El tajinaste rojo (Echium wildpretii) es un endemismo de Tenerife que crece en las Cañadas del Teide, por encima de los 1.900 metros, y que cada primavera levanta una lanza de hasta tres metros cubierta de miles de florecillas rojas. Es probablemente la planta más fotografiada de Canarias y una de las imágenes botánicas más reconocibles de España.

Lo que la hace tan extraña no es solo su tamaño, sino su ciclo: pasa varios años como una roseta baja de hojas plateadas, gasta absolutamente toda su reserva en una única floración, produce las semillas y muere. El esqueleto seco de la inflorescencia queda en pie meses, entre la piedra volcánica, como un poste ceniciento.

En mayo, los tajinastes rojos en flor brindan un extraordinario espectáculo en las Cañadas del Teide. Foto: iStock / Sergio Hanquet

Una planta que florece una vez y muere

El tajinaste rojo es monocárpico: florece una sola vez en su vida. Suele describirse como bienal, y en cultivo con buenas condiciones puede comportarse así, pero en su medio natural, con la sequía y el frío de la alta montaña de Tenerife, es frecuente que la roseta necesite tres o cuatro años para acumular reservas suficientes.

Durante esos años forma una roseta densa de hojas estrechas y largas, de un gris azulado plateado y tacto afelpado, que puede alcanzar el metro de diámetro. Cuando llega el momento, del centro de esa roseta emerge en pocas semanas la vara floral, cónica y ligeramente sinuosa, cubierta de arriba abajo por miles de flores diminutas de color rojo intenso.

Tras la floración, el ejemplar entero muere. Toda la continuidad de la especie depende de las semillas que ha producido esa única vez, y de ahí que la polinización sea tan crítica para ella.

Dónde y cuándo verlo

La floración va de mayo a junio, con variación de unas semanas según la primavera. En años secos hay menos ejemplares en flor y la altura de las varas es menor.

Los sitios clásicos están todos dentro del Parque Nacional del Teide y sus proximidades: el Llano de Ucanca, el entorno de los Roques de García, las inmediaciones del Parador y los tramos de carretera que atraviesan las Cañadas. También se ven en el pinar de la vertiente sur, cerca de Vilaflor.

Es un parque nacional, así que no se recolectan plantas, flores ni semillas, no se sale de los senderos señalizados y no se pisan las rosetas jóvenes, que están al borde de los caminos y son mucho menos vistosas que las varas en flor pero son los tajinastes de dentro de tres años.

Por qué crece donde crece

Las Cañadas son un medio muy exigente: radiación ultravioleta altísima, oscilación térmica enorme entre el día y la noche, heladas y nieve en invierno, sequía prolongada en verano y un suelo mineral, drenante y pobre.

La planta está construida para eso. Las hojas estrechas y cubiertas de pelo blanco reflejan parte de la radiación y reducen la pérdida de agua, y la disposición en roseta densa protege el punto de crecimiento del frío nocturno y crea un microclima algo más templado en el centro. La roseta capta además el rocío y lo conduce hacia la base.

La forma de la inflorescencia también tiene sentido: la vara cónica presenta miles de flores a la vez, en el momento del año en que los insectos están activos, y hace la planta visible desde muy lejos en un paisaje donde no hay competencia visual.

Las abejas y la miel de tajinaste

Las flores del tajinaste son muy ricas en polen y néctar, y la floración de mayo y junio en las Cañadas concentra una enorme actividad de abejas. De ahí sale una de las mieles más conocidas del archipiélago, la miel de tajinaste, amparada por la Denominación de Origen Protegida Miel de Tenerife, que reúne varios tipos de miel monofloral de la isla.

La relación funciona en los dos sentidos. Las abejas y otros polinizadores permiten que la planta produzca las semillas de las que depende por completo, ya que solo florece una vez. Sin polinización, un tajinaste que ha invertido tres años de reservas en su vara muere sin dejar descendencia.

