Injertar un cactus consiste en cortar la punta de una planta con raíces (el patrón) y apoyar encima otra pieza de cactus (la púa), haciendo coincidir los anillos vasculares de las dos, para que el patrón alimente a la púa. No es un capricho de coleccionista: hay cactus que no pueden vivir de otra manera, porque no tienen clorofila y no son capaces de alimentarse solos.

Es el tercer método de multiplicación, junto al hijuelo y a la semilla, y el único que sirve para dos cosas que los otros no resuelven: mantener vivas las variedades de color (los famosos cactus rojos, amarillos y naranjas de los centros de jardinería) y acelerar de forma brutal el crecimiento de plántulas que por su cuenta tardarían años. A cambio tiene una letra pequeña importante: el injerto dura lo que dure el patrón.

Cactus injertado en maceta

Patrón y púa

El patrón es la planta de abajo. Pone las raíces, el sistema de conducción y, en la práctica, la comida. Tiene que ser una especie vigorosa, de crecimiento rápido y bien adaptada a las condiciones en que va a vivir el conjunto.

La púa es la pieza de arriba, la que te interesa conservar. Puede ser un hijuelo, la cabeza de una plántula o un trozo de tallo. Conserva su identidad genética entera: lo que crezca arriba sigue siendo la variedad injertada, no una mezcla de las dos.

La unión funciona porque en el corte transversal de un cactus se ve un anillo de haces vasculares, un círculo algo más claro dentro del tejido. Ese anillo es la tubería. Si el anillo de la púa toca en algún punto al anillo del patrón, los dos tejidos sueldan. Si los anillos no se solapan en ninguna parte, la púa se queda pegada por fuera, sin conexión, y acaba secándose por mucho que la sujetes.

Por qué se injerta

Hay cuatro motivos de verdad, y ninguno es que el injerto sea más fácil que un esqueje.

  • Cactus sin clorofila. Los Gymnocalycium mihanovichii de color rojo intenso, amarillo o naranja son mutaciones que carecen de clorofila. No pueden hacer fotosíntesis. Sobre sus propias raíces se mueren en cuanto agotan sus reservas, así que todos los que ves a la venta van injertados sobre un tallo verde.
  • Formas crestadas y monstruosas. Los cristados crecen deformados en abanico, con un tejido que a menudo enraíza mal y se pudre. Injertados se mantienen mucho mejor.
  • Especies lentas. Hay cactus que en semillero tardan años en alcanzar el tamaño de una moneda. Injertando la plántula sobre un patrón vigoroso, el crecimiento se multiplica y lo que iba a costar años pasa a costar meses.
  • Especies de raíz delicada. Algunas plantas con raíz napiforme se pudren con facilidad en cultivo. Sobre un patrón resistente aguantan mucho mejor los riegos y los inviernos húmedos.

Fuera de esos casos, un hijuelo o un esqueje resuelven igual de bien y con menos complicación. Y conviene descartar de entrada una idea que circula mucho: los cactus y las crasas no se enraízan en un vaso de agua. El tejido suculento en contacto prolongado con agua se pudre, y lo poco que llegue a salir no son raíces útiles para tierra.

Qué se usa como patrón

Un buen patrón crece rápido, tiene un diámetro parecido al de la púa y aguanta el clima del sitio donde va a estar. Los más habituales:

  • Selenicereus undatus, la pitahaya, que casi todos los viveros siguen etiquetando como Hylocereus undatus. Es el patrón del cactus de colores que se vende en supermercados. Crece muy deprisa, pero es tropical y no tolera nada bien el frío ni el exceso de humedad, que es justo lo que le espera en un invierno peninsular.
  • Myrtillocactus geometrizans, más lento pero mucho más duro y de vida larga. Un patrón serio para una pieza que quieras conservar años.
  • Echinopsis pachanoi, el cactus de San Pedro, muy usado como patrón por su vigor. Contiene mescalina, que en España es una sustancia fiscalizada, así que aquí interesa solo como planta ornamental y como portainjertos.
  • Pereskiopsis, el patrón de las plántulas diminutas. Tiene hojas de verdad y un crecimiento rapidísimo, y se usa para injertar semillas germinadas de pocas semanas.
  • Opuntia sobre Opuntia, para los segmentados, donde el corte se hace en la pala.
Cactus columnar sano, del tipo que se usa como patron

Cómo se hace

El injerto plano, que es el que se usa en el noventa por ciento de los casos, va así.

