La dalia se planta en primavera, florece desde el verano hasta la primera helada del otoño y pasa el invierno bajo tierra convertida en un manojo de raíces engrosadas. Ese calendario es lo que hay que tener claro antes de comprar nada, porque en España se traduce en tres jardines distintos: en el litoral mediterráneo y en Canarias la mata se queda en el suelo de un año para otro, en el interior peninsular hay que levantarla o protegerla del hielo, y en el norte atlántico el problema no es el frío sino el agua de invierno sobre unas raíces dormidas.
El género Dahlia es mexicano, de la familia de las compuestas, y es la flor nacional de México. Lo que se vende en las tiendas son cultivares de jardín, con una variedad de formas y tallas que va de los veinte centímetros de una dalia de bordura a los dos metros de una decorativa grande. Elegir bien la talla es la decisión que más va a pesar en lo que te dé de trabajo el verano.
Qué compras cuando compras una dalia
Hay tres formatos y no son intercambiables. La bolsa de tubérculos se vende en invierno y a principios de primavera, es la opción más barata y la que más variedades ofrece. Lo que tienes que mirar es el cuello: las raíces engrosadas no tienen yemas, las yemas están solo en el trozo de tallo viejo al que van unidas. Un manojo con raíces gordísimas y el cuello machacado no brotará nunca, y dos raíces pequeñas con cuello sano dan una planta perfecta.
La planta en maceta se vende ya brotada en primavera o en flor en verano. Cuesta más y es la única forma de ver de verdad lo que te llevas, algo que importa si la variedad concreta te interesa, porque las etiquetas de los lotes de tubérculos se mezclan con facilidad. Y el esqueje enraizado, que es lo que manejan los viveros especializados, se obtiene forzando brotes del cuello a final de invierno; es la vía normal para multiplicar un cultivar sin dividir la mata.
Lo que no compres son semillas con nombre de variedad. La dalia no sale fiel de semilla: de un sobre salen plantas nuevas, todas distintas y casi todas de flor sencilla. Es entretenido, pero no es la forma de tener la dalia de la foto.
El calendario, zona por zona
Las fechas cambian bastante de una punta a otra del país, y ahí es donde fallan las guías genéricas. Esta es la referencia práctica:
| Zona | Plantación | Floración | Invierno |
|---|---|---|---|
| Andalucía, Murcia y litoral levantino | De finales de marzo, en cuanto la tierra se templa | De junio a noviembre, con parón en la canícula | Se queda en tierra con acolchado, sin riego |
| Interior peninsular (ambas mesetas, Aragón) | Abril o primeros de mayo, pasada la helada tardía | De julio a la primera helada de octubre | Se levanta y se guarda en sitio fresco y seco |
| Norte atlántico | Abril, cuando el suelo deja de estar empapado | De julio a noviembre | Se puede dejar si el suelo drena; si no, se levanta |
| Canarias | Prácticamente todo el invierno y la primavera | Muy larga, casi continua en costa | Se queda en tierra |
En el sur hay un detalle que no aparece en los manuales del norte de Europa: la dalia se frena en julio y agosto con las noches cálidas y vuelve a empujar en septiembre. Por eso en Andalucía la mejor floración llega en otoño, y por eso conviene no dar por muerta una mata que se queda quieta en pleno agosto.
Elegir la variedad por el sitio, no por la foto
Antes de mirar colores, mide. Una dalia por encima del metro necesita tutor obligatorio, y en un patio con corriente de aire es un problema todos los veranos, porque el tallo es hueco y se parte. Si el sitio es expuesto o pequeño, busca variedades declaradas de talla baja o media.
Después decide para qué la quieres. Para flor cortada, las de flor esférica compacta son las que mejor aguantan el jarrón. Para que la mata aporte algo a las abejas, solo sirven las de flor sencilla o collarette, porque en una flor doble las flores del centro, las que tienen el néctar, han desaparecido convertidas en pétalos. Para maceta, talla baja y recipiente grande, de treinta litros para arriba en una variedad media, con riego diario en julio. Las formas de flor y lo que implica cada una las tienes en la ficha de la dalia cactus y la dalia pompón.
Plantación: profundidad, distancia y el riego que no se da
Se abre un hoyo de unos veinte centímetros, se tumba el manojo de raíces en abanico con el cuello hacia arriba y se cubre dejando el cuello a un palmo de la superficie. La distancia entre plantas va de cuarenta centímetros en las enanas a ochenta o noventa en las decorativas grandes, y no es un capricho: apretadas, con el follaje cerrado y sin aire, acaban con oídio en septiembre.
