Injertar un rosal es tomar una yema de la variedad que quieres y colocarla bajo la corteza de un rosal silvestre enraizado, que actuará como patrón. La yema desarrollará las ramas, las hojas y las flores; el patrón aportará la raíz. Prácticamente todos los rosales que se compran en vivero se han producido así, con un injerto de escudete o yema en T.
Lo que decide el éxito no es la habilidad con el cuchillo, es el momento. El injerto de yema solo funciona cuando la corteza del patrón se despega con facilidad del tejido que hay debajo, y eso ocurre únicamente mientras el patrón está en crecimiento activo y con savia en movimiento. Si la corteza no se levanta limpia al hacer la T, no es tu pulso: es que no toca todavía o ya ha pasado.
Por qué se injerta en lugar de sembrar o esquejar
Sembrar semilla de rosal no reproduce la variedad. Las rosas de jardín son híbridos muy complejos y su descendencia sale distinta de la madre, con flores que casi nunca merecen la pena. La semilla sirve para obtener variedades nuevas, que es trabajo de obtentor, no para multiplicar una existente.
El esqueje sí reproduce la variedad y da lugar a un rosal de pie franco, sobre sus propias raíces. Es una opción perfectamente válida para el aficionado y tiene una ventaja clara: nunca produce chupones. Su inconveniente es que muchas variedades modernas enraízan mal y, sobre todo, que su raíz es menos vigorosa y menos tolerante a suelos difíciles.
Ahí está la razón de fondo del injerto. El patrón silvestre aporta un sistema radicular potente, resistente a suelos pobres, compactos o calizos, y con eso el conjunto crece más rápido y aguanta más. En los suelos calizos del este y el sur peninsular, y en climas de verano largo, esa diferencia es muy notable.
Los patrones que se usan
La elección del patrón condiciona el vigor, la longevidad y la tolerancia al suelo del rosal terminado.
- Rosa canina. El clásico europeo. Muy rústico, resistente al frío y de gran vigor. En producción profesional se emplean selecciones concretas, elegidas por uniformidad y por tener pocas espinas.
- Rosa laxa. Bastante utilizado en vivero por su facilidad de manejo y por producir pocos chupones.
- Rosa multiflora. Vigoroso y de fácil injerto, muy empleado en algunas zonas productoras. Tolera peor los suelos calizos que la canina.
- Selecciones de rosal índico. En zonas mediterráneas cálidas y de suelo calizo se recurre a patrones adaptados a esas condiciones, que aguantan mejor el verano y el pH alto.
Para injertar en casa, el patrón lo puedes obtener de semilla, de esqueje de un rosal silvestre o comprarlo ya enraizado. Lo que necesita es estar sano, bien arraigado y en pleno crecimiento el día del injerto.
Cuándo se hace
Hay dos ventanas, y dan resultados distintos.
Injerto de primavera, a yema velando. Se hace cuando el patrón ya está en movimiento y se usa una yema que está a punto de brotar. La yema arranca en pocas semanas y ese mismo año tienes brote. Es la opción más gratificante para el aficionado, porque ves el resultado enseguida.
Injerto de verano, a yema dormida. Es el estándar de vivero. Se hace de mediados de verano a principios de otoño, con una yema madura que no brotará ese año: se suelda en otoño, pasa el invierno unida y brota a la primavera siguiente. Da plantas más uniformes y aprovecha el ciclo completo.
En ambos casos la comprobación práctica es la misma: haz el corte en T en el patrón y mira si los labios de corteza se levantan sin desgarrarse. Si se levantan, adelante. Si no, deja la operación para otra fecha.
El injerto de yema en T, paso a paso
Preparar el patrón. El injerto se coloca bajo en el tallo, a pocos centímetros del cuello, en una zona de corteza lisa y sin nudos. Aparta la tierra si hace falta y limpia la zona. Con una navaja de injertar bien afilada haz un corte vertical de dos o tres centímetros y, en su extremo superior, otro horizontal, formando una T.