Primero, las dos plantas tienen que estar en crecimiento activo y bien hidratadas. Primavera y comienzo del verano, con el patrón regado unos días antes. Sobre una planta parada o sedienta, la unión no suelda.

Se decapita el patrón de un corte limpio y horizontal, con una cuchilla nueva o desinfectada con alcohol, a la altura que quieras. Conviene rebajar el borde exterior en bisel, porque al secarse el tejido se retrae hacia dentro y ese bisel evita que el borde levante la púa. Luego se corta la base de la púa igual de plana.

Aquí viene el detalle que decide todo. Antes de que las dos superficies empiecen a secarse (cuestión de segundos, no de minutos) se apoya la púa sobre el patrón y se gira un poco buscando que los dos anillos vasculares se crucen. Si la púa es más estrecha que el patrón, se descentra a propósito para que su anillo pise el del patrón en vez de quedarse dentro del círculo.

Se sujeta con presión suave y constante. Lo clásico son dos gomas elásticas cruzadas por encima de la púa y pasadas por debajo de la maceta, o hilo con un peso pequeño. Presión firme, sin aplastar el tejido.

Las semanas siguientes

El conjunto va a un sitio cálido, con luz indirecta y sin sol directo, y sobre todo seco por arriba. Nada de pulverizar, nada de mojar la unión. El sustrato del patrón se riega poco y por abajo si puedes.

Las gomas se quitan cuando la unión aguanta sola, normalmente al cabo de una o dos semanas. La prueba es empujar la púa con un dedo, muy suave y de lado: si está sujeta, está soldada. Si se mueve o se desprende, el injerto no ha prendido y toca repetir con cortes nuevos.

La letra pequeña: el injerto dura lo que dura el patrón

Esto explica la decepción típica del cactus de colores comprado en una gran superficie. Esa bola roja va sobre un trozo de pitahaya que, en un piso español con invierno frío y riegos a destiempo, se pudre por la base en uno o dos años. Cuando el patrón se va, la púa se va detrás, porque sin clorofila no tiene manera de sobrevivir sola.

Con patrones duros como Myrtillocactus el conjunto puede vivir muchos años, pero el principio no cambia: estás cuidando dos plantas, y la que manda es la de abajo. Vigila la base, no el color de arriba. Y quítale los hijuelos que el patrón saque por debajo de la unión, porque le roban fuerza a la púa.

Bajar la púa a raíz propia

Si la púa es una especie normal con clorofila, y el patrón empieza a fallar o la planta ha quedado ridícula sobre un tronco demasiado alto, se puede desinjertar. Se corta la púa por encima de la unión, dejando algo de tejido propio, se deja secar hasta que forme callo como cualquier esqueje y se planta apoyada sobre sustrato mineral seco. Muchas plántulas injertadas para ganar tiempo terminan así a propósito: se engordan sobre el patrón y luego se pasan a sus propias raíces.

Con los Gymnocalycium de colores no funciona, y conviene saberlo antes de intentarlo. Sin clorofila no hay nada que enraizar.

En resumen

El injerto no es el método para multiplicar cactus corrientes, sino la herramienta para dos problemas concretos: plantas que no pueden alimentarse solas y plantas que tardarían años en hacerse grandes. El procedimiento es corto (dos cortes planos, anillos vasculares cruzados, presión con gomas y unas semanas en seco y a la sombra) y lo que de verdad lo complica es acertar con el contacto entre los dos anillos.

Antes de ponerte, elige bien el patrón, porque de él depende la vida del conjunto. Y si lo que quieres es sencillamente tener más cactus, tienes caminos mucho más cómodos: separar los hijuelos que la planta ya produce, explicado en cómo reproducir cactus paso a paso, o sembrar, que es lento pero da las especies que no se encuentran de otra forma.


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