saladar y de risco, varias exclusivas de una sola isla.
Y están las tabaibas y el cardón, que son euforbias (Euphorbia) de aspecto de cactus, con flores diminutas y sin pétalos vistosos. Aquí toca el aviso de seguridad: todas exudan un látex blanco muy irritante para la piel y sobre todo para los ojos. No se rompen ramas ni se manipulan sin guantes.
Orquídeas canarias, y qué no son
Tenerife tiene orquídeas silvestres, pero no te esperes nada parecido a las de floristería. Son plantas terrestres pequeñas, de flores modestas, que salen entre la hierba en los claros de monte. La más famosa es la orquídea de Tenerife (Himantoglossum metlesicsianum), endemismo escasísimo y con figura de protección, que solo se ve en unas pocas localidades y en unas pocas semanas al año.
Orquídea híbrida de cultivo. Las orquídeas silvestres canarias no se parecen a esto: son terrestres, pequeñas y de flor discreta.
La otra cara: lo que no debería estar
La flora de Tenerife tiene un problema serio con las plantas introducidas. El caso más visible es el rabo de gato (Pennisetum setaceum), una gramínea ornamental africana que se ha adueñado de taludes y cunetas de la isla y desplaza a la flora nativa. Figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que significa que no se puede poseer, plantar ni comercializar.
Si tienes jardín en la isla, esa es la decisión con más impacto que puedes tomar: plantar especies canarias, que además aguantan mejor el clima, y no traer semillas de fuera.
En resumen
Tenerife concentra la flora endémica más rica de España, y se organiza por altitud: euforbias y suculentas en la costa, monteverde con el bicácaro en la cara norte, pinar canario a media altura, y tajinaste rojo, retama del Teide, margarita y violeta en la cumbre. La mejor época es la mitad fría del año para la costa y el monteverde, y la primavera avanzada para el Teide.
Y lo que hay que llevarse claro: casi todo lo interesante está protegido por el Real Decreto 139/2011 y el catálogo canario, y dentro de un parque nacional o de un parque rural. No se recoge nada, no se sale de los senderos y no se plantan especies de fuera. Una flora que ha tardado millones de años en formarse en una isla se pierde muy deprisa.