La floración de Extremadura no es un solo momento, son cinco o seis escalonados, y van de abajo arriba: primero los almendros de las tierras bajas en pleno invierno, luego los frutales de las Vegas del Guadiana, después los cerezos del Jerte, en paralelo el jaral y el pastizal de la dehesa, y ya en mayo o junio los piornos de la alta montaña. Si vas a ver flores a Extremadura, la pregunta no es dónde, es cuándo.
Aquí tienes ese calendario y las especies concretas de cada tramo, con sus nombres. Y una cosa que casi nunca se dice: la flor más representativa de Extremadura no es de un árbol frutal, es la de la jara pringosa, que cubre miles de hectáreas de sierra y berrocal y que en abril deja un olor a resina que se pega a la ropa.
El calendario, de menor a mayor altitud
| Cuándo | Qué florece | Dónde |
|---|---|---|
| Enero y febrero | Almendro | Garrovillas de Alconétar, entorno de Cáceres, Tierra de Barros |
| Febrero y marzo | Frutales de hueso: ciruelo, melocotonero | Vegas del Guadiana, Valdelacalzada, La Vera |
| Marzo y abril | Cerezo | Valle del Jerte, Ambroz, La Vera, Las Hurdes, Villuercas |
| Abril y mayo | Jaras, cantueso, brezos, orquídeas de pastizal, peonías | Monfragüe, sierras de Olivenza, dehesas de toda la región |
| Mayo y junio | Piorno serrano | Cumbres del Jerte, Tormantos, Gredos y Béjar |
Las fechas se mueven con el año. Un invierno cálido adelanta la cereza dos semanas y una helada tardía puede borrar la floración de un frutal en una noche. Antes de coger el coche conviene mirar el parte y, en el caso del Jerte, el aviso de la propia comarca.
El cerezo del Jerte, y que no está solo
Es la floración más famosa de España después de los almendros, y con razón: cientos de miles de cerezos en bancales sobre las laderas del valle, todos abriendo en pocos días. La ventana habitual va de la segunda mitad de marzo a la primera de abril, con la parte baja del valle antes que la alta, así que si llegas tarde puedes subir y recuperar la floración unos cuantos días.
El cerezo del Jerte no es un cerezo ornamental, es Prunus avium de producción, y ahí está la gracia: esa floración acaba en la cereza del Jerte, con su Denominación de Origen Protegida y sus variedades de picota, las que se venden sin rabo porque el pedúnculo se queda en el árbol. La flor es blanca, sencilla y de cinco pétalos, muy distinta de los cerezos japoneses de flor doble y rosa que se plantan en parques.
Y hay más comarcas con la misma estampa a menor escala: el valle del Ambroz, La Vera, Las Hurdes, Tierras de Granadilla y el Geoparque Villuercas Ibores Jara. Si te pilla el fin de semana del lleno en el Jerte, cualquiera de ellas te da la misma flor sin el atasco. En el sitio tienes también la ficha general de los cerezos en flor.
La dehesa: la flor está en el suelo
La dehesa es el paisaje que define Extremadura, y quien va buscando árboles en flor se lleva un chasco, porque la encina (Quercus ilex) y el alcornoque (Quercus suber) florecen de forma discreta: producen candelillas amarillentas polinizadas por el viento, sin pétalos ni perfume, porque no necesitan atraer a nadie. Es una floración importantísima, la que da la bellota, pero no se ve desde lejos.
El espectáculo de la dehesa en abril está abajo, en el pastizal bajo los árboles: mantos de margaritas, amapolas, vinagretas amarillas, tréboles y, si sabes mirar, orquídeas. Merece la pena andar despacio por ahí. Tienes las fichas del alcornoque y de la jara en el sitio.
