Delonix regia, el flamboyán, es uno de los árboles más fotografiados del mundo y uno de los peor colocados. La foto se hace de lejos y sale siempre bien; el problema empieza quince años después, cuando el ejemplar es adulto y resulta que tiene la copa más ancha que alta, las raíces a flor de tierra levantando la acera y unas vainas leñosas de medio metro que caen sobre lo que haya debajo. Esta ficha va del árbol ya crecido: qué espacio necesita de verdad, qué mantenimiento arrastra y dónde llega a comportarse como un árbol adulto en España.
Si lo que buscabas es otra cosa, el sitio la tiene. Para saber cuál de los cuatro o cinco árboles llamados árbol del fuego es el tuyo, está árbol del fuego: flamboyán o brachychiton. Para sembrarlo y criarlo el primer año, el primer año de vida de un flamboyant. Y en maceta pequeña, bonsái de flamboyán.
Copa aparasolada, aplanada por arriba y más ancha que alta. Ese porte es el dato de partida para decidir dónde se planta.
El porte de un ejemplar hecho
Un flamboyán adulto no es un árbol alto, es un árbol ancho. El tronco se queda corto, se ensancha en la base con contrafuertes marcados y se ramifica pronto en unas pocas ramas maestras que salen casi en horizontal. El resultado es una copa aparasolada y aplanada por arriba, que en un ejemplar bien desarrollado supera con holgura su propia altura en anchura.
La hoja es bipinnada, dividida y subdividida en foliolos diminutos, así que la sombra que da no es densa sino moteada y ligera. Eso tiene una consecuencia práctica agradable: debajo de un flamboyán se puede plantar. La hierba tira, y muchos arbustos de media sombra aguantan bien, cosa que no ocurre bajo un ficus o un laurel de Indias.
Es de hoja caduca o semicaduca según el clima. Donde hay estación seca marcada se queda desnudo antes de florecer, y ahí es cuando la floración impresiona más, con el rojo puesto sobre rama pelada. En clima mediterráneo suave se queda a medio camino y va perdiendo hoja sin desnudarse del todo.
Las raíces, que son el motivo principal de los problemas
Este es el punto que decide si plantarlo o no. El flamboyán tiene un sistema radicular superficial y muy extendido, con raíces gruesas que corren a pocos centímetros del suelo y que se apartan del tronco mucho más allá de la proyección de la copa. Con el tiempo esas raíces engordan, y lo que tengan encima se rompe: baldosas, bordillos, el asfalto de un aparcamiento, el muro bajo de una linde, la tapa de una arqueta.
No hay truco de mantenimiento que arregle eso, solo una decisión previa. Si vas a plantar uno, ponlo en suelo abierto y amplio, lejos de aceras, de muros, de piscinas, de fosas sépticas y de conducciones enterradas, y calcula el hueco pensando en la copa que va a tener dentro de veinte años, no en el árbol que compras. En un alcorque de acera de los normales, un flamboyán es un problema garantizado a medio plazo, por muy bonito que quede el primer verano.
Cortar raíces gruesas para reparar un pavimento levantado tiene además un efecto secundario serio: quita anclaje a un árbol que ya es ancho y tiene la madera frágil, y aumenta el riesgo de que vuelque con un temporal.
Madera frágil y viento
La madera del flamboyán es blanda y poco resistente a la flexión. Las ramas maestras, que salen casi horizontales y cargan con mucho peso de brazo, se desgajan con viento fuerte, y las bifurcaciones apretadas con corteza incluida se abren por la unión. En zonas de temporal es un árbol que hay que revisar.
La forma de reducir ese riesgo se decide pronto, con poda de formación en los primeros años: elegir un eje, eliminar los troncos codominantes y espaciar las ramas principales a distintas alturas en lugar de dejarlas todas saliendo del mismo punto. En un ejemplar ya adulto, en cambio, lo que se puede hacer es poco y conviene que lo valore alguien con criterio. Nada de desmoches ni de cortes grandes sobre madera vieja: compartimenta mal las heridas, la pudrición entra por ahí y el rebrote que sale después de un descabezado va mal sujeto y se desgaja todavía más fácilmente.
Las vainas
El fruto es una legumbre leñosa, plana, oscura y larga, que puede acercarse al medio metro. Tarda mucho en caer y se queda colgada del árbol meses, sonando al viento porque las semillas se mueven dentro. Cuando cae, cae con peso, sobre coches, sobre el mobiliario de la terraza o sobre quien pase, y en una zona de paso conviene tenerlo en cuenta.