El detalle contraintuitivo es que no se riega al plantar. Las raíces de reserva todavía no absorben agua y en tierra mojada se pudren, así que se planta en tierra apenas fresca y no se vuelve a regar hasta que asoma el primer brote. Es el fallo más común y el que se paga con el tubérculo entero. El tutor, si la variedad lo va a necesitar, se clava ahora, no en junio, cuando ya no ves dónde están las raíces.
Junio: pinzar es lo que multiplica la floración
Cuando la planta llega al cuarto par de hojas, con un palmo largo de altura, se corta la punta justo por encima de ese par. La mata responde sacando dos brotes laterales y se ramifica, y el resultado son muchos más tallos florales y una planta que aguanta el viento. Sin pinzar tienes un tallo único, alto, frágil y con una flor grande arriba.
Retirar las flores gastadas cada semana es la otra rutina que decide la temporada. Mientras la planta está formando semillas deja de emitir capullos nuevos, así que cortar lo pasado por debajo del primer par de hojas alarga la floración varias semanas.
Agua y abono en pleno verano
Una vez arrancada, la dalia bebe. En julio y agosto pide riegos abundantes y espaciados, dos o tres por semana en suelo, de forma que el agua llegue a profundidad; el rociado diario superficial deja la mata marchita a mediodía aunque la tierra parezca húmeda.
Con el abono el error típico es usar un universal rico en nitrógeno: obtienes una planta enorme, verde, densa y sin flor. Lo que la dalia necesita es fósforo y sobre todo potasio, en un abono de floración aplicado desde que se ven los primeros capullos hasta septiembre. La dosis es la que diga el envase, y menos es mejor que más.
Los fallos del primer año
- Regar al plantar y perder el tubérculo por podredumbre antes de que brote.
- Plantar demasiado pronto, en tierra fría, con el mismo resultado.
- Dividir por raíces y no por cuello: una raíz sin yema no brota, por gorda que sea.
- No tutorar una variedad alta y perder la mata con la primera tormenta de agosto.
- No vigilar en abril y mayo, cuando las babosas y los caracoles se comen el brote tierno en cuanto asoma. Es el único momento del año en que hay que mirar a diario.
- Dejar el arriate con riego en invierno si has optado por no levantar la mata. Lo que mata no es el frío, es el agua estancada.
Con el pulgón, que es la plaga habitual de la temporada, el jabón potásico funciona bien y es lo primero que hay que probar, siempre fuera de las horas de sol y sin tratar mientras la mata está en plena floración, por las abejas.
El significado de la dalia, contado como lo que es
En el lenguaje de las flores victoriano, esa convención de salón que floreció en el siglo XIX y que llenó los manuales de la época, a la dalia se le atribuyó la dignidad y el compromiso duradero, en buena parte por lo tardío y lo persistente de su floración. Es una convención cultural con fecha y con contexto, no una propiedad de la planta.
Los significados por color que circulan hoy por internet, con la dalia azul del desengaño y la dalia blanca de la pureza, son de invención reciente y no tienen detrás ninguna tradición documentada. Dicho de paso: dalia azul no existe en el jardín, porque el género no produce pigmentos azules, y lo que se vende como tal es blanco teñido o retocado en la fotografía. En México, donde la planta es originaria y flor nacional, su simbolismo va por otro camino: identidad y cultivo propio, no lenguaje amoroso europeo.
La dalia arbórea, que va aparte
Conviene no meterla en el mismo saco. Dahlia imperialis hace cañas de varios metros, no muere en invierno como las de arriate y florece cuando los días se acortan, ya en noviembre o diciembre, lo que en buena parte de España significa que la helada se le adelanta. Tiene su propia ficha, la de la dalia imperialis, y su propio calendario.
En resumen
Compra tubérculos con el cuello sano, plántalos en primavera cuando la tierra se haya templado, tumbados y a un palmo de profundidad, y no los riegues hasta que broten. Pinza al cuarto par de hojas, tutora todo lo que pase del metro, riega en profundidad y abona con potasio en lugar de nitrógeno. Con eso tienes flor desde el verano hasta la primera helada, y en el sur la mejor floración llega en septiembre y octubre.
En invierno, decide según dónde vivas: en el interior se levanta la mata y se guarda en fresco y seco, y en el litoral mediterráneo y en Canarias se queda en tierra con acolchado y sin riego. Y elige la variedad por la talla y por el sitio antes que por la foto, porque una decorativa de dos metros en un patio con viento es trabajo para todo el verano.