Qué le amenaza

El tajinaste rojo no está en peligro inminente, pero su regeneración depende de que las plántulas y las rosetas jóvenes lleguen a adultas. El problema principal en el Teide son los herbívoros introducidos: el conejo, presente desde hace siglos, y el muflón, introducido en los años setenta, que ramonean rosetas jóvenes y brotes tiernos de la flora de alta montaña. El parque lleva décadas trabajando en su control y en el vallado de zonas de regeneración.

A eso se suma la presión del visitante en los puntos más accesibles, con pisoteo de plántulas junto a los aparcamientos y los miradores, y la variabilidad de las lluvias de primavera, que decide cuántos ejemplares llegan a florecer cada año.

Otros tajinastes canarios

El género Echium es uno de los ejemplos de radiación adaptativa más citados de la Macaronesia: a partir de unos pocos colonizadores llegados desde el continente se han diferenciado una veintena de especies endémicas en las islas, cada una asociada a un tipo de hábitat.

  • Echium wildpretii subsp. trichosiphon, en La Palma, la versión de flor rosa pálido, que vive en la Caldera de Taburiente y en las cumbres.
  • Echium simplex, el tajinaste blanco, endémico de Tenerife y propio del norte de la isla, con una vara densa de flores blancas.
  • Echium callithyrsum, azul, endémico de Gran Canaria.
  • Echium webbii, azul y de porte arbustivo ramificado, endémico de La Palma.
  • Echium virescens, de Tenerife, de flores azuladas o rosadas muy pálidas.

Los hay de todo tipo: rosetas monocárpicas gigantes como el rojo, arbustos leñosos que florecen todos los años, y matas pequeñas de zonas costeras.

¿Se puede cultivar fuera de Canarias?

Se puede, y se hace, aunque no es una planta fácil de mantener durante los años que tarda en florecer. Lo que necesita es lo que tiene en su hábitat: pleno sol, un sustrato mineral que drene mucho y un invierno seco.

Sorprende a mucha gente que el frío no sea el problema. Vive a dos mil metros, con nieve y heladas, y aguanta bien el frío si está seco. Lo que lo mata en la península es el invierno húmedo: la roseta, con toda esa pelusa, retiene agua en el centro y se pudre. Por eso funciona mejor en el interior seco y frío que en la cornisa cantábrica, y en cualquier caso mejor bajo un alero o en un lugar donde la lluvia invernal no caiga directamente sobre el corazón de la planta.

Se cultiva desde semilla, que germina sin dificultad sembrada en primavera en sustrato arenoso. La plántula se trasplanta pronto, porque hace raíz pivotante y no lleva bien el trasplante tardío. Después, riego escaso en verano el primer año y prácticamente nulo a partir del segundo, sin abonar. Un exceso de fertilidad da hojas grandes y blandas y una planta que no llega a florecer.

Las semillas se obtienen de proveedores especializados y de intercambios entre jardines botánicos y aficionados. Del parque nacional, nunca.

De dónde viene el nombre

El nombre común, tajinaste, procede de la lengua de los antiguos habitantes de las islas. El específico, wildpretii, es un homenaje a Hermann Wildpret, jardinero de origen suizo que durante la segunda mitad del siglo XIX dirigió el Jardín de Aclimatación de La Orotava, en el Puerto de la Cruz, y que amplió notablemente sus colecciones y el conocimiento de la flora canaria.

Una nota práctica para quien manipule la planta: los pelos rígidos de hojas y tallos pueden irritar la piel, como ocurre con otras boragináceas. Ninguna parte del tajinaste se consume.

En resumen

El tajinaste rojo es una roseta plateada que vive varios años acumulando reservas en la alta montaña de Tenerife para gastarlas de golpe en una única vara de hasta tres metros llena de flores rojas, en mayo y junio, y morir después. Su supervivencia como especie depende por completo de esa floración y de los insectos que la polinizan, que son también los que producen la miel de tajinaste amparada por la DOP Miel de Tenerife.

Verlo es cuestión de subir a las Cañadas en la fecha correcta y respetar las normas del parque nacional, incluidas las rosetas jóvenes junto a los senderos. Cultivarlo fuera de Canarias es posible desde semilla, con pleno sol, sustrato mineral y, sobre todo, un invierno seco: el frío no lo mata, el agua parada en el centro de la roseta sí.


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