Tomar la yema. Se saca de una rama del año en curso, de la variedad que quieres multiplicar, elegida entre las que ya han florecido: las yemas de una vara de flor pasada están maduras y son las que mejor prenden. Corta un escudete, es decir, una porción de corteza con la yema en el centro, empezando algo por debajo de ella y saliendo por encima. Retira la hoja pero deja el peciolo, ese trocito de rabillo, porque servirá de asa para manipular la yema sin tocarla y, más tarde, como indicador de que ha prendido.
Colocarla. Con la punta de la navaja levanta los dos labios de corteza de la T e introduce el escudete deslizándolo hacia abajo, hasta que quede completamente alojado. Si sobresale por arriba, recorta el excedente al ras del corte horizontal. Lo importante es que la cara interna del escudete quede en contacto íntimo con el tejido del patrón, sin aire ni tierra en medio.
Atar. Con rafia húmeda o con cinta elástica de injertar, ata desde abajo hacia arriba, apretando de forma firme y uniforme y superponiendo las vueltas, dejando la yema y el peciolo al aire. La atadura tiene que mantener la presión y evitar que entre agua, pero no aplastar la yema.
Cómo saber si ha prendido, y qué hacer después
A las dos o tres semanas, mira el peciolo que dejaste. Si se ha caído solo, o se desprende al menor roce, y el escudete sigue verde y turgente, el injerto ha soldado. Si el peciolo está seco y pegado, y el escudete pardo y arrugado, ha fallado: se puede repetir en otro punto del mismo patrón mientras la temporada lo permita.
Cuando ha prendido se afloja o se retira la atadura, para que no estrangule el tallo al engordar. Este es un fallo frecuente: una cinta olvidada acaba marcando un anillo y estropeando la planta.
Después viene el paso que muchos se saltan. Para que la yema brote hay que eliminar la competencia del patrón. En el injerto a yema dormida, al final del invierno se corta el patrón justo por encima del injerto, de modo que toda la savia se dirija a la yema. En el injerto de primavera se puede despuntar el patrón por encima para forzar la brotación y cortarlo del todo cuando el brote ya tenga fuerza.
Y a partir de ahí, vigilancia continua de los chupones que el patrón emitirá por debajo del injerto. Se arrancan de un tirón, no se cortan, porque una base cortada rebrota multiplicada.
Cuando la corteza no se despega
Si has llegado tarde a la temporada o el patrón no está en pleno crecimiento, la alternativa es el injerto de astilla o de chip. En lugar de deslizar el escudete bajo la corteza, se extrae una pastilla de madera con yema en el patrón y se sustituye por otra idéntica de la variedad, encajándolas y atándolas igual.
Es algo más exigente en precisión, porque hay que hacer coincidir los bordes, pero no depende de que la corteza se levante y por eso amplía mucho la ventana de trabajo.
Un apunte legal antes de multiplicar
La mayoría de las variedades modernas de rosal están protegidas por derechos de obtentor. En la Unión Europea eso lo regula el Reglamento (CE) 2100/94, de protección comunitaria de las obtenciones vegetales, y en España la Ley 3/2000, de régimen jurídico de la protección de las obtenciones vegetales.
La consecuencia práctica es que multiplicar y, sobre todo, comercializar una variedad protegida sin autorización del obtentor es una infracción. Las variedades antiguas y las que ya no están protegidas quedan fuera de esa restricción. Antes de multiplicar en cantidad una variedad reciente, conviene comprobar su situación.
En resumen
El injerto de rosales se hace por yema en T sobre un patrón silvestre enraizado, y solo funciona mientras la corteza del patrón se despega con limpieza, lo que ocurre en primavera y en verano con el patrón en crecimiento activo. La yema se toma de una vara que ya ha florecido, conservando el peciolo como asa, y se ata dejándola al aire.
La comprobación llega a las dos o tres semanas: si el peciolo cae solo y el escudete sigue verde, ha prendido. Después hay que aflojar la atadura, cortar el patrón por encima del injerto para forzar la brotación y quitar los chupones que aparezcan por debajo. Y si la corteza no se levanta, el injerto de astilla resuelve el mismo problema sin depender de ella.