Orquídeas de pastizal, la sorpresa de la región
Extremadura tiene una buena representación de orquídeas silvestres europeas, y no son las del invernadero: son plantas pequeñas, de veinte o treinta centímetros, que salen entre la hierba en marzo, abril y mayo, y que hay que buscar agachado. Los géneros habituales son Ophrys, Orchis y Serapias.
Las Ophrys son las más llamativas de mecanismo: imitan con el labelo el cuerpo de una abeja o de un abejorro, olor incluido, para que el insecto macho intente copular con la flor y se lleve el polen pegado. Hay ficha de la orquídea espejo, Ophrys speculum, que es la que más se reconoce por su labelo azul brillante.
Aviso importante: las orquídeas silvestres no se arrancan ni se trasplantan. Dependen de hongos del suelo para vivir y una planta sacada de su sitio se muere sin remedio, además de que toda la familia tiene restricciones de comercio internacional. Se fotografían y se dejan donde están.
El jaral y el cantueso
Si hay una flor extremeña es la de la jara pringosa, Cistus ladanifer: pétalos blancos grandes y arrugados, casi siempre con una mancha granate en la base, sobre un arbusto de hojas pegajosas de ládano. Cubre laderas enteras de pizarra y de granito en Monfragüe, en las Villuercas y en media Tierra de Barros, y florece de abril a mayo. La pega de esa abundancia es que el jaral suele indicar suelo degradado por incendios y sobrepastoreo: es la vegetación que ocupa lo que antes fue encinar.
Con ella van el cantueso o tomillo borriquero (Lavandula stoechas), de espigas moradas con penacho, los brezos (Erica australis y Erica arborea) que tiñen de rosa las umbrías de sierra, y otras jaras de flor blanca más pequeña como Cistus salviifolius y Cistus monspeliensis.
Las peonías de la sierra del Alor
En la sierra del Alor, en Olivenza y junto a la frontera portuguesa, crece la peonía silvestre ibérica, Paeonia broteri. Es una planta herbácea perenne que brota de una cepa subterránea, con una flor rosa fuerte, grande y de pocos pétalos, nada que ver con las peonías de jardín de flor apelotonada. Florece entre abril y mayo entre encinas, olivos y jaras.
No es una planta abundante y está en sitios concretos, así que aplica lo de siempre: verla y no tocarla. Si lo que buscas es peonía para el jardín, en el sitio tienes las peonías de cultivo, que son otra cosa y se compran en vivero.
Los piornos, el cierre de temporada
Cuando en el llano ya hace calor, arriba empieza la piornada. El piorno serrano, Cytisus oromediterraneus, es una leguminosa en forma de bola densa sin apenas hoja, que en mayo y junio se cubre de flores amarillas a partir de unos mil quinientos metros de altitud. Las cumbres del Jerte, la sierra de Tormantos y el entorno de Gredos y Béjar se vuelven amarillas de golpe.
En esa misma franja de altura están los narcisos silvestres y las violetas de montaña, plantas pequeñas y de floración muy corta que aparecen en cuanto se retira la nieve. Varias de las especies de alta montaña de este sector están incluidas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial del Real Decreto 139/2011, y Extremadura tiene además su propio catálogo regional de flora amenazada. Traducido a la práctica: en la sierra se mira y se fotografía, no se recoge.
En resumen
Extremadura da flor casi seis meses seguidos si sigues la altitud: almendro en febrero abajo, frutales de las Vegas en marzo, cerezo del Jerte entre la segunda mitad de marzo y la primera de abril, jaral y pastizal de dehesa en abril y mayo, y piornos en mayo y junio arriba. Ninguna de esas fechas es fija, así que conviene confirmar antes de viajar.
Y si quieres las dos visitas que menos gente hace y más compensan, son estas: un rato agachado en un pastizal de dehesa en abril buscando Ophrys, y una subida a las cumbres del Jerte en junio con los piornos en flor. La primera te enseña que la dehesa tiene más flora de la que parece, y la segunda que en Extremadura hay alta montaña de verdad.