Esas vainas y esas semillas duras se usan como artesanía y como sonajero o instrumento de percusión, y hasta ahí llega su utilidad. No son un alimento. La semilla es dura, lisa y del tamaño justo para que un niño pequeño se la meta en la boca y la aspire, así que no es un juguete para menores ni algo que dejar al alcance. Tampoco se dan a mascotas. Ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.
Junto con las vainas, el otro residuo que genera es la hoja: foliolos diminutos por millones, que se cuelan en los canalones, en los sumideros y en el filtro de la piscina. Si el árbol va a estar junto a una lámina de agua, esto es trabajo asegurado cada temporada.
Hasta dónde llega en España
El flamboyán es tropical y subtropical y no tolera las heladas. Un ejemplar joven muere con una helada suave; uno adulto puede resistir un golpe puntual y perder la parte alta, pero no un invierno con heladas repetidas.
En Canarias, en las zonas costeras cálidas, es un árbol de avenida y de jardín corriente, con ejemplares adultos que florecen en verano con normalidad. En la Península la cosa cambia, y aquí conviene ser sincero: solo tiene recorrido en microclimas del litoral más cálido del sur, sin heladas, y aun ahí crece despacio y muchos ejemplares se quedan en un árbol de hoja bonita que florece poco o nada, porque no basta con que no hiele, hacen falta noches cálidas y verano largo para que florezca bien. En el interior y en la mitad norte no es viable al aire libre.
Donde sí prospera, le van bien los suelos sueltos y bien drenados, tolera razonablemente la brisa marina y aguanta la sequía una vez asentado, con riegos de apoyo el primer par de veranos. No se comporta como invasor en España, aunque en algunas islas tropicales sí se ha naturalizado a costa de la flora local.
Otras especies del género
Delonix no es una sola especie. El género tiene alrededor de una decena, repartidas sobre todo por Madagascar y el este de África y la península arábiga, y lo que se planta en el mundo entero es casi siempre Delonix regia. La más conocida de las otras es Delonix elata, africana e india, de flores blanquecinas o crema que amarillean al pasar, un árbol mucho menos espectacular pero más sobrio y más resistente a la sequía. Varias especies malgaches, de porte pequeño y tronco engrosado, circulan entre coleccionistas de plantas caudiciformes y no en el comercio corriente.
Hay una paradoja que merece la pena saber: el flamboyán es uno de los árboles ornamentales más plantados del mundo tropical y, en estado silvestre, una especie amenazada en su Madagascar natal, limitada a una superficie pequeña de bosque seco. Lo que hay fuera de allí es arbolado plantado, no poblaciones silvestres.
Sobre las propiedades medicinales que ocupaban esta página
El texto anterior era una lista de diez beneficios: que la corteza calmaba los dolores reumáticos, que la flor mejoraba la circulación, que las hojas evitaban las canas y la caspa, que la infusión curaba molestias estomacales y padecimientos del hígado, que servía para la anemia, para el colesterol y para adelgazar. Nada de eso se conserva, y no se sustituye por una versión más suave: se retira entero, igual que las dos fotos de peluquería y de crema cosmética que lo ilustraban y que no tenían nada que ver con el árbol.
No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet. Que en la India o en África se documenten usos tradicionales de la hoja o de la corteza de este árbol es un dato etnobotánico, y ni siquiera eso autoriza a preparar nada en casa: no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
En resumen
El flamboyán adulto es un árbol ancho antes que alto, de copa aparasolada y sombra ligera, con tres características que condicionan dónde se planta: raíces superficiales y extendidas que levantan pavimentos y muros, madera frágil que se desgaja con el viento, y vainas leñosas de hasta medio metro que caen con peso y cuyas semillas duras no son comida ni juguete. Ninguna de las tres se corrige con mantenimiento; se resuelven eligiendo bien el sitio y haciendo poda de formación desde joven.
En España es un árbol de Canarias costera. En la Península solo sobrevive en microclimas del litoral sur sin heladas, y aun ahí suele decepcionar en flor porque le faltan noches cálidas. Si lo que quieres es una floración roja en la Península, el brachychiton es la apuesta razonable. Y de las propiedades medicinales que esta página anunciaba en el título no queda nada, porque no había nada que